Mostrando entradas con la etiqueta áfrica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta áfrica. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de mayo de 2025

La historia de Souleymane (2024)




Título original: L'histoire de Souleymane
Director: Boris Lojkine
Francia, 2024, 93 minutos

La historia de Souleymane (2024) de Boris Lojkine


Las vicisitudes de un inmigrante guineano que sobrevive haciendo de repartidor en las calles de París constituyen la base argumental de L'histoire de Souleymane (2024), enésima recreación cinematográfica de las penurias que entraña la lucha diaria por la supervivencia. Y es que, como ya le sucedía al protagonista de Ladrón de bicicletas (1948), que es quizá el ejemplo canónico del que beben todo este tipo de historias, el personaje central del filme que nos ocupa depende de mil y una argucias para lograr mantenerse a flote en las procelosas aguas del primer mundo.

El otro gran modelo en el que se inspira el guion de Boris Lojkine y Delphine Agut, éste mucho más cercano en el tiempo (e incluso más obvio, si cabe), sería el cine social de los hermanos Dardenne, equivalente en el mundo francófono a lo que Ken Loach lleva a cabo también en clave británica. Visto así, el caso de este joven clandestino de origen africano no dista gran cosa de lo expuesto en títulos de similar factura como Tori y Lokita (2022) o El silencio de Lorna (2008).



Por otra parte, los hechos aquí descritos ponen asimismo el punto de mira sobre la complicidad de unos usuarios que se benefician de la explotación salarial de los repartidores que se juegan el tipo para servirles la comida a domicilio. Denuncia implícita contra un sistema en el que las comodidades de unos se logran a costa de la indefensión de otros, pero también, como en el caso del "amigo" camerunés que le cede su identidad al protagonista a cambio de dinero, contra los abusos entre iguales. Aunque, al mismo tiempo, los golpes que recibe Souleymane (Abou Sangaré) no impiden que mantenga el contacto con su vida anterior, de la que recibe puntualmente noticias por vía telefónica.

Dos secuencias, sin embargo, chirrían un tanto en el conjunto de una puesta en escena por lo demás bastante correcta. Se trata del momento en el que el personaje principal interactúa con unos agentes de la gendarmería a los que hace entrega de un pedido y, en segundo lugar, de la tensa entrevista que el joven mantiene con una funcionaria de la Oficina Francesa de Protección a los Refugiados y Apátridas, tal vez el punto álgido de la trama. Lo cierto es que en ambas ocasiones se deja traslucir un cierto servilismo hacia los empleados de la Administración, los primeros porque, a pesar de todo, le acaban facilitando el código que le permitirá cobrarse el servicio y, en el caso de la trabajadora social (Nina Meurisse), por la actitud comprensiva hacia el falso asilado cuya versión acaba de desmontar.



domingo, 13 de noviembre de 2022

Sólo las bestias (2019)




Título original: Seules les bêtes
Director: Dominik Moll
Francia/Alemania, 2019, 117 minutos

Seules les bêtes (2019) de Dominik Moll


Resulta inevitable contemplar los gélidos paisajes nevados de Seules les bêtes (2019) sin que se nos vengan a la mente títulos como Fargo (1996) o la menos citada, pero igualmente magistral, Affliction (1997) de Paul Schrader. Por otra parte, ocurre lo mismo con la multiplicidad de puntos de vista y tramas interconectadas en distintos lugares del planeta que ya había explorado el González Iñárritu de Babel (2006) y que aquí volvía a ser un elemento clave de la mano del francoalemán Dominik Moll.

Adaptación de la novela homónima de Colin Niel (el novelista, por cierto, interpreta un breve papel como dependiente en una cooperativa), los hechos descritos constituyen un sólido thriller en el que todas las piezas irán encajando hasta completar un panorama desolador a propósito de las relaciones humanas en un mundo cada vez más global y menos de fiar (si es que alguna vez lo fue...).



El caso es que todos y cada uno de los personajes que integran este caleidoscopio de destinos entre la Francia profunda y los barrios populosos de Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil, mienten de alguna forma. O, por lo menos, se resignan a llevar una doble vida que el azar (esa fuerza poderosa que, según el hechicero al que acude el joven Armand, es más grande que cualquiera de nosotros) a punto está de hacer saltar por los aires.

Aunque no es ésa exactamente la enseñanza más valiosa de cuantas el sabio Papa Sanou (Christian Ezan) le aporta al joven africano (Guy Roger 'Bibisse' N'Drin). En realidad, la esencia de todo lo que afirma el brujo se resume en una sola frase: "El amor es dar lo que no se tiene". Quizá si Michel (Denis Ménochet) lo hubiese sabido, habría valorado más su matrimonio con Alice (Laure Calamy) y así, tal vez, no se habría precipitado el pernicioso efecto dominó que atrae la fatalidad sobre buena parte de los protagonistas de esta historia.



sábado, 2 de abril de 2022

Apuntes para una Orestíada africana (1970)




Título original: Appunti per un'Orestiade africana
Director: Pier Paolo Pasolini
Italia, 1970, 71 minutos

Apuntes para una Orestíada africana (1970) de Pasolini


Pasolini intuye una analogía entre la civilización tribal africana y la civilización arcaica griega, motivo por el que se lanza a compilar estos "apuntes" de cara a un futuro filme que no llegaría nunca a concretarse. Quedan, sin embargo, unas perspicaces reflexiones en torno a uno de sus temas predilectos: la pervivencia en el tercer mundo de aquellos valores que Occidente fue dejando atrás conforme la consolidación de la sociedad de consumo alienó al individuo hasta convertirlo en un ser desprovisto de su dimensión espiritual.

Cámara en mano, el cineasta viaja por diferentes ciudades del África negra en busca de localizaciones y, sobre todo, figurantes que pudieran encarnar los papeles de Agamenón, Clitemnestra o Electra. Así pues, la voz en off del propio Pasolini especifica cuáles serían las características principales de su proyecto, ambientado en los primeros años sesenta, momento en el que la mayor parte de Estados africanos accedieron a la independencia y a una particular concepción de la democracia plagada de contradicciones.



Durante su periplo por dichas regiones, el director italiano constata con cierto desengaño cómo los ritos ancestrales han ido perdiendo su primigenia significación sagrada hasta quedar reducidos a meras atracciones folclóricas, en la misma medida en que cruentos conflictos armados como el de Biafra siembran por doquier la destrucción y la violencia. Lo cual pudiera considerarse, hasta cierto punto, una metáfora moderna de la transformación de las Furias en Euménides descrita por Esquilo en la tercera entrega de su trilogía.

Aparte de su eminente carácter documental, Appunti per un'Orestiade africana (1970) recoge también el testimonio de un grupo de universitarios de aquel continente que estudian en Roma y a los que Pasolini interpela para indagar a propósito de su experiencia del mundo occidental. De hecho, les plantea abiertamente el paralelismo entre el éxodo de Orestes y el suyo propio en tanto que jóvenes que un día abandonaron sus viejos dioses y creencias para experimentar la vida moderna en el seno de un régimen parlamentario europeo. Al mismo tiempo, la música del saxofonista argentino Gato Barbieri (1932–2016), del que se incluye una actuación en directo, sugiere lo que pudiera considerarse una aproximación al mito de Orestes en clave jazzística.



domingo, 5 de julio de 2020

Lejos de África (1996)




Directora: Cecilia Bartolomé
España/Cuba, 1996, 115 minutos

Lejos de África (1996) de Cecilia Bartolomé


Poseedora de una trayectoria tan irregular como interesante, Cecilia Bartolomé (Alicante, 1943) forma parte, junto con Pilar Miró y Josefina Molina, de la primera generación de mujeres cineastas surgidas de la Escuela Oficial de Cinematografía. Y Lejos de África es su proyecto más personal, teniendo en cuenta que, como la protagonista de la película, pasó gran parte de su infancia en la entonces colonia española de Guinea Ecuatorial.

Aparte de retratar lo que supuso la presencia de peninsulares en aquella región, con los continuos choques y contrastes a que ello daría lugar entre ambas culturas o la sumisión a la que se vio reducida la población autóctona, el hilo argumental del filme se centra en la amistad entre dos niñas de distinta raza y medio social: Susana (Alicia Bogo) y Rita (Yanelis Bonifacio). Dos seres procedentes de mundos opuestos y unidos por un fuerte vínculo, fruto de una atracción inmediata desde el mismo día en que se conocen, pero cuya posterior evolución, conforme se hagan mayores, revelará diferencias irreconciliables.



Dotado de una estructura circular, el relato comienza con la madre (Isabel Mestres) llorando en el puerto a su llegada y finaliza, una década más tarde, con Susana en actitud semejante cuando la familia se dispone a abandonar el país para siempre. Atrás quedan múltiples vivencias, desde los conjuros mágicos de Rita invocando a los morimós (espíritus buenos de los antepasados) hasta la actitud arrogante del cocinero nigeriano de la casa (Idelfonso Tamayo): situaciones que ponen de manifiesto el racismo larvado (a veces hostil, a veces paternalista) que preside las relaciones entre los boys (o criados) y los masas (o señores).

Sin embargo, nada de todo lo anterior se filmó en Guinea, sino en Cuba... Así son las cosas. Ni la situación política que atravesaba el régimen de Obiang ni los costes de producción aconsejaron desplazarse hasta el país africano, de modo que se prefirió recrear su atmósfera en otra ex colonia española. De ahí que buena parte del elenco de secundarios esté integrado por actores de nacionalidad cubana, lo cual explica que se les doblaran cuidadosamente sus voces para evitar el fuerte acento caribeño de los mismos.


sábado, 4 de julio de 2020

Piedra de toque (1963)




Director: Julio Buchs
España, 1963, 102 minutos

Piedra de toque (1963) de Julio Buchs


Carlos (Arturo Fernández) lleva una existencia de lo más ociosa, viviendo a costa de la inmensa fortuna de su padre, un afable hombre de negocios, viudo y ya entrado en años, que, sin embargo, le dará un tremendo disgusto al hijo al anunciarle que va a casarse con su secretaria. Y es que Dora (Susana Campos), que así se llama la bella señorita, mantiene, desde hace tiempo, una relación sentimental con Carlos. Extremo que el buen hombre ignora, pero que, ante la alergia del joven al compromiso, tampoco es impedimento para que Dora acepte, dejando al pobre Carlos en la más mísera de las tribulaciones.

Cuando se estrenó Piedra de toque, debut de Julio Buchs en la dirección de largometrajes, Guinea Ecuatorial estaba a punto de inaugurar la autonomía previa a su independencia definitiva respecto al Estado Español (que se haría efectiva a partir del 12 de octubre de 1968). Por tanto, era aún, y a todos los efectos, una colonia africana cuya economía se basaba en el cultivo de extensas plantaciones de cacao como las que posee don Enrique (Alfonso Godá), el padre del protagonista.

Sin ser consciente de ello, el padre le "roba" la chica al hijo


Aparte de la exuberancia del paisaje selvático, magníficamente fotografiado en Eastmancolor por Manuel Hernández Sanjuán, el interés del filme radica en los diversos dilemas que plantea. El primero de ellos tiene que ver con el difícil proceso de adaptación de un señorito holgazán como Carlos en un entorno radicalmente distinto al de su zona de confort madrileña, si bien contará para ello con la ayuda inestimable de Montoro (Roberto Camardiel), el experimentado administrador de las fincas guineanas paternas, que tendrá la santa paciencia de ejercer de cicerone del heredero. Aunque la encrucijada que mayores quebraderos de cabeza acarrea a Carlos se deriva del hecho de haber conocido a Elena (Ángela Bravo), una joven local, hija de españoles, que trabaja haciendo portes con su destartalada camioneta. Disyuntiva que se agrava cuando Dora se planta de improviso en Guinea...

Hay, por último, mezclada con cierta dosis de religiosidad, una leve cuestión racial que implica a Carlos (cuyos prejuicios, al respecto, saltan enseguida a la vista) y al padre Antonio Anwé (el norteamericano William Marshall), misionero entrometido, perpetuamente vestido de blanco, que va a tener un papel decisivo en la aclimatación (y salvación) del indeciso: "Los plateros usan de la piedra de toque para distinguir lo que es oro de lo que tan sólo resulta ser una vulgar imitación. Ve a tu casa. Allí, frente a la mujer que en ella tienes, reflexiona, mira hondo hacia tu interior. Y, si tu voluntad te empuja de nuevo a buscar a Elena, entonces, vuelve..."


lunes, 15 de junio de 2020

Mogambo (1953)




Director: John Ford
EE.UU., 1953, 116 minutos

Mogambo (1953) de John Ford


Se ha comentado tantas veces la tan traída anécdota del doblaje de Mogambo (que, por imposiciones de la mojigata censura franquista, convertía, como quien no quiere la cosa, un simple adulterio en incesto entre hermanos) que, por lo menos en España, se llegó a obviar la verdadera naturaleza de una película que no era sino el remake de Tierra de pasión (Red Dust, 1932), filme dirigido por Victor Fleming y en el que el propio Clark Gable interpretaba el mismo personaje con veinte años menos.

Cinta safari, Mogambo pertenece, en realidad, a la misma categoría fílmica que La reina de África (1951) de Huston o Hatari! (1962) de Hawks. O, dicho con otras palabras: una bonita postal africana en rutilante Technicolor que, con sus exóticos exteriores rodados en Kenia y demás rincones exuberantemente salvajes de las entonces colonias, representaba la excusa ideal para su director de hacer turismo, convenientemente financiado por la Metro-Goldwyn-Mayer, en algún parque natural donde dar rienda suelta a sus impulsos cinegéticos matando leones, gacelas, paquidermos y lo que se pusiera por delante.



Lo cual la convierte, por otra parte, en uno de esos títulos que, como Gone with the Wind (1939), son blanco de la corrección política y de un neopuritanismo que hoy consideran su contenido del todo inadmisible. Y es que, vista con los ojos de un espectador de 2020, Mogambo podría ser perfectamente tildada de racista, machista, colonialista, amén de potencialmente irrespetuosa con la fauna y el medio ambiente. La pega es que se rodó en el 53 (y no la semana pasada), en un contexto histórico cuyos valores y sensibilidad eran muy distintos a los actuales. Es más: aquellas retinas de hace seis décadas se deleitaban con enorme placer viendo este tipo de ensoñaciones morbosas, mezcla de paisajes paradisíacos y enredos de alcoba, aventuras selváticas y extramaritales. Glamur reforzado por la presencia de unas estrellas que, en el caso de Ava Gardner y Grace Kelly, recibirían la recompensa de sendas nominaciones al Óscar.

Aunque, al margen de lo que se ve en pantalla, parece ser que fue el rodaje lo verdaderamente jugoso en cuanto a chascarrillos y rifirrafes se refiere: romance tórrido entre Gable y la futura princesa de Mónaco, Ford (para quien Mogambo era apenas un producto de encargo) reprendiendo ásperamente a la Gardner en público, Sinatra presentándose de improviso en el set... Casuística sin fin, tan deliciosa como intrascendente, que forma parte ya de la leyenda de una época irrepetible.


martes, 16 de abril de 2019

El héroe (2004)




Título original: O Herói
Director: Zézé Gamboa
Angola/Portugal/Francia, 2004, 97 minutos

El héroe (2004) de Zézé Gamboa


Nueva sesión del Festival Wallay!, que esta tarde abordaba las consecuencias de la prolija y cruenta guerra civil angoleña (1975-2002) con la proyección de O Herói (2004). Aunque llamar "héroe" al protagonista de dicha cinta no deja de ser una dura ironía rayana en el más cruel sarcasmo. Sólo hay que ver cómo unos y otros se desentienden de sus heridas, efecto de haber pisado una mina antipersona, para tomar conciencia de lo compleja que puede llegar a ser la reincorporación a la vida civil de los antiguos combatientes.

Precisamente, un clásico del cine americano como Los mejores años de nuestra vida (1946) de William Wyler ya afrontaba la cuestión, de lo que cabe inferir que estamos ante un dilema de alcance universal. He ahí por qué el cine, que no deja de ser una poderosa arma propagandística, se ha encargado de recordarnos, entonces como ahora, que nuestra obligación, en tanto que ciudadanos ejemplares, es acoger con los brazos abiertos a quienes, en defensa del interés común, pusieron en riesgo su integridad física.



Este Vitorio (Makena Diop) y su pierna amputada simbolizan el sacrificio de todo un pueblo que no sólo hubo de hacer frente a las contingencias de la descolonización, en el contexto de la Guerra Fría, sino que, una vez conquistada la tan deseada independencia, se vio enfrascado en una encarnizada lucha fratricida. De ahí que, a través del personaje de la maestra (Patrícia Bull), se insista en recalcar la importancia de la educación como fuente de progreso y medio de cohesión social.

No obstante, la película también aborda otras problemáticas que afectan al conjunto de la sociedad angolana, tales como la prostitución, las bandas juveniles —integradas, en su mayoría, por huérfanos de guerra—, los desplazados, la corrupción política o la demagogia. Motivo por el que se hace necesario ver en esa especie de núcleo familiar que acabarán formando Vitorio, el joven Manu y Maria Bárbara (la brasileña Maria Ceiça) más un amago de final feliz que no un reflejo de la realidad nacional en su duro camino hacia el bienestar.


lunes, 15 de abril de 2019

Mia y el león blanco (2018)




Título original: Mia and the white lion
Director: Gilles de Maistre
Francia/Alemania/Sudáfrica, 2018, 98 minutos

Mia y el león blanco (2018) de Gilles de Maistre


La casualidad ha querido que de nuevo hoy volvamos a comentar una película ambientada en Sudáfrica, si bien tanto el argumento como la apariencia general de Mia y el león blanco dejan entrever muy a las claras cuán lejos se halla la presente producción familiar de los peligrosos suburbios retratados en Vaya (2016).

En todo caso, ambas coinciden en lo sesgado de sus planteamientos: una por alarmista y la otra por lo excesivamente edulcorado de un guion que, con la excusa de promover la preservación de los grandes félidos, pretende avanzarse a Disney y al estreno mundial de la nueva versión de El rey león (2019), prevista para el próximo mes de julio.



También es cierto que Kevin Richardson y su Wildlife Sanctuary, dedicatarios del filme, ya se habían involucrado, años atrás, en un proyecto de similares características que llevó por título White Lion (2010). De hecho, la leyenda del Shangaan, que Alice (Mélanie Laurent) suele contar a sus hijos antes de ir a dormir, era la base argumental de aquella cinta.

Y aunque ni Gilles de Maistre sea Richard Linklater ni Mia and the white lion aspire a emular un experimento de la altura de Boyhood (2014), merece la pena destacar el hecho de que el rodaje se prolongara durante dos años y medio (concretamente, desde mayo de 2015 hasta septiembre de 2017), permitiendo, así, seguir el proceso de crecimiento de Thor (nombre verdadero de Charlie) y de la pareja de hermanos que lo adopta como mascota.


domingo, 14 de abril de 2019

Vaya (2016)




Título en inglés: To go
Director: Akin Omotoso
Sudáfrica, 2016, 115 minutos

Vaya (2016) de Akin Omotoso


A medida que las propuestas del festival Wallay! transitan por la pantalla de la Filmoteca de Catalunya, se afianza cada vez más en un servidor la idea de que el camino a recorrer por las cinematografías del continente africano presenta, en algunos casos, no pocas similitudes con lo acaecido hace varias décadas en este mismo país.

Así, por ejemplo, si ayer creíamos apreciar destellos de Bienvenido Mister Marshall (1953) en la senegalesa Hienas (1992), esta tarde nos asaltaba una sensación parecida viendo la sudafricana Vaya (2016): tres historias, basadas en hechos reales, en torno a personajes que deciden emigrar desde el campo a la ciudad y que nos han hecho pensar en la mítica Surcos (1951) de José Antonio Nieves Conde.



En ese sentido, parece inevitable que los habitantes de las depauperadas áreas rurales aspiren a probar fortuna en la capital, ya se trate de Madrid, Barcelona o Johannesburgo. Pero, aun así, y es sobre todo en eso en lo que se parecen Vaya y Surcos, ambos filmes destilan un mismo tono tendencioso, a la par que disuasorio, tal vez con la esperanza de amedrentar a quienes, maleta en mano, alberguen el propósito de trasladarse a la gran e inhóspita urbe.

Sea como fuere, el nigeriano Akin Omotoso (Ibadán, 1974), actor y escritor además de cineasta, consigue dotar a su película del ritmo necesario hasta lograr la perfecta fusión de las tres tramas en el clímax final. Ahora, eso sí: el cartel de la peli se lo han copiado descaradamente del de Babel (2006)...


sábado, 13 de abril de 2019

Hienas (1992)




Título original: Hyènes
Director: Djibril Diop Mambéty
Senegal/Francia/Suiza/Reino Unido, 1992, 110 minutos

Hienas (1992) de Djibril Diop Mambéty


EL MAESTRO: ¡Vecinos de Güllen! Ésta es la amarga realidad: hemos tolerado una injusticia. Soy perfectamente consciente de la prosperidad que nos brindarán esos mil millones. No ignoro en absoluto que la miseria es la causa de muchos males y amarguras, y, sin embargo, hoy no estamos hablando de dinero (ovación gigantesca), ni de bienestar, o buena vida o lujo; se trata de saber si queremos ser justos y queremos defender los ideales por los que vivieron, combatieron o murieron nuestros antepasados, y que constituyen los valores de nuestra civilización occidental (ovación gigantesca). Es la libertad lo que está en juego cuando se vulnera el amor al prójimo, cuando se desobedece el mandamiento de defender a los débiles, se ultraja el matrimonio, se engaña a un tribunal y se abandona en la miseria a una joven madre (gritos de condena). Ya es hora de que, en nombre de Dios, tomemos en serio nuestros ideales: ¡Y que lo hagamos con trágica gravedad! (Ovación gigantesca). La riqueza no tiene sentido sino cuando es fuente de gracia, pero la gracia sólo se concede al que tiene hambre de ella. ¿Sienten ustedes esta hambre, güllenses, el hambre del espíritu, y no sólo aquella otra, profana, el hambre del cuerpo? Ésta es la pregunta que deseaba hacerles en mi condición de director del instituto de Güllen. Sólo si no son capaces de tolerar el mal, sólo si no pueden ya, bajo ningún concepto, seguir viviendo en un mundo en el que impera la injusticia, sólo en ese caso podrán aceptar los mil millones de la señora Zajanassian y satisfacer la condición de la que depende su entrega. Les pido, pues, güllenses, que reflexionen seriamente sobre este problema. (Ovación estruendosa).

Friedrich Dürrenmatt
La visita de la vieja dama (1955)
Traducción de Juan José del Solar

Autor de una filmografía integrada por apenas seis largometrajes y un corto, el senegalés Djibril Diop Mambéty (1945–1998) pasa por ser uno de los cineastas clave en la no siempre bien conocida historia del cine africano. Fallecido a consecuencia de un cáncer de pulmón a la temprana edad de 53 años, Mambéty tuvo tiempo, sin embargo, de legar para la posteridad verdaderas joyas. Como esta Hyènes que, debidamente restaurada, se presentaba en la tarde de hoy con motivo del Festival Wallay! que tiene lugar estos días en Barcelona.

Libre adaptación a partir de la tragicomedia Der Besuch der alten Dame, una de las piezas teatrales más célebres del dramaturgo suizo Friedrich Dürrenmatt (1921–1990), la acción se traslada desde el país centroeuropeo hasta Colobane, pequeña localidad en las inmediaciones de Dakar y pueblo natal del director. La millonaria señora Zajanassian es aquí Linguere Ramatou, antigua amante del afable tendero del lugar que, después de muchos años viajando por el mundo, regresa a la ciudad, acompañada de su séquito, tras haber hecho fortuna. Pero ni su retorno ni el dinero con el que promete sacar a Colobane de la miseria son en balde: a cambio, Ramatou exige la muerte de Dramaan Drameh...



Son varias las similitudes que, salvando las distancias, emparentan a Hyènes con Bienvenido Mister Marshall, quizá porque el Senegal del 92 se debía de parecer bastante a la España del 53. Pero qué duda cabe que ver a todos los vecinos en la estación, con las autoridades locales a la cabeza y preparados para el recibimiento, arroja una estampa cuando menos familiar a ojos de cualquiera de nosotros.

El realismo, no obstante, queda fuera de esta parábola sobre las lacras heredadas del pasado colonial. En su lugar, Mambéty opta por la estilización simbólica, presentando el sacrificio del viejo Dramaan Drameh (Mansour Diouf) en forma de ritual: el de una especie de peregrinaje, comparado con una manada de elefantes, que se adentra en el desierto para finalmente cercar y hacer desaparecer en su seno al tendero que pudo ser alcalde.


viernes, 12 de abril de 2019

Kasala! (2018)




Título en español: ¡Problemas!
Directora: Ema Edosio
Nigeria, 2018, 84 minutos

Kasala! (2018) de Ema Edosio


Menos prolífico que Bollywood, pero aun así por delante de la industria estadounidense en cuanto a volumen de producción, el Nollywood nigeriano es capaz de generar una media de hasta mil doscientas películas por año. La inmensa mayoría de las cuales de bajo presupuesto, ça va de soi, aunque la escasez de medios no sea óbice para que una nueva generación de cineastas dé rienda suelta a su creatividad.

Buena prueba de ello es Kasala! (algo así como "¡Problemas!" en lengua yoruba), que esta tarde se ha presentado en la Filmoteca de Catalunya con motivo del Wallay! o Festival de Cine Africano de Barcelona. Ema Edosio, directora del filme, comentaba tras la proyección que con este largometraje ha querido dedicar su personal carta de amor a la ciudad de Lagos, una megalópolis de casi veintidós millones de habitantes en la que nada funciona y donde, por lo tanto, no queda más remedio que tomarse las cosas con sentido del humor.



Porque quienes aún alberguen la imagen de África como el continente de la pobreza y los conflictos armados inacabables se van a encontrar en Kasala! con una comedia fresca y dinámica, al más puro estilo slapstick, aunque también con una cierta dosis de neorrealismo social y hasta un eco remoto de nuestra picaresca del Siglo de Oro. Cierto que los personajes gritan muchísimo, como si estuviesen de contino discutiendo acaloradamente, pero es que en Nigeria, aclara Edosio, todo el mundo tiene la costumbre de hablar así.

El planteamiento, como en los clásicos del cine italiano de posguerra, no puede ser más simple: un muchacho toma prestado el coche de su tío, sin permiso, para irse de fiesta con los amigos. Ni que decir tiene que uno de ellos, el torpe del grupo, lo destrozará al estrellarse accidentalmente contra una pared. A partir de ese momento, los cuatro deberán arrastrar el automóvil por las calles de la capital en una contrarreloj frenética para conseguir el dinero con el que reparar los cuantiosos desperfectos ocasionados.


sábado, 1 de diciembre de 2018

Supa Modo (2018)




Director: Likarion Wainaina
Kenia/Alemania, 2018, 74 minutos

Supa Modo (2018) de Likarion Wainaina


Wallay!, el Festival de Cine Africano de Barcelona, arrancaba esta tarde su andadura en la Filmoteca. Y lo hacía de la mano de Likarion Wainaina (Moscú, 1987) y su aclamado debut como director de largometrajes de ficción: Supa Modo, retrato de una niña gravemente enferma, hija, a su vez, de una madre soltera sobreprotectora, que busca y encuentra su particular refugio emulando las hazañas de sus superhéroes favoritos.

Por lo que tiene de cine dentro del cine (los demás personajes, liderados por la hermana mayor de Jo, se pondrán de acuerdo para que la pequeña se convierta en la protagonista de una improvisada película rodada con medios de lo más rudimentario) se la ha comparado con Rebobine, por favor (Be Kind Rewind, 2008) del francés Michel Gondry.



Aunque Wainaina acierta a hundir la esencia del relato en las raíces de la tradición africana a través de Mike, esa especie de proyeccionista y cineasta amateur que es, a la vez, un contador de historias nato. Así pues, invariablemente pertrechado con un micrófono, el joven comenta las escenas para deleite de su concurrida parroquia de incondicionales, ya sean los pacientes en fase terminal de un hospital infantil o sus propios vecinos. El suyo es, pues, amén de un claro alter ego del director, un personaje que remite directamente a los orígenes del cine e incluso, yendo aún más allá, a la oralidad de la cultura afro.

Rodada en hasta cuatro lenguas distintas (inglés, suajili, sheng y Kikuyu) y con el apoyo económico de Alemania, Supa Modo será la encargada de representar a Kenia en la próxima edición de los Óscar. Se trata, según ha confesado su director, de un éxito totalmente inesperado, sobre todo tratándose de una producción que apenas costó doscientos mil euros: una cantidad ínfima si se la compara con los estándares europeos, pero que supone una superproducción carísima tratándose de la endeble industria keniata. Sin embargo, ¿quién sabe? A lo mejor se activan los superpoderes de Jo para que se obre el milagro y la cinta obtiene la codiciada estatuilla a mejor película extranjera.


viernes, 25 de mayo de 2018

L'eau sacrée (2016)




Título en español: El agua sagrada
Director: Olivier Jourdain
Bélgica/Ruanda, 2016, 56 minutos

L'eau sacrée (2016) de Olivier Jourdain


Coincidiendo con la celebración del día mundial de África, la Filmoteca de Catalunya albergaba esta tarde el arranque de Africa Moment, certamen que viene a complementar las actividades del Festival Internacional de Cinemes Africans (FICAB) del que hablábamos hace unos días. El documental L'eau sacrée (2016) del belga Olivier Jourdain, aproximación de un europeo blanco a la sexualidad femenina en Ruanda, ha servido para dar el pistoletazo de salida.

Durante el coloquio posterior, el realizador aclaraba algunos detalles sobre la génesis de tan singular proyecto. Porque no es muy habitual escuchar a las mujeres africanas, cuya imagen, desde el primer mundo, generalmente tiende a ir asociada con la ablación, hablando de sexo con semejante desenvoltura. Confiesa Jourdain que se ganó su confianza mediante una sutil estrategia: cada vez que había que tratar sobre temas íntimos (caso de las chicas del internado de Uganda o del matrimonio que protagoniza la escena final) el director enviaba al traductor fuera del set, con lo que ellas terminaban por desinhibirse al considerar que nadie iba a entender lo que estaban diciendo.

Dusabe Vestine, locutora de Flash FM


Aunque la verdadera protagonista de L'eau sacrée es Vestine, reputada locutora de radio a la que el afán por recuperar viejas tradiciones locales, unido a la necesidad de ir superando las heridas de la cruenta guerra civil que asoló el país, llevará a visitar las aldeas ruandesas con un discurso muy personal en el que se mezclan superstición, la educación sexual, antiguas leyendas (como la de la reina que, en ausencia del marido, se vio obligada a yacer con su criado) y grandes dosis de humor.

De todas maneras, desde el público alguien hace notar que en ningún momento se llega a hacer ninguna referencia al sida: ni a hutus ni a tutsis, añade Jourdain. A fin de cuentas, él ha rodado una película sobre el kunyaza (o arte eyaculatoria femenina) y cualquier alusión a otros elementos de la historia reciente ruandesa podría desviar la atención del espectador, amén de que ya estaríamos hablando de un filme radicalmente distinto.


miércoles, 15 de febrero de 2017

Moi, un noir (1958)




Título en español: Yo, un negro
Director: Jean Rouch
Francia, 1958, 73 minutos

Moi, un noir (1958) de Jean Rouch


Al francés Jean Rouch (1917–2004) se le suele atribuir la doble paternidad del Cinéma vérité y del cine etnológico moderno. En el año de su centenario, la Filmoteca de Catalunya le dedica estos días un ciclo en el que está previsto revisar algunas de las principales aportaciones que llevó a cabo como realizador.

Presentando la sesión de hoy, el antropólogo Roger Canals ha contextualizado con bastante precisión tanto a Rouch como a su obra: "Para Jean Rouch el Cinéma vérité no era el cine de la verdad, sino la verdad del cine..." Aforismo certero y conciso que condensa buena parte de sus presupuestos estéticos. En ese sentido, Moi, un noir adquiere relevancia de manifiesto: con sus palabras iniciales, acotando quién es y qué área geográfica se dispone a analizar (Treichville: un determinado barrio de Abiyán, la entonces capital de Costa de Marfil) y dando, al mismo tiempo, la voz a los individuos cuya vida será objeto de análisis, Rouch huye de cualquier atisbo de miserabilismo para plasmar en imágenes la alegría de vivir por parte de unos hombres y mujeres que dejaron atrás su Nigeria natal para buscarse el sustento en tierra extraña.



La fotografía en color, los cánticos del terruño, las gentes bailando y tomando cerveza en las fiestas populares... O las ceremonias religiosas, lo mismo en un templo católico que en una mezquita. Todas las escenas cotidianas que capta la cámara de Rouch se rebelan como una exaltación de la multitud enfervorecida, la prueba fehaciente de lo que significa ser negro en el África colonial de finales de los cincuenta (o, por lo menos, una aproximación).

Otra lectura, sin embargo, es posible: la del africano que es un extraño en otro país africano; la de quien opta por cambiar su nombre por el de un célebre actor de Hollywood, ya sea Tarzán, Eddy Constantine, Dorothy Lamour o Edward G. Robinson, en una curiosa aculturación aparentemente simpática, pero que encierra la cifra exacta de sus sueños y frustraciones. Premio Louis Delluc 1958, es en esa crítica encubierta bajo el optimismo aparente donde reside la maestría de Jean Rouch.


viernes, 6 de mayo de 2016

Las cartas de Alou (1990)




Director: Montxo Armendáriz
España, 1990, 90 minutos

Las cartas de Alou (1990) de M. Armendáriz


En su novela epistolar Une si longue lettre, la escritora senegalesa Mariama Bâ (1929-1981) explicaba, bajo el prisma de una cierta ambición feminista, buena parte de sus experiencias personales mediante una serie de cartas dirigidas a su mejor amiga. Independientemente de si Montxo Armendáriz tuvo en cuenta o no este clásico de la literatura africana contemporánea a la hora de escribir el guion de Las cartas de Alou (1990), vale la pena señalar la coincidencia puesto que tanto en el caso del libro como en el de la película dicha estructura está puesta al servicio de una misma finalidad: la de denunciar, respectivamente, injusticias sociales como la situación de la mujer en el África subsahariana o la de los inmigrantes ilegales en España.

Sólo un productor de la talla de Elías Querejeta podía alumbrar un proyecto tan cautivador como éste: cine comprometido, con actores no profesionales, hablado en diferentes idiomas, rodado en localizaciones reales y tras un minucioso proceso de documentación.



El gambiano Mulie Jarju (Alou) iniciaba así una carrera de actor (entonces amateur) que llega hasta la actualidad, puesto que el año pasado formó parte del reparto de Palmeras en la nieve, de Fernando González Molina. Le acompañaron entonces Ahmed El-Maaroufi en el papel de Moncef, compañero de fatigas de Alou, y Eulàlia Ramon como Carmen, la muchacha de un pueblo de Lleida de la que se enamorará el protagonista.

Concha de oro en San Sebastián y ganadora de dos Goyas (Mejor guion y fotografía), Las cartas de Alou representó una interesantísima vía del cine español, entroncada con el cinéma vérité, y que tendría su continuidad en películas como Bwana (1996), del también vasco Imanol Uribe.



domingo, 26 de julio de 2015

El viaje de Jane (2010)




Título original: Jane's Journey
Director: Lorenz Knauer
Alemania/Tanzania, 2010, 107 minutos

El viaje de Jane (2010) de Lorenz Knauer


La primatóloga Jane Goodall dedicó muchos años de su vida al estudio de los chimpancés en el parque nacional de Gombe (Tanzania). Allí llegó siendo apenas una joven inexperta sin tener ni siquiera un título universitario; allí se casó con un cámara del National Geographic; allí tuvo a su hijo Larva...

El documental El viaje de Jane, dirigido por el alemán Lorenz Knauer en 2010, recorre la biografía de la doctora Goodall desde su infancia en Inglaterra hasta su incansable labor como activista en favor de los animales y de los más desfavorecidos en la actualidad.

Jane Goodall imitando el típico saludo de los chimpancés


Quizá por ello, en determinados momentos el relato tiende más al publirreportaje concebido con la finalidad de ganar adeptos para la causa que no a la mera descripción de los hechos. Ya lo dice Pierce Brosnan en su intervención: "Jane adora ser una estrella: lo suyo es el escenario". Lo mismo entrevistándose con Angelina Jolie que de la mano de Kofi Annan, Goodall está al frente de varias organizaciones (como Roots and Shoots) que pretenden despertar conciencias sobre la necesidad de preservar el planeta.

El documental, por tanto, nos la mostrará infatigable en sus andanzas por África (no solo protegiendo a los chimpancés sino últimamente a los hipopótamos, en colaboración con su hijo) o en una reserva india en EE.UU. o dando fe del vertiginoso deshielo en Groenlandia. Y siempre rodeada de gente que la aclama.

La doctora Goodall junto a Mister H, que la acompaña por todo el mundo