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sábado, 15 de noviembre de 2025

Albert Pueyo, 50 tecles i un objectiu (2025)




Título en castellano: Albert Pueyo, 50 teclas y un objetivo
Director: Albert Pueyo
España, 2025, 90 minutos

Albert Pueyo, 50 tecles i un objectiu (2025)


Albert Pueyo Tartera (1936-2024) fue un fotógrafo amateur residente en el municipio vallesano de Cerdanyola del Vallès, donde, tras establecerse con su familia a partir de 1972, fue miembro activo de AFOCER (la Agrupació Foto-Cine Cerdanyola-Ripollet). Su hijo, Albert Pueyo Salvadó, presenta ahora el documental 50 tecles i un objectiu (2025) en el marco de la exposición retrospectiva de la que él mismo es comisario y que podrá visitarse en el Ateneo de la mencionada localidad hasta el próximo 15 de diciembre.

A grandes rasgos, la cinta propone un recorrido que abarca desde los orígenes familiares de Pueyo, criado entre el barrio de la Ribera de Barcelona y Caldes de Montbui, en el seno de una familia de fuertes convicciones republicanas, hasta sus últimos años de vida, en los que tuvo ocasión de visitar el campo de concentración de Mauthausen-Gusen, lugar en el que su propio padre, Armand, como tantísimos otros represaliados, murió víctima de la barbarie nazi.



Al hilo de este episodio, se aborda también de pasada la figura de Clara Pueyo Jornet, tía carnal del homenajeado, por vía paterna, que desapareció sin dejar rastro después de permanecer recluida en la cárcel de mujeres situada en el espacio que hoy ocupa El Corte Inglés de la Diagonal. Ataviada con sus peculiares gafas redondas, similares a las que décadas más tarde popularizaría el cantante John Lennon, Clara se destacó como militante comunista y ferviente defensora de los derechos de la mujer. Circunstancias, por cierto, de las que también se hizo eco la cineasta de origen chileno Carolina Astudillo Muñoz en Canción a una dama en la sombra (2022).

Y así, mediante el testimonio de amigos y familiares, se completa el retrato de un hombre que recorrió media España arreglando máquinas de coser de la casa Wertheim hasta recalar finalmente en la Hispano-Olivetti, donde permanecería durante un cuarto de siglo. Apasionado de la Hasselblad, sus instantáneas denotan una minuciosidad no exenta de frescura en las que se adivina un cierto parecido con la obra de su primo, el también fotógrafo Ramon Masats (1931-2024).



sábado, 3 de mayo de 2025

El ojo irónico. Ramón Masats (2024)




Directores: Xavier Baig, Jordi Rovira y Óscar Moreno
España, 2024, 60 minutos

El ojo irónico. Ramón Masats (2024)


Salonismo y pictorialismo son dos de los calificativos que mejor definen la fotografía que se practicaba en la España de la posguerra hasta que la irrupción de un resuelto muchacho catalán, de nombre Ramón Masats (1931-2024), cambió por completo lo que venía siendo el centro de interés de una disciplina excesivamente academicista y, por qué negarlo, tan obsoleta como aburrida. De hecho, la terna de directores de El ojo irónico (2024) eligió dicho título por ese componente mordaz que destila la mirada de uno de los fotógrafos más relevantes que haya dado nunca este país.

Y es que quien en principio había de continuar el negocio paterno de pesca salada decidió un buen día que aquello no era lo suyo y, tras hacer creer a sus familiares que le había tocado una cámara en una tómbola, empezó a retratar la realidad que lo rodeaba. Que no coincidía precisamente con la que mostraba el Régimen en el No-Do y demás estamentos oficiales. A este respecto, lo que capta el objetivo de Masats es un entorno depauperado en el que reina la miseria, aunque siempre desde una óptica socarrona que confiere a sus instantáneas el toque tan genuinamente cáustico que las caracteriza.



Por otra parte, uno de los rasgos definitorios de la técnica por él empleada es esa verticalidad tan poco común por aquel entonces, pero que tan buenos resultados da a la hora de estilizar los encuadres. Y todo de manera absolutamente intuitiva, sin más escuela que el buen olfato de alguien cuyo primer contacto con la disciplina fue a través de las páginas de un ejemplar de la revista Arte Fotográfico que casualmente cayó en sus manos mientras realizaba el servicio militar.

Por lo demás, y pese a contar en su haber con imágenes icónicas de la España profunda como la del seminarista parando un penalti, Masats no logró ingresar en la prestigiosa agencia Magnum, lo cual le habría supuesto una proyección internacional que por desgracia no tuvo. Como tampoco le quedaron ganas de dirigir más películas, así mismo lo confiesa, después de estrenar la inclasificable Topical Spanish (1970), su primer y único largometraje de ficción.



viernes, 2 de mayo de 2025

Joana Biarnés, una entre todos (2015)




Título original: Joana Biarnés, una entre tots
Directores: Òscar Moreno y Jordi Rovira
España, 2015, 72 minutos

Una entre todos (2015) de Moreno y Rovira


Ejercer el fotoperiodismo en el seno de una sociedad esencialmente patriarcal como era la España franquista dio pie a innumerables anécdotas que la egarense Joana Biarnés (1935-2018) relata con sumo entusiasmo en el documental Una entre todos (2015). Aunque huelga decir que en la mayoría de ocasiones fue ese mismo desparpajo el que le abrió las puertas de cuantas celebridades se cruzaron en su camino. Por ejemplo las de la suite en la que se hospedaban los Beatles durante su estancia en Barcelona, donde permaneció hasta tres horas fruto de las cuales surgirían unas instantáneas por las que, incomprensiblemente, no cobró ni un céntimo.

Así era aquel país y así las gastaban los árbitros o los ordenanzas que pretendían, en uno y otro caso, negarle a Joana el acceso a los campos de fútbol o a las Cortes pese a estar debidamente acreditada. Sin embargo no hubo obstáculo, por imposible que pareciese, que una chica simpática y moderna como era ella, avanzada sin duda a su época, no solventara a base de ingenio y savoir faire. De modo que enseguida se abrió camino en la profesión hasta terminar como reportera del por entonces influyente diario Pueblo.



Aparte del peso que ejerció sobre ella la figura paterna, de su amistad con el Cordobés o con Dalí o de cómo una vez le tomó el pelo a Polanski, otro de los aspectos que aborda el documental de Moreno y Rovira es la estrecha relación que Biarnés acabaría estableciendo con estrellas de la canción de la talla de Joan Manuel Serrat y Raphael. De hecho, ambos artistas aportan sus respectivos testimonios para corroborar la trascendencia que tuvieron los retratos de la catalana, ya fuese en portadas de discos o en reportajes de prensa, a la hora de lanzar y promocionar sus carreras.

Y, aun así, llegó un momento, a mediados de los ochenta, en el que Juanita, como cariñosamente se la conocía en el ambiente profesional, optó por retirarse a Ibiza, donde, en compañía de su marido, el francés Jean-Michel Bamberger, abriría el reputado restaurante Cana Joana. Se iniciaba así una etapa que significó que su obra cayera en un ominoso olvido del que, poco a poco, ha ido siendo rescatada en los últimos tiempos. En buena medida, esta película ha contribuido a ello.



domingo, 22 de diciembre de 2024

La suerte (1963)




Director: Mario Camus
España, 1963, 11 minutos

La suerte (1963) de Mario Camus


Apenas once minutos bastan para llevar a cabo un retrato demoledor de aquella España subdesarrollada que todo lo fiaba a la suerte de la lotería. Se trata de la práctica de fin de estudios que un joven Mario Camus realizara, allá por 1963, para la Escuela Oficial de Cine. Basta mirar a las caras surcadas de arrugas de los paisanos, el gesto fruncido a la espera de los ansiados resultados, para darse cuenta del ambiente de miseria que imperaba en el país en vísperas del sorteo de Navidad. O cualquier fin de semana durante el laborioso escrutinio de la quiniela. En las calles, ancianos harapientos subsisten gracias a la venta ambulante.

Las instantáneas en sobrio blanco y negro, por cierto, son obra de Ramón Masats (1931-2024), cuya mirada sabía captar en la sordidez cotidiana matices de enorme profundidad descarnada. Sobran, por tanto, las palabras en un documento en el que las imágenes hablan por sí solas.



miércoles, 18 de julio de 2018

Topical Spanish (1970)




Director: Ramón Masats
España, 1970, 87 minutos

Topical Spanish (1970) de Ramón Masats


"Un filme en blanco y negro... negrísimo" Así se anunciaba en la prensa de la época la película que nos disponemos a comentar. Eslogan ya de por sí lo bastante explícito, pero que iba acompañado de un breve texto, en teoría extraído del Diario de Barcelona, que no tiene desperdicio. Decía así: "Una película fuera de lo común que, además de rabiosamente actual, es eminentemente divertida para toda clase de públicos, incluyendo los que pudieran enfadarse por las referencias que a ellos se hacen".

Credenciales más que suficientes para hacerse una idea de por dónde iban los tiros. Corría el año 1970 y en el cine español del momento eran habituales las producciones protagonizadas por cantantes y conjuntos musicales cuyo tirón debía servir como reclamo publicitario: la presencia del artista atraía al público a las salas y, si la peli funcionaba en taquilla, la carrera del mismo también se veía beneficiada.

Topical Spanish, sin embargo, era algo más. En la línea de Un, dos, tres... al escondite inglés (1970) de Iván Zulueta, el guion ideado por el humorista Chumy Chúmez y el fotógrafo Ramón Masats otorgaba en apariencia su protagonismo a Guillermina Motta y Los Íberos para ofrecer una imagen satírica de la España profunda en oposición a los jóvenes yeyés "que tenían mucho ritmo y cantaban en inglés..." Aunque la cinta también incluía un número en catalán, "Pobre floreta", compuesto, como el resto de música incidental, por Josep Casas Augé e interpretado con suma picardía por una Guillermina a la altura de lo atrevido de la letra.

Alicia (Guillermina Motta) y don Atanasio (José Sazatornil)

Y si en la ya mencionada Un, dos, tres... era Íñigo el que hacía las veces de moderno pinchadiscos, aquí encontramos al añorado Constantino Romero, con pelo y sin bigote pero con el mismo vozarrón que lo hizo célebre, en funciones de reportero televisivo que busca el testimonio de los cuantiosos aspirantes a participar en un casting del que deberán salir los miembros de un nuevo conjunto musical (especie de OT protohistórico al más puro estilo carpetovetónico), dando lugar, así, a una curiosa nota de reportaje documental con el que se inicia la acción.

Luego de un divertido tema de la Motta ("Vosotros seréis los mejores"), y una vez ya formada la banda, se irán sucediendo las canciones de Los Íberos ("Fantastic Girl", "Back in Time", "Amar en silencio"), aderezadas con disparates de todo tipo y un corrosivo sentido del humor tendente a mezclar lo rural con lo urbano. En ese sentido, los insertos campestres en los que aparecen rebaños de ovejas y yuntas de mulas tirando de un arado, en contraste con los melenudos que acarrean sus instrumentos en pleno barrio gótico barcelonés, preparan el terreno hacia la broma final: la revelación de un supuesto cataclismo cósmico que, como si de una maldición bíblica se tratase, redujo a la otrora pujante humanidad urbanita a la presente servidumbre campesina.

Por el camino habrán quedado momentos memorables, adaptación local sui géneris de las películas de los Beatles, tales como la recepción burguesa en un palacete de la ciudad condal, la abuela que leía partituras de Beethoven ("porque era sordo como ella"), el seminarista que cuelga (literalmente) la sotana para convertirse en estrella del pop o el libidinoso don Atanasio ('Saza') metido a improvisado productor musical. Sin duda un engendro desde el punto de vista cinematográfico, pero que nos devuelve una imagen entrañable de un tiempo que se fue para no volver.

Los Íberos