jueves, 17 de agosto de 2017

Reparar a los vivos (2016)













Título original: Réparer les vivants
Directora: Katell Quillévéré
Francia/Bélgica, 103 minutos, 2016

Reparar a los vivos (2016)

Nacida en Costa de Marfil en 1980, la joven realizadora Katell Quillévéré adapta, en el que supone su tercer largometraje, la célebre novela homónima de Maylis De Kerangal. Pese a abordar una temática nada fácil de digerir, si hay, sin embargo, una virtud que posee Réparer les vivants ésa es la de acertar a traducir en imágenes nuestra propia vulnerabilidad. Quizá por ello no hay en la película un protagonista claro, sino que es el conjunto de personajes el que asume, cada cual en función de su situación vital, uno u otro grado de fragilidad.

Todo comienza con Simon (Gabin Verdet), el joven de diecisiete años al que, tras sufrir un accidente de tráfico cuando regresaba de practicar surf con otros compañeros, se le diagnostica muerte cerebral. Entran entonces en liza sus padres (Emmanuelle Seigner y Kool Shen), quienes deberán enfrentarse al complicado dilema de si donar o no los órganos de Simon. Mientras tanto, en otro lugar, Claire (Anne Dorval), a pesar del apoyo de sus dos hijos, no las tiene todas consigo a la hora de afrontar un posible trasplante de corazón, al mismo tiempo que se reencuentra con un antiguo amor. Por último, todo el personal médico, tanto los que atienden al muchacho como la cirujana de Anne o el equipo que gestiona las donaciones de órganos se verán obligados a tomar decisiones de enorme relevancia.

Marianne (Emmanuelle Seigner) y Vincent (Kool Shen)

Aunque entre los activos más poderosos de Réparer les vivants cabe contar la majestuosa banda sonora de Alexandre Desplat, a la que, en el momento culminante, se une el tema "Five Years" de David Bowie.

Puede que por un exceso de aprensión, el cine no suela mostrar habitualmente escenas de operaciones quirúrgicas ni, mucho menos, de trasplantes (quizá, si mal no recuerdo, en 21 gramos de González Iñárritu y no muchas más películas se hace alusión directa al tema). Pero Quillévéré prueba con suma elegancia que se puede mostrar una intervención a corazón abierto sin escabrosidad ninguna y, lo que es más importante, incidiendo en los problemas de tipo ético que ello suscita en las partes implicadas desde un punto de vista deontológico.

Simon (Gabin Verdet) y el doctor Rémige (Tahar Rahim)

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