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sábado, 1 de febrero de 2020

Te quiero, imbécil (2020)




Directora: Laura Mañá
España, 2020, 86 minutos

Te quiero, imbécil (2020) de Laura Mañá

Compuesto y sin novia, Marcos es, a sus 35 años, un individuo en plena crisis existencial. Una especie de Woody Allen de la Generación Y que nos habla directamente mirando a cámara mientras asistimos a su calamitosa experiencia con las aplicaciones para ligar. Alguien pasado de moda, inseparable de sus vinilos, camisas de cuadros y/o camisetas de Nirvana, que cree que hallará la respuesta a sus múltiples cuitas en Google, a través de los consejos de un gurú virtual de pacotilla (Ernesto Alterio) que difunde sus "sabias" enseñanzas desde un canal de YouTube.

Fiel al estilo que destilan todas sus películas, la nueva comedia de Laura Mañá contiene algunos de los elementos habituales de su cine, desde esa concepción tan desinhibida de la sexualidad y las relaciones de pareja que estaba ya presente en Sexo por compasión (2000), su debut como directora, hasta la frescura de los diálogos, directos y mordaces al igual que los de La vida empieza hoy (2010).



Título, este último, al que remiten algunas situaciones de Te quiero, imbécil, como la condición de desubicado de su protagonista (Quim Gutiérrez), forzado a volver a casa de sus padres de la misma manera que el abuelo argentino se plantaba un buen día, en aquella otra película, en el apartamento de su hijo y de su nuera.

Y es que ser hombre en el siglo XXI no parece tarea nada fácil. Sobre todo desde que, si uno quiere estar a la altura, parece que sea obligatorio depilarse el cuerpo, llevar jerséis de la talla S o pantalones tan estrechos que dificultan la circulación en las piernas... Pero el azar hará de las suyas y una antigua compañera de instituto (Natalia Tena) se cruzará en el camino de Marcos para aportarle la dosis de sentido común que tanta falta le estaba haciendo.


miércoles, 9 de octubre de 2019

El crack cero (2019)




Director: José Luis Garci
España, 2019, 122 minutos

El crack cero (2019) de José Luis Garci


El estreno, estos días, de una tan inusual como olvidable precuela en blanco y negro ha devuelto a la palestra cinematográfica a uno de los personajes míticos de la filmografía del no menos legendario José Luis Garci. Un Germán Areta de proverbial bigote y tan íntimamente asociado al rostro impenetrable del desaparecido Alfredo Landa (1933–2013) que se hace extraño verlo ahora interpretado por el murciano (y Goya 2017 al mejor actor revelación) Carlos Santos.

Definitivamente, el personaje se nos aparece hoy día tan desubicado como su propio creador, quizá porque el cine hace ya mucho rato que dejó de ser ese mejunje de diálogos postizos e interpretaciones sobreactuadas que, al parecer, tanto gustan a Garci. A este respecto, poco ayuda el hecho de que la acción se sitúe a finales de 1975, en vísperas de la muerte del dictador: que hay cosas que, por más que se subraye que acontecen en el pasado, quedaron obsoletas bastante tiempo atrás.



Quien haya visto recientemente El crack (1981) y El crack dos (1983) constatará de inmediato que todos los exteriores de El crack cero proceden de dichos filmes, de la misma manera que la pianística banda sonora de Jesús Gluck (1941–2018), sin duda una de las señas de identidad de la trilogía y aun del inconfundible tono melancólico del cineasta.

Garci y el coguionista Javier Muñoz, sustituto del que fuera su habitual colaborador, el añorado Horacio Valcárcel (1932–2018), presentan un universo de omnipresentes volutas de humo en el que Areta y su fiel acólito Moro (Miguel Ángel Muñoz) investigan el asesinato de Narciso Benavides, un sastre cuya muerte en extrañas circunstancias fue oficialmente considerada como suicidio. Y así, sucesivamente, irán desfilando por la pantalla el resto de elementos de una trama que transita por el habitual paisaje de continuas referencias al mundo del boxeo, interminables partidas de mus, al igual que una insistente obsesión por reprobar la violencia machista.