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domingo, 11 de octubre de 2026

Mi nombre es sombra (1996)




Director: Gonzalo Suárez
España/Bélgica/Portugal, 1996, 90 minutos

Mi nombre es sombra (1996) de Gonzalo Suárez


En Mi nombre es sombra (1996), Gonzalo Suárez firma una de sus obras más enigmáticas, líricas y formalmente arriesgadas. Y es que, lejos de conformarse con una adaptación lineal de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, el cineasta ovetense desarticula el mito clásico de la dualidad humana para filtrarlo a través de su propia cosmogonía literaria, tomando como anclaje conceptual «La verdadera historia de H. y J.», incluido en su libro de relatos El asesino triste (Alfaguara, 1994). Los hermanos Almodóvar, por cierto, al frente de El Deseo, figuran como productores asociados.

Donde Stevenson planteaba un simple conflicto moral entre la virtud y la depravación, Suárez opera una metamorfosis un tanto sui géneris, de modo que el doctor Octavio Beiral (François-Eric Gendron) no busca separar el bien del mal en términos éticos absolutos, sino materializar el dolor obsesivo del fantasma de un amor imposible. Su inspiración no proviene únicamente de las probetas de un laboratorio, sino de la fisura de su propia alma. Porque la sombra (encarnada en la presencia inquietante de Jean-Claude Adelin) no es simplemente un monstruo que emerge de la oscuridad: es la personificación de la violencia soterrada y del deseo inexpresado hacia Florence (Amparo Larrañaga).



Suárez recuperaba aquí algunos clichés de su obra literaria. En ese sentido, la sombra no funciona como un reflejo o un doble especular rígido, sino como un ente emancipado de su creador, una masa informe que cobra vida propia para atormentar y, al mismo tiempo, completar al individuo. Visto así, el "Otro" deja de constituir una patología psiquiátrica para convertirse en una fatalidad lírica. Entre otras cosas porque la sombra ama, sufre y destruye con el mismo ímpetu abrumador con el que Beiral calla. No obstante, uno de los aciertos más hondamente poéticos de la película radica en la elección y el tratamiento del espacio geográfico. La costa de Asturias —focalizada sobre todo en el concejo de Llanes, la Península de Borizo, la Playa de Toró o el Palacio de Partarríu— abandona su condición de mero telón de fondo para erigirse en el personaje más rotundo de la cinta.

Fiel a su trayectoria en títulos como Remando al viento (1988) o Don Juan en los infiernos (1991), Suárez plantea una puesta en escena de atmósfera pictórica. Apoyado en la dirección de fotografía de Javier Salmones y la banda sonora de Carles Cases, el filme abusa deliberadamente del claroscuro, jugando con contraluces donde la silueta del hombre recortada contra la inmensidad del mar o contra los ventanales de la casona adquiere dimensiones casi mitológicas. Este entorno escarpado e indómito acentúa la pequeñez del hombre frente a sus propios abismos. Los encuentros y persecuciones entre el médico y su sombra sobre las rocas azotadas por el mar convierten la geografía de Llanes en una cartografía de la culpa. Circunstancia que provoca que la naturaleza no sea ni pacífica ni bucólica, sino violenta y misteriosa, espejo perfecto de una psique dividida que no encuentra descanso.



sábado, 22 de septiembre de 2018

Madame Hyde (2017)




Director: Serge Bozon
Francia/Bélgica, 2017, 95 minutos

Madame Hyde (2017) de Serge Bozon


Sólo la cinematografía francesa, tradicionalmente avezada a la innovación y a las propuestas intelectualmente audaces, podía alumbrar una película tan arriesgada como Madame Hyde. Con ese toque entre surrealista y absurdo que puede encontrarse en los filmes de Bruno Dumont o en la obra de otros cineastas menos conocidos como el Samuel Benchetrit de La comunidad de los corazones rotos (Asphalte, 2015), el actor y director Serge Bozon se ha atrevido a revisitar el mito de Jekyll y Hyde para situarlo en un instituto de enseñanza secundaria de Lyon.

La protagonista, una Isabelle Huppert premiada en el Festival de Locarno por su electrizante papel de profesora de física, hace gala de insólitas facultades sobrenaturales tras haber sido alcanzada por un rayo mientras llevaba a cabo un experimento en su laboratorio.



¿Comedia metafísica o extravagante ciencia ficción? Pues, a decir verdad, ni lo uno ni lo otro, si bien Madame Hyde bebe indefectiblemente de ambos géneros. "Ninotchka se encuentra con El pequeño salvaje" titulaba su reseña el Festival Internacional de Cine de Toronto. Y nos parece una definición de lo más acertado, habida cuenta del hieratismo de la Huppert (nada que envidiar al de la Garbo en la mítica película de Lubitsch) y de la domesticación que la señora Géquil y su alter ego, Madame Hyde, llevan a cabo con Malik (Adda Senani), quien gradualmente pasará de querer emular a los raperos de los suburbios a entusiasmarse con la resolución de problemas sobre vectores.

Sin embargo, la imagen final del Lycée Arthur Rimbaud en llamas haría pensar en un trasfondo mucho más oscuro que el optimismo ilustrado del susodicho filme de Truffaut. A fin de cuentas, Bozon fantasea con la posibilidad de una docente justiciera, casada con un amo de casa (José García) tan complaciente como calzonazos, porque parte de la base de que la realidad que se vive en las aulas dista años luz de dicho ideal, estando más cerca de las continuas faltas de respeto que padece la protagonista, tanto por parte de unos alumnos maleducados que se ensañan con ella impunemente como de un director (Romain Duris) ridículo y engreído. Aun así, hay que reconocer que, a pesar de lo subversivo de su puesta en escena, Madame Hyde hace más por la educación que no planteamientos un tanto buenistas tipo Entre les murs (2008) de Laurent Cantet.


miércoles, 3 de enero de 2018

Le magasin des suicides (2012)




Título en español: La tienda de los suicidas
Director: Patrice Leconte
Francia/Bélgica/Canadá, 2012, 76 minutos



A las comodidades modernas falta añadir una sola cosa: una manera decente y fácil de abandonar el escenario; una salida trasera hacia la libertad o, como dije hace un momento, una entrada privada hacia la muerte. Esto, queridos compañeros rebeldes, es lo que proporciona el Club del suicidio...

Robert Louis Stevenson
El Club del suicidio
Traducción de Carlos Silvi

Totalmente inédita en España, Le magasin des suicides supuso la primera experiencia del realizador francés Patrice Leconte en el terreno de la animación. Tal vez debido a ello quiso aprovechar, ya que estaba, para darle un giro aún más radical a su filmografía, abundante en comedias amables tipo Les bronzés (1978) o Mon meilleur ami (2006), realizando un musical de temática macabra al estilo de Pesadilla antes de Navidad (1993).

Aunque, en realidad, la fuente directa de inspiración no fue tanto el universo de Tim Burton, sino la novela homónima de Jean Teulé en la que se recreaba un mundo tan triste que lo normal en él era quitarse la vida en lugar de disfrutarla y donde el niño "rarito" es Alan, el sonriente benjamín de la familia Tuvache que siempre está de buen humor...



Probablemente resulte inevitable tener una sensación de déjà vu ante un filme de tales características, pues, si bien posee una factura impecable a nivel artístico, la historia que cuenta nos hará pensar enseguida, aparte de en el ya mencionado Tim Burton y pelis como Sweeney Todd (2007), en referentes aún más antiguos, en la línea de, por ejemplo, La tienda de los horrores (1960).

Étienne Perruchon, por último, llevó a cabo un trabajo espléndido componiendo una banda sonora cuyas canciones transmiten la misma idea de lasitud que atenaza a los protagonistas. Por cierto: todos ellos llevan el nombre de algún insigne suicida: Mishima (como el escritor japonés), Lucrèce (en alusión a la matrona romana violentada por Tarquinio el Soberbio), Marilyn (por la Monroe), Vincent (o sea, van Gogh)... Pero, claro: conociendo al vitalista Leconte, ¿habrá quien dude que su película, a pesar de la mucha ironía que contiene, no es sino un canto a la vida?

Patrice Leconte

viernes, 25 de septiembre de 2015

El extraño caso del doctor Jekyll (1941)




Título original: Dr. Jekyll and Mr. Hyde
Director: Victor Fleming
EE.UU., 1941, 113 minutos

El extraño caso del doctor Jekyll (1941)


Cada día […] me acercaba firmemente a esa verdad a causa de cuyo descubrimiento parcial he sido condenado a tan espantosa suerte: la de que el hombre en realidad no es uno, sino que verdaderamente es dos […] La maldición de la humanidad consistía en que estos dos incongruentes haces estuviesen unidos, en que, en las doloridas entrañas de la conciencia, luchasen continuamente estos dos gemelos polares. ¿Cómo, pues, podían ser separados?

Robert Louis Stevenson
Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Exactamente diez años después de que Rouben Mamoulian dirigiera El hombre y el monstruo, Victor Fleming fue el encargado de llevar a la gran pantalla una nueva versión de la novela de Stevenson. A diferencia del Jekyll y Hyde que compusiera Fredric March, el de Spencer Tracy gana en profundidad psicológica. Es, por así decirlo, menos monstruo y más hombre, tanto en su faceta afable como en la perversa, quizá debido a que el peso de su actuación recae en sus dotes interpretativas antes que en el abuso del maquillaje.

Por otra parte, la elección de Tracy para el papel es sin duda un acierto, habida cuenta de la confianza que el actor acostumbraba a inspirar con sus personajes. De Cary Grant a Matt Damon, pasando por Robert Redford y George Clooney, de Rock Hudson a Henry Fonda, pasando por Gregory Peck, Spencer Tracy pertenece a esa nómina de actores de los que uno nunca esperaría nada malo. De ahí que resulte tan sumamente perturbador ver cómo su rostro se transforma hasta llegar a encarnar el mal.

El doctor Jekyll (Spencer Tracy) en su laboratorio


Dicha fascinación por los caracteres contrarios tiene, asimismo, su correlato femenino en la apolínea Beatrix Emery (Lana Turner) y en la dionisíaca Ivy Peterson (Ingrid Bergman), la buena y la mala mujer entre las que se debatirán, respectivamente, Jekyll y su opuesto Hyde. Se dice, de hecho, que se barajó la posibilidad de que ambos personajes fuesen interpretados por una misma actriz, Katharine Hepburn. Pero la idea no llegaría a concretarse.

Por último, de la solemne banda sonora que compuso para la ocasión el alemán Franz Waxman, destacan sobre todo los arreglos suntuosos, con coros incluidos, que vienen a subrayar el carácter fantasmagórico de la película.

Spencer Tracy, Ingrid Bergman y Lana Turner