Director: Sean Baker
EE.UU., 2015, 88 minutos
![]() |
| Tangerine (2015) de Sean Baker |
Independientemente de lo interesante que pueda resultar la historia que en ella se cuenta, si por algo sigue siendo recordada Tangerine (2015) es debido al hecho de que la película se rodó con un teléfono móvil (tres iPhone 5s, para ser exactos). Ello permitió al equipo camuflarse en localizaciones reales, sin llamar la atención de la gente, mientras se filmaba a las actrices desde un patinete, logrando así un efecto de cámara en mano fluido, frenético y profundamente inmersivo que sigue el ritmo vertiginoso de sus protagonistas. Circunstancia trivial, si se quiere, pero que pone de manifiesto hasta qué punto los avances tecnológicos pueden llegar a abaratar los costes de producción. Y sin que se note demasiado en la textura de las imágenes, por cierto, ya que, si no llega a ser por la advertencia que figura en los títulos de crédito finales, muchos ni siquiera se habrían percatado de este detalle.
Relevante o no, lo cierto es que Sean Baker aborda una de sus habituales odiseas urbanas, entre lo social y lo underground, centrándose en unos personajes (interpretados por actores no profesionales en su mayor parte) que proceden de los ambientes de la prostitución. La víspera de Navidad, Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodríguez), una trabajadora sexual transgénero, sale de prisión tras cumplir varios días de condena. Pero entonces su mejor amiga, Alexandra (Mya Taylor), le hace saber que Chester, novio y proxeneta de Sin-Dee, le ha estado siendo infiel durante su ausencia. Y, para colmo, con una mujer de verdad... A partir de ese momento, la acción se convierte en una trepidante búsqueda de venganza, a lo largo y ancho de los suburbios de Hollywood, en la que Sin-Dee arrasa a su paso con todo (y con todos) buscando a Chester y a su nueva amante. Mientras, la trama sigue simultáneamente a Alexandra, quien promociona la actuación musical que esa misma noche va a ofrecer en un bar, y también a Razmik (Karren Karagulian), un taxista armenio adicto a las mujeres trans y que huye de la insufrible cena navideña con su propia familia.
En una época en la que aún no eran habituales los personajes transgénero, Baker optó por darle el papel principal a Kitana Kiki Rodríguez y Mya Taylor, a las que encontró en las calles de Los Ángeles. Ninguna poseía experiencia previa en el cine, pero su química, su dominio de la jerga callejera y su carisma inyectaron a la película una verdad imposible de replicar con un guion de estudio. Así pues, si la primera es pura dinamita, Mya Taylor ofrece, por su parte, el contrapunto perfecto, con una Alexandra más pragmática, digna y melancólica. De hecho, su interpretación de la canción "Toyland", en un bar casi vacío, constituye uno de los momentos más devastadoramente bellos del filme.
Aun así, lo que hace de Tangerine una gran película no es exactamente su técnica ni su frenetismo, sino su desenlace. Y es que tras la caótica escaramuza que estalla en la tienda de donuts, la historia se despoja de su armadura de comedia pop y nos regala un final mucho más sosegado en una lavandería pública. Es en esa última secuencia, después de que una panda de gamberros rocíe con orina a Sin-Dee, donde descubrimos de qué trata realmente Tangerine. Que no es ni una película sobre la traición ni sobre el trabajo sexual, sino sobre la amistad como último refugio para la supervivencia. Porque en un mundo hostil que sistemáticamente las juzga y las margina, Sin-Dee y Alexandra sólo se tienen la una a la otra. Y ese lazo, capturado sin sentimentalismo barato, es el auténtico milagro navideño que nos propone Sean Baker.



No hay comentarios:
Publicar un comentario