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domingo, 26 de julio de 2020

Hiroshima, mon amour (1959)




Director: Alain Resnais
Francia/Japón, 1959, 90 minutos

Hiroshima, mon amour (1959) de Alain Resnais

Dos desconocidos en una ciudad espectral cuyo nombre permanecerá para siempre asociado al horror de una explosión nuclear. Él (Eiji Okada) sobrevivió a la bomba y ahora trabaja como arquitecto. Ella (Emmanuelle Riva) es una actriz francesa que se halla de paso en Japón para rodar una película antibelicista. Tanto el uno como la otra quedaron marcados por vivencias traumáticas. Ambos están casados. El suyo es, pues, un amor imposible. Lo cual no impide que mantengan una relación fugaz.

Título fundacional de la Nouvelle vague, Hiroshima mon amour (1959) conserva intacta, seis décadas después de su presentación en el Festival de Cannes, la elegancia de un estilo minimalista construido, en sobrio blanco y negro, a base de flashbacks. Una forma radicalmente innovadora de hacer cine que, en lo sucesivo, iba a revolucionar el lenguaje fílmico hasta remover por completo los cimientos de la propia gramática audiovisual.



Sin embargo, lo verdaderamente significativo, más que su forma, es el mensaje de una cinta protagonizada por dos seres que pretenden aliviar con un poco de amor (aunque sea pasajero y furtivo) el nihilismo que atenaza sus respectivas existencias. ¿Cómo sobrevivir, si no, en la vacuidad del mundo surgido tras la Segunda Guerra Mundial? En ese sentido, las terribles imágenes con las que se abre la película, procedentes del filme Hiroshima (1953) de Hideo Sekigawa, no invitan precisamente al optimismo. Como tampoco parece que Ella se haya recuperado del todo del calvario que le hicieron pasar en la pequeña localidad de Nevers...

Y es que Resnais plantea, a partir del guion de Marguerite Duras, un curioso paralelismo según el cual las heridas causadas por la intolerancia tardan tanto o más en cicatrizar que las ocasionadas por la metralla. De modo que la muchacha, a quien los vecinos le raparon la cabeza y sus propios padres la encerraron en un frío sótano por haberse enamorado de un soldado alemán, padece ahora las secuelas de tantas penalidades como sufrió.


jueves, 30 de agosto de 2018

Moderato cantabile (1960)




Director: Peter Brook
Francia/Italia, 1960, 91 minutos

Moderato cantabile (1960) de Peter Brook


Veux-tu lire ce qu’il y a d’écrit au-dessus de ta partition? demanda la dame.
— Moderato cantabile, dit l’enfant.
La dame ponctua cette réponse d’un coup de crayon sur le clavier. L’enfant resta immobile, la tête tournée vers sa partition.
— Et qu’est-ce que ça veut dire, moderato cantabile?
— Je ne sais pas.
Une femme, assise à trois mètres de là, soupira.
— Tu es sûr de ne pas  savoir ce que ça veut dire, moderato cantabile? reprit la dame.
L’enfant ne répondit pas. La dame poussa un cri d’impuissance étouffé, tout en frappant de nouveau le clavier de son crayon. Pas un cil de l’enfant ne bougea.

Marguerite Duras
Moderato cantabile (1958)
Les Éditions de Minuit

Languidez. Como si de un poema de Machado se tratase, "Monotonía de lluvia tras los cristales...", tiene lugar la lección de piano de un niño burgués; la adusta profesora se impacienta ante la ausencia de progresos de su pupilo; la madre, sentada en un rincón, asiste impasible a la escena. Y, de repente, un grito desgarrador provocará que el vecindario se congregue en la taberna de abajo.

Haciendo honor a su título, en Moderato cantabile se respira una atmósfera mesuradamente mortecina. La misma que rezuma el texto de Marguerite Duras en el que se inspira la película y que el británico Peter Brook, poseedor de un depurado estilo en el ámbito de las artes escénicas que, en años venideros, haría de él una figura de referencia a nivel mundial, logró trasladar a la pantalla con suma eficacia, valiéndose de la sobriedad de las Sonatinas 1, 6 y 8 del compositor Antonio Diabelli (1781–1858).



Anne (Jeanne Moreau) y Chauvin (interpretado por el mismo y jovencísimo Jean-Paul Belmondo que acababa de rodar, ese mismo año, À bout de souffle a las órdenes de Godard) comparten una similar sensación de hastío, motivada por la vacuidad de sus respectivas existencias. Y, aunque pertenezcan a distintos grupos sociales, les une el hecho de haber sido testigos de un crimen pasional.

Acontecimiento éste absolutamente fortuito, si se quiere, pero que, por lo que tiene de paralelismo desgarrador con la situación personal que ambos atraviesan, va a suponer el detonante de un cambio drástico en la vida de dos seres enfrentados a la incómoda y asfixiante apatía de su entorno.


miércoles, 13 de junio de 2018

Marguerite Duras. París 1944 (2017)




Título original: La douleur
Director: Emmanuel Finkiel
Francia/Bélgica/Suiza, 2017, 127 minutos

Marguerite Duras. Paris 1944 (2017)


Tout à coup la liberté est amère. Je viens de connaître la perte totale de l'espoir et le vide qui s'ensuit: on ne se souvient pas, ça ne fait pas de mémoire. Je crois éprouver un léger regret d'avoir raté de mourir vivante. Mais je continue à marcher, je passe de la chaussée au trottoir, et puis je reviens à la chaussée, je marche, mes pieds marchent...

Marguerite Duras
La douleur

Probablemente, convertir un diario íntimo en película es más complicado todavía, si cabe, que adaptar una obra literaria. Aunque en el caso de La douleur facilita, sin duda, la labor el hecho de que el material que ha servido de inspiración es ambas cosas a la vez. Publicado en 1985, el texto de Marguerite Duras (1914-1996) lo integra una colección de relatos parcialmente autobiográficos. El más largo de los cuales, titulado precisamente "El dolor", es la historia de la espera de su marido (Robert Antelme), prisionero político en los campos de concentración nazi, así como la descripción de los sentimientos que la Segunda Guerra Mundial inspira en las familias de los refugiados.

Temática incómoda, por otra parte, a partir del momento en el que se aborda el espinoso asunto de la relación, no exento de una cierta dosis de morbosidad, que la escritora y miembro de la Resistencia (interpretada por Mélanie Thierry) mantiene con un destacado colaborador de la Gestapo (Benoît Magimel).

Rabier (Benoît Magimel) y Duras (Mélanie Thierry)


Para trasladar a la pantalla un proceso tan sumamente minucioso, el director Emmanuel Finkiel opta por una paleta de tonalidades en la que el azul oscuro y el gris predominan por encima de cualquier otro color, en lo que supone una excelente labor por parte de Alexis Kavyrchine, responsable de la fotografía. 

Sin embargo, no puede decirse lo mismo del tempo narrativo, ya que, en su afán por crear la atmósfera propicia, el film acaba incurriendo en una languidez excesiva, subrayada por elementos tan dispares como la omnipresente voz en off de la protagonista o la atonalidad de la música de Ligeti que se utiliza como banda sonora.

Mascolo (Benjamin Biolay) junto a la escritora

viernes, 16 de diciembre de 2016

L'amant del silenci (2016)




Título en español: La amante del silencio
Director: Jordi Cadena
España, 2016, 64 minutos

L'amant del silenci (2016) de Jordi Cadena


Es Jordi Cadena un director que está viviendo una segunda juventud: irse, no se ha ido nunca, pero sí que es cierto que en los últimos años se prodiga un poco más. Suyas son Els passos perduts (2010), Elisa K (2010) y La por (2013). Y ahora también L'amant del silenci, basada en la novela El silencio (Madrid, Ed. Caballo de Troya, 2008) de Maria Àngels Cabré y preestrenada esta tarde en la Sala Laya de la Filmoteca catalana.

En la breve presentación, a la que han asistido novelista, cineasta y director del ente (junto con el resto del equipo, repartido entre el público), se ha remarcado que, más que low cost, ésta es una producción no cost: cine sin subvenciones concebido como un acto de resistencia y al que su autor no duda en calificar de "experimental" (las comillas son suyas). Cadena nos explica la génesis del proyecto: "Nos encontrábamos rodando un cortometraje con el mismo equipo que después ha realizado L'amant del silenci, cuando llegó a mis manos la novela de Maria Àngels. Entusiasmado con la idea de llevarla a la pantalla, les propuse si estarían dispuestos a, manteniendo las mismas condiciones (es decir: sin cobrar ni un duro), hacer un largo en lugar de un corto. Y, para mi sorpresa, respondieron que sí."

Rodada en Pallejà, en lo que antiguamente fue una enorme residencia veraniega de la burguesía barcelonesa y que en la actualidad permanece prácticamente abandonada, los tres únicos actores (los casi debutantes Zaida Fornieles y Chesco Simón y el veterano Hermann Bonnín) deambulan de aquí para allá al son de la banda sonora compuesta por Joan Vilà. Cine poético en la línea de lo ya ensayado por su director en És quan dormo que hi veig clar (1989). Sólo que aquí el referente no son los versos de J. V. Foix sino el silencio, entendido como metáfora del aislamiento que busca la mujer protagonista para protegerse del ruido ocasionado por su marido, al que ni siquiera veremos. Los otros dos hombres ("el oscuro" y "el de la barba cana") actuarán como un mero refugio momentáneo.

Viendo las imágenes en blanco y negro y escuchando la hipnótica voz en off de Joan Berlanga es fácil pensar en referentes como Hiroshima mon amour (1959) o El año pasado en Marienbad (1961), ambas de Alain Resnais. Algo que confirma Cadena, sobre todo en alusión a la guionista de la primera de ellas: "Soy un enamorado de la obra de Marguerite Duras. No sólo de sus novelas, sino también de las películas que dirigió. Hoy en día, gracias a Youtube, he conseguido ver muchas de ellas (no en las mejores condiciones, es cierto, pero más vale eso que nada)." Pequeña y amistosa pulla contra Esteve Riambau, que sonríe a su lado, en clara referencia a los ciclos que tal vez debería organizar la Filmoteca...