lunes, 24 de junio de 2019

Tu vida en 65' (2006)
















Directora: Maria Ripoll
España, 2006, 93 minutos

Tu vida en 65' (2006) de Maria Ripoll

Recuerdo como si fuese hoy el estreno de Tu vida en 65 minutos, con la sala 1 del Renoir Floridablanca llena a rebosar. Era a mediados de julio y el público, compuesto en su mayoría por jóvenes, se desternillaba con las ocurrencias del trío protagonista. Al salir, viendo las caras de satisfacción de la gente, tuve la certeza de que el mundo puede ser un lugar acogedor (a veces...).

Y, sin embargo, y a pesar del enorme sentido del humor que destilan sus diálogos, la historia que cuenta la película dista mucho de ser una comedia. Fundamentalmente, porque la muerte planea a lo largo de la trama con una insistencia como mínimo estremecedora. Pero también porque nos recuerda que todo está conectado y que las casualidades, por más asombrosas que parezcan, ponen de manifiesto la misteriosa matemática que rige nuestros destinos.



Tu vida en 65' es, en esencia, un filme que habla de la amistad, rodado con un estilo fresco y dinámico, deudor, en buena medida, del lenguaje publicitario. Aunque tiene bastante, además, del vitalismo que Albert Espinosa, guionista y autor de la pieza teatral en la que se basa, suele transmitir a todo lo que hace. 

Estamos, pues, ante una cinta que lanza al espectador un mensaje clarísimo: carpe diem. ¿Por qué dejar para más tarde aquello de lo que luego podríamos arrepentirnos? La declaración de amor que no nos atrevimos a formular, la despedida que no tuvimos tiempo de prever: enigmas e imprevistos que un veinteañero como Dani (Javier Pereira) comienza a vislumbrar frente a una lavadora en marcha.


domingo, 23 de junio de 2019

Demasiado tarde para lágrimas (1949)















Título original: Too Late for Tears
Director: Byron Haskin
EE.UU., 1949, 99 minutos

Demasiado tarde para lágrimas (1949)
de Byron Haskin

Dentro de la variada tipología de femme fatale que nos legó el Cine negro americano, Too Late for Tears contiene un caso hasta cierto punto insólito: el de la esposa que se deja arrastrar por la codicia. Una transformación, y eso es lo verdaderamente inusual, que se produce ante nuestros ojos conforme avanza la trama. Y es que, en un principio, Jane (Lizabeth Scott) le insiste a su marido para que dé marcha atrás, cosa que el buenazo de Alan (Arthur Kennedy) no tiene tiempo de hacer porque otro coche se cruza en la carretera y en sus destinos...

Sin embargo, es en ese diálogo inicial donde se aporta la clave que permitirá comprender la posterior evolución del personaje: Jane no soporta ser pobre. Un complejo de inferioridad que se activa cada vez que la pareja alterna con matrimonios que gozan de mejor estatus económico y que hace que Jane se sienta tratada con condescendencia.



El otro elemento a tener en cuenta (y al que el cine clásico de suspense recurrió hasta la saciedad) es ese maletín en cuyo interior esperan sesenta mil dólares a que alguien se los gaste. Suculento botín, de origen incierto, que el azar coloca en la vida de los Palmer y por el que muchos otros parecen dispuestos a matar si hace falta.

Hay, por último, un juego de apariencias que no por manido resulta menos eficiente: el de los personajes que ocultan su verdadera identidad. Policías que no son tales, hermanos con sed de venganza, amas de casa que esconden un sombrío pasado de insaciable mantis religiosa... Explosiva combinación que hace de Too Late for Tears una de esas deliciosas películas de serie B.


sábado, 22 de junio de 2019

True Stories (1986)
















Título en español: Historias verídicas
Director: David Byrne
EE.UU., 1986, 89 minutos

True Stories (1986) de David Byrne

El líder y vocalista de la banda estadounidense Talking Heads se puso tras las cámaras para dirigir esta original parodia de la América profunda en la que él mismo interpretaba el papel de narrador. Queda, pues, justificada la apariencia de videoclip de un filme cuyo estilo oscila entre el surrealismo cotidiano de Lynch y el humor irreverente de los hermanos Coen. Aunque, y más allá de cualquier parecido razonable, es la personalidad del propio Byrne la que termina impregnándolo todo.

Estamos en Virgil (Texas), localidad imaginaria que se dispone a celebrar, por todo lo alto, el sesquicentenario de su fundación. Coyuntura idónea para que los tipos más variopintos de la región desfilen por sus calles y escenarios haciendo alarde de unas habilidades artísticas tan estrafalarias como ellos mismos.



Allí están, entre otros, Louis Fyne (John Goodman) y la apoltronada Mujer Yacente (Jo Harvey Allen), almas complementarias que, emulando a Yoko Ono y John Lennon, pasarán su luna de miel en la cama de la que ella jamás se levanta.

Ácida sátira a propósito de las grandes superficies, las multinacionales de la informática, la demagogia barata de los políticos locales o los anuncios televisivos, True Stories contiene canciones míticas del repertorio de los Talking Heads tales como "Love for Sale" o "Wild Wild Life".


viernes, 21 de junio de 2019

Burning (2018)















Título original: Beoning
Director: Lee Chang-dong
Corea del Sur, 2018, 148 minutos

Burning (2018) de Lee Chang-dong

Aún corro todas las mañanas por el camino de los cinco graneros y ninguno ha sido pasto de las llamas. Tampoco tengo noticia del incendio de ninguno en otro lugar. Llegó otra vez el mes de diciembre y los pájaros de invierno sobrevolaron mi cabeza. Así fui cumpliendo años.

En la oscuridad de la noche, a veces pienso en graneros que se derrumban al incendiarse.

Haruki Murakami
"Quemar graneros" (1983)
Traducción de Fernando Cordobés González y Yoko Ogihara

No hace falta decir gran cosa para explicarlo todo. En ese aspecto, el coreano Lee Chang-dong (Daegu, 1954) se alinea con otros aventajados cineastas asiáticos de su misma generación que comparten con él una tan rara habilidad. Así, por ejemplo, el filipino Lav Diaz o el japonés Hirokazu Koreeda: directores, todos ellos, especializados en el sabio arte de la sobriedad.

Burning traza un panorama desalentador de ciertos sectores de la sociedad surcoreana, cuyos individuos, producto del materialismo capitalista, aspiran a una suerte de egolatría en la que el éxito social se mide a partir de elementos tan vacuos y dispares como conducir un Porsche negro o escuchar música jazz mientras se cocina un plato de pasta en un apartamento de doscientos metros cuadrados.



Un esnobismo, el del exclusivo distrito Gangnam-gu de Seúl, que contrasta vivamente con la frustración que atenaza al protagonista, ese muchacho solitario de apariencia pusilánime que, a la espera de que se dicte sentencia contra su padre (acusado de haber agredido a un funcionario público), se ocupa de la destartalada granja familiar, cerca de la frontera norcoreana. Falto de afecto, creerá haber encontrado a su media naranja cuando una antigua vecina reaparece en su vida. Pero la felicidad es un animal caprichoso, escurridizo como una gata invisible...

Son muchos los referentes (algunos de ellos occidentales) que se acaban dando cita en una película a medio camino entre el drama social y el suspense psicológico. De entrada, porque el relato de Haruki Murakami en el que se basa remite a otro de Faulkner, de 1939, titulado "Barn Burning". Pero es que, además, el triángulo formado por Jong-su, Hae-mi y Ben, así como el atractivo y misterioso tren de vida que lleva este último, conectan, igualmente, con el universo de El gran Gatsby de Scott Fitzgerald. Tupida red de referencias, el momento álgido de la cual se produce cuando la muchacha, en la hora mágica del véspero, danza y se quita la ropa al son de la trompeta de Miles Davis.


martes, 18 de junio de 2019

La biblioteca de los libros rechazados (2019)

















Título original: Le mystère Henri Pick
Director: Rémi Bezançon
Francia/Bélgica, 2019, 100 minutos

La biblioteca de los libros rechazados (2019)
de Rémi Bezançon

Quizá porque en Francia, como dice uno de los personajes de Le mystère Henri Pick, "hay más escritores que lectores", se estrenan, con cierta regularidad, películas que abordan el tema de la creación literaria y de la industria editorial. Hace apenas unas semanas comentábamos Doubles vies, de Olivier Assayas, brillante reflexión en torno al cambiante sector del libro. E, incluso antes, Un homme idéal (2015) de Yann Gozlan, irregular thriller en torno a un aspirante a novelista que, de la noche a la mañana, se convertía en autor superventas gracias a la publicación de un misterioso manuscrito inédito que caía en sus manos y que hacía pasar por suyo...

Como tendrá ocasión de comprobar quien se acerque a ver el más reciente trabajo de Rémi Bezançon, responsable de títulos tan notables como Le premier jour du reste de ta vie (2008), la trama de Le mystère Henri Pick va más o menos encaminada en esa misma dirección, sólo que con un cierto toque de comedia paródica a lo 8 femmes (2002), el genial filme de François Ozon. Cineasta, este último, a cuyas órdenes ya trabajara, por cierto, el actor Fabrice Luchini en Dans la maison (2012), metiéndose en la piel de un profesor de literatura a partir de la pieza teatral de Juan Mayorga El chico de la última fila.



El siempre convincente Luchini interpreta en esta ocasión a un crítico literario y mordaz presentador televisivo que, en muchos aspectos, recuerda al mítico Bernard Pivot de Apostrophes. Sólo que, obsesionado con desenmascarar lo que a él se le antoja un burdo montaje (a saber: que un simple pizzero bretón, pasado a mejor vida, pudiera haber legado a la posteridad una obra maestra póstuma) entabla una serie de pesquisas que le acabará costando el puesto.

Sin llegar a ser una película redonda —puesto que el guion, basado en una novela de David Foenkinos, se acaba adentrando por vericuetos tal vez innecesarios (como la visita fugaz a la viuda de Gourvec, una rusa a la que da vida Hanna Schygulla)—, plantea, no obstante, una aguda parodia a propósito de la vanidad y demás mixtificaciones de las que, a menudo, se ve rodeado el oficio de escritor y, lo que resulta aún más interesante, el de editor, con cuyos textos rechazados se podría llegar a fundar una biblioteca tan peculiar como fascinante. Nada más absurdo y nada más fácil de fabricar que el éxito, nos dice esta película, pero, precisamente por ello, conviene no tomárselo demasiado en serio.


lunes, 17 de junio de 2019

Sauvage (2018)















Título en español: Salvaje
Director: Camille Vidal-Naquet
Francia, 2018, 99 minutos

Sauvage (2018) de Camille Vidal-Naquet

Concebida en una línea muy similar a lo expuesto por Olivier Ducastel y Jacques Martineau en Théo et Hugo dans le même bateau (2016) o, incluso antes, en L'inconnu du lac (2013) de Alain Guiraudie, Sauvage es una de esas películas que aspiran a normalizar la presencia de la sexualidad homosexual en las pantallas del cine contemporáneo. Sin embargo, y en comparación con los dos títulos anteriormente mencionados, el carácter explícito de la misma es mucho menor aquí. 

Quizá porque lo que más le ha interesado en su primer largometraje al debutante Camille Vidal-Naquet ha sido ahondar en la psicología de su protagonista, Léo (Félix Maritaud), un drogadicto de apenas veintidós años cuyo horizonte vital parece limitarse a prostituir su cuerpo en una espiral autodestructiva de consecuencias imprevisibles.



Poco sabemos de los antecedentes familiares y/o afectivos de Léo, si bien hay una escena clave para hacerse una idea de cuál ha podido ser su trayectoria, hasta la fecha, en esta faceta de su vida: el momento en el que, siendo auscultado por la doctora, se abraza inesperadamente a la mujer, en busca de la ternura que probablemente jamás conoció.

Quizá sea esa misma carencia la que le empuja a besar a los clientes (algo que sorprende a sus colegas). De hecho, hay uno de ellos, Ahd (Éric Bernard), con el que le une una extraña relación de amor-odio, que en un momento de lucidez llegará a decirle: "Márchate de aquí: tú estás hecho para ser amado..." El problema es que Léo, acostumbrado como está a vivir al límite (él es el "salvaje" al que alude el título del filme) difícilmente podrá sentar la cabeza cuando el amor llame a su puerta.


domingo, 16 de junio de 2019

Una mujer italiana (1980)
















Título original: Oggetti smarriti
Director: Giuseppe Bertolucci
Italia, 1980, 110 minutos

Una mujer italiana (1980)
de Giuseppe Bertolucci

Menos conocido que su hermano Bernardo, el cine de Giuseppe Bertolucci (1947–2012) plantea situaciones extremas. Como la de esta "mujer italiana" (el título original de la película era, en realidad, "objetos perdidos"), burguesa en crisis a cuya deconstrucción asistimos prácticamente en vivo y a lo largo de veinticuatro horas.

Atrapada en un entorno familiar asfixiante, Marta (Mariangela Melato) irá poco a poco abandonándose a su suerte, hasta casi olvidarse de quién es. El detonante de su desmoronamiento emocional, amén de un marido insoportable y una madre posesiva, será el encuentro (¿casual?) con Werner (Bruno Ganz) en la Estación Central de Milán.

Bruno Ganz y Giuseppe Bertolucci durante una pausa del rodaje

Al parecer, los dos habían sido amigos en la infancia, motivo por el que se irán insertando imágenes de la pareja en una remota playa del pasado. Instantáneas idílicas que contrastan con la sordidez del presente, marcado por el descenso a los infiernos de ambos, si bien él ya llevaba tiempo "allí" instalado.

Centro neurálgico de la ciudad, los andenes de la terminal son, en sí mismos, un microcosmos en el que Marta y Werner quedan atrapados. En sus concurridos apeaderos y monumentales vestíbulos se puede encontrar de todo: hasta un grupo de eritreos que reclaman la independencia para su país. Sin embargo, la atracción fatal que se produce entre el hombre y la mujer acaba desembocando en una espiral autodestructiva de la que Marta apenas será devuelta a la realidad gracias a la aparición providencial de su hija pequeña.