Mostrando entradas con la etiqueta Anny Duperey. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anny Duperey. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de julio de 2020

Dos o tres cosas que sé de ella (1967)




Título original: 2 ou 3 choses que je sais d'elle...
Director: Jean-Luc Godard
Francia, 1967, 87 minutos

Dos o tres cosas que sé de ella (1967)
de Jean-Luc Godard

Una película susurrada por la voz en off del propio director (el recurso, aunque sin musitar las palabras, ya lo había utilizado en Bande à part), dedicada a un ama de casa aburrida que accederá a prostituirse ocasionalmente con tal de ahorrar dinero y, de paso, huir de la monotonía. Otro collage. Otro film-encuesta. Otro alegato contra el capitalismo salvaje y la alienación del individuo en las "confortables" sociedades urbanas.

Se dice que Godard, inmerso en uno de sus momentos de mayor efervescencia creativa, rodó 2 ou 3 choses que je sais d'elle... al mismo tiempo que Made in U.S.A. (1966). A fin de cuentas, lo único que diferencia entre sí la mayor parte de cintas de aquel período es su título, considerando el sobrio sistema de trabajo en cadena (sin guion, sin decorados, con luz natural, sonido directo y cámara al hombro) del que sistemáticamente se sirvió el cineasta en todas ellas.

« Si, par hasard, vous n'avez pas de quoi acheter du LSD,
achetez donc la télévision en couleurs... »

En realidad, el pronombre femenino elle no sólo alude al personaje central (interpretado por Marina Vlady), sino que se refiere también a la región parisina, con sus mastodónticas barriadas de bloques de pisos y un entorno inhóspitamente frío cuya arquitectura deshumanizada y ultramoderna conectaría de pleno con la mostrada aquel mismo año por Tati en Playtime (1967).

Sin embargo, y a diferencia del humor amable que desprenden las andanzas de Monsieur Hulot, la visión del siempre lúcido Godard, mucho más crítica (fruto de una profunda reflexión intelectual), transmite un hondo pesimismo pese al colorido despampanante de sus imágenes. Tonalidades en las que, por cierto, predominan los colores de la bandera francesa, como si se quisiera dar a entender que el triunfo del American way of life y el consiguiente consumismo desatado por éste conllevan la amnesia colectiva frente a las injusticias del mundo: el desgaste de las esencias jacobinas de la República, diluidas (en una audaz metáfora visual) bajo el efecto de la amplia gama de productos de limpieza que se muestran en el plano que cierra la película.


lunes, 25 de noviembre de 2019

Cómo ser un french lover (2019)




Título original: Just a Gigolo
Director: Olivier Baroux
Francia, 2019, 94 minutos

Cómo ser un french lover (2019) de Olivier Baroux


Vaya por delante una advertencia: ésta es una de esas comedias gamberras, basadas en estereotipos fácilmente reconocibles, con las que el cine francés nos sorprende de vez en cuando. No llega al extremo de propuestas más políticamente incorrectas, como la saga de Les trois frères, pero sí que conecta de pleno con títulos más o menos recientes del tipo Un verano en Ibiza (Arnaud Lemort, 2019).

De hecho, su director, Olivier Baroux, ya ensayó la misma fórmula, hace aproximadamente una década, en Quiero ser italiano (2010), parodia en clave sociológica que guarda no pocas semejanzas con Just a Gigolo. Para empezar porque ambas están protagonizadas por el mismo actor, Kad Merad, uno de esos cómicos que, al igual que Dany Boon, cuenta con un amplio respaldo popular en Francia. 



Aunque, si vamos al fondo de la cuestión, las dos películas abordan, en realidad, un mismo tema: la obsesión de algunas personas por aparentar lo que no son, creyendo que así obtendrán el anhelado éxito social o, sencillamente, la aprobación de los demás. Enfoque que deja traslucir, claro está, la voluntad de caricaturizar a quienes viven pendientes de una imagen que, paradójicamente, tiene más de ridícula que de atractiva.

Pero, si además de todo lo que llevamos dicho, resulta que el gigoló protagonista tiene ya una edad que empieza a ser un severo hándicap para la práctica de su “profesión”, se comprenderá que el hombre, que no ha dado un palo al agua en su vida, opte de repente por recuperar el contacto con una hermana menor y un sobrino a los que lleva años sin ver. Es ahí donde la película gana enteros, puesto que el personaje pasa entonces a un segundo plano para dejar entrever las debilidades e incluso virtudes de  un individuo cuyo único y exclusivo empeño, hasta ese momento, había sido seducir a otoñales ricachonas dispuestas a sufragar su costoso tren de vida.

Alex (Kad Merad) y su sobrino Hugo (Léopold Moati)