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sábado, 13 de julio de 2024

La víctima número diez (1965)




Título original: La decima vittima
Director: Elio Petri
Italia/Francia, 1965, 93 minutos

La víctima número diez (1965) de Elio Petri


Fantasía futurista adornada con algún que otro toque humorístico. En realidad, como se suele decir en estos casos, un vehículo para el lucimiento de Mastroianni (inusualmente teñido de rubio) y, sobre todo, de una escultural Ursula Andress que venía precedida de su aura de chica Bond. Lo cierto es que La decima vittima (1965) pudiera haber tenido algún interés en manos de, pongamos por caso, un director tipo Jean-Luc Godard, quien por aquellas mismas fechas andaba también metido en proyectos vagamente relacionados con la ciencia ficción, caso de Alphaville (1965).

Erotismo latente y diseño pop art, tanto de interiores como de vestuario, en una película cuyo argumento, adaptación de un relato de Robert Sheckley (1928-2005), plantea un mundo regido por computadoras en el que, alternativamente y hasta completar el cupo de diez muertes, a unos les toca el papel de víctimas y a otros el de asesinos. Todo debidamente retransmitido por televisión e incluso con patrocinadores. Curiosa manera de controlar y mantener a raya la violencia, convirtiéndola en espectáculo de masas, a no ser que se interponga la chispa del amor y haga de las suyas...



En principio, parece que el italiano Elio Petri era partidario de un enfoque serio de la historia, pero el todopoderoso Carlo Ponti, productor de la cinta, acabó imponiendo su criterio para llevarse el guion de Tonino Guerra y Ennio Flaiano a un terreno mucho más ligero (léase, comercial), con una fuerte influencia del mundo del cómic y los códigos visuales propios del lenguaje publicitario.

Lo curioso del caso es que, pese a lo intrascendente de su planteamiento, con el paso de los años esta inverosímil (a la par que amable) distopía colorista tenía todos los puntos para terminar convirtiéndose en filme de culto. Buena prueba de ello es la influencia que posteriormente ha ejercido sobre otros títulos, de entre los que destacan  la saga de Austin Powers o Los juegos del hambre.



domingo, 4 de noviembre de 2018

Hipnosis (1962)




Título original: Nur tote zeugen schweigen
Director: Eugenio Martín
Italia/España/Alemania, 1962, 83 minutos

Hipnosis (1962) de Eugenio Martín


La verdad es que el título de la versión alemana de esta película (algo así como Sólo los testigos muertos están en silencio) tenía mucha más enjundia que el anodino Hipnosis con el que se comercializó por estos pagos. En cualquier caso, héteme aquí que esta inusual coproducción hispano-italo-germánica sorprende hoy en día por motivos de muy diverso jaez.

En primer lugar por la original forma que tuvo la distribuidora Mercurio Films de promocionarla: "¡Grite, no se avergüence, le disculpará la tensión emocional de Hipnosis!", rezaba el eslogan publicitario que servía de colofón a los programas de mano.



Pero es que, por otra parte, el muñeco Grog, portento de la ventriloquia que no necesitaba de ventrílocuo para ir cascando quién es el asesino, era clavadito a Paco Morán, no sabemos si por casualidad o en un acto deliberado de mala leche por parte de la productora Procusa.

Protagonizada por un Jean Sorel tan bello como maligno, la cinta se ha convertido con el devenir de los años en título de culto del denominado cine giallo, admirado y objeto de interés cinéfilo como casi todo lo que dirigió el incombustible Eugenio Martín.