Director: Josh Safdie
EE.UU./Finlandia, 2025, 150 minutos
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| Marty Supreme (2025) de Josh Safdie |
No son pocas las reseñas que estos días establecen similitudes entre el planteamiento de Marty Supreme (2025) y el del clásico de Robert Rossen, protagonizado por Paul Newman, El buscavidas (1961). Con la diferencia de que el foco de atención se sitúa ahora sobre el tenis de mesa en lugar del billar, circunstancia que tal vez le añade una cierta nota cómica a lo Forrest Gump (1994).
Por lo demás, el personaje al que encarna Timothée Chalamet sigue una trayectoria hasta cierto punto paralela a la del mítico Fast Eddie, si bien la azarosa carrera de Marty Mauser se extenderá incluso más allá de las fronteras estadounidenses, llevándolo a competir contra el campeón mundial al lejano Japón. Buena parte de esa fulgurante ascensión se debe a las artes de Kay Stone (Gwyneth Paltrow), vieja gloria de la época dorada de Hollywood que sabe intuir el potencial de un antiguo empleado de zapatería.
Tras haberse separado profesionalmente de su hermano Benny, Josh Safdie acomete en solitario la dirección cinematográfica con una cinta de ritmo ágil y originalísima banda sonora (muchos de cuyos temas, por cierto, son de los años ochenta, pese a que la acción transcurre en los cincuenta) a la que únicamente cabría achacarle un metraje excesivo de dos horas y media.
En definitiva, Marty Supreme logra lo que a priori parecía imposible: hacer que un deporte minoritario se sienta tan emocionante como, por ejemplo, una carrera automovilística ilegal. En ese sentido, la puesta en escena de Safdie gira en torno a la obsesión individual de un hombre que únicamente se siente vivo cuando la pelotita (a poder ser naranja) está en el aire. De ahí que la cámara, intrusiva y vibrante, capture en todo momento el sudor y el sonido rítmico del clic-clac de la pelota como si se tratase de un thriller de suspense.
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Es cierto que está muy presente entre la crítica especializada.
ResponderEliminarNominada a nueve premios Óscar: ahí es nada.
EliminarUn film ágil y vibrante, triunfa a pesar de un personaje protagonista un tanto despreciable y que compite en un deporte tan poco glamuroso a priori como el ping-pong (si bien, como señalas, "Forrest Gump" ya exploró sus posibilidades cinematográficas). Y es cierto que la banda sonora es tan original como idónea.
ResponderEliminarUn abrazo.
A mí se me hizo un poco larga, aunque reconozco que tiene su gracia. El tiempo dirá si realmente hay para tanto.
EliminarUn abrazo.
Múltiples elucubraciones alumbran el plano final. Demasiada trascendencia para esta etapa de pereza en la que estoy instalado.
ResponderEliminarSaludos.
No sé. Que empiece y acabe con canciones de los Tears for Fears también le da un toque original.
EliminarSaludos.