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domingo, 27 de febrero de 2022

El hoyo (2019)




Director: Galder Gaztelu-Urrutia
España, 2019, 94 minutos

El hoyo (2019) de Galder Gaztelu-Urrutia


"Hay tres clases de personas: los de arriba, los de abajo y los que caen..." Uno no se explica muy bien cómo, pero de vez en cuando se produce el milagro y aparece, como salida de la nada, una obra maestra tan insólita como El hoyo (2019). Distópica, terrorífica, claustrofóbica... Son muchos los adjetivos que se le pueden aplicar a la ópera prima del vasco Galder Gaztelu-Urrutia (Bilbao, 1974). También magistral, obvio. Así lo atestigua la excelente acogida que tuvo en el Festival de Sitges, donde recibió varios premios, entre ellos el de Mejor Película.

Asimismo, las numerosas interpretaciones a que se presta el guion de David Desola y Pedro Rivero giran en torno a una sociedad futura marcada por el control férreo de las instituciones sobre el individuo. En ese sentido, la esencia de la trama parte de las mismas premisas que cualquier drama carcelario, si bien añadiéndole elementos propios de la ciencia ficción y el cine de suspense. Aunque lo que le confiere su singularidad es esa inaudita prisión ascendente (o "centro vertical de autogestión", según la eufemística jerga utilizada por las autoridades penitenciarias) en la que se puede ingresar voluntariamente.



De entrada, cabe pensar que la distribución de las celdas en sucesivos niveles, a cuál peor, pudiera representar una alusión directa al carácter jerárquico de una sociedad sumamente estratificada. De ahí que los de la planta inmediatamente inferior deban alimentarse de las sobras que les han dejado los reclusos del piso de arriba, en lo que supondría una lectura alegórica del sistema capitalista y las políticas neoliberales.

En todo caso, Goreng (Ivan Massagué) tiene algo de redentor, especie de líder dispuesto a sublevarse contra el sistema. Quizá por ello solicitó entrar al hoyo con un ejemplar del Quijote, en previsión de la cruzada a la que iba a enfrentarse en su interior. Se abren así infinidad de interpretaciones, la mayoría profundamente pesimistas, algunas incluso de índole numerológica. Por ejemplo, 333 niveles existentes, con un par de internos en cada uno, hasta sumar las 666 razones que hacen de ese sitio lo más parecido al infierno.



lunes, 24 de junio de 2019

Tu vida en 65' (2006)




Directora: Maria Ripoll
España, 2006, 93 minutos

Tu vida en 65' (2006) de Maria Ripoll


Recuerdo como si fuese hoy el estreno de Tu vida en 65 minutos, con la sala 1 del Renoir Floridablanca llena a rebosar. Era a mediados de julio y el público, compuesto en su mayoría por jóvenes, se desternillaba con las ocurrencias del trío protagonista. Al salir, viendo las caras de satisfacción de la gente, tuve la certeza de que el mundo puede ser un lugar acogedor (a veces...).

Y, sin embargo, y a pesar del enorme sentido del humor que destilan sus diálogos, la historia que cuenta la película dista mucho de ser una comedia. Fundamentalmente, porque la muerte planea a lo largo de la trama con una insistencia como mínimo estremecedora. Pero también porque nos recuerda que todo está conectado y que las casualidades, por más asombrosas que parezcan, ponen de manifiesto la misteriosa matemática que rige nuestros destinos.



Tu vida en 65' es, en esencia, un filme que habla de la amistad, rodado con un estilo fresco y dinámico, deudor, en buena medida, del lenguaje publicitario. Aunque tiene bastante, además, del vitalismo que Albert Espinosa, guionista y autor de la pieza teatral en la que se basa, suele transmitir a todo lo que hace. 

Estamos, pues, ante una cinta que lanza al espectador un mensaje clarísimo: carpe diem. ¿Por qué dejar para más tarde aquello de lo que luego podríamos arrepentirnos? La declaración de amor que no nos atrevimos a formular, la despedida que no tuvimos tiempo de prever: enigmas e imprevistos que un veinteañero como Dani (Javier Pereira) comienza a vislumbrar frente a una lavadora en marcha.


domingo, 8 de octubre de 2017

El laberinto del fauno (2006)




Director: Guillermo del Toro
Méjico/España/EE.UU., 2006, 118 minutos

El laberinto del fauno (2006)


A la ya prevista visita para esta tarde de Guillermo del Toro a la Filmoteca se unía, a última hora y para sorpresa de los asistentes, el actor Sergi López. De modo que han sido ambos quienes finalmente han presentado El laberinto del fauno, la película con la que triunfaron hace ya más de una década.

Valiéndose de un tono distendido y con profusión de tacos, el director mejicano ha explicado que, siendo muy pequeño, su abuela lo inició en los misterios del pecado original. Algo que él no llegó a comprender muy bien, pero que supuso que le pusieran chapas en las plantas de los pies como pequeña mortificación que le restase años de permanencia en el Purgatorio. Aunque el verdadero litigio, entre madre y abuela, comenzó cuando la primera descubrió lo que le habían hecho...



Por esas mismas fechas comenzó a leer revistas de cine, lo que le llevaría a idear sus propios efectos especiales caseros, que filmaba con una cámara de Súper-8. Luego recibiría las enseñanzas de su mentor, Emilio García Riera, historiador del cine mejicano e hijo de una exiliada republicana, de donde tal vez le viniese el interés por situar la película hoy presentada en la inmediata posguerra.

Por su parte, Sergi López ha recordado cómo, durante el rodaje, del Toro le increpaba cada vez que se le escapaba el acento catalán: "¡Otra vez el fuet!" Señal de que es un director que está pendiente de todo. De hecho, le convenció para interpretar al pérfido Vidal durante una comida, en la que, sin haber escrito aún el guion, le contó la historia con todo lujo de detalles.



Más anécdotas: el Hombre Pálido debía, en un principio, tener una cara hiperrealista de viejo. Pero en el último momento tuvo la genial ocurrencia de sustituirla por las manos con ojos, decisión que acarreó no pocas discusiones con los catalanes David Martí y Montse Ribé, quienes finalmente ganarían el Oscar al mejor maquillaje. Y en cuanto al sonido, tan importante en esta película como lo que se ve en pantalla, recuerda del Toro que dedicaron toda una pista al chirriar del cuero de Vidal en botas y demás elementos de su atuendo.

Bromea sobre el próximo estreno de su nueva peli, La forma del agua: "A finales de enero estará en los cines (y a finales de diciembre en el eMule...) Pero no: ¡ustedes véanla en pantalla grande, que es lo mejor! Aunque éste es un argumento patético, que después nadie cumple..."



En fin: comienza la proyección. Todo un mundo de fantasía procedente de los cuentos de hadas, mezclado con el contexto histórico de los maquis y la represión franquista. Aunque, a nivel historiográfico, el rigor es relativo, puesto que los uniformes que lucen los oficiales no son exactamente los reglamentarios de aquella época: diríase que, en aras de sublimar lo que de sueño y de pesadilla tiene El laberinto del fauno, se optó por estilizar detalles que, como éste, le habrían dado un toque excesivamente realista.

Lo cual nos lleva a preguntarnos si es más cierta la vida que lleva Ofelia (Ivana Baquero) junto a su madre (Ariadna Gil) que la que intuye en una dimensión paralela habitada por ninfas, engendros y otros prodigios. Los oficinistas grises, siempre prontos a quedarse en la superficie de las cosas, dijeron en su momento que todo era una ensoñación de la niña para huir de la sordidez del ambiente que la rodea. Craso error, que ni todo es tan evidente ni las cosas son tan fáciles: ¿y si resultase que el mundo real es el que se esconde bajo tierra y las penurias derivadas de la Guerra Civil apenas un mal sueño? Tal vez por eso a Guillermo del Toro le gusta citar una frase de Kierkegaard que resume a la perfección el desenlace de su película: «El tirano muere y su reino termina; el mártir muere y su reino comienza.»


sábado, 17 de diciembre de 2016

Cerca de tu casa (2016)




Director: Eduard Cortés
España, 2016, 93 minutos

Cerca de tu casa (2016) de Eduard Cortés


No era fácil el reto que se había marcado Eduard Cortés con Cerca de tu casa (2016): llevar a cabo un musical sobre los desahucios producidos en nuestro país a consecuencia de la crisis económica conlleva sus riesgos, más que nada porque ni el tema parece prestarse a ello ni tampoco el público potencial de una película de semejantes características ha demostrado valorar la propuesta. 

En su planteamiento estrictamente dramático, la historia peca un tanto de simplista al ir cayendo sucesivamente en la mayoría de tópicos que cabía esperar: personajes planos sin profundidad psicológica, maniqueísmo de la dicotomía banqueros versus afectados, victimismo panfletario, una (en nuestra opinión) fallida subtrama con los policías, en un claro intento de mostrar que quienes desalojan también tienen sus propios sentimientos...



Tampoco los actores del reparto ofrecen siempre la credibilidad necesaria en un filme de temática social, pese a contar con figuras de la talla de Lluís Homar. Puede que Oriol Vila y Victòria Pagès aporten algo más de verosimilitud en sus papeles de empleados de una entidad financiera, o Adriana Ozores y Manuel Morón como padres avaladores. Pero Ivan Massagué vendiendo alarmas antiincendios...

Sin embargo, y a pesar de todo lo dicho, es necesario aplaudir la valentía de una producción que se atreve a ofrecer algo más de lo que viene siendo habitual en el cine español y en cuyo lirismo se percibe la impronta de musicales de Jacques Demy como Une chambre en ville (1982). Destacan por su belleza escenas como la coreografía de Sol Picó en el andén de una estación, donde los usuarios acabarán cayendo a las vías en sutil alusión a los impulsos suicidas de Sonia, interpretada por una debutante Sílvia Pérez Cruz, autora también de la música y en cuya voz reside buena parte de la fuerza de la película.