Director: Fritz Lang
Alemania, 1927, 153 minutos
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| Metrópolis (1927) de Fritz Lang |
Argumento:
En el futuro, en la ciudad de Metrópolis solo existen dos clases de seres humanos: una minoría privilegiada de pensadores y una mayoría de trabajadores esclavizados. Los dos grupos son necesarios y se complementan, aunque viven separados en una sociedad aparentemente perfecta.
Pero un buen día, Freder —hijo del gobernador Joh Fredersen— decide seguir a una hermosa desconocida que ha irrumpido en su jardín rodeada de niños pobres y viaja tras ella al subsuelo. Allí tendrá ocasión de conocerla y se enamorarán. María, una especie de líder religiosa, le abrirá también los ojos a la realidad al descubrirle la explotación que está destruyéndolos.
Mientras tanto, el gobernador se da cuenta de esta situación y decide deshacerse de María. Así es que la raptan y le encarga a Rotwang —un científico a su servicio— la creación de un androide clonado a partir de ella.
El gobernador la envía entonces al subsuelo para confundir a los rebeldes con ideas “iguales” a las de María y así sembrar la discordia iniciando una rebelión entre los trabajadores.
Pero un buen día, Freder —hijo del gobernador Joh Fredersen— decide seguir a una hermosa desconocida que ha irrumpido en su jardín rodeada de niños pobres y viaja tras ella al subsuelo. Allí tendrá ocasión de conocerla y se enamorarán. María, una especie de líder religiosa, le abrirá también los ojos a la realidad al descubrirle la explotación que está destruyéndolos.
Mientras tanto, el gobernador se da cuenta de esta situación y decide deshacerse de María. Así es que la raptan y le encarga a Rotwang —un científico a su servicio— la creación de un androide clonado a partir de ella.
El gobernador la envía entonces al subsuelo para confundir a los rebeldes con ideas “iguales” a las de María y así sembrar la discordia iniciando una rebelión entre los trabajadores.
Comentario:
Metrópolis es una película precursora del tema apocalíptico y el colapso de la civilización, en este caso debido a la explotación que ejercen las clases acomodadas sobre los robotizados obreros. En su rodaje se emplearon alrededor de 750 actores de reparto y la friolera de 35.000 extras. Los efectos especiales son sobresalientes y adelantados para la época, aunque tratándose de una historia situada en el año 2000 su diseño de la “tecnología” del futuro se parece bastante a la de los años veinte y tiene, más bien, un valor estético y simbólico.
Pese a ello, los decorados y la iluminación logran una atmósfera de megalópolis muy efectiva que más adelante sería copiada en películas como Blade Runner (1982).
Metrópolis, última película del Expresionismo alemán, continúa siendo, sin embargo, una de las películas artísticamente más impecables de todos los tiempos y no solo en el apartado técnico, sino sobre todo por su derroche de fantasía abrumadora. Cada escena es toda una obra de arte por su perfecta combinación de iluminación, fotografía, minuciosos decorados y magnífico montaje. Desde el paraíso prefabricado del Club de los Hijos hasta las fábricas monumentales inspiradas en la antigua Babilonia, pasando por la nueva versión del mito de Frankenstein que es la mujer máquina, Metrópolis nos ofrece una impresionante sucesión de escenas absolutamente memorables.
Además, su argumento es de una complejidad y profundidad asombrosas, pese a lo inocente que en nuestros días pueda parecer su desarrollo. Se comienza con una dura crítica al capitalismo y su mecanización de la sociedad. Cómo el hombre, inventor de todo este montaje, está siendo víctima del trabajo sin darse cuenta de que lo que realmente ha creado es un instrumento mediante el que los más inútiles son los que acaparan toda la riqueza, mientras los trabajadores esclavizados sudan y sufren en sus puestos. Más tarde aborda otro gran tema: la religión. Nos habla de fanatismos, de la necesidad de encontrar un líder mediador en el que arroparnos para conseguir el diálogo y el entendimiento. También otros temas son tratados en Metrópolis, como el egoísmo, así como la rivalidad amorosa, el jugar a ser Dios y, en definitiva, las debilidades de la naturaleza humana.
Son, por otra parte, interesantes los paralelismos que se establecen entre diversos momentos del pasado y lo que en teoría nos depara el futuro: la quema de brujas como en la Edad Media, la vuelta a las catacumbas en las que se refugiaban los cristianos en tiempos del Imperio Romano, la rebelión de las masas similar a la acaecida en Francia en 1789… Y también son paralelas diferentes situaciones dentro del propio film, como los respectivos desfiles de obreros en el inicio y el desenlace de la historia: el primero en el cambio de turno y el segundo en las escaleras de la catedral.
La dirección de esta producción monumentalista es, por todo lo dicho, sencillamente espectacular. Y aunque a veces se noten las maquetas utilizadas, no hay que olvidar que estamos hablando de 1927. Sin duda, Metrópolis es una obra maestra de Fritz Lang, quien aunque luego supo rehacer una interesante carrera en Hollywood como director de Cine Negro nunca volvería a alcanzar los mismos niveles de audacia, esplendor y grandiosidad.
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| Brigitte Helm (centro) en un descanso del rodaje |
El Expresionismo:
El Expresionismo es un movimiento artístico surgido en Alemania a principios del siglo XX a partir de grupos de pintores. Hay que entenderlo como una deformación de la realidad para conseguir expresar adecuadamente los valores que se pretenden resaltar. Es decir, predomina la “expresión subjetiva” sobre la representación de la objetividad, así como las atmósferas cerradas y opresivas en las que se moverán los protagonistas. Los decorados, las luces, el vestuario y la interpretación sobria de los personajes serán elementos con valor simbólico que aspirarán a mostrar a través de la gran pantalla una óptica deformada de la realidad.
Llegará al cine de forma tardía, con El gabinete del doctor Caligari de Robert Wiene (1919), película inspirada en una serie de asesinatos que tuvieron lugar en Hamburgo, Alemania. El atractivo principal de la película reside en su anormalidad escenográfica: chimeneas oblicuas, reminiscencias cubistas y ventanas en forma de flecha, todo ello con una función claramente dramática y psicológica, y no como algo decorativo. Sin embargo, fue realmente el azar el que contribuyó a realzar ese dramatismo, ya que, debido a la escasez de iluminación en el estudio donde se rodó, se decidió pintar los decorados con luces y sombras.
En un principio, el cine mudo alemán estuvo plenamente vinculado al expresionismo con directores como Fritz Lang, Friedrich Murnau, Paul Leni y Paul Wegener, entre otros. Algunas de las obras más representativas de este período fueron: Nosferatu, Fausto, Metrópolis, El Golem o El último. La desmesura iba asociada a un tipo de cine de terror y fantástico, lo que condicionó su desarrollo. Algunas obras posteriores se realizaron en la etapa del cine sonoro, por ejemplo, M, el vampiro de Düsseldorf, otra película de Fritz Lang. No obstante, en la cinematografía más moderna, sus representantes principales (como Orson Welles) incorporaron una estética mucho más madura y alejada del exceso de teatralidad.
En España, se rodaron algunas películas influidas por varios de estos directores. Podríamos destacar, en este sentido, la aportación de Edgar Neville con La torre de los siete jorobados (1944), donde se intenta adaptar al ambiente madrileño el estilo de los filmes expresionistas.
Fritz Lang:
Junto a Murnau, el austriaco Fritz Lang es uno de los maestros de la escuela expresionista. Ya en su película Los Nibelungos tuvo ocasión de poder demostrar toda su madurez, si bien esta exaltación aria, en la que los hunos son presentados como seres de raza inferior, parece premonitoria del Nazismo.
Metrópolis, de 1927, será su obra definitiva. En ella, juega con espacios, volúmenes y claroscuros y, pese a ser un tratado sociológico algo infantil, Lang consigue imágenes que pasarán a la historia del cine y que el espectador no podrá olvidar: su opresivo mundo subterráneo, el relevo de turno de los obreros, la inundación, el pánico en la ciudad, etc. Por todo ello, Metrópolis representa el mejor ejemplo del expresionismo arquitectónico o Monumentalismo.
Metrópolis, de 1927, será su obra definitiva. En ella, juega con espacios, volúmenes y claroscuros y, pese a ser un tratado sociológico algo infantil, Lang consigue imágenes que pasarán a la historia del cine y que el espectador no podrá olvidar: su opresivo mundo subterráneo, el relevo de turno de los obreros, la inundación, el pánico en la ciudad, etc. Por todo ello, Metrópolis representa el mejor ejemplo del expresionismo arquitectónico o Monumentalismo.
En general, se ha disculpado a Lang de querer engrandecer al pueblo alemán en sus películas mudas, responsabilizando a su esposa y guionista, Thea Von Harbou, futura militante del partido nazi, de ser la responsable de dicha exaltación. De hecho, en 1933 Lang realizó El testamento del doctor Mabuse, película prohibida en la Alemania de la época al ser considerada una crítica del Nacionalsocialismo. Un poco más tarde, el cineasta huyó a Estados Unidos, donde proseguiría su carrera como director hasta su fallecimiento en 1976.
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| El realizador Fritz Lang en sus años de madurez |










