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sábado, 27 de septiembre de 2025

Una batalla tras otra (2025)




Título original: One Battle After Another
Director: Paul Thomas Anderson
EE.UU., 2025, 161 minutos

Una batalla tras otra (2025) de Paul Thomas Anderson


El montaje frenético de One Battle After Another (2025) responde a una forma de contar historias que Paul Thomas Anderson viene frecuentando con enorme acierto desde los días de Magnolia (1999) o Boogie Nights (1997). Máxime si, como en esta ocasión, cuenta con un reparto en el que sobresalen los nombres de Leonardo DiCaprio, Benicio Del Toro o Sean Penn. Intérpretes ya consagrados a los que se unen las no menos prometedoras Chase Infiniti y Teyana Taylor.

Aparte de esa forma de narrar tan ágil, donde la música, en su mayoría canciones que ya existían previamente, juega un papel determinante, el tono paródico que se desprende de las acciones y sobre todo de los personajes nos devuelve la impronta de un estilo que por una parte vendría a ser heredero del primer Scorsese, así como de Robert Altman y, al mismo tiempo, conecta de pleno con la tradición inaugurada por Tarantino a principios de los noventa.



Sin embargo, y pese a esos modelos tan evidentes de los que bebe, el cine de PTA se debe a sí mismo y de ahí ese tono desencantado que se percibe bajo la accidentada existencia de una familia de viejos revolucionarios venidos a menos, padre e hija, siempre huyendo, siempre intentando recordar unas contraseñas tan estrambóticas como sus propias vidas, que son el fiel reflejo de la muerte de los ideales en un mundo cada vez menos propenso a aceptar la radicalidad de su discurso.

En definitiva, lo esencial de la película no reside tanto en la historia de un hombre enfrentándose a su pasado, sino en cómo esa lucha personal se convierte en una metáfora del agotamiento moral de las sociedades que alguna vez creyeron en el cambio. Lo cual provoca que Anderson no filme sólo una venganza o una redención, sino una batalla constante —política, emocional y espiritual— entre ideales rotos y sistemas que se reciclan en su violencia. La trascendencia de la película, pues, está en mostrar que lo verdaderamente revolucionario ya no es tomar las armas, sino atreverse a sostener una ética en un mundo que premia la resignación.



sábado, 26 de julio de 2025

El gran Gatsby (2013)




Título original: The Great Gatsby
Director: Baz Luhrmann
Australia/EE.UU., 2013, 143 minutos

El gran Gatsby (2013) de Baz Luhrmann


Aquella noche, cuando regresé a West Egg, temí por un momento que mi casa estuviera ardiendo. Eran las dos de la madrugada; todo aquel ángulo de la península parecía llameante de luz que caía, desconcertante, sobre los matorrales, produciendo sutiles y alargados destellos sobre los alambres de la carretera. Al dar la vuelta a un recodo, advertí que el origen del fenómeno era la casa de Gatsby, iluminada de la Torre a los sótanos.

F. Scott Fitzgerald
El gran Gatsby (1925)
Traducción de E. Piñas

La fastuosidad gratuita de la que se sirve Baz Luhrmann en The Great Gatsby (2013), despliegue habitual, por otra parte, en las películas del director australiano, no termina de encajar del todo bien en una adaptación de la novela homónima de Scott Fitzgerald que, sin embargo, se mantiene bastante fiel al texto original salvo por una licencia: convertir a Nick Carraway (Tobey Maguire) en trasunto del escritor norteamericano y, por ende, en autor del libro. Lo cual es consecuencia, a su vez, de la terapia a la que el personaje es sometido por su psicoanalista, quien le aconseja que ponga por escrito sus vivencias más traumáticas para así liberarse de ellas.

Tampoco el jazz está muy presente en la banda sonora de una propuesta en la que, pese a mantener la estética de los años veinte (época en la que se sitúa la acción), se opta por ambientar los hechos a base de rap, hip-hop y otras sonoridades más contemporáneas. Rasgo marca de la casa, tratándose de un cineasta tirando a iconoclasta que previamente ya había ensayado puestas al día semejantes con clásicos de la altura de Romeo y Julieta (1996).



DiCaprio encarna a un Gatsby solvente, digno sucesor de quienes, como Robert Redford (o antes Alan Ladd), le precedieron en ese mismo papel, si bien su carácter trágico de self-made Man de origen dudoso queda un tanto velado aquí ante la parafernalia discotequera, rayana en la parodia, con la que es revestido por el siempre excesivo Lurhmann.

En definitiva, se trata de una adaptación que traslada la euforia y la decadencia de aquella época a un lenguaje visual cuyo montaje frenético y movimientos de cámara vertiginosos, especialmente en las escenas de fiesta, sumergen al espectador en un torbellino de hedonismo y desenfreno fácilmente comprensible para una audiencia contemporánea, haciendo que el pasado se sienta actual y visceral. Así, el eco de los felices años veinte se convierte en el ritmo del hip-hop, conectando la opulencia y el vacío de la era de Gatsby con la cultura moderna de la celebridad y la riqueza.



lunes, 2 de septiembre de 2019

Érase una vez en... Hollywood (2019)




Título original: Once Upon a Time... in Hollywood
Director: Quentin Tarantino
EE.UU., Reino Unido, China, 2019, 161 minutos

Érase una vez en... Hollywood (2019)
de Quentin Tarantino


Precedido de la habitual expectación que suelen levantar todos sus proyectos, lo último de Tarantino (penúltimo, si el director acaba cumpliendo la promesa de retirarse tras haber rodado diez películas) destaca por un inusual tono crepuscular, que tal vez se acentúa debido a que el trasfondo de la acción gira en torno al asesinato, a manos de la Familia Manson, de la actriz Sharon Tate y otras cuatro personas el nueve de agosto de 1969. Crimen del que, por cierto, se ha vuelto a hablar muchísimo durante estos días con motivo del cincuenta aniversario de su perpetración.

Aunque, sin duda, es la abundancia de alusiones musicales y cinéfilas que se da cita en Once Upon a Time... in Hollywood lo que hará que el aficionado a ambas disciplinas forzosamente disfrute mientras suenan los acordes de clásicos como "Hush" de Deep Purple o hasta unos segundos de "Bring A Little Lovin'" del grupo español Los Bravos. Mientras que, por otra parte, también se alude fugazmente a consumados especialistas del wéstern europeo de la talla de Sergio Corbucci o Joaquín Luis Romero Marchent.



Sin embargo, es la televisión la gran fuente de referencias para unos personajes que, fieles a su cita semanal, se sientan frente al receptor cada vez que se emite un capítulo de F.B.I. o de cualquier otra de las series míticas de aquel entonces. Lo mismo da que se trate del actor en horas bajas Rick Dalton (DiCaprio) o de los inquilinos del escalofriante rancho Spahn: todos, sin excepción, están pendientes del aparato, dando a entender que una época se extingue (la de los grandes estudios cinematográficos) y otra, igualmente atractiva, si bien menos glamurosa, da comienzo a su reinado.

Y es ahí, precisamente, donde radica el tema central del filme: en la muerte del cine y el advenimiento de producciones televisivas más baratas, pero, al mismo tiempo, desprovistas del hechizo del séptimo arte. Los días de gloria de aspirantes al estrellato como Rick Dalton y su doble y amigo Cliff Booth (Pitt) tocan a su fin, por lo que el crimen cometido en el 10050 de Cielo Drive debe ser entendido como la metáfora que simbólicamente escenifica dicha debacle. Y que, medio siglo más tarde, sería extrapolable, mediante un claro paralelismo, para describir lo que ha supuesto la irrupción de internet en nuestra forma de ver películas.


miércoles, 17 de abril de 2019

Django desencadenado (2012)
















Título original: Django Unchained
Director: Quentin Tarantino
EE.UU., 2012, 165 minutos

Django Unchained (2012) de Quentin Tarantino

Si hubiese que destacar uno de los rasgos que más y mejor definen el estilo de Quentin Tarantino a la hora de tratar la violencia en su cine ése es, sin ningún género de dudas, el ensañamiento. Sobre todo cuando se trata de ajustar cuentas con el villano de turno. Curiosa puesta al día, por cierto, del concepto clásico de catarsis que, a buen seguro, le ha reportado pingües beneficios a lo largo de su dilatada carrera como cineasta (que, por otra parte, ello sea moralmente reprobable ya es harina de otro costal).

En su flamante nuevo libro, Jordi Picatoste Verdejo (Barcelona, 1980) lleva a cabo un exhaustivo análisis de la veintena larga de títulos (el próximo agosto, cuando se estrene Once Upon a Time in Hollywood, serán ya veintiuno) que conforman el personal universo de uno de los directores más influyentes (si no el que más) de nuestro tiempo. Con la proyección del díptico Django, el periodista presentaba esta tarde El efecto Tarantino en la Filmoteca de Catalunya.

Franco Nero (derecha) en un breve cameo

A diferencia del spaghetti wéstern de Corbucci, condicionado por las limitaciones tanto técnicas como económicas propias del género, el tarantiniano Django desencadenado bebe de muy diversas fuentes. Y es que, con su habitual despliegue de medios (el rodaje se prolongó a lo largo de ciento treinta jornadas de intenso trabajo), el director estadounidense es especialista en dar una segunda vida a todas esas referencias —no sólo cinéfilas, sino también musicales— que, en lo sucesivo, quedarán indisociablemente ligadas a su filmografía.

La idea de que un docto cazarrecompensas alemán (Christoph Waltz) se dedique a libertar esclavos afroamericanos en 1858 puede parecer, a simple vista, tan disparatada e históricamente improcedente como el hecho de ametrallar a Hitler en Malditos bastardos (2009). Pero ya se sabe cómo funcionan estas cosas: lo primordial no es tanto el rigor histórico, sino cuán efectivas resulten, a nivel narrativo, las distintas escenas que conforman el guion, amén de que, otorgándole el protagonismo al personaje de Jamie Foxx, Tarantino pretendía vindicar, de alguna manera, el pasado esclavista norteamericano.