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domingo, 21 de julio de 2024

El gran atasco (1979)




Título original: L'ingorgo
Director: Luigi Comencini
Italia/Francia/Alemania/España, 1979, 128 minutos

El gran atasco (1979) de Luigi Comencini


Un subgénero cinematográfico al alza durante la década de los setenta fue el que mostraba a la humanidad al borde del colapso, ya fuese en forma de distopía futurista, caso, por ejemplo, de Soylent Green (1973) de Richard Fleischer, o bien denunciando los riesgos que comporta el progreso en un presente de lo más inhóspito. A esta última vertiente pertenecerían títulos tan diversos como La grande bouffe (1973) de Marco Ferreri, La cabina (1972) de Antonio Mercero o L'ingorgo (1979) de Luigi Comencini, todos ellos centrados, de un modo u otro, en la alienación del individuo en el marco de la sociedad de consumo.

Así pues, la cinta que nos ocupa transcurre durante un atasco de proporciones descomunales, metáfora del capitalismo salvaje, muy parecido al que ya describiera Godard en la mítica Week-end (1967). Planteamiento que se presta, dicho sea de paso, a un tipo de guion (libremente inspirado en un cuento de Cortázar) conformado por las múltiples historias de los muchos conductores atrapados en semejante trampa. La ocasión era ideal, por tanto, para reunir a un variopinto elenco de actores de distintas nacionalidades, fruto de la coproducción entre Italia, Francia, Alemania y España, en el que coincidieron, entre otros muchos, intérpretes de la talla de Marcello Mastroianni, Gérard Depardieu o Fernando Rey (el público español reconocerá, además, a Pepe Sacristán, Paco Algora o José María Prada en papeles menores).



A medida que avanzan las horas, y las condiciones para la supervivencia sobre el asfalto se degradan, la impresión de conjunto que arroja este gran mosaico humano emparenta de pleno con algunos elementos ya descritos por Buñuel en El ángel exterminador (1962). No en vano, su hijo Juan Luis se encargó de dirigir la segunda unidad y por ahí pudiera venir un cierto toque surrealista que se deja sentir en determinados momentos. Aunque también hay otras escenas, por ejemplo la de la violación del personaje de Ángela Molina, que se adelantan a lo que sucederá en títulos muy posteriores, caso de Le temps du loup (2003) de Haneke.

Sin embargo, la gran diferencia respecto a los modelos arriba indicados radica en el carácter de comedia coral de una cinta cuyo humor negro encubre una visión demoledora del mundo moderno y hasta de la propia condición humana. Buena prueba de ello es una galería de personajes secundarios pertenecientes a muy distintos orígenes sociales, pero entre los que destacan el cinismo del abogado al que da vida Alberto Sordi, siempre dispuesto a aprovecharse del prójimo, o la voracidad de la que hacen gala las clases subalternas cuando se trata de satisfacer, cueste lo que cueste, sus necesidades básicas.



martes, 12 de septiembre de 2023

Las dos caras de la justicia (2023)




Título original: Je verrai toujours vos visages
Directora: Jeanne Herry
Francia, 2023, 118 minutos

Las dos caras de la justicia (2023) de Jeanne Herry


Independientemente de lo ventajosa que pueda resultar la justicia restaurativa (término con el que se designa el proceso para compensar a las víctimas y así involucrar a los propios delincuentes haciéndolos responsables de sus acciones en la resolución de conflictos), al espectador medianamente crítico le asalta de inmediato la sensación de que Je verrai toujours vos visages (2023) ha sido concebida con la finalidad de dorarle una píldora que quizá no le apetece tragarse. Dicho lo cual, vaya por delante el máximo respeto hacia un filme que, tendencioso o no, contiene momentos de extraordinaria intensidad dramática.

No en vano, el reparto lo integran intérpretes de la altura de Leïla Bekhti (Nawelle) o Gilles Lellouche (Grégoire), ambos magníficos en sus respectivos monólogos. Y es que la propuesta de la realizadora Jeanne Herry (París, 1978, hija de la también actriz Miou-Miou) conlleva que los personajes se desnuden ante la cámara, verbalizando (y, por tanto, haciendo aflorar) heridas que soportan desde que padecieron o cometieron algún delito que ahora tienen la oportunidad de redimir. Aunque, al mismo tiempo, tanto los voluntarios como los profesionales que supervisan estos careos protagonizan, en paralelo, escenas de distensión, repletas de risas y complicidad, durante sus ratos de ocio.



Función catártica, pues, de una terapia cuyos participantes, colocados simbólicamente en círculo y pasándose el testigo antes de intervenir, pertenecen a diferentes edades, sexo, raza o clase social, como si se quisiera remarcar con ello la diversidad (es decir, la enorme riqueza) de una sociedad, la Francia del siglo XXI, a la que a menudo se recrimina su falta de cohesión.

En definitiva, se trata de una película que aboga por el valor terapéutico del diálogo, si bien no todos los damnificados, como en el complejo caso de Chloé (Adèle Exarchopoulos), llegan a superar los traumas que les aquejan. Sea como fuere, los hay que optan por el perdón a la hora de liberarse de la pesada mochila que arrastran a consecuencia de algún atraco con violencia o incluso de alguna agresión sexual. Vivencias que, de todos modos, han dejado una huella indeleble en cada uno de ellos, como se desprende del título original de la película, que en francés vendría a ser algo así como "Veré siempre vuestras caras".



martes, 30 de mayo de 2023

Maestro(s) (2022)




Director: Bruno Chiche
Francia/Bélgica, 2022, 88 minutos

Maestro(s) (2022) de Bruno Chiche


De vez en cuando el cine francés también se descuelga con algún que otro remake, como es el caso de este Maestro(s) (2022), adaptación un tanto libre de la cinta israelí Pie de página (Joseph Cedar, 2011) en la que el erudito contexto académico en torno a los estudios talmúdicos en el que se desarrollaba la trama original pasa ahora a ser de rivalidad entre dos consagrados directores de orquesta que siguen siendo, eso sí, padre e hijo.

Porque, y he ahí lo verdaderamente relevante de su guion (coescrito entre el propio realizador, Bruno Chiche, y Yaël Langmann, en colaboración con Clément Peny), más que del divismo esnob de dos artistas henchidos de vanidad, la película nos habla de relaciones humanas, concretamente en el seno del ámbito familiar. Sobre todo considerando que, aparte del común conflicto generacional, Denis y François Dumar (interpretados, respectivamente, por Yvan Attal y Pierre Arditi) acumulan demasiadas cuentas pendientes. De hecho, la historia amenaza con repetirse y Denis, pese a su éxito profesional, tampoco acaba de conectar con un hijo adolescente, adicto al móvil y no muy dispuesto a continuar con la tradición musical instaurada por el padre y el abuelo.



Por si todo esto no fuera poco, los problemas de pareja se ciernen sobre un hombre cuya relación con una atractiva violinista sorda atraviesa horas bajas, mientras que su ex mujer sigue ejerciendo de implacable representante artística. Para colmo, sólo hará falta que un malentendido de lo más tonto sitúe al Dumar sénior al frente de la prestigiosa Scala de Milán cuando, en realidad, es a su vástago a quien corresponde semejante honor...

Sin alcanzar la pretenciosidad de la reciente Tár (Todd Field, 2022), la propuesta de Bruno Chiche se mueve en un terreno mucho más de estar por casa, hasta cierto punto cercano a lo que ya planteara en su día Radu Mihaileanu en El concierto (2009), aunque con mayor comedimiento a la hora de plasmar en imágenes una trama en la que la (previsible) reconciliación final se anuncia incluso desde el propio cartel de la película.



lunes, 6 de mayo de 2019

En buenas manos (2018)




Título original: Pupille
Directora: Jeanne Herry
Francia/Bélgica, 2018, 110 minutos

En buenas manos (2018) de Jeanne Herry


De nuevo una de esas películas que nos llega avalada por cientos de miles de espectadores en Francia y cuantiosas nominaciones a los premios César. Uno de esos productos en los que lo más importante no parece ser el cine, sino el mensaje que se pretende inculcar en el público. Porque, si bien es muy loable dar a conocer la tarea que llevan a cabo los asistentes sociales encargados de gestionar los laboriosos procesos de adopción, ver a Gilles Lellouche haciendo de tierno hombretón que se desvive en atenciones con un bebé de acogida puede llegar a resultar un poco cargante.

Diríase que la realizadora Jeanne Herry (actriz e hija de los también actores Miou-Miou y Julien Clerc) ha pretendido con su segundo largometraje emular a aquellos dramaturgos neoclásicos que, como Moratín, mostraban sobre el escenario modelos de conducta que, más tarde, la concurrencia debería imitar, al salir del teatro, en su vida cotidiana. En ese sentido, Pupille, rebautizada por estos pagos como En buenas manos, ofrece un nuevo arquetipo de masculinidad a través de la figura de Jean (Lellouche). Lo cual es siempre una buena noticia, si lo que vemos en pantalla es, a su vez, creíble...



Sin embargo, la película gana muchos enteros cuando deja de lado el postureo y opta por un didactismo más acorde con la sensibilidad actual. Son, al respecto, enormemente significativas las escenas en las que los profesionales asesoran, dialogan o se sinceran con los candidatos a adoptar. O con la joven que quiere dar a su hijo en adopción. Con muy buen criterio, la música incidental desaparece en tales momentos, haciendo que todo el protagonismo recaiga sobre el discurso.

Aunque de forma tangencial, Pupille también aborda el tema de la generación NoMo (No mother), al que La Vanguardia dedica hoy sus páginas centrales, pese a que, todo hay que decirlo, el filme acaba decantando, indudablemente, su foco de interés hacia mujeres que, al igual que Alice (Élodie Bouchez), experimentan la necesidad imperiosa de ver cumplido su deseo de maternidad para sentirse realizadas.