sábado, 24 de enero de 2026

Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1996)




Director: Álvaro Sáenz de Heredia
España, 1996, 90 minutos

Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1996)


Algo genuinamente auténtico debía tener Chiquito de la Calzada cuando tantos años después de su fallecimiento sigue generando memes y demás virguerías que hoy permite la inteligencia artificial. Fenómeno sociológico que, ya en vida del susodicho, dio pie a una peculiarísima trilogía cinematográfica dirigida por Álvaro Sáenz de Heredia y cuya primera entrega, Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1996), fue un atípico wéstern rodado, como no podía ser de otro modo, en las instalaciones del mítico mini Hollywood almeriense.

Independientemente de su argumento, tan olvidable como la propia cinta, lo que salta de inmediato a la vista es que tanto las situaciones como los diálogos no son más que un pretexto para que Chiquito pueda colocar su memorable repertorio de frases y hallazgos lingüísticos. Un idiolecto, el "chiquistaní" que, a base de fistros y otros neologismos por el estilo, dejó huella en el habla cotidiana y aun en el lenguaje corporal ("No puédorr, no puédorr...").



Sin embargo, la forma de expresarse del personaje recurre a mecanismos todavía más creativos desde el punto de vista gramatical, como por ejemplo los símiles por vía comparativa de superioridad ("Más calor que un camello cargado de maletas") o las deformaciones fonéticas, ya sea por influjo del origen andaluz de Chiquito o, en ocasiones, debido a su afición al inglés macarrónico, justificada aquí por la ambientación de la trama en el Far West.

Bigote Arrocet, en su línea habitual de sucedáneo de Cantinflas, da la réplica perfecta como comparsa del aristócrata francés en este vehículo para el lucimiento absoluto de Chiquito de la Calzada en el momento de pleno apogeo de su popularidad. Juntos encarnan lo que pudiera considerarse una típica pareja de reminiscencias quijotescas, pero desde la óptica kitsch de una producción de serie B que oscila entre lo absurdo y lo genial (más lo primero que lo segundo).



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