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martes, 14 de julio de 2026

Lady Nazca (2025)




Director: Damien Dorsaz
Alemania/Francia, 2025, 99 minutos

Lady Nazca (2025) de Damien Dorsaz 


Maria Reiche (1903-1998) fue una investigadora alemana que dedicó toda su vida al estudio de las hoy ya célebres líneas de Nazca. Sin embargo, cuando Reiche llegó al Perú, a principios de los años treinta, apenas si existía conciencia de la trascendencia y significación de dichos geoglifos, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1994. De todo ello y mucho más trata Lady Nazca (2025), biopic dirigido por el suizo Damien Dorsaz e interesantísima aproximación a la figura de una mujer a la que los lugareños llamaban irónicamente la "loca del desierto".

Ya desde la secuencia inicial, en la que vemos a la protagonista barriendo minuciosamente, bajo un sol de justicia, los misteriosos renglones trazados por una civilización preincaica, queda clara la perseverancia y el rigor que caracterizan al personaje, interpretado por la actriz Devrim Lingnau. Una determinación que no conoce límites y que la llevará primero a enfrentarse con el cacique local, empeñado en convertir aquellos mismos terrenos en zona de regadío, para después elevar sus protestas incluso ante el Congreso de la nación.



Ni que decir tiene que Reiche, matemática de formación y arqueóloga por devoción, debe pagar un altísimo precio personal a cambio de mantenerse firme en sus convicciones. Así pues, a la incomprensión de quienes la rodean hay que sumar la de su pareja sentimental, la inglesa Amy Meredith (Olivia Ross), y hasta la de algunos colegas, hombres, que la tratan con cierta condescendencia. A este respecto, resulta sintomático el caso de Paul d'Harcourt (Guillaume Gallienne), más interesado en espoliar yacimientos para vender alguna que otra momia a cualquier museo estadounidense que no en recuperar el legado milenario de la cultura local.

En conclusión, Lady Nazca destaca esencialmente como un emotivo y poético retrato de emancipación femenina y obsesión apasionada. A través de una puesta en escena que captura la inmensidad mística del desierto peruano, la película trasciende el mero biopic histórico para convertirse en homenaje a la tenacidad inquebrantable de una mujer, adelantada a su tiempo, que rompió con las convenciones sociales de la época para hallar su verdadera libertad y propósito protegiendo y descifrando los enigmáticos dibujos de Nazca.



lunes, 12 de marzo de 2018

El principito (2015)
















Título original: Le Petit Prince
Director: Mark Osborne
Francia/Canadá/EE.UU., 2015, 108 minutos

El principito (2015)

Quizá porque el libro en el que se basa alberga un mensaje muchísimo más profundo que la aparente sencillez del relato y los dibujos que lo acompañan, los creadores de la última adaptación cinematográfica de El principito han querido que sea varias películas a la vez. Para empezar, porque se siguen en ella al menos dos técnicas de animación claramente diferenciadas: una con los típicos personajes rechonchos generados mediante recursos informáticos y que pretenden emular descaradamente el estilo Pixar; otra más artesanal, resultado de aplicar el stop-motion sobre delicadas figuras de papel.

De hecho, es el segundo de los métodos mencionados el que se utiliza para recrear los personajes originales de Antoine de Saint-Exupéry, no así el primero (y mayoritario) con el que se nos introduce a la existencia de una niña cuya vida gris, estricta y monótona ha sido rigurosamente diseñada y controlada por su madre. Aunque no por mucho tiempo, puesto que la irrupción de un viejo y estrafalario aviador en el jardín de su casa pondrá una nota de color en su anodina realidad.



Lo cual dará pie, por cierto, a no pocos guiños cinéfilos. Como el hecho de que la protagonista se evada a través de la lectura del manuscrito que le facilita el aviador, planteamiento que recuerda al de La historia interminable. O el viaje a los mundos de fantasía que inicia a bordo de la aeronave de su vecino tras caer desde lo alto del canalón del desagüe y que se parece al realizado por Dorothy en El Mago de Oz. Sólo que, en lugar de llegar a la Ciudad Esmeralda, su destino es un planeta repleto de rascacielos que recuerda a la Metrópolis de Fritz Lang. Tal vez por ello, sus habitantes caminan con la mirada perdida de un autómata y los brazos caídos como los obreros del subsuelo durante el cambio de turno. No en vano, el clímax de este Principito tendrá lugar en una especie de sala de máquinas muy similar a la que aparece en el filme expresionista. Otros de esos guiños, en cambio, son fugaces y apenas reconocibles, como la gigantesca oficina repleta de sumisos mecanógrafos milimétricamente dispuestos en sus respectivos escritorios y que parece calcada de El proceso de Orson Welles o de El apartamento de Billy Wilder.

En fin: son tantos y tan abrumadores los medios desplegados en esta superproducción que uno no sabe qué destacar, si la banda sonora de Hans Zimmer (con la colaboración de la cantante Camille), las voces del star system galo (Dussollier, Cotillard, Lindon, Cassel, Canet, Gallienne...) o el éxito alcanzado en medio mundo. Nos quedamos, en cambio, con la imaginación: la que reina en el planeta de los baobabs, la del zorro domesticado y la rosa únicos en el mundo, la misma que permite al príncipe adulto revivir la inocencia del niño que fue. Porque sólo vemos bien con el corazón y lo esencial sigue siendo invisible para los ojos...


lunes, 21 de agosto de 2017

Cézanne y yo (2016)




Título original: Cézanne et moi
Directora: Danièle Thompson
Francia, 2016, 117 minutos

Cézanne y yo (2016) de Danièle Thompson


Encasillada, hasta la fecha, en la dirección de sofisticadas comedias, la veterana realizadora Danièle Thompson contraataca en su última película con un drama biográfico en el que se dan cita dos grandes de las artes francesas: el novelista Émile Zola, máximo impulsor del naturalismo, y el pintor postimpresionista (y, para muchos, padre de la pintura moderna) Paul Cézanne.

Mujer perfeccionista y dotada de una particular sensibilidad, la puesta en escena de Thompson denota enseguida su minuciosidad en detalles como el cuidado diseño de vestuario o la impecable fotografía a cargo de Jean-Marie Dreujou, tendente a trasladar a la pantalla la luminosidad que irradia la paleta del paisajista francés al que da vida Guillaume Gallienne.



Ése es, precisamente, el otro punto fuerte de Cézanne et moi: la extraordinaria capacidad del actor para meterse en la piel del artista desde su juventud hasta la decadencia de la vejez. Y siempre con la misma credibilidad (hay que tener presente que Gallienne apenas tiene cuarenta y cinco años). El otro Guillaume (Canet, en este caso), pese a no resultar igual de convincente en su papel de Zola, encarna correctamente al literato aburguesado que logra saborear desde muy pronto las mieles del éxito, frente al amigo de la infancia, empobrecido y aislado, que sólo conocerá el interés por su pintura ya al final de su vida.

Hasta aquí lo más o menos positivo que puede decirse de Cézanne y yo. Ahora bien: al margen de un envoltorio bonito, si vamos al fondo no queda más remedio que ponerle más de un pero a una película que no logra trascender la actitud reverencial ante los prestigiosos creadores que le sirven de inspiración. Se cae, tal vez, en el error de pensar que el mero hecho de retratar a algunas celebridades de aquel período ya es motivo, per se, para que la película suscite el interés del público. Y aunque eso pueda ser así en algunos casos, lo cierto es que el cine debería ser otra cosa. Veamos un ejemplo: durante el transcurso de una cena en casa de los Zola, una de las asistentes, en referencia a un ilustre invitado, le pregunta al oído a su marido: "¿Cómo se titulaba su último libro? ¡Ah, sí: Boule de suif!" Y uno se pregunta, a su vez: ¿es realmente necesario que el espectador sepa que ese personaje en cuestión es el también escritor Guy de Maupassant? Ciertamente no, sobre todo porque ni hace ni dice nada destacable. Aunque el colmo de este tipo de subrayados se produce justo antes de los créditos finales, con el habitual rótulo explicativo en el que se nos aclara qué fue de éste o de aquél. Francamente: ya existe Wikipedia para resolver ese tipo de dudas...