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viernes, 28 de febrero de 2020

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (2003)




Título original: Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom
Director: Kim Ki-duk
Corea del Sur/Alemania, 2003, 103 minutos

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (2003)
de Kim Ki-duk


Mucho antes de que el fenómeno Parásitos colocara definitivamente al cine coreano en el punto de mira mediático, la primera película de aquel país que alcanzó una cierta repercusión por estos pagos fue esta alegoría zen sobre el ciclo de la vida. Estampa preciosista de monjes sin nombre que habitan un templo en mitad de un lago, el cineasta Kim Ki-duk nos habla a través de ella de cómo llevar una existencia contemplativa en comunión con la naturaleza. Pero también de algo mucho más profundo que atañe directamente a la condición humana: el estrecho paralelismo entre las estaciones que se suceden ad infinitum y las distintas edades del hombre, cada una de ellas definida por unos comportamientos que están también condenados a repetirse.

A este respecto, la principal enseñanza que parece deducirse de Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera es que la iluminación budista no se alcanza plenamente sino en la madurez, después de haberse desprendido del lastre que suponen las pasiones. De ahí que, en el tramo final del filme, se muestre a otro niño que, al igual que su maestro cuando tenía su edad, disfruta haciendo sufrir a un pececillo, una rana o una culebra atándoles una piedra al cuello para que la arrastren.



Toda una simbología que apunta al carácter transitorio de nuestra propia presencia terrenal y que pondrán de manifiesto los personajes al llevar a cabo acciones como esculpir figuras sobre el hielo o escribir sutras con agua sobre una teja. De igual modo que esas puertas enormes, en mitad de la nada, que dan acceso a las cinco partes en que se divide la historia y que representan las distintas etapas de la evolución del aprendiz.

El último plano muestra una estatua sedente de Buda custodiando la quietud del lago desde las alturas, tal vez para cerciorarse de que el mundo seguirá su curso sin mayores sobresaltos. En ese sentido, la maldad del niño, la pasión amorosa de los dos adolescentes, el asesinato de la esposa, el suicidio del mentor, la prisión del joven y la muerte accidental de la madre habrán servido para que todo continúe igual, generación tras generación.


sábado, 2 de febrero de 2019

El venerable W. (2017)




Título original: Le vénérable W.
Director: Barbet Schroeder
Francia/Suiza, 2017, 100 minutos

El venerable W. (2017) de Barbet Schroeder


El realizador Barbet Schroeder culmina su trilogía sobre el mal con esta crónica en torno a la inquietante figura de Ashin Wirathu, líder budista de Myanmar (la antigua Birmania) y fundador del movimiento islamófobo 969. Otra vuelta de tuerca aún más despiadada, si cabe, habida cuenta de que en sus anteriores documentales quedaba meridianamente clara, desde un principio, la perversidad del dictador ugandés Idi Amin Dada o del abogado Jacques Vergès, mientras que en el caso que nos ocupa cabría esperar la no violencia que, al menos aparentemente, predica el budismo.

Con precisión quirúrgica, Le vénérable W. analiza las circunstancias que se dan cita en la convulsa realidad que azota al país asiático desde que, en 2007, diese inicio la denominada Revolución del Azafrán a través de las protestas encabezadas por los propios monjes, quienes representan el 30% de la población. Levantamiento popular contra el aumento del precio de los carburantes decretado por el gobierno militar y que, debido a sus reivindicaciones de carácter social, sería neutralizado, años más tarde, desde el seno de algunos monasterios mediante el discurso abiertamente racista de Wirathu.



Diatribas contra la minoría rohinyá de religión musulmana, a los que se acusa de querer adueñarse del país y de acabar con la "pureza de la raza" (sic), que han calado como la pólvora entre amplios sectores de la sociedad birmana. Resultado: un genocidio en toda regla que amenaza con que se repitan las atrocidades ya cometidas por los jemeres rojos en la vecina Camboya.

Aunque, según confesaba Schroeder en el coloquio posterior a la proyección, el señor W. no ha quedado del todo descontento con la imagen que de él se ofrece en el filme. A lo mejor ello es debido al hecho de que Wirathu, financiado y promovido por la junta militar que detenta el poder en Myanmar, ve en la película el vehículo ideal para que su discurso fructifique en Europa. A fin de cuentas, lo que opina Marine Le Pen a propósito de los musulmanes no difiere gran cosa... Y es que, bromea divertido Schroeder (quien decidió rodar este documental para reencontrarse con la espiritualidad budista que lo sedujo durante su juventud), él ya hace tiempo que dejó de tener fe en sus antiguos ideales, ni siquiera respecto a la admiración que un día sintió hacia los anarquistas que hicieron la revolución en la Barcelona del 36. "¡No tendrá ideales", apostilla Riambau, "pero sí un puñado de buenas películas que veremos a lo largo de las próximas semanas!"