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domingo, 13 de julio de 2025

Mujeres culpables (1957)




Título original: Until They Sail
Director: Robert Wise
EE.UU., 1957, 95 minutos

Mujeres culpables (1957) de Robert Wise


Cuatro hermanas neozelandesas, interpretadas, respectivamente, por Jean Simmons, Joan Fontaine, Piper Laurie y una debutante Sandra Dee, vivirán en sus propias carnes la ilusión y el drama de comprometerse con reclutas que se van a luchar al frente. Muchos de ellos, muertos en acto de servicio, no regresarán jamás, lo cual coloca a las protagonistas en la tesitura de tener que llenar un vacío que se les antoja insufrible.

Simplista o frívola son dos adjetivos que se ajustan bastante bien a la hora de definir Until They Sail (1957), una cinta que no pasará precisamente a la historia por la profundidad psicológica de sus personajes. En ese sentido, los roles masculinos y femeninos que refleja el guion de Robert Anderson, basado en un relato de James A. Michener, responden a una realidad por completo sexista y maniquea según la cual los hombres representan la salvaguarda nacional, mientras que ellas permanecen en la retaguardia del hogar. Como propagandística resulta la escena en la que un oficial del ejército estadounidense se persona en el domicilio de las hermanas Leslie para pedir perdón, en nombre del Gobierno norteamericano, por los malos modales de un militar que las increpó en público y que una de ellas denunció mediante una carta publicada en la prensa.



Y en esa misma línea tendenciosa se encuadra el hecho de que la hermana casquivana tenga un final fatídico, en un a modo de castigo por haber sido la díscola de la familia. La acción, de hecho, arranca durante el juicio para esclarecer lo ocurrido, por lo que buena parte de la trama queda englobada en un larguísimo flashback. El testimonio de uno de los interrogados, el capitán Jack Harding (Paul Newman), será clave para dilucidar la muerte de la mujer...

Dice la letra del tema central de la banda sonora, una composición de David Raksin con letra de Sammy Cahn e interpretada por Eydie Gormé: "Fingiremos que nuestros corazones no se rompen hasta que ellos zarpen...". Referencia en clara alusión a la coyuntura que, además de dar título a la película, le sirve de telón de fondo. Y es que se calcula que, durante la Segunda Guerra Mundial, fueron más de 15.000 las mujeres australianas y neozelandesas que se casaron con militares estadounidenses de servicio en aquella zona. Una realidad nada halagüeña, cabe pensar, fruto del más puro instinto de supervivencia, pero que en la pantalla adopta un cierto tono de cuento de hadas que la hace todavía más enojosa.



viernes, 16 de febrero de 2018

El bígamo (1953)




Título original: The Bigamist
Directora: Ida Lupino
EE.UU., 1953, 80 minutos

El bígamo (1953) de Ida Lupino


Película acertijo a partir de un dilema moral, El bígamo (1953) parte del presente para, a través de un largo flashback, ponernos en antecedentes de por qué Harry Graham (interpretado por Edmond O'Brien) ha terminado llevando una doble vida. En realidad, dicho planteamiento sitúa al espectador en la tesitura de tener que juzgar la conducta de un hombre que, en realidad, actúa movido por la enorme soledad que preside su vida de viajante comercial. 

Y, aunque a priori enjuiciar a un bígamo parecería muy fácil, el veredicto final acaba conduciéndonos a una disyuntiva de muy difícil solución, que Mister Jordan (Edmund Gwenn) no dudará en expresar en voz alta: "No puedo entender mis sentimientos hacia usted: le desprecio y, al mismo tiempo, le compadezco. Ni siquiera quiero estrechar su mano, y sin embargo, casi le deseo suerte."



La estructura narrativa de The Bigamist plantea algunas similitudes con otra película protagonizada por Edmond O'Brien algunos años antes: D.O.A., dirigida por Rudolph Maté en 1949 y que aquí se tituló Con las horas contadas. Exponía la historia de un hombre que llega moribundo a un hospital diciendo que lo han envenenado ('Death On Arrival' o 'Ingresar cadáver' sería la traducción de las siglas del título original). El resto de la película consistía en reconstruir sus pasos hasta ese preciso instante, con la incógnita de si finalmente se salvaría o no.

Ya desde el título, en El bígamo se nos hace saber que Graham está casado con dos mujeres a la vez, por lo que el factor sorpresa al estilo de la muy posterior Up in the Air (Jason Reitman, 2009) desaparece. No es eso lo que aquí se busca, sino todo lo contrario: más que el morbo folletinesco, lo que se está sacando a la palestra es un caso de conciencia que nos interpela ante la necesidad de comprender la frustración que generan las sociedades modernas en el individuo.


viernes, 31 de julio de 2015

Carta de una desconocida (1948)




Título original: Letter from an Unknown Woman
Director: Max Ophüls
EE.UU., 1948, 86 minutos

Carta de una desconocida (1948) de Max Ophüls

Después de una excursión de tres días por la montaña, el famoso novelista R. volvió a Viena por la mañana temprano, compró un diario en la estación y, al hojearlo, se dio cuenta de que era el día de su cumpleaños. “Cuarenta y uno” pensó, y el hecho no le produjo ni frío ni calor. Volvió a hojear ligeramente el diario y se dirigió a su casa en un taxi. El criado le informó de las visitas que había tenido durante su ausencia, así como de las llamadas telefónicas, y le entregó la correspondencia sobre una bandeja. Él la miró distraído, abrió algunos sobres, cuyos remitentes le interesaban, y dejó a un lado uno de letra desconocida, que le pareció muy voluminoso...

Traducción de Berta Conill

Así comienza Carta de una desconocida, la novela corta publicada por Stefan Zweig en 1922 y que Max Ophüls llevaría a la gran pantalla años más tarde. Ya en la primera línea, se observa que el destinatario de la misiva es novelista y no pianista como acontece en la película. Es uno de los cambios que introdujo Howard Koch (el mítico guionista que ya había trabajado en Casablanca), sin duda para dotar a la historia de un mayor aliciente romántico de cara al público.

Lisa (Joan Fontaine) siente verdadera veneración por Stefan

Lo cierto es que Ophüls era el director ideal para adaptar a Zweig, escritor muy dado a recrear los elegantes ambientes vieneses y cuyo estilo refinado encajaba a la perfección con la exquisitez de Ophüls para filmar argumentos de regusto decimonónico. No en vano, ambos procedían del mismo mundo.

De los muchos momentos memorables de esta larga "carta" cabe destacar, por ejemplo, el paralelismo que Ophüls (maestro de la puesta en escena) lleva a cabo mediante sendos adioses en el andén de la estación de tren. Primero será Stefan (Louis Jourdan) quien se despida de Lisa (Joan Fontaine) desde la ventanilla: "¡Dos semanas! ¡Dos semanas!" Cuando tiempo después la escena se repita exactamente igual, pero siendo ahora Stefan junior el que se marcha, Lisa (y el espectador con ella) presentirá los peores augurios. ¿Se puede expresar más con menos?

Los padres de Lisa intentarán, en vano, casarla con este mozalbete

También es digna de ser mencionada la interpretación de Joan Fontaine, sobre todo su facultad para encarnar a la niña que fue Lisa (y que parezca realmente una niña, cuando en la vida real ya había cumplido los treinta años) y después verla evolucionar hasta convertirse en mujer.

La película está narrada a través de un larguísimo flash-back en el que Stefan, al tiempo que lee la epístola, tendrá conocimiento de la secreta pasión que Lisa albergó por él y que él, a su vez, ignoraba completamente. De hecho, el pianista y la modelo poseen caracteres divergentes: él, despreocupado y vividor; ella, leal y ardiente. Como diría Gustavo Adolfo Bécquer en la rima XLI:

Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!

Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!

Stefan (Louis Jourdan) leyendo la carta de la olvidada Lisa

domingo, 28 de junio de 2015

Alma rebelde (1943)




Título original: Jane Eyre
Director: Robert Stevenson
EE.UU., 1943, 97 minutos

Alma rebelde (1943)


De las muchas adaptaciones que se han llevado a cabo de la novela de Charlotte Brontë, esta Jane Eyre dirigida por Robert Stevenson en 1943 (que se estrenó en España con el melodramático título de Alma rebelde) tiene el aliciente de contar con la participación de Orson Welles en uno de los papeles principales, guion del escritor Aldous Huxley (autor de Un mundo feliz) y banda sonora de Bernard Herrmann (el mismo compositor que posteriormente trabajaría para Hitchcock y que ya había compuesto la música para los dos primeros largometrajes de Welles).

Posee también el atractivo de ser una de la primeras apariciones en pantalla de la futura estrella Elizabeth Taylor, quien tenía por aquel entonces apenas 11 años y que, a pesar de no figurar en los títulos de crédito, interpreta el papel de Helen Burns, la niña amiga de Jane durante su infancia e injustamente castigada junto con ella, pero que no gozará de la misma suerte que la protagonista.

Tras el impactante debut que supuso Ciudadano Kane y la posterior decepción de El cuarto mandamiento, Orson Welles se vio obligado a aceptar ocasionales participaciones en proyectos ajenos, de los cuales Alma rebelde sería uno de los primeros. Su Edward Rochester tiene el desenfreno de un caballo desbocado, el mismo del que se cae cuando Jane Eyre (Joan Fontaine) se cruza en su camino una lóbrega noche de tormenta, debido al inconfesable secreto que se esconde tras los muros de Thornfield Hall.





El secreto de Thornfield Hall se acaba de desvelar...
Alma rebelde (1943)