miércoles, 12 de julio de 2017

Estiu 1993 (2017)













Título en español: Verano 1993
Directora: Carla Simón
España, 2017, 97 minutos



Todo el mundo habla de Estiu 1993 y la verdad que con razón. Porque no sólo fue premiada en Berlín y en Málaga (y en otros tantos festivales), sino que la película apela directamente a las entrañas del espectador. Si nuestra verdadera patria es la infancia, como parece ser que dijo Rilke (aunque la frase se atribuye a tantos autores que se ha convertido prácticamente en un lugar común), nada tiene de extraño que nos sintamos identificados con Frida (Laia Artigas) y con Anna (Paula Robles). Son, por así decirlo (y sin que ellas sean conscientes), las herederas de Marta Torrent e Isabel Tellería en El espíritu de la colmena (1973) de Víctor Erice.

Dos niñas a través de cuyos ojos vemos el mundo. O, por lo menos, retazos de una realidad imprecisa que iremos completando mentalmente como si de un puzle se tratase. Aunque la pieza clave del rompecabezas nos la proporcionan ya en la primera secuencia. Es una verbena de San Juan y la gente tira petardos. Un crío se acerca a Frida y le pregunta: "I tu, per què no plores?" En esa pregunta, aparentemente inocente y casual, reside el tema de Estiu 1993: el de una criatura de corta edad incapaz de asumir, en un primer momento, el verdadero alcance de la muerte de su madre.



No estamos, por consiguiente, ante una narración canónica al término de la cual se nos desvela un misterio. Más bien al contrario, lo que se plantea es un proceso: el de la construcción del duelo por parte de una familia. En ese sentido, el último plano no es más importante que el primero, sino que hay que valorar la película en su conjunto. De ahí que el llanto de Frida no sea más que la constatación de que un ciclo se ha cumplido. En consecuencia, el espectador atento hará bien en fijarse en que una lágrima, furtiva y silenciosa, se desliza también por el rostro de Esteve (David Verdaguer), el padre adoptivo que logra canalizar, asimismo, su aflicción.

Queda claro, pues, cuán importante es el montaje en una película como ésta. De lo cual ha dado cumplida cuenta Ana Pfaff en el coloquio que esta misma tarde tenía lugar en la Barcelona School of Management de la Universidad Pompeu Fabra en el marco del seminario "Emociones autobiográficas: punto de vista, historia y ritmo del montaje en Estiu 1993 y Júlia Ist". Moderado por Gonzalo de Lucas, el acto ha contado también con la presencia de Ariadna Ribas, montadora de la ópera prima de Elena Martín. Los tres han coincidido en señalar la trascendencia de las emociones a la hora de montar una película, puesto que, además de la técnica, la intuición juega un papel primordial para dar en el clavo durante la ordenación y ensamblaje de los distintos materiales filmados.


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