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martes, 9 de junio de 2026

Backrooms (2026)




Director: Kane Parsons
EE.UU./Canadá, 2026, 110 minutos

Backrooms (2026) de Kane Parsons


El enorme impacto suscitado por los vídeos que Kane Parsons ha ido publicando en YouTube durante los últimos años ha motivado que el joven, apenas un veinteañero, debute en la dirección con Backrooms (2026), interesantísimo ejercicio de terror psicológico en el que puede reconocerse, con relativa facilidad, el eco de Ari Aster o David Lynch e incluso, hilando más fino, del Kubrick de El resplandor (1980) y hasta del último tramo de 2001 (1968). Todo un complejo entramado de dimensiones paralelas, de los sucesivos presentes que ocuparon un mismo espacio, en cuyo interior quedan atrapados los personajes, víctimas de quién sabe qué traumas que tal vez proyectan sobre su entorno más inmediato.

No faltan, como suele suceder en estos casos, voces críticas respecto a un planteamiento que consideran gratuito, cuando no oportunista, equiparándolo con fenómenos precedentes en la línea de El proyecto de la bruja de Blair (1999) y similares. Sin embargo, no es menos cierto que, ya desde los tiempos de Orson Welles y su mítica versión radiofónica de La guerra de los mundos, la industria permanece siempre atenta a fichar a jóvenes promesas que pudieran reeditar en la gran pantalla el éxito de audiencia previamente obtenido en otros medios, ya fuesen la radio en aquel lejano 1938 o las plataformas y redes sociales de hoy en día.



Así pues, y en complicidad con A24, Parsons invierte sus diez millones de dólares de presupuesto en una historia de terror liminal que saca partido, con bastante acierto (todo hay que decirlo), al concepto de "no lugar" o espacios de transitoriedad, término acuñado por el antropólogo francés Marc Augé para referirse a tantísimas áreas de la vida moderna (aeropuertos, autopistas, oficinas...) pensadas para deambular por ellas, pero nunca para establecerse. Parábola física sobre la soledad del siglo XXI, dicha noción nos recuerda que el lugar más terrorífico del mundo no es una cripta gótica ni una cabaña perdida en mitad del bosque, sino un pasillo interminable alfombrado donde nadie sabe tu nombre y del que, por definición, no se puede salir.

En ese orden de cosas, el personaje de Clark (Chiwetel Ejiofor) transmite de manera desgarradora la desesperación del hombre moderno que a menudo prefiere perderse en la irrealidad amarilla de corredores laberínticos antes que afrontar su fracaso en el mundo real, mientras que Mary (Renate Reinsve) dota a la trama de una mirada clínica y empática indispensable para que no nos desentendamos de la historia, una obra de horror conceptual profundamente arquitectónica, existencialista y desoladora.



domingo, 28 de diciembre de 2025

Valor sentimental (2025)




Título original: Affeksjonsverdi
Director: Joachim Trier
Noruega/Alemania/Dinamarca/Francia/Suecia/Reino Unido/Turquía, 2025, 133 minutos

Valor sentimental (2025) de Joachim Trier


Una de las sensaciones del año que está a punto de acabar ha sido, sin lugar a dudas, Valor sentimental (2025). Hasta el extremo de que se la compara con el cine de Bergman, probablemente porque uno de sus protagonistas es un director de cine que en el pasado, como hiciera a menudo el maestro sueco, mantuvo diferentes relaciones sentimentales con varias de sus actrices. Aunque el parecido va mucho más allá, considerando la minuciosa disección que se lleva a cabo de los lazos familiares entre el susodicho y sus dos hijas.

Aun así, el ejercicio metacinematográfico que lleva a cabo el noruego Joachim Trier, a partir de un libreto escrito en colaboración con Eskil Vogt, concede enorme protagonismo a la casa familiar, espacio que, por su trascendencia dentro de la lógica interna del relato, termina adquiriendo la relevancia, a nivel simbólico, de un personaje más. A este respecto, resulta enormemente significativa la escena inicial, en la que la voz en off de la narradora describe cómo una de las niñas, cuando era pequeña, escribió una redacción en la que imaginaba que el edificio tenía vida propia.

La casa, torcida y resquebrajada, es una metáfora de la familia


Son diversas las generaciones que han desfilado por su interior, si bien ahora el padre se plantea, tras el fallecimiento reciente de su ex mujer, rodar allí mismo la que será su última película. Lo cual implica otro motivo más de discordia entre el viejo Gustav Borg (Stellan Skarsgård) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas) y Nora (Renate Reinsve). Sobre todo con esta última, quien, dada su condición de hermana mayor, siempre ha sido la más inestable (buena prueba de ello es la secuencia de su ataque de miedo escénico durante los primeros instantes de una representación teatral).

Por si lo anterior no fuese poco, la irrupción de una estrella internacional (Elle Fanning) como reclamo publicitario que encabece el proyecto, a la par que musa del cineasta, sitúa a la actriz en un plano de rivalidad con las hermanas que desestabilizará aún más la armonía doméstica. Innovadora puesta en escena ideada por Trier, dando pie a un juego ambiguo entre realidad y ficción, que, en definitiva, constituye el principal rasgo de originalidad de una cinta premiada en Cannes y que optará a ocho premios en la próxima edición de los Globos de Oro.



miércoles, 26 de febrero de 2025

La tutoría (2024)




Título original: Armand
Director: Halfdan Ullmann Tøndel
Noruega/Países Bajos/Alemania/Suecia/Reino Unido, 2024, 118 minutos

La tutoría (2024) de Halfdan Ullmann Tøndel


Padres y profesores discuten acaloradamente a causa de algo terrible que ha sucedido en el colegio. Un incidente entre alumnos de primaria que, sin embargo, podría llegar a considerarse agresión sexual. A los niños, aun así, sólo los vemos en las fotos que decoran los pasillos de una escuela vacía.

¿De qué trata realmente Armand (2024)? De entrada conviene señalar las similitudes de esta producción noruega con el planteamiento expuesto por Polanski, a partir de la obra teatral homónima de Yasmina Reza, en Un dios salvaje (2011). O, más en clave nórdica, con los dilemas a los que se enfrentaba la protagonista de Sala de profesores (2023). Filmes, todos ellos, en los que un grupo de adultos intenta dirimir sus diferencias con motivo de lo que hacen o dejan de hacer sus hijos o alumnos.



Sorprende, además, la insistencia con la que la cámara filma en primer plano los rostros de unos personajes que viven intensamente los hechos, ya sea la docente cuya nariz no cesa de sangrar o las madres aquejadas de misteriosos complejos que irán gradualmente aflorando conforme avance la acción. El caso es que el espacio queda en segundo plano porque el contexto académico resulta a todas luces una excusa para abordar las carencias afectivas y personales de todos ellos.

Debut en la dirección del joven Halfdan Ullmann Tøndel (Oslo, 1990), nieto de Liv Ullmann e Ingmar Bergman, nada más y nada menos, y galardonado con la Golden Camera en la última edición del festival de Cannes. Su original puesta en escena, que incluye secuencias oníricas y hasta de baile, ha recibido el elogio unánime de la crítica por, entre otras razones, explorar a fondo la complejidad de las relaciones humanas, en especial las paternofiliales.



viernes, 31 de enero de 2025

A Different Man (2024)




Director: Aaron Schimberg
EE.UU., 2024, 112 minutos

A Different Man (2024) de Aaron Schimberg


El tema de la máscara sirve de telón de fondo en A Different Man (2024) para construir una fábula de innegable regusto kafkiano. De hecho, un cierto aire de pesadilla flota a lo largo de este filme independiente que escribe y dirige Aaron Schimberg, sin que ello impida, al mismo tiempo, que la comedia negra haga acto de presencia en muchos momentos de la trama.

No cabe duda de que los particulares rasgos físicos del británico Adam Pearson, aquejado de neurofibromatosis y con quien ya colaborara el director en Chained for Life (2018), contribuyen a dotar al personaje de una potentísima carga expresiva que no es sino el reverso de lo que David Lynch planteaba en la mítica El hombre elefante (1980). Así pues, la progresiva transformación de Edward (Sebastian Stan) hasta convertirse en un atractivo espécimen no resuelve en absoluto sus dudas existenciales, sino que éstas se agudizan a partir del instante en el que irrumpe en escena el simpático Oswald (Pearson).



Nos hallamos ante un filme que dialoga en clave sarcástica con distintos mitos clásicos relacionados con la deformidad física y el deseo de llegar a ser otro. A este respecto, resulta relativamente fácil hallar ecos en él de un amplio abanico de referentes que van desde La bella y la bestia o El retrato de Dorian Gray, pasando por Jekill & Hyde o Cyrano (citado explícitamente cuando los personajes ven por la tele la versión de José Ferrer), hasta El fantasma de la Ópera o El jorobado de Nôtre-Dame. Coincidencias que en cierto modo pudieran hacerse vagamente extensivas a la más reciente La sustancia (2024).

Sin embargo, la falta de autoestima y la necesidad de encajar o de agradarle a su vecina, la dramaturga Ingrid (Renate Reinsve), pueden conducir a decisiones equivocadas que se acaban traduciendo en una profunda insatisfacción personal de fatales consecuencias. Algo que el protagonista experimenta en carne propia al constatar que la cirugía, en principio destinada a mejorar la percepción que los demás tienen de él, provoca en realidad efectos contraproducentes.