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jueves, 29 de junio de 2023

Amantes criminales (1999)




Título original: Les amants criminels
Director: François Ozon
Francia, 1999, 96 minutos

Amantes criminales (1999) de François Ozon


Inspirada libremente en personajes y situaciones que hasta cierto punto podrían considerarse una versión moderna de "Hansel y Gretel", Les amants criminels (1999) se sumerge, sin embargo, en un territorio oscuro y perturbador que bebe de referentes cinematográficos tan reconocibles como, por ejemplo, La noche del cazador (1955), Psicosis (1960) o, sobre todo, Bonnie and Clyde (1967), fusionando elementos de estos clásicos para crear una narrativa cautivadoramente desafiante.

A tal efecto, Ozon se sirve del suspense de una atmósfera inquietante para construir la tensión emocional que impregna cada escena de la trama, de tal modo que la película juega con imágenes oníricas ligeramente surrealistas, como si de un cuento de hadas se tratase, sumergiendo a los personajes en un mundo de pesadilla donde los límites de la realidad y la fantasía se difuminan.



Así pues, se expone el caso de dos adolescentes, Luc (Jérémie Renier) y Alice (Natacha Régnier), dispuestos a todo para satisfacer su amor prohibido. De hecho, la dinámica entre los protagonistas refleja la misma intensidad y pasión destructiva que caracteriza a otras célebres parejas de fugitivos inmortalizadas por el cine, si bien Ozon no teme explorar los aspectos más oscuros de la naturaleza humana, llevando al espectador hacia un terreno de consecuencias inesperadas y retorcidas cuyo epicentro se encuentra en una sórdida cabaña perdida en mitad del bosque.

En definitiva, con Les amants criminels Ozon lograba crear una experiencia cinematográfica aún imperfecta, cierto, pero donde, medio en broma medio en serio, ya se atrevía a desafiar las convenciones sociales (y sexuales) al confrontar al espectador con el lado más oscuro del deseo humano. Una obra fascinante, repleta de continuos saltos temporales, que no deja indiferente a quienes se adentran en su turbulento universo visual.



viernes, 20 de enero de 2017

El puente de las Artes (2004)




Título original: Le pont des Arts
Director: Eugène Green
Francia, 2004, 126 minutos

El puente de las Artes (2004) de Eugène Green


¡Más Green! La entrega de hoy nos traslada a un París a orillas del Sena en el que los personajes (puro intelecto) disfrutan con la música de Monteverdi y se extasían con los sonetos de Miguel Ángel. Y, sin embargo, se trata de un filme muy Nouvelle vague, con ese amor más poderoso que la muerte entre Pascal (Adrien Michaux) y la cantante Sarah (Natacha Régnier) que tanto recuerda a las películas de Truffaut. De hecho es él quien le da un aire a Jean-Pierre Léaud.



Aun así, el realizador francobárbaro no puede evitar las continuas referencias culturalistas, que generalmente remiten a la Edad Media o al Barroco: algunas, las de tipo musical, son fácilmente reconocibles. Otras, en cambio, son muchos más sutiles. Como el personaje interpretado por Denis Podalydès: Guigui, alias el Innombrable. A primera vista se diría que nos hallamos ante la versión erudita del profesor de jazz que, una década más tarde, le tocará padecer al baterista de Whiplash (2014). Pero no: se trata de algo mucho más profundo. La clave nos la aporta esa extraña onomatopeya que profiere continuamente: "¡Eu!, ¡Eu!" La misma que Santa Hildegarda (Hildegard von Bingen) atribuía al diablo a mediados del siglo XII en su Ordo Virtutum, drama litúrgico sobre la lucha del alma entre las virtudes y el maligno.



Plano contra plano; actores que miran fijamente a cámara... El estilo de Eugène Green es el propio de alguien que llegó tardíamente al cine procedente del mundo del teatro y la literatura: tenía 54 años cuando debutó en la dirección en 2001. Sus referentes son, por tanto, muy distintos de los habituales en el cine contemporáneo (tan poco dado, por otra parte, a los arrebatos espirituales), pero, por ello mismo, deberían hacer las delicias de cualquier alma sensible que se atreva a asomarse a su filmografía.


miércoles, 18 de enero de 2017

El hijo de José (2016)




Título original: Le fils de Joseph
Director: Eugène Green
Francia/Bélgica, 2016, 115 minutos

El hijo de José (2016)


Dice Eugène Green que él no nació en Estados Unidos sino en Barbaria, al tiempo que anuncia una oleada de barbarización a escala planetaria. Lo ha dicho esta tarde/noche en la Filmoteca de Catalunya durante la presentación del ciclo Eugène Green: el cineasta barroco. Y, acompañándolo, la actriz Maria de Medeiros, de quien Esteve Riambau ha señalado medio en broma que han adoptado estos últimos días, dado lo mucho que se prodiga últimamente por allí (y todavía tiene que volver otra vez para presentar Airbag).

Justo antes de comenzar la proyección de la recién estrenada Le fils de Joseph, Green se dirige a la concurrencia haciendo gala de su sentido del humor: "Mi cine es muy peculiar, por eso no me molestaré si en mitad de la película se levantan ustedes y se marchan: ya estoy acostumbrado." Esto último, por suerte, no llega a suceder (el público de la Filmo sabe lo que se hace...), pero sí que es bastante palpable la primera parte de su afirmación: mirando directamente a cámara, valiéndose del plano contra plano en muchos diálogos, Green obliga a los actores a recitar el texto como lo hubieran hecho los personajes de Corneille o de Racine. Dicha frontalidad ha llevado a Esteve Riambau a decir que el suyo es un cine de la parole, lo que en francés vendría a ser el uso concreto de la lengua.

Texto del que los intérpretes, por cierto, no tienen permitido cambiar ni una coma. Maria de Medeiros bromea al respecto: "Sólo me atreví a sugerirle una pequeña adición una vez... ¡y se lo comenté con tres semanas de antelación!" La frase, todo sea dicho, se mantuvo en el montaje final: es aquella, pronunciada en plena embriaguez durante una fiesta, en la que Violette Tréfouille, la extravagante crítica literaria interpretada por Medeiros, habla de Marcel Proust como si aún viviese y afirma "que últimamente ya no es el que solía".



Viendo El hijo de José es fácil que nos vengan al pensamiento los nombres de Manoel de Oliveira o de Robert Bresson. A requerimiento de un espectador, Green admite la influencia del cineasta francés, si bien en Bresson no hay sentido del humor. Es curioso, al respecto, cómo Green pone en boca del personaje de Vincent (Victor Ezenfis) determinados chistes lingüísticos que bien podrían pasar por enigmàrius de los que Màrius Serra propone a sus oyentes de Catalunya Ràdio. De hecho, nos regala otro, en vivo y en directo, a los presentes en la Sala Chomón, al traducir cocktail por "cola de gallo".

De todos modos, si algo transmite Le fils de Joseph es espiritualidad (que no misticismo). Más aún: Maria de Medeiros ha hablado de étonnement ('asombro', 'estupefacción'). Esos silencios, junto con lo cuidado del sonido ambiente, son el mejor aliado para tratar una historia de resonancias bíblicas que Eugène Green ha querido relacionar con los nuevos modelos de familia. En ese sentido, el filme vendría a demostrar que la verdadera paternidad tiene poco que ver con la genética y mucho con el afecto. Por eso Vincent decide vengarse de su padre biológico, el editor Oscar Pormenor (Mathieu Amalric), y enseguida se siente atraído por Joseph (el belga Fabrizio Rongione), sin saber que, en realidad, este último es su tío. Claro que, si Vincent, hijo de Joseph y de Marie (Natacha Régnier), el mismo que mortifica a la rata Gargantúa, el mismo que sufre de manía persecutoria hacia Pormenor, el mismo que en determinados momentos parece un personaje de Haneke, debe ser equiparado con Jesús... Entonces se abren un montón de inquietantes posibilidades que nos llevan a pensar cuánto tardarán las fuerzas reaccionarias (la barbarie que tanto detesta Green) en acusarlo de blasfemo. El tiempo lo dirá.