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domingo, 24 de diciembre de 2023

Mi prima Rachel (1952)




Título original: My Cousin Rachel
Director: Henry Koster
EE.UU., 1952, 99 minutos

Mi prima Rachel (1952) de Henry Koster


Pongámonos en situación: es 1952 y Olivia de Havilland, óscar a la mejor interpretación femenina tres años antes por La heredera (1949), prepara su regreso a la gran pantalla por todo lo alto. A tal efecto, la 20th Century-Fox redefine un ambicioso proyecto que finalmente no ha llegado a cuajar: la adaptación cinematográfica de una novela de Daphne Du Maurier que tenía que haber protagonizado nada menos que la mítica Greta Garbo a las órdenes del no menos elegante George Cukor. Fascinado por la relevancia de tales nombres, un joven y prometedor actor británico, Richard Burton, ya ha aceptado participar en la película. Que finalmente será otra muy distinta...

No debió, por tanto, de resultar nada cómodo el rodaje de My Cousin Rachel (1952) teniendo en cuenta que la "señora de Havilland", como al parecer se hacía llamar la intérprete entre sus propios compañeros de filmación, hacía gala de una soberbia insoportable. En todo caso, nadie lo diría cuando la vemos besar apasionadamente a su pareja en la ficción, un impetuoso aristócrata, de nombre Philip Ashley, que sucumbirá a la arrebatadora belleza de una mujer que es todo ambigüedad.



Aparte de dicho tenebrismo, casi pudiera decirse que la originalidad principal de la cinta, escrita y producida por Nunnally Johnson, radica en haber situado una femme fatale en el ambiente gótico de la Inglaterra romántica. Y es que la tal Rachel, en apariencia inteligente y angelical, no se sabe nunca muy bien si es una dama recatada o más bien una arpía. Aunque la leyenda negra que la precede incrementa la inquietud de cuantos la rodean y, por extensión, la del espectador. En cambio, el apolíneo Philip tiene, a su vez, algo de Lord Byron, de héroe que se deja embriagar y arrastrar por el delirio de una pasión fatalmente autodestructiva.

Lo demás obedece a una imaginería típicamente decimonónica, muy al estilo de Cumbres borrascosas, recreada con sumo acierto por el equipo artístico de los estudios y que les valió varias nominaciones al óscar por los decorados, el vestuario y la fotografía en blanco y negro. También a Richard Burton como actor secundario, si bien el recuerdo que éste guardó de la experiencia, a juzgar por sus memorias, no fue precisamente bueno. Queda, eso sí, un filme sólido, dirigido con solvencia por un Henry Koster alejado de su habitual registro cómico y que incluyó a su hijo Nicolas, de apenas nueve años, en un breve cameo. El desenlace, que no desvelaremos, mantiene hasta el último instante el carácter equívoco de la protagonista.



jueves, 8 de agosto de 2019

La escalera (1969)




Título original: Staircase
Director: Stanley Donen
Reino Unido, 1969, 96 minutos

La escalera (1969) de Stanley Donen


Por su apariencia deliberadamente teatral, Staircase entronca de pleno con ese tipo de películas, como La huella (1972) de Mankiewicz, en las que son dos o, a lo sumo, tres actores quienes llevan todo el peso de la acción. "Cine de cámara" se le podría denominar, echando mano de la terminología musical. En ese sentido, tanto Rex Harrison como Richard Burton están realmente estupendos en esta adaptación de la pieza homónima de Charles Dyer, que se había estrenado en marzo del año anterior, pero que pasó sin pena ni gloria por los escenarios de Broadway tras sesenta y una representaciones.

Y es que su temática abiertamente gay ("A sad gay story", para ser exactos, según reza el cartel) se avanzó tantísimo a su tiempo que ni los unos ni los otros estaban en condiciones de asimilarla: los sectores más reaccionarios huelga decir que la ignoraron (en España, por descontado, no se pudo estrenar hasta diciembre del 76), mientras que desde las mismas filas de la comunidad LGBT se levantaron voces que acusaban a La escalera de filme homófobo. Y, para colmo, es público y notorio que el propio Rex Harrison detestaba la película.



Sea como fuere, Stanley Donen demostró una enorme valentía al apostar por un proyecto tan arriesgado. Sobre todo tratándose de alguien que, como él, venía de triunfar, una década antes, gracias a exitosos musicales aptos para todos los públicos. Es decir, que, lejos de apoltronarse, prefirió hacer suyos los valores de la contracultura y rodar una cinta que satiriza la sagrada institución matrimonial. El eslogan publicitario fue, de hecho: "Can this marriage last?"

Así pues, las trifulcas de los peluqueros Charlie (Harrison) y Harry (Burton) esconden, pese a que se pasen el día discutiendo, un amor verdadero. Que hace medio siglo bien pudo parecer transgresor (y, de ahí, el tremendo descalabro económico que sufrió la Twentieth Century-Fox), pero que hoy, sin embargo, se nos antoja una amable parodia de las relaciones de pareja y poco más.