viernes, 27 de febrero de 2015

La belle Nivernaise (1924)











Director: Jean Epstein
Francia, 1924, 69 minutos

El primer plano de La belle Nivernaise (adaptación de la obra homónima de Alphonse Daudet estrenada el 25 de enero de 1924) nos hace pensar inmediatamente en L'Atalante de Jean Vigo (1934). Aquí como allí, la historia transcurre en una barcaza dedicada al transporte de mercaderías pesadas a lo largo del Sena. El barquero Louveau encuentra casualmente por las calles a un niño abandonado, Víctor, y, tras recibir el permiso de las autoridades, lo llevará con su propia familia para educarlo. Diez años más tarde, Víctor y Clara, la hija de Louveau, se han enamorado, y es entonces cuando Louveau es llamado a declarar a París, donde se ha descubierto que Víctor es en realidad el hijo de Maugendre, un cargador de carbón del canal de Nivernaise. Por su parte, Víctor defenderá a Clara cuando esta sea atacada por otro barquero celoso, logrando salvar la gabarra familiar de estrellarse. De regreso con su padre biológico, Víctor ingresa en un internado, pero no logra dejar de pensar en Clara y su anterior vida en las barcazas. Cuando Maugendre se da cuenta de ello, lo deja volver y, una vez están ya casados, les entrega a Víctor y a Clara una barcaza de las suyas.

Para muchos críticos La belle Nivernaise supuso el primer gran film de Jean Epstein. Entre los detalles a destacar, cabe señalar, como curiosidad, que durante la escena en la que Victor y Clara entran en una sala de cine para ver una película una de las paredes está decorada con un cartel de L'auberge rouge, rodada un año antes por el propio Epstein (y ya comentada en una entrada anterior de este blog), ejemplo de autocita que recuerda a la que llevaría a cabo muchos años después Stanley Kubrick en La naranja mecánica (1972): los personajes entran a una tienda de discos y uno de los álbumes que se pueden observar en los estantes es el de la banda sonora de 2001. una odisea del espacio. Un simple detalle como este demuestra hasta qué punto debe ser tenido en cuenta Jean Epstein como un precursor que se avanzó en mucho a su tiempo.



La canción de los álamos (1931)








Título original: La chanson des peupliers
Director: Jean Epstein
Francia, 1931, 6 minutos

Uno de los hits de la canción francesa de la época, que fuera interpretado por estrellas del momento como Max Gilbert o Armand Mestral. La letra de la canción, de marcado tinte bucólico, describe el atardecer y cómo la brisa del véspero mueve las ramas de los álamos como si de una lira se tratase.

Jean Epstein opta por conceder todo el protagonismo a la naturaleza, ya que no aparecerá en pantalla figura humana alguna hasta un poco antes del final: apenas una fugaz pareja de enamorados paseando por un camino solitario.

En todo caso, esta pequeña rareza filmada por Epstein en 1931 parece indicar que los inicios del videoclip se remontan mucho más atrás de lo que se creía.


La imagen perdida (2013)











Título original: L'image manquante
Director: Rithy Panh
Camboya - Francia, 2013, 92 minutos



La imagen perdida (2013)

Se cumplen cuarenta años de la llegada al poder de los Jemeres Rojos en Camboya. Las cifras son tan contundentes como tristemente célebres: se calcula que entre 1975 y 1979 más de dos millones de personas fueron exterminadas como consecuencia de la aplicación radical del ideario maoísta del régimen liderado por Pol Pot, en lo que supone uno de los mayores genocidios en la historia de la humanidad.

La Camboya de hoy en día, a diferencia de la Kampuchea Democrática de entonces, comienza a convertirse en un destino turístico cada vez más demandado, con la consiguiente pérdida de personalidad que cualquier proceso de masificación supone. Quizá por ello, y antes de que el paso del tiempo acabe por desdibujarlo todo, el director de origen camboyano y afincado en Francia Rithy Panh se propuso dar testimonio de lo que aquella tragedia supuso para él y su familia. Aunque el proyecto enseguida topó con un enorme inconveniente: la práctica inexistencia de imágenes de aquel periodo, dada la aversión de los Jemeres Rojos por cuanto pudiera implicar el más mínimo atisbo de progreso occidental.



La forma de solucionarlo resulta, cuando menos, original: las escasas imágenes de archivo que han sobrevivido se complementan mediante el uso de figuritas de barro pintadas a mano. Una voz en off que representa al director en primera persona se encargará del resto. Se recrea así la imagen perdida a la que alude el título: la reconstrucción de lo acaecido en Phnom Penh (la capital del país) durante aquellos cuatro años de horror es, al mismo tiempo, un conmovedor homenaje a la infancia de la que Rithy Panh se vio brutalmente despojado.

No es la primera vez que el conflicto camboyano ha inspirado una película. En Los gritos del silencio (1984), Roland Joffé llevaba a cabo una aproximación al tema más convencional si bien no exenta de patetismo. No obstante, y en otro orden de cosas, conviene no olvidar el insólito caso del rey Norodom Sihanouk, quien, llevado por una enorme pasión cinéfila, llegó a dirigir hasta 21 filmes a lo largo de su vida, encontrándose, entre los más destacables: Apsara (1966) y Crepuscule (1969). Sin embargo, precisamente sería Sihanouk, por paradójico que pueda parecer, el responsable de que los Jemeres Rojos obtuvieran el poder tras aliarse con ellos. Aunque esa ya es otra historia.


miércoles, 25 de febrero de 2015

Ida (2013)











Director: Pawel Pawlikowski
Polonia, 2013, 82 minutos




Ida, el flamante Óscar a la Mejor película de habla no inglesa (culminación de una interminable lista de premios), está visualmente emparentada con otros títulos europeos que en los últimos tiempos han sabido valerse del blanco y negro con singular maestría. Tal es el caso de La cinta blanca (2009) del alemán Michael Haneke o El caballo de Turín del húngaro Béla Tarr. Todos ellos comparten un mismo denominador común: la virtud de plasmar el pasado logrando captar imágenes de una belleza rayana en lo pictórico. Se diría que, más que reconstruir dicho pasado, han sido capaces de viajar atrás en el tiempo.

Tiene asimismo algo de El cuchillo en el agua, el primer largometraje que dirigiera Roman Polanski, allá por el año 1962, con una muy jazzística banda sonora del también polaco Krzysztof Komeda. No en vano, la acción de Ida transcurre en esa misma fecha. Quizá por ello se incluyen tangencialmente en algunas escenas un par de piezas de John Coltrane (el modelo que inspiró a Komeda).



El argumento de Ida mezcla la profunda religiosidad del pueblo polaco con su pasado comunista. La joven novicia Anna deberá certificar en breve el juramento de sus votos en el convento donde ha estado viviendo desde que quedó huérfana siendo todavía muy niña. Aun así, antes de dar un paso tan decisivo, la envían a conocer a su tía Wanda, único familiar con vida que le queda y de la que hasta ahora nunca había tenido noticia. La joven emprenderá entonces junto a la hermana de su difunta madre un periplo de indagación sobre ellas mismas y su pasado en común. Como consecuencia, Anna acabará averiguando que su tía no solo había sido una antigua abogada estalinista responsable de severos veredictos que siguen pesando sobre su conciencia, sino que además es realmente judía. Lo cual conduce a la joven a descubrir su ascendencia semita y su nombre real: Ida.

El personaje de Wanda (Agata Kulesza) se inspira en la mujer de un antiguo profesor polaco que el director Pawel Pawlikowski conoció en Oxford. Lo que verdaderamente causó una profunda conmoción al realizador fue el hecho de que aquella señora en apariencia tan encantadora fuese poco tiempo después reclamada desde Varsovia por presuntos crímenes contra la humanidad que habría cometido durante la dictadura comunista.

Pero, a pesar de sus claras connotaciones religiosas y políticas, esta es sobre todo una historia impregnada de una firme sensualidad latente. Para quienes hayan visto la película, hay una escena fugaz que a buen seguro recordarán: un primer plano de Ida, mirando a la cámara, y despojándose lentamente de la toca que la identifica como novicia. A su lado, Gilda y su guante parecen un simple juego de niños.

Pawel Pawlikowski

Red Army (2014)










Director: Gabe Polsky
EE.UU. - Rusia, 2014, 76 minutos




Avalado por la producción del alemán Werner Herzog, Red Army ofrece, centrándose en el hockey sobre hielo, una curiosa y en algunos momentos ocurrente instantánea del período de la Guerra fría. Lo cual no es de extrañar si se tiene presente que el entrenador de dicho equipo, Anatoli Tarasov, solía reutilizar tácticas ideadas por el ajedrecista Anatoli Karpov o que se inspiró en algunas coreografías del ballet del Teatro Bolshói para preparar los partidos con sus jugadores... Todo un carácter, partidario de la más férrea disciplina.



El documental muestra el ambiente casi paranoico que envolvía a la selección soviética de este deporte centrándose en la figura de su capitán, Slava Fetisov, verdadero ídolo de masas en la Unión Soviética, si bien posteriormente sería considerado enemigo público tras su marcha a EE.UU., para terminar siendo rehabilitado por Putin al cabo de los años como Ministro de deportes de su ejecutivo. 

Por todo ello, Red Army se desmarca bastante de los documentales deportivos al uso. De ahí que, pese a que algún espectador pueda no sentirse atraído lo más mínimo por el hockey sobre hielo, el punto de vista que ofrece la película dirigida por el joven realizador Gabe Polsky le reservará otras posibles sorpresas, ya que supone un análisis ejemplar de muchos cambios que se han venido produciendo en la sociedad rusa desde la época del apogeo soviético hasta la implantación definitiva del capitalismo hoy en día.


lunes, 23 de febrero de 2015

Whiplash (2014)













Director: Damien Chazelle
EE.UU., 2014, 107 minutos



La historia del jazz ha conocido a portentosos baterías, desde Gene Krupa hasta Max Roach, pasando por Pete La Roca o Elvin Jones. Lo cual tiene mérito tratándose de un instrumento aparatoso y, al menos en apariencia, menos atractivo que el saxo o el piano: eternamente parapetado tras sus tambores, el baterista ve a menudo sacrificado su protagonismo dentro del grupo en beneficio de llevar el peso de la sección rítmica. De lo que no cabe ninguna duda es de que para ser un virtuoso de semejante artefacto se requieren una fuerza y un carisma al alcance de muy pocos.

De este y otros temas trata la oscarizada Whiplash, dirigida por el jovencísimo Damien Chazelle (con apenas treinta años, ésta es la tercera película que realiza). Antes de ser un largo, Whiplash fue un cortometraje de 18 minutos, premiado en Sundance, estrenado en 2013 e interpretado por otros actores. Aunque anoche, la Academia de Hollywood premió la versión extensa con tres galardones: Mejor actor secundario (J. K. Simmons, quien previamente ya se había hecho con el Globo de Oro y el BAFTA en la misma categoría), Mejor montaje (Tom Cross) y Mejor sonido (por la labor conjunta de Thomas Curley, Ben Wilkins y Craig Mann). También fue nominada (pese a que finalmente no pasó de ahí) como Mejor película y Mejor guion adaptado.



Pero a pesar de los muchos premios recibidos por el filme, nos queda la incógnita de si los métodos empleados por el profesor Terence Fletcher son lo suficientemente verosímiles. Que son inadmisibles parece bastante evidente, si bien ¿cómo es posible que nadie se rebele en clase cuando Andrew es humillado una vez tras otra? Los continuos ataques verbales de los que es objeto el aspirante a batería (e incluso físicos, puesto que llega a abofetearlo) sublevan sin duda al espectador y, sin embargo, mientras se producen en el aula del conservatorio, extrañamente ningún alumno mueve ni un dedo... Lo que sí que termina ocurriendo es que, por puro mimetismo, se acaban perdiendo el respeto los unos a los otros en los momentos de máxima tensión, como si los aprendices de músico hubiesen asumido como algo natural el gritarse e insultarse. Claro: si a primeras de cambio, cualquiera con un mínimo de decencia le hubiese parado los pies al tal Fletcher no hubiera habido ni duelo interpretativo profesor/alumno ni película ni nada. Lo cual demuestra que una película no es un teorema cartesiano sino algo más bien relacionado con las vísceras: que la historia no sea creíble queda perfectamente justificado si con ello se logra el magnífico tour de force en el que se verán envueltos los personajes.

Aun así, sigue siendo un poco chirriante la posible moraleja que encierra Whiplash: ¿se está insinuando que en el fondo no es tan grave actuar como lo hace este profesor, especie de van Gaal jazzístico? ¿Que la consecución del éxito final disculpa o, como mínimo, atenúa todo el calvario previo? Porque de ser así sería verdaderamente terrible, ya que, en no pocos momentos de la trama, Fletcher está más cerca del Sargento Hartman de La chaqueta metálica de Kubrick que no de lo que debiera ser el profesor ideal. Cierto que le vemos derramar alguna que otra lagrimilla (para que luego no se diga, claro), pero solo en contadas ocasiones.

De todas formas, siempre nos quedará The Gene Krupa Story (dirigida por Don Weis en 1959) como retrato más amable de un batería de jazz: puede que Sal Mineo no ensayara cuatro horas al día, tres veces por semana (como se rumorea que tuvo que hacer el actor protagonista de Whiplash), pero aporreaba los tambores con la misma soltura que Miles Teller. Y sin tanta sangre manchándolo todo...


domingo, 22 de febrero de 2015

Locke (2013)










Director: Steven Knight
Reino Unido - EE.UU., 2013, 85 minutos



La lista de películas que transcurren en un único espacio cerrado es amplia: Náufragos (1944) de Alfred Hitchcock, La cabina (1972) de Antonio Mercero o Buried (2010) de Rodrigo Cortés serían ilustres ejemplos. Locke, del británico Steven Knight, viene ahora a sumarse a la nómina y lo hace en esta ocasión situando la trama en el interior de un coche que conduce magistralmente el actor Tom Hardy. Rodada en tiempo real, narra cómo un eficiente constructor y padre de familia se debate entre cumplir con su deber aun arriesgándose a perderlo todo o mantenerse fiel a los principios que le han permitido alcanzar una vida acomodada.

El leit motiv en el que se sostiene el film son las conversaciones telefónicas que mantiene Ivan Locke con distintas personas: su esposa y sus hijos, su jefe, sus empleados, una mujer a punto de dar a luz... Los acontecimientos a los que deberá hacer frente mientras conduce son asimismo variados: un decisivo partido de fútbol, una trascendental obra que requiere toneladas de hormigón y diferentes permisos administrativos, una crisis de pareja... Así iremos conociendo al conductor y a su complejo entorno, aunque el único rostro visible sea el de Ivan Locke. El apellido y título del filme (Locke) hace pensar, por cierto, en un evidente juego de palabras entre el protagonista y el espacio claustrofóbico en el que se encuentra por su semejanza con locked ("encerrado" en inglés).

Detalle del rodaje

Cuando Ivan Locke no habla por teléfono, lo hace solo: de este modo iremos sabiendo cómo le atormenta la figura paterna, ausente durante buena parte de su infancia y adolescencia. Y todo esto manteniendo la atención del espectador de principio a fin, que no es poco mérito. Quizá contribuya también a ello la banda sonora de Dickon Hinchliffe, demostrando que el rock instrumental mantiene intacta su vigencia.

Entre los detractores de la película (sin duda, hay gente para todo) ha habido quien ha señalado la incongruencia de que el protagonista hable con acento galés mientras que su mujer e hijos lo hagan en perfecto inglés. Nosotros, en cambio, nos decantamos más por preguntarnos si este buen hombre tendrá o no tarifa plana porque, de lo contrario, las 36 llamadas telefónicas que se llevan a cabo durante la película podrían salirle bastante caras...

Tom Hardy es Ivan Locke

Manhattan Sur (1985)











Título original: Year of the Dragon
Director: Michael Cimino
EE.UU., 1985, 134 minutos

Manhattan Sur (1985) de Michael Cimino


El siempre excesivo Michael Cimino volvía a las pantallas de hace treinta años con esta historia aparatosa en la que Stanley White, un veterano de la guerra de Vietnam, es enviado a Manhattan Sur tras quince años de brillantes servicios en la policía. Su misión en este peligroso distrito de Nueva York será acabar con las bandas juveniles que controlan aquella área. Después de algunas indagaciones acabará enfrentándose a la peligrosísima mafia china, liderada por Joey Tai, y cuyos procedimientos para controlar el tráfico de estupefacientes son de una agresividad extrema. Paulatinamente el acabar con el crimen organizado se irá transformando entonces en una idea fija para Stanley White, aunque las secuelas de un pasado tormentoso y su actual situación personal lo empujarán mucho más lejos de la labor que le han encomendado.



En su momento, la película fue acusada por algunos sectores de ser abiertamente racista debido a la visión negativa que de la comunidad china se ofrecía en ella. Lo cierto es que, a pesar de incidir de nuevo en la fórmula ultraviolenta que le diera la fama con El cazador (1978), Cimino no logra repetir el éxito en el caso de Manhattan Sur. De hecho, ninguna de las ocho películas que hasta la fecha ha dirigido el cineasta ha logrado ni tan siquiera igualar la notoriedad que alcanzara gracias a aquel film.

Por otra parte, con el transcurso del tiempo quizá hoy no resulte demasiado creíble cómo el personaje interpretado por Mickey Rourke va pasando de los brazos de su esposa (una ferviente católica de origen polaco) a los de su amante (la reportera de origen chino que le ayudará a plantar cara a los cabecillas del hampa). Pero no hay que olvidar que los Brian de Palma, Abel Ferrara, el primer Scorsese o el propio Michael Cimino, entre otras inmensas figuras de la pléyade de directores americanos surgidos a partir de los setenta, hicieron bandera de este estilo recargadamente ampuloso que les ayudaría a consagrarse definitivamente en Hollywood.

Mickey Rourke y Michael Cimino (derecha)

sábado, 21 de febrero de 2015

El albergue rojo (1923)











Título original: L'auberge rouge
Director: Jean Epstein
Francia, 1923, 80 minutos

El albergue rojo (1923)


Aunque nacido en Varsovia, lo cierto es que el cineasta Jean Epstein fue uno de los principales teóricos del cine francés de los años veinte. Suyas son películas que marcarían una época, como es el caso de Mauprat (1926) o La chute de la maison Usher (1928), en las que colaboró como ayudante de dirección un debutante Luis Buñuel. Epstein, a su vez, había sido en su juventud asistente de Auguste Lumière.

En cuanto al relato titulado L'auberge rouge, fue publicado por Honoré de Balzac en 1831 y ha conocido sucesivas adaptaciones cinematográficas a lo largo de la historia, siendo la más reciente la comedia dirigida en 2007 por Gérard Krawczyk e interpretada por Gérard Jugnot y Josiane Balasko. Anteriormente, Fernandel protagonizó en 1951 la versión dirigida por Claude Autant-Lara. Ambas se inspiraron libremente en la novela corta de Balzac. Aunque la adaptación más antigua data de 1910 y fue debida a Camille de Morlhon, con la intervención de Abel Gance en el guion.

La versión de Jean Epstein destaca por la habilidad con la que se alternan dos acciones paralelas: en un lujoso salón, durante una cena, uno de los comensales mantiene en vilo a los demás con la historia que les relata, acaecida hace más de veinte años en un albergue. Una noche de tormenta de 1799, dos jóvenes médicos se refugian en una humilde posada de carretera donde acaban compartiendo habitación con un comerciante de diamantes holandés que logra ser admitido gracias a ellos. Durante la noche, uno de los amigos (Prosper Magnan) sueña que roba al comerciante, pero cuando se despierta por la mañana se encuentra con el cadáver apuñalado del holandés y con que su amigo ha desaparecido sin dejar rastro. Cuando las autoridades mandan registrar a Prosper y le descubren uno de los dos minúsculos diamantes que el mercader les regaló a él y a su amigo en prueba de agradecimiento, es detenido por el crimen y ejecutado pese a ser inocente. Años después, la hija del posadero (que había mantenido un fugaz romance con Prosper) le relata la historia a un viajero, quien a su vez la explicará más tarde durante la ya mencionada cena. Aunque en dicha cena se encuentra Frédéric Taillefer, el amigo desaparecido y verdadero asesino...

Como elemento impactante, cabe destacar el recurso de una anciana que echa las cartas en el albergue. Con suma pericia, Epstein alterna los primeros planos de su rostro con leves atisbos de una calavera, en lo que supone un precedente del uso subliminal de las imágenes.

Por último, y a nivel mucho más anecdótico, sorprende comprobar el asombroso parecido físico del actor Jean-David Évremond (quien encarna a Frédéric Taillefer) con Roman Polanski.


Fotografía tomada durante una pausa en el rodaje

viernes, 20 de febrero de 2015

Un toque de violencia (2013)












Título alternativo: A touch of sin
Título original: Tian zhu ding
Director: Jia Zhangke
China - Japón - Francia, 2013, 133 minutos



Un toque de violencia (2013)

El rápido crecimiento económico en los denominados países emergentes suele ir acompañado de un paulatino incremento de las desigualdades sociales, amén de una corrupción que, en no pocas ocasiones, viene ya de muy antiguo, convirtiéndose en un lastre que de forma crónica condiciona, cuando no hostiga, las vidas de sus ciudadanos. La podredumbre del sistema genera frustración y la frustración engendra una violencia sin límites.

En los últimos tiempos, han dado buena cuenta de ello diferentes películas procedentes de territorios como, por ejemplo, Brasil (tal sería el caso de Ciudad de Dios [Fernando Meirelles, 2002] o Tropa de élite [José Padilha, 2007]), Rusia (Leviatán [Andrey Zvyagintsev, 2014], ya comentada en una entrada anterior de este blog) o China, región en la que se ambientan las cuatro historias independientes de Un toque de violencia, cuyo guion resultó premiado en el Festival de Cannes 2013. Mediante un estilo sobrio, el film presenta un mosaico de la actual China cimentado a partir de la situación límite a la que se ven expuestos sus personajes. Las escenas de violencia son filmadas sin reparos, con sumo realismo, como reflejo de una sociedad en descomposición.

Un encolerizado minero que acaba por rebelarse, tomándose la justicia por su mano contra la corrupción reinante en su comunidad. Un emigrante que, al regresar a casa por Año Nuevo, comprueba las muchas posibilidades que posee su arma de fuego. La atractiva recepcionista de una sauna que estalla cuando un par de clientes la humillan. Un joven de clase obrera que va de empleo en empleo aspirando a mejorar un poco su vida... Merced a una puesta en escena brusca y despiadada en extremo, Un toque de violencia es ya uno de los filmes más singulares del cineasta Jia Zhangke.



lunes, 16 de febrero de 2015

Magical Girl (2014)












Director: Carlos Vermut
España - Francia, 2014, 127 minutos




Una chica aquejada de una enfermedad irreversible y cuyo nombre es Alicia desea fervientemente tener el mismo vestido que luce la protagonista de la serie de animación japonesa Magical Girl Yukiko. A pesar del elevado precio, su padre, Luis, hará todo lo posible con tal de conseguirlo. El azar le conducirá hasta Bárbara, una joven de perturbadora belleza que padece ocasionales trastornos de tipo mental, y después hasta Damián, antiguo profesor de matemáticas de Bárbara que vive marcado por un infausto pasado.

Premiada con la Concha de Oro en el último Festival de cine de San Sebastián, la película de Carlos Vermut es capaz de asombrar continuamente al romper con lo que establecen las normas de la narrativa más canónica. Es, sin duda, una película poco convencional repleta de extorsiones, sadismo y crímenes, pero también provista de un cómico sentido de la extravagancia y un enorme talento para emocionar al espectador.

En algunos momentos hace pensar en Camino de Javier Fesser (por lo de las niñas con salidas inesperadas). También tiene algo de Eyes Wide Shut de Kubrick cuando Bárbara contacta con la inquietante sociedad de libertinaje.

Teniendo en cuenta que el cine español a menudo ha oscilado entre la mojigatería y lo tendencioso, hay que celebrar que películas como Magical Girl se atrevan a plantear propuestas algo más arriesgadas de lo que viene siendo habitual por estos lares. Siete candidaturas a los Goya y un premio a la Mejor interpretación femenina protagonista para Bárbara Lennie suponen el espaldarazo definitivo para un cineasta con un brillante porvenir ante sí.

domingo, 15 de febrero de 2015

El sueño de Ellis (2013)











Título original: The Immigrant
Director: James Gray
EE.UU., 2013, 120 minutos



El sueño de Ellis (2013)

Charles Chaplin protagonizó en 1917 un cortometraje titulado The Immigrant en el que se mostraba cómo, en los albores del siglo XX, muchos inmigrantes eran sometidos a examen en la isla de Ellis y luego extraditados. Otros lograban superar la aduana y sobrevivir a duras penas en las calles de Nueva York. Por ello, dicha isla suponía, siempre bajo la atenta mirada de la Estatua de la Libertad, una especie de antecámara hacia el éxito o hacia la desgracia, si bien era, al mismo tiempo, una vana ilusión: tierra de nadie que se convertiría en muchos casos en una especie de prisión preventiva donde cumplir cuarentena.

Casi un siglo después, El sueño de Ellis vuelve a hablar de todo aquello. Para Ewa Cybulska, la joven polaca interpretada por la francesa Marion Cotillard, la isla de Ellis constituye un estado anímico del que se acaba empapando toda la película, ya que ella nunca llega a salir emocionalmente de aquel lugar. Prostituida por Bruno Weiss (el ambivalente personaje al que da vida Joaquin Phoenix) y resignada a abandonar a su hermana enferma, Ewa deambulará por Nueva York como hipnotizada.



Al respecto, la dirección de fotografía en sepia contribuye a crear dicha impresión de irrealidad, de la que James Gray se vale también para presentar los pilares de una comunidad en sus inicios, mezcla de pueblos y de seres sin escrúpulos (el tío de Ewa es, sin duda, un buen ejemplo de ello), a la par que esboza una poco frecuente, lacerante e incluso algo folletinesca historia amorosa entre tres personajes: Bruno, Ewa y Emil/el mago Orlando (un inspirado Jeremy Renner que sorprenderá a la inmigrante polaca con su "don" para la levitación).

Puede que El sueño de Ellis no aporte grandes novedades respecto a lo ya mostrado en otros grandes títulos ambientados en el mismo período histórico como Érase una vez en América, aunque siempre es un goce admirar el saber hacer de estrellas ya consagradas como Joaquin Phoenix y Marion Cotillard.


Leviatán (2014)














Título original: Leviafan
Director: Andrey Zvyagintsev
Rusia, 2014, 140 minutos

Leviatán (2014)


Hoy domingo ha entrado en vigor el alto el fuego entre las tropas prorusas y las ucranianas. Aunque la paz definitiva se adivina compleja y todavía lejana, dicho cese de hostilidades supone un primer paso en la esperanza de conseguir la concordia. El conflicto con Ucrania no es el primero que protagoniza Rusia en aquella área geográfica, pues antes estuvieron los de Georgia y Chechenia, pero sí es sintomático del estado en el que se encuentra un país tradicionalmente lastrado por dudosos intereses defendidos desde las altas esferas del poder.

En dicho ambiente de corrupción indisimulada y descomposición manifiesta del sistema transcurre la acción de Leviatán, la última película del cineasta Andrey Zvyagintsev. Buena metáfora de todo ello sea quizá el esqueleto de la ballena que preside la bahía donde habitan los personajes. No es el único resto de valor simbólico: las proas carcomidas de antiguos balleneros hundidos en la ensenada parecen aludir al naufragio de los valores en aquella sociedad. El argumento de la película irá confirmando en el espectador todas estas sospechas. Es el siguiente:



Kolya vive con su joven mujer Lilya y su hijo Roman, fruto este de una anterior relación, en una aldea a orillas del mar de Barents, en el norte de Rusia. Kolya tiene un taller de mecánica junto a su casa, aunque el alcalde del pueblo, un político corrupto y sin escrúpulos, está resuelto a apoderarse de la casa y del taller cueste lo que cueste. Previamente ya había intentado comprar el terreno, pero Kolya no quiere vender. Por eso, un apuesto abogado ha venido desde Moscú para ayudar a Kolya y a su familia a hacer frente al alcalde. Para ello, pondrá al descubierto las irregularidades del político, aunque todo parece indicar que la justicia en Rusia siempre juega a favor de los más poderosos, incluida la Iglesia ortodoxa.

Se ha dicho que Leviatán está levantando ampollas en el Kremlin por lo explícito de su crítica a las corruptelas que pervierten a todas las capas de la sociedad rusa, lo cual resulta curioso si se tiene en cuenta que el filme cuenta con el patrocinio del Ministerio de cultura. Aunque también Buñuel rodó Viridiana en la España de Franco y ya sabemos cómo acabó todo aquello. De momento, la película ya ha ganado el Globo de Oro a la Mejor película de habla no inglesa y está nominada al Óscar en la misma categoría.


La quimera del oro (1925)












Título original: The Gold Rush
Director: Charles Chaplin
EE.UU., 1925, 69 minutos

La quimera del oro (1925)

De entre todas sus películas, La quimera del oro era quizá la preferida de Chaplin. Así lo afirmó en más de una ocasión. En 1942 realizaría, incluso, una versión sonorizada de la misma que incluía su propia voz como narrador de la historia. La quimera del oro es también la película que contiene dos de los números más célebres de Charlot. Uno es el de la bota que, debido a la acuciante hambre que padecen los dos buscadores de oro, se ven obligados a cocinar para, acto seguido, tener que comérsela. En realidad, la bota estaba hecha de regaliz y Chaplin rodaría de esa escena hasta 63 tomas distintas, pues a tal extremo llegaba su perfeccionismo. El otro gag por el que es recordado el filme es aquel en el que, sentado a una mesa preparada para celebrar la Nochevieja, el protagonista improvisa un baile con dos panecillos pinchados en sendos tenedores. Sencillamente genial. Tal fue el éxito que, cuenta la leyenda, cuando se mostró por vez primera la película en Berlín el público obligó al proyeccionista a rebobinar para verla de nuevo.

Aun así, The Gold Rush contiene otros momentos no menos memorables y que, sin embargo, se han visto eclipsados por la fama alcanzada por los otros dos. Por ejemplo, cuando "el buscador solitario" intenta ganarse un sobresueldo limpiando la nieve acumulada en la entrada de un comercio. Palada tras palada, la retira hechándola a sus espaldas, sin advertir que, de esta manera, está taponando el portal de la tienda contigua. Pero no importa: así tiene un pretexto para embolsarse otra propina y repite la misma acción con similar torpeza. Con todo, cuando descubre que el tercer umbral obstruido es el de la prisión local, lanza la pala al suelo y se marcha de allí precipitadamente. Y qué decir de la cabaña al filo del precipicio: otro instante sumamente divertido.

Entre los pormenores del accidentado rodaje, hay dos especialmente destacables: el primero es que, ya empezado este, Chaplin hubo de cambiar a la actriz protagonista (Georgia Hale sustituyó a Lita Grey), con lo que tuvo que reiniciar la filmación. El motivo no fue otro sino el embarazo de Lita Grey: para evitar ser acusado por abuso de menores, Chaplin se vio obligado a casarse con ella precipitadamente. La segunda de las anécdotas es que los 2500 extras que hacen de buscadores de oro en Alaska eran, en realidad, mendigos a los que se pagó un sueldo diario para que encarnaran dicho papel. Detalles como estos contribuyen todavía más, si cabe, a hacer de La quimera del oro un clásico con MAYÚSCULAS de la historia del cine.


sábado, 14 de febrero de 2015

Loreak (2014)













Título alternativo: Flores
Directores: Jon Garaño y Jose Mari Goenaga
Euskadi, 2014, 99 minutos

Sólo son flores




Evangelina Sobredo Galanes falleció el 2 de agosto de 1976, sobre las 5:40 horas de la madrugada, en un accidente de tráfico en la carretera C-620 (hoy día renombrada como N-525), en el casco urbano de Colinas de Trasmonte, localidad del partido judicial de Benavente (provincia de Zamora). Tenía 27 años. Su nombre artístico: Cecilia. Pese a lo prematuro de la muerte de la cantautora, dejó para la posteridad un puñado de canciones inolvidables. Entre ellas "Un ramito de violetas". La historia que explicaba es de sobras conocida: una mujer casada con un hombre aparentemente no muy tierno recibe cartas y flores de un anónimo admirador. Aquellos que recuerden la letra sabrán, por demás, "quién cada nueve de noviembre / como siempre sin tarjeta / le mandaba un ramito de violetas".

Pues mire usted por dónde que en Loreak, lo que son las cosas, también hay un accidente de coche y una mujer que recibe flores de un desconocido. Los vascos Jon Garaño y Jose Mari Goenaga han sabido dar en el clavo con este relato en el que los sentimientos latentes actúan de condicionante de toda la trama. Un argumento plagado de sutilezas que subyacen en el fondo de unos personajes a menudo más definibles por lo que callan que no por lo que están dispuestos a admitir.

Dos candidaturas a los premios Goya (a la mejor película y a la mejor música original, de Pascal Gaigne) confirman el éxito de esta producción rodada enteramente en euskera, lo cual, al igual que ya sucediera con Pa negre, no parece ser ningún obstáculo para llegar a un público amplio más allá del ámbito autonómico. Quizá porque el buen cine nada tiene que ver con prejuicios que convendría desterrar de una vez por todas.


viernes, 13 de febrero de 2015

Mr. Turner (2014)












Director: Mike Leigh
Reino Unido, 2014, 150 minutos

"The Sun is God!"




El cineasta británico Mike Leigh pone en escena en Mr. Turner los últimos veinticinco años de la vida del genial pintor inglés Joseph Mallord William Turner (1775–1851). Aunque en lugar de llevarlo a cabo según la consabida fórmula de ascenso, caída y posterior salvación del biografiado (pauta usual de este tipo de cine), lo realiza mediante un entramado de episodios que pone de manifiesto todas las paradojas de tan torturado artista. Así tendremos ocasión de asistir, pues, a la existencia que lleva Turner (interpretado por Timothy Spall) en Chelsea: dando un paseo por la campiña para tomar notas del paisaje, viajando, codeándose con la élite local, frecuentando algún que otro prostíbulo... Pero, por encima de todo, Turner pinta sus inmortales lienzos y defenderá hasta las últimas consecuencias su personal concepto del arte frente a los usos y costumbres entonces imperantes.



Reconocido e ilustre miembro de la Royal Academy of Arts, el pintor vive junto a su padre y una fiel ama de llaves. Sin embargo, a pesar de su celebridad también será objeto de las burlas de una parte del público y de la sociedad inglesas (desprecio de la reina incluido). Hondamente afligido tras la muerte del padre, Turner decidirá entonces recluirse. Pero su anodina vida da un giro cuando conoce a Mrs Booth (Marion Bailey), quien posee una modesta casa de huéspedes con vistas al mar.

Muy interesante, por otra parte, resulta la banda sonora a cargo de Gary Yershon (colaborador habitual de Mike Leigh y de insignes instituciones británicas como la Royal Shakespeare Company o el National Theatre). En cuanto a la dirección de fotografía de Dick Pope, logra con creces que su uso del color, la luz y las diferentes texturas esté en consonancia con la estética más reconocible del pintor protagonista. Casi nada...

Mike Leigh (centro) durante el rodaje

Pina (2011)












Director: Wim Wenders
Alemania - Francia - Reino Unido, 2011, 103 minutos




Un grupo de mujeres danza sobre la arena al compás de La consagración de la primavera. Otro grupo, en este caso solo formado por hombres, las corteja o incluso las acosa. Se diría que son un coro de la tragedia griega. Más aún: se vislumbran los ecos de un arcano recóndito y misterioso que conecta a los bailarines con las fuerzas telúricas de la tierra que pisan.

Es uno de los números iniciales del documental Pina, en el que el reputado cineasta alemán Wim Wenders celebra, tras decenios de sentida admiración, el quehacer de su compatriota Pina Bausch (fallecida en 2009). Algunos fragmentos de sus montajes, así como danzas inspiradas en sus coreografías, son llevadas a la pantalla mediante imágenes en 3D, poniendo en contacto el dinamismo de los cuerpos en movimiento sobre el escenario con la mirada cautivada del espectador.

Es una película coral, protagonizada por quienes bailaron a las órdenes de Pina. También es una pequeña gran Babel en la que se escucha hablar en multitud de idiomas: alemán, francés, inglés, español, croata, italiano, portugués, ruso, coreano... Plantea, además, algunas similitudes con El silencio antes de Bach (Die Stille vor Bach, Pere Portabella, 2007). Si allí se interpretaba música de Johann Sebastian Bach en un vagón de metro o en la cabina de un camión, en Pina se hace lo propio sacando la danza contemporánea a las calles de Essen o llevándola al interior de una piscina pública o del tren aéreo. Pura vida, poesía hecha imágenes: eso es Pina.


jueves, 12 de febrero de 2015

Las Hurdes (1933)












Título alternativo: Tierra sin pan
Director: Luis Buñuel
España, 1933, 30 minutos




Lo dijo el propio Buñuel con rotundidad en Mi último suspiro: "Aquellas montañas desheredadas me conquistaron enseguida. Me fascinaba el desamparo de sus habitantes, pero también su inteligencia y su apego a su remoto país, a su 'tierra sin pan'. Por lo menos en una veintena de pueblos se desconocía el pan tierno. De vez en cuando, alguien llevaba de Andalucía algún mendrugo que servía de moneda de cambio" (Mi último suspiro: memorias, traducción de Ana María de la Fuente, Plaza & Janés, 1982, página 137).

Sin duda alguna, Las Hurdes (Tierra sin pan) representa uno de los alegatos más contundentes jamás filmados contra el subdesarrollo. Con la fuerza del aliento de ascendencia surrealista de su director, algunas de las impactantes imágenes de este documental quedarán grabadas en las retinas de cualquier espectador por su cruda aspereza: el cadáver de una criatura, los enfermos de bocio, un burro devorado por un enjambre de abejas, una cabra despeñada entre los riscos... Y tantas otras que tienen como principal finalidad denunciar la miseria de una región olvidada, ajena a cualquier atisbo de progreso y vergonzosamente anclada en la Edad Media.



miércoles, 11 de febrero de 2015

Un tipo corriente (2002)













Título alternativo: Samy y yo
Director: Eduardo Milewicz
Argentina, 2002, 85 minutos




Casi a punto de cumplir cuarenta años, el apocado aunque entrañable Samuel Goldstein (interpretado por Ricardo Darín) intenta sobrellevar una gris existencia constantemente abrumado por diversas contrariedades: Esther (algo parecido a una novia), un proyecto de novela que no pasa de la primera línea, una madre castrante y una hermana divorciada que no cesa de pedirle dinero prestado.

Trabaja escribiendo los monólogos "humorísticos" que no hacen reír a nadie de un programa televisivo sin apenas audiencia, aunque eso no significa que Samy se resigne a no ver cumplidas sus aspiraciones de ser un verdadero escritor de renombre.

La inminente crisis de los cuarenta lo mortifica hasta tal punto que toma la determinación de que ya va siendo hora de dar un nuevo rumbo a su vida y abandonar trabajo, familia e incluso al espectro del otro yo que lo atosiga, para así dedicarse exclusivamente a escribir. Pero, desbordado ante semejante desazón, irrumpirá ante sus ojos Mary (Angie Cepeda), una atractiva joven que rebosa entusiasmo y vigor. ¿Logrará contagiárselos a Samuel?

lunes, 9 de febrero de 2015

Timbuktu (2014)











Director: Abderrahmane Sissako
Mauritania - Francia, 2014, 97 minutos



La otrora sosegada Tombuctú ha sucumbido a manos de los extremistas musulmanes. En sus aledaños, Kidane lleva una vida apacible en las dunas, junto a su esposa Satima, su hija Toya e Issan, el hijo pastor de apenas doce años. Ni siquiera hablan en árabe, puesto que su lengua materna es el tamashek. Los residentes de la ciudad sufren la represiva política del terror implantada por los integristas: se prohíbe escuchar música, reír, fumar y hasta jugar al fútbol. Lapidaciones, latigazos, ejecuciones sumarísimas están a la orden del día. Las mujeres se han transformado en espectros que intentan aguantar la situación dignamente. Día tras día, unos improvisados "tribunales" emiten sentencias tan irracionales como funestas... 

Timbuktu, el nuevo filme del mauritano Abderrahmane Sissako, candidata por el país africano al Óscar a la mejor película de habla no inglesa, representa un modelo de cine político al que muchos otros quizás debieran asemejarse: estampa de un poblado de Mali fustigado por el fundamentalismo yihadista, Timbuktu contiene postulados ideológicos muy claros aunque no los proclama mediante discursos panfletarios; deja clara la atrocidad a la que conduce el fanatismo religioso, pero no cae en efectismos perversos y sabe revelar la hermosura silenciada entre tanto absurdo sin incurrir en la ramplonería. Ahí quedan momentos de pura magia, como el de los jóvenes que se atreven a disputar un partido de fútbol... sin balón, la agonizante vaca GPS (origen de tanto infortunio) o la gacela que huye a través del desierto.


Cinefòrum 4 de març




Benvolgudes i benvolguts,

Continuen una vegada més les sessions del cinefòrum Sant Miquel!

El proper dimecres 4 de març, a les 17'30 h., al nostre saló d'actes, tindrà lloc la segona d'elles. I ho farem amb tot un clàssic del cinema de terror: El Fantasma de la Ópera, drama de l'època muda dirigit per Rupert Julian el 1925 i protagonitzat per un actor mític: Lon Chaney ("l'home de les mil cares").

Com ja és habitual, hi haurà una breu presentació abans de començar i un col·loqui posterior a la projecció (en versió original anglesa subtitulada en castellà). La pel·lícula té una durada aproximada d'uns 90 minuts.

La versió que projectarem és una còpia sonoritzada que inclou efectes de so, així com la banda sonora original que acompanyava les imatges. Curosament restaurada, recupera a més a més material inèdit, com ara algunes escenes originalment filmades en color que van suposar un dels primers assajos del Technicolor. Tot plegat, contribueix a retornar l'esplendor original a una caríssima superproducció dels estudis Universal que va comptar per al seu rodatge amb gairebé 5000 extres, sens dubte tot un rècord que val la pena tornar a gaudir en pantalla gran.

Com és habitual, l'assistència està oberta a tota la comunitat educativa del Col·legi Sant Miquel: alumnes i ex alumnes, pares, mares, personal no docent, professores i professors...

Us hi esperem!

P.D.: I per anar fent boca, aquí teniu alguns dels cartells originals de l'època.






domingo, 8 de febrero de 2015

The Grandmaster (2013)












Título orginal: Yi dai zong shi
Director: Wong Kar Wai
Hong Kong, 2013, 122 minutos




Cuentan los libros de historia que, allá por el siglo XVII, el poeta Luis de Góngora se retiró al final de sus días a su Córdoba natal, quizá cansado de no medrar en la corte y de tanta lisonja estéril. Esos mismos libros cuentan también que fue precisamente en el recogimiento de su refugio andaluz donde Góngora alumbró sus versos más arriesgados, aquellos que le han valido la fama de poeta oscuro por lo embrollado de su estilo. Quienes lo acusaron de culterano (entonces era un insulto) no podían concebir que en sus Soledades se alcanzasen semejantes cotas de complejidad a lo largo de más de dos mil versos para desarrollar un argumento tan sumamente escueto:  un joven náufrago llega a la playa de una isla, es acogido por unos pastores y acaba acudiendo a un casamiento. "¡Y para eso tanto artificio!" debieron pensar. No entendieron que lo importante no estaba en el contenido (apenas un pretexto) sino en el placer de llevar el lenguaje a sus extremos, recreándose en los límites de la palabra.

Pido disculpas por semejante digresión, pero ante una película tan abrumadoramente barroca como la que me dispongo a comentar resulta inevitable, a la par que irresistible, comparar a un director de Hong Kong con el "Príncipe de las Tinieblas". Dirigida por Wong Kar Wai, The grandmaster está basada en la vida de Ip Man, célebre principalmente por haber sido el mentor de Bruce Lee. Sin dejar de ser un filme de artes marciales, la película va más allá al mantener las inquietudes recurrentes del autor de Deseando amar y 2046. Como ya ocurriera en el primero de aquellos filmes, The grandmaster vuelve a mostrar el antiguo Hong Kong (la acción arranca en 1936) y nos explica una tenue historia amorosa entre Ip Man y Gong Er que jamás llegará a concretarse, pero sobre la que se construye todo el armazón emocional de la película. En realidad, dicha trama no es más que una excusa, ya que lo importante es recrearse en lo aparentemente trivial: unas gotas de lluvia, el movimiento de las flores de un cerezo, los elementos que levemente se sincronizan al compás de quienes practican el Kung Fu. The grandmaster demuestra la perspicacia de Wong Kar Wai para esbozar secuencias deslumbrantes y cautivadoras que funcionan tanto en la fiereza de las reyertas como en la poética visión del vetusto Hong Kong o cuando nos muestra la devastación del conflicto entre China y Japón. El cineasta se lleva a su terreno de preciosismo oriental un género a menudo tan ampliamente denostado, y eso tiene mucho mérito teniendo en cuenta lo que se suele considerar convencional en este tipo de películas. Góngora, sin lugar a dudas, se habría sentido orgulloso...