domingo, 28 de junio de 2015

Alma rebelde (1943)












Título original: Jane Eyre
Director: Robert Stevenson
EE.UU., 1943, 97 minutos

Alma rebelde (1943)


De las muchas adaptaciones que se han llevado a cabo de la novela de Charlotte Brontë, esta Jane Eyre dirigida por Robert Stevenson en 1943 (que se estrenó en España con el melodramático título de Alma rebelde) tiene el aliciente de contar con la participación de Orson Welles en uno de los papeles principales, guion del escritor Aldous Huxley (autor de Un mundo feliz) y banda sonora de Bernard Herrmann (el mismo compositor que posteriormente trabajaría para Hitchcock y que ya había compuesto la música para los dos primeros largometrajes de Welles).

Posee también el atractivo de ser una de la primeras apariciones en pantalla de la futura estrella Elizabeth Taylor, quien tenía por aquel entonces apenas 11 años y que, a pesar de no figurar en los títulos de crédito, interpreta el papel de Helen Burns, la niña amiga de Jane durante su infancia e injustamente castigada junto con ella, pero que no gozará de la misma suerte que la protagonista.

Tras el impactante debut que supuso Ciudadano Kane y la posterior decepción de El cuarto mandamiento, Orson Welles se vio obligado a aceptar ocasionales participaciones en proyectos ajenos, de los cuales Alma rebelde sería uno de los primeros. Su Edward Rochester tiene el desenfreno de un caballo desbocado, el mismo del que se cae cuando Jane Eyre (Joan Fontaine) se cruza en su camino una lóbrega noche de tormenta, debido al inconfesable secreto que se esconde tras los muros de Thornfield Hall.





El secreto de Thornfield Hall se acaba de desvelar...
Alma rebelde (1943)

La noche que aterrorizó a América (1975)













Título original: The Night That Panicked America
Director: Joseph Sargent
EE.UU., 1975, 92 minutos




Al año siguiente de estrenar Pelham 1.2.3., el italoamericano Joseph Sargent (fallecido el pasado 22 de diciembre) dirigió este telefilme basado en la popular emisión radiofónica en la que Orson Welles adaptaba La guerra de los mundos de H.G. Welles.

Por una parte, se muestra a los actores en el estudio de radio llevando a cabo su trabajo con total entrega bajo la batuta de Orson Welles; por otra, se van alternando diversas tramas protagonizadas por crédulos oyentes que se dejan arrastrar por el pánico: un matrimonio al borde del divorcio, un granjero y su hijo, una fiesta burguesa en San Francisco, la hija de un predicador que se debate entre su padre y su novio católico...

Uno de los aciertos del telefilme es que deja constancia de los entresijos que rodearon la producción más célebre del The Mercury Theatre on the Air. Como, por ejemplo, el hecho de que la censura prohibió que se imitase al presidente Roosevelt. Aunque, de todas formas, se incluyó igualmente la declaración institucional pronunciada por un actor que lo parodiaba a la perfección, diciendo, eso sí, que quien se estaba dirigiendo a los oyentes era el Secretario de Estado.

Una voz en off va enumerando cronológicamente los hechos acaecidos la noche del 30 de octubre de 1938 hasta que, finalmente, la policía irrumpe en los estudios de la CBS: el escándalo estaba servido y se iniciaba la leyenda.




Paul Shenar como Orson Welles
Algunos efectos de sonido se llevaron a cabo en el inodoro
Orson Welles en plena emisión


sábado, 27 de junio de 2015

The Magic Show (1976-1981)











Título original: Orson Welles' Magic Show
Director: Orson Welles
EE.UU., 1976-1981, 26 minutos

Otro de los tesoros restaurados por el Museo del Cine de Munich. En este caso, diversas secuencias de la emisión televisiva Orson Welles' Magic Show. La afición de Welles por el ilusionismo es sobradamente conocida y aquí lo veremos hacer aparecer un ganso de la nada o a una muchacha a través del tiempo, adoptando (en uno de los números) la apariencia del misterioso Abu Khan.

Para la "peligrosa" escena de los disparos, Welles cuenta con la participación estelar de la actriz Angie Dickinson.

Hipnotizando al ganso
Orson Welles (centro) caracterizado como Abu Khan
El Rey muestra un rey...

El requesón (1962)










Título original: La ricotta
Director: Pier Paolo Pasolini
Italia, 1962, 35 minutos

Incluido en el film colectivo Ro.Go.Pa.G. (acrónimo de Rossellini, Godard, Pasolini y Gregoretti, directores de los respectivos fragmentos que lo conforman), Orson Welles interpreta a un director de cine que dirige una película sobre la pasión de Cristo. Interrogado, durante una pausa del rodaje, por un periodista a propósito de Italia, el cineasta responde: "Un país de analfabetos, con una burguesía inepta". A la pregunta "¿Qué opina de Federico Fellini?" contesta por dos veces: "Él danza... Él danza".

Rodado parcialmente en color y en blanco y negro, Pasolini se muestra con el segmento que dirige de lo más irreverente, ya que se atreve a mezclar un pasaje bíblico con la muerte por indigestión de uno de los extras, así como música rock e incluso el striptease de una de las actrices.



Welles y Pasolini durante el rodaje de La ricotta (1962)

O. W. Kenosha (2009)












Director: Carlos Benpar
España, 2009, 21 minutos

Carlos Benito Parra (es decir, Carlos Benpar) dirige este cortometraje en el que una joven viaja hasta Kenosha (Wisconsin), la ciudad natal de Orson Welles, para intentar conocer mejor los orígenes del cineasta. Allí entra en contacto con diferentes personalidades que le irán aportando información sobre Welles y su familia. 

La madre, Beatrice Ives Welles, fue una concertista de piano y defensora del sufragio femenino que inculcó en el pequeño el interés por las artes desde su más tierna infancia: se dice que ya a los dos años le recitaba las obras de Shakespeare. El padre, Richard Head Welles, fue un inventor e industrial del sector automovilístico que acabó cayendo en la bebida.

Cuando a los nueve años el niño queda huérfano de madre, el doctor Bernstein se convertirá en su tutor legal, quien lo enviará a la Todd School para chicos de Woodstock (Illinois) donde Welles acabará sintiendo definitivamente la atracción por lo artístico.

Siendo ya una celebridad, parece ser que en alguna ocasión a Orson Welles se le escapó decir que Kenosha era un pueblucho de mala muerte. Pero el propietario de una tienda muestra una carta fechada en 1937 en la que el actor y director lo desmiente.



jueves, 25 de junio de 2015

Fraude (1973)










Título original: F for Fake (Question Mark)
Director: Orson Welles
Francia/Irán/Alemania, 1973, 89 minutos





Fraude ha sido definido como film ensayo o film collage. En todo caso, amén de ser la última película estrenada por Welles (sin contar trabajos inacabados o para la televisión), fue una obra completa y absolutamente incomprendida en su momento cuando, en realidad, su autor se avanzó bastante a su tiempo. Hoy en día se nos ofrece como una cinta fresca y dinámica, de ritmo trepidante, quizá porque lo que en aquel entonces pareció experimento gratuito ahora es visto como magistral ejercicio de montaje fragmentado.

Y eso que buena parte de las imágenes que vemos en pantalla no fueron ni filmadas por Welles ni pensadas originalmente para formar parte de esta película. Muchas proceden de un documental de François Reichenbach para la televisión francesa sobre el falsificador de cuadros Elmyr de Hory, quien, por otra parte, es una de las figuras centrales de Fraude. Otras, de una película de ciencia ficción de serie B en blanco y negro titulada Earth vs. the Flying Saucers (dirigida por Fred F. Sears en 1956). Y, finalmente, del material rodado por el propio Welles en Ibiza, París y el sur de Francia.

Acompañado por la música de Michel Legrand y ataviado con una capa y sombrero de ala ancha, Welles ejerce de maestro de ceremonias que se presenta a sí mismo como charlatán e ilusionista. Que nadie se extrañe, por tanto, si lo que va a contarnos no es exactamente ni verdad ni mentira sino todo lo contrario...

Interesantísma reflexión sobre los límites del arte (o, parafraseando a Walter Benjamin, sobre "la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica"), Fraude es al mismo tiempo un autorretrato de su autor así como un descarado homenaje voyeurista a Oja Kodar, la actriz y modelo croata que por aquel entonces era la musa y compañera sentimental de Orson Welles en la vida real.



Vicios de Filmoteca








El programa El séptimo vicio de Radio 3 / RNE ha clausurado hoy su primera temporada de emisiones en directo desde la Filmoteca de Catalunya en Barcelona. La sesión ha contado con la dramatización de varios fragmentos de producciones radiofónicas de Orson Welles: Drácula, La isla del tesoro y La guerra de los mundos.

En la breve entrevista que el director del programa, Javier Tolentino, ha realizado a Esteve Riambau, director de la Filmoteca, este último ha hecho balance de los actos de celebración del centenario de Welles. De las conferencias que tuvieron lugar dentro del simposio internacional ha destacado especialmente la llevada a cabo por Stefan Drössler sobre la hasta ahora poco conocida vinculación entre Welles y Alemania.

Para finalizar se ha proyectado Fraude (1973).

Javier Tolentino

miércoles, 24 de junio de 2015

Las truchas (1978)



Director: José Luis García Sánchez
España, 1978, 99 minutos

Visto con los ojos de hoy en día puede parecer sorprendente que Las truchas fuese proclamada ganadora del Oso de oro del Festival de Berlín. Pero así fue. La película, ciertamente, no ha envejecido bien, aunque hay que situarla en su debido contexto. Tras la dictadura, una vez derogada la censura de infausto recuerdo, se hacía necesario que los creadores pudieran dar rienda suelta a temas e ideas largamente reprimidos. Era un sarampión necesario, por así decirlo.

Manuel Gutiérrez Aragón participó en el guion sobre un extraño banquete que se ofrece en honor a una agrupación deportiva de pescadores de caña, cuyos miembros degustarán las truchas del título. Pero desde buen comienzo todo son pegas: una muchedumbre intenta asaltar el local, las truchas están en mal estado, los cocineros se declaran en huelga...

Y, ¿cómo no?, el consabido destape no podía faltar, claro. En esta mezcla entre lo intelectual (con música de Bach de fondo) y lo erótico, Las truchas se encuadraría en la misma línea de, por ejemplo, El anacoreta (1976). Aunque por lo excesivo de su planteamiento de base culinaria hay momentos en los que recuerda más bien a La gran comilona (1973).

Héctor Alterio, como, por otra parte, es habitual en toda su carrera, borda su papel de maître pefeccionista. También son destacables el chileno Lautaro Murúa como presidente del convite, Luis Ciges y Verónica Forqué en uno de sus primeros papeles.



En el centro, Verónica Forqué

Filmando 'Othello' (1978)











Título original: Filming 'Othello'
Director: Orson Welles
Alemania, 1978, 84 minutos

En este ensayo cinematográfico que Orson Welles rodó para la televisión alemana en 1978, nos explica junto a una moviola cómo se gestó el rodaje de su versión de Otelo. Todo comenzó en Roma, cuando un productor que había quedado impresionado por su papel en Cagliostro le abordó diciéndole: "Dobbiamo fare Othello!" Pero lo que debía ser una coproducción entre Italia y Francia, acabaría siendo primero una película exclusivamente italiana y después un film apátrida que ganó el Festival de Cannes bajo bandera marroquí.

En una conversación informal entre Hilton Edwards (Brabantio), Micheál MacLiammóir (Iago) y el propio Welles, debaten sobre la verdadera esencia de Otelo. Si en la versión de Laurence Olivier se insinuaba la homosexualidad de Otelo, Welles optó por convertir la impotencia en la fuente de sus males. Por cierto que en este coloquio entre los tres actores Welles insertó a posteriori los primeros planos de sus intervenciones, lo cual da pie a un curioso fallo de rácord con una botella de agua mineral Evian que alternativamente aparece y desaparece.

Por último, Welles departe con un grupo de espectadores de Boston tras una proyección del filme. Interrogado sobre el uso de la profundidad de campo en sus películas, reconoce la influencia del pintor renacentista Vittore Carpaccio (1460-1520). Alguno de ellos le pregunta por su Voodoo Macbeth y de cómo después reutilizó el mismo concepto para la escenografía de la versión cinematográfica, a lo que contestará recalcando que "el verdadero cineasta es aquel que sabe dominar las catástrofes y trabajar con ellas (aunque él no haya sido el responsable de haberlas generado)."

De vuelta a su moviola, y a modo de despedida, Welles sucumbe a un arrebato nostálgico: "Ojalá que Otelo no fuera parte del pasado sino del futuro, porque esa sí que sería una película maravillosa".


Dos momentos del rodaje de Othello junto a Suzanne Cloutier (Desdémona)

Los apuros de un pequeño tren (1953)












Título original: The Titfield Thunderbolt
Director: Charles Crichton
Reino Unido, 1953, 84 minutos

Los apuros de un pequeño tren (1953)


El director Charles Crichton es especialmente recordado por su última película: Un pez llamado Wanda (1988). Mucho tiempo antes, sin embargo, había dirigido para los estudios Ealing esta comedia en Technicolor sobre una vieja locomotora: la mítica Lion.

Resulta divertido comprobar cómo todos los lugareños se implican en este tour de force con tal de evitar que se cancele la línea de ferrocarril que une las localidades de Titfield y Mallingford. Para ello deberán superar incontables obstáculos, lo cual da pie a unos gags muy en la línea de la tradición slapstick y de la screwball comedy, aunque también recuerda bastante a los dibujos animados de la época.

Entre los momentos memorables de mayor hilaridad en Los apuros de un pequeño tren se podría citar, por ejemplo, el de los propios pasajeros ayudando a transportar agua desde el río para llenar la caldera de la locomotora sirviéndose de una variedad muy heteróclita de recipientes.



martes, 23 de junio de 2015

Manolo, guardia urbano (1956)












Director: Rafael J. Salvia
España, 1956, 83 minutos




"Típica comedia costumbrista". He ahí la habitual coletilla con la que se suele calificar a no pocas películas rodadas durante el franquismo. En el caso de Manolo, guardia urbano (1956) casi casi podríamos incluso añadir el adjetivo propagandística, ya que la finalidad de este film escrito y dirigido por Rafael J. Salvia no parece ser otra sino ensalzar la tarea de uno de los cuerpos de seguridad del Estado. Así pues, el adorable Manolo Martínez encarnaría al ideal de hombre de la dictadura (campechano, simplón, dócil) en su doble función de protagonista de la historia y modelo para el espectador. Vamos: que la gente debía salir del cine pensando "¡Qué salao que es este tío!", "¡Qué majos son los agentes de la guardia urbana!" y "¡Cómo me gustaría parecerme a este Manolo!"

Y poco más se puede añadir de una película cuya trama es más bien un pretexto repleto de tópicos y lugares comunes: un bebé extraviado, un espontáneo que salta al ruedo (y que bebe los vientos por Paloma, la hija adoptiva de Manolo), un cura aficionado a las quinielas...

Lo que sí vale la pena destacar es el conjunto de secundarios que intervienen: Tony Leblanc, Ángel de Andrés, Pepe Isbert, Julia Caba Alba... E incluso, en apariciones fugaces, Antonio Ozores (como recepcionista de hotel) y Luis Sánchez Polack (el Tip del mítico dúo Tip y Coll, que interpreta a Gervasio, el criado fúnebre de un velatorio). 

Aunque los más entrañables de la nómina anterior son, sin duda, Nicolás D. Perchicot y Antonio Riquelme. El primero encarna a un veterano de la guerra de Filipinas que, en su delirio de grandeza, se ha ido ascendiendo a sí mismo en sus recuerdos hasta llegar a coronel). El segundo interpreta a Orfeo (tiene guasa el nombrecito): violinista ambulante de aspecto quijotesco que siempre afirma estar a punto de irse a París para actuar en una prestigiosa sala de conciertos, pero que vive realmente de dar el sablazo a cuantos se cruzan en su camino.

Filmando 'El Proceso' (1981)












Título original: Filming 'The Trial'
Director: Orson Welles
EE.UU., 1981, 82 minutos




Orson Welles nunca volvía a ver sus películas. De ahí que no se incorporara al coloquio sobre El proceso hasta después de la proyección que tuvo lugar en la Universidad del Sur de California el 12 de noviembre de 1981. A pesar de su sordera, el cineasta contesta a las preguntas del público con sentido del humor, aunque, respondiendo a una de ellas, admite ser un pesimista que, aun así, no pierde la esperanza.

También reconoce que la política le sigue interesando más que cualquier otra actividad, si bien sin el compromiso del que hizo gala en los años treinta y cuarenta. Respecto al estilo de otros directores, tampoco se muerde la lengua: del francés Abel Gance (fallecido apenas dos días antes) confiesa que su cine no le atrae, pese a admitir que enriqueció ampliamente el lenguaje cinematográfico con sus hallazgos.

Cuando le preguntan por sus proyectos inacabados, miente descaradamente al decir que en realidad solo fueron dos: Al otro lado del viento (bromea recordando que uno de los productores era cuñado del Shah de Persia) y Don Quijote (un ejercicio personal que debería acabar llevando por título Dime cómo vas a terminar de rodar Don Quijote). Ni un solo comentario sobre It's all true o The Deep, por citar solo dos ejemplos de proyectos que se vio forzado a abandonar...

Del rodaje propiamente dicho de El Proceso (1962), Welles recuerda cómo, estando de vacaciones en Austria con su familia, fueron a verle los Salkind para proponerle el proyecto. La opción inicial era adaptar Taras Bulba de Gógol (el escritor ruso preferido de Welles), pero dado que ya se estaba rodando una versión de la novela con Yul Brynner tal posibilidad quedó descartada. De una lista de ochenta títulos alternativos que presentaron los productores, Welles se acabaría decantando por El Proceso como la opción más factible. La película acabaría teniendo muy buena acogida (no tanto la actuación de Anthony Perkins, algo de lo que se responsabiliza Welles).

Planteó la película como si fuera un sueño, a partir de una interpretación muy sui generis de la novela: para Orson Welles Joseph K. sería realmente un joven ambicioso que pretende abrirse camino en la burocracia. Respecto al final, decidió cambiarlo para que se pareciese más a las consecuencias del nazismo: "Todos somos judíos después del Holocausto", afirma Welles.

Y entre los consejos y confidencias que el cineasta brinda a su auditorio, quizá resulte especialmente llamativa (por su más que probable carácter autobiográfico) la aseveración siguiente: "Existe el peligro de malacostumbrar a un director joven dándole demasiados medios para su primera película: en cine, el aprendizaje más importante estriba en buscar alternativas a nuestras carencias materiales para explicar igualmente una historia".


Welles y Perkins en París durante el rodaje de The Trial (1962)

lunes, 22 de junio de 2015

Los cuatro robinsones (1939)












Director: Eduardo García Maroto
España, 1939, 98 minutos



Pedro Muñoz Seca y Enrique García Álvarez habían escrito la astracanada homónima que ya se llevó al cine en 1926. En esta ocasión, además de la ya conocida historia de los cuatro amigos que fingen un crucero para librarse de sus aburridas esposas, pero que finalmente acaban de náufragos en una isla desierta, se incluyen diversos números musicales, algunos de ellos de contenido folclórico. 

En la primera de las mencionadas actuaciones, destaca el uso del plano cenital, a lo Busby Berkeley, para filmar el viraje de una bailaora flamenca sobre unas figuras geométricas en el suelo. Pese a todo, el modelo confeso de García Maroto era el director francés Réné Clair, de quien toma la idea de mezclar comedia, música y baile.

Disfrazados de chinos

De entre los actores, los más relevantes son Alberto Romea en el papel de padre serio de la chica, Mary Santpere y, en una de sus primeras apariciones, Fernando Rey. En cuanto a las escenas, por lo "exótico" de su trama resulta especialmente simpática la secuencia del cabaret chino. En fin...

Aunque hoy día una película como Los cuatro robinsones pueda parecer excesivamente ingenua, no hay que olvidar que la guerra civil española acababa de terminar y que, como es lógico, esta era la forma más fácil de evadirse de la triste realidad. En ese sentido, los chistes que se incluyen en los diálogos son de lo más blanco. Como aquel empleado que, preguntado por su jefe qué le parecería ir a la pesca del bonito, responde: "¡Ir a la pesca del bonito debe ser precioso!" O aquel otro que no duda en afirmar: "¡Antes morir que perder la vida!"






La huella del doctor Ernesto Guevara (2013)













Director: Jorge Denti
Méjico/Argentina, 2013, 124 minutos




La trayectoria del Che Guevara como héroe revolucionario e icono del siglo XX es de sobras conocida más o menos por todo el mundo. Mucho menos divulgado entre el gran público, sin embargo, es el itinerario que recorrió el joven argentino Ernesto Guevara Serna desde su Rosario natal hasta convertirse en médico y, solo más tarde, en un adalid del compromiso político. Diarios de motocicleta (2004) supuso ya una primera aproximación que ahora se ve ampliamente completada.

El documental de Jorge Denti repasa ese recorrido desde la infancia del muchacho, su paso por la universidad y las sucesivas etapas del viaje que emprende junto a sus compañeros Alberto Granado y Carlos "Calica" Ferrer a partir de 1952 y que le llevará por Bolivia, Perú, Guatemala, Nicaragua y Méjico, donde finalmente entrará en contacto con el grupo de exiliados cubanos liderados por Fidel Castro.

Los diferentes testimonios que intervienen ayudan a perfilar el carácter del hombre, así como su gradual toma de conciencia en función de las injusticias sociales de las que fue testigo directo en las múltiples escalas de su periplo sudamericano. Este es el caso, por ejemplo, de su hermano Juan Martín.

De enorme interés, por otra parte, son los fragmentos de la correspondencia entre Ernesto y su tía que, mediante una mínima animación, se nos van dando a conocer conforme avanza el metraje de la película. Será la ocasión de comprobar no solo su evolución política sino sobre todo la sensibilidad de alguien que amaba la poesía (conocedor de la obra de Rubén Darío, en Méjico frecuentó a León Felipe) y que se emocionaría enormemente tras el nacimiento de Hilda, su primera hija.

Aunque si el autor del documental insiste en titularlo La huella del doctor Ernesto Guevara no es por capricho, claro está: el futuro comandante 'Che' se destacó como un eminente médico, especialista en el tratamiento de la lepra y otras afecciones infecciosas que asolaban las zonas más deprimidas de Latinoamérica, llegando a publicar diversos ensayos sobre la materia. En un principio, pues, el doctor Guevara se alistó en el servicio de socorro médico de urgencia y las brigadas juveniles, llevado de una clara vocación internacionalista. De ahí a la concienciación política solo había un paso.



Cherry Pie (2013)












Director: Lorenz Merz
Suiza, 2013, 85 minutos




La protagonista de Cherry Pie es una muchacha que deambula sin rumbo fijo. Sin apenas dinero, intentando hacer autoestop, se mueve por gasolineras y áreas de servicio. El espectador se encuentra desprovisto de toda referencia, puesto que no sabemos ni de dónde viene ni hacia dónde va. Hay momentos en los que incluso se diría que estamos ante una de aquellas películas de arte y ensayo, tan al uso en la época de la Escuela de Barcelona, cuando José María Nunes, Joaquim Jordà, Romà Gubern o el recientemente desaparecido Vicente Aranda hacían de las suyas en la ciudad condal. Pero aquellas experimentaciones tenían su razón de ser (la época, el contexto social y político, la propia censura, que no era moco de pavo, daban pie a crear un cine en ocasiones críptico), mientras que lo propuesto por el joven realizador suizo Lorenz Merz se nos antoja algo más bien caprichoso.

Sea como fuere, su película es un canto a la desesperanza dividido en cinco capítulos. Así pues, Zoé (interpretada por la actriz Lolita Chammah) huye de todo y de todos (incluso de sí misma) hasta evaporarse al borde de un acantilado tras un misterioso ceremonial de excesos que la lleva a viajar en el maletero de un coche para terminar en un transbordador en mitad del océano. Lo demás es pura especulación: una mujer embarazada, una habitación de hotel, unos zapatos de tacón blancos, una extraña que bebe vodka y un pastel de cerezas mordisqueado...

Zoé (Lolita Chammah) y el pastel de cereza que da título a la peli

domingo, 21 de junio de 2015

Una historia inmortal (1968)











Título original: Une histoire immortelle / The Immortal Story
Director: Orson Welles
Francia, 1968, 58 minutos




Telefilme producido por la televisión francesa en el que Welles adapta un relato de Isak Dinesen. Teóricamente, debía haberse rodado íntegramente en París, pero a Orson Welles le dio por irse a Chinchón (Madrid) y allí, ni corto ni perezoso, con unos ideogramas por aquí y unos farolillos chinos por acullá, recreó el Macao colonial del siglo XIX en el que transcurre esta historia (inmortal o no).

Además del propio Welles en el papel de Mister Charles Clay, le acompañan en el reparto Jeanne Moreau como Virginie Ducrot, Roger Coggio como Elishama Levinsky y Norman Eshley interpretando a Paul, el marinero que se presta a hacer realidad la leyenda/fantasía del rico mercader por un puñado de guineas. También aparece fugazmente Fernando Rey al principio de la película.

La banda sonora la forman diversos pasajes de las siempre evocadoras GymnopédiesGnossiennes de Erik Satie.

Orson Welles como Mister Clay
Plaza Mayor de Chinchón


Retrato de Orson Welles (1968)












Título original: Portrait: Orson Welles
Directores: François Reichenbach y Frédéric Rossif
Francia, 1968, 41 minutos

La televisión francesa preparó este monográfico sobre Orson Welles en 1968. Dirigido por dos documentalistas de enorme relevancia (François Reichenbach y Frédéric Rossif), contiene diversos fragmentos de entrevistas en los que Welles departe relajadamente con los periodistas y se atreve a responder en un más que aceptable francés.

Con la actriz Jeanne Moreau interviniendo como presentadora, vemos también al cineasta en diversos momentos del rodaje de Una historia inmortal, en la cocina de su casa aliñando una ensalada, en el Festival de Cannes de 1966 presentando Campanadas a medianoche o en España filmando localizaciones para su Don Quijote.

Entre las declaraciones más destacables del actor y director cabe mencionar cómo llegó a Irlanda con apenas quince años con la intención de convertirse en pintor: recorría la isla en burro pasando penurias, aunque finalmente, cuando llegó a Dublín, optó por hacerse pasar por un importante actor de Brodway. Así comenzó, casi por azar, su carrera.

Cuando le preguntan por la revolución que supuso Ciudadano Kane, él sonríe y apenas responde con evasivas. Mucho más enérgico se muestra, en cambio, al aseverar sentado en una terraza en algún lugar del territorio español que no le hizo mucha gracia que los jóvenes críticos de Cahiers du Cinéma dijesen que Campanadas a medianoche era un pastiche de influencias de Dreyer (del que asegura no haber visto ninguna película). No comprende por qué esa obsesión de ciertos sectores de la crítica moderna en ver símbolos por todas partes.

En otra entrevista, Welles declara divertido cómo una tía suya desapareció misteriosamente en China durante una disputa entre conductores de calesa. O cómo conoció a Churchill (a quien le unía un cierto parecido físico): durante la proyección de un documental de guerra al que aún no se le había añadido la banda sonora, el político inglés iba haciendo él mismo el ruido de las explosiones... O, incluso, a pie de calle, responde a unos reporteros de Marie Claire que "la gente pasa la mayor parte de su vida sola, lo cual, más que una tragedia, forma parte de la condición humana". ¿Estaría pensando en sí mismo?

"Hice teatro porque quería ser pintor", Orson Welles
Jeanne Moreau, presentadora de Portrait: Orson Welles (1968)