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viernes, 16 de febrero de 2024

El pasado te acusa (1958)




Título italiano: L'accusa del passato
Director: Lionello De Felice
España/Italia, 1958, 93 minutos

El pasado te acusa (1958) de Lionello De Felice


El situar a los personajes, todos ellos sospechosos de asesinato, en un espacio cerrado no sólo le otorga un innegable toque teatral a la puesta en escena de El pasado te acusa (1958), sino que hace de ella un whodunit a lo Agatha Christie en toda regla. Coproducción hispanoitaliana dirigida por el hoy olvidado Lionello De Felice (1916-1989), fueron sus intérpretes principales Alberto Closas, en el papel de recién casado que se instala junto con su esposa (Luz Márquez) en un antiguo castillo a orillas del mar, propiedad de la familia, y Gino Cervi haciendo del típico comisario veterano, algo socarrón y de vuelta de todo.

Ni que decir tiene que la mayor parte de los ocupantes de la finca son a cuál más excéntrico, de modo que los recelos de las autoridades que investigan el crimen (y, de paso, los del propio espectador) puedan recaer sobre cualquiera de los allí recluidos. A este respecto, el escritor con ínfulas aristocráticas al que da vida Rafael Durán o incluso la lenguaraz Paulita (Mara Cruz) harán y dirán infinidad de cosas que podrían incriminarles, si bien el culpable, como mandan los cánones, no será desvelado hasta el último momento en la penúltima secuencia.



Aunque, haciendo honor al título de la cinta, se vislumbra también un pasado de antiguas relaciones sentimentales entre algunos de los miembros de ese grupo de amigos que, lejos de haber cicatrizado, explicarían lo extraño de su comportamiento, además de la misteriosa cadena de sucesos que ha venido a perturbar la paz estival de unos veraneantes de clase alta, venidos a menos, en un idílico enclave costero (los exteriores, de hecho, se rodaron en Lloret de Mar antes de que la especulación urbanística causase estragos sobre el litoral ampurdanés).

En definitiva, y pese a haber sido escrita por los italianos Ernesto Guida, Vittorio Nino Novarese y el propio De Felice, lo cierto es que el verdadero inductor de la película, por lo menos en su versión española, no fue otro sino Luis Marquina, director, guionista y hombre de cine, aparte de hijo del dramaturgo Eduardo Marquina (1879-1946), quien en esta ocasión se atrevió a producir una convencional cinta policíaca con tintes de sofisticado drama romántico.



sábado, 8 de julio de 2017

La duda (1972)




Director: Rafael Gil
España, 1972, 89 minutos

La duda (1972) de Rafael Gil


LA MARQUEZA.-   Lo que tiene mi Conde es debilidad.
EL CONDE.-   Es tristeza, y mi tristeza no se disipa bebiendo. Es muy honda. A veces el descubrimiento de la verdad nos amarga la existencia más que la duda. No sé cuál es más terrible monstruo, si la madre o la hija, si la duda o la verdad...
LA MARQUEZA.-    (Con espontánea filosofía, por decir algo.)  No se caliente la cabeza, señor... porque, ¿de cavilar, qué sacamos? El cuento de que las mentiras son verdades y las verdades mentiras. Todo es dudar, gran señor... Vivimos dudando, y dudando caemos en el hoyo.
EL CONDE.-    (Con ingenua indecisión.)  ¿Y qué debo hacer yo?
LA MARQUEZA.-   Pues dude siempre el buen padre, y hártese de dudar y de vivir... tomando las cosas como vienen, y vienen siempre dudosas.
EL CONDE.-   Eres la sibila de la duda. Te agradezco tu filosofía. No sé si podré seguirla.

Benito Pérez Galdós
El abuelo (Jornada III, Escena IX)

De las diversas versiones que se han llevado a cabo de El abuelo, novela dialogada de Galdós publicada originariamente en 1897, no puede decirse que ésta sea la mejor (si es que alguna de ellas es buena...). De entrada, estaría por ver si Rafael Gil era el director apropiado para abordar el proyecto. O si la machacona música compuesta por el maestro Manuel Parada está más cerca de una fanfarria de tiovivo que de una banda sonora. Y lo que es más llamativo: qué curioso que ambos fuesen premiados por sus respectivos trabajos en los Premios del Sindicato Nacional del Espectáculo de aquel año, lo cual da una idea del nivel de los mismos y del país.

Nada que objetar, en cambio, a Fernando Rey en el nada sencillo papel de don Rodrigo de Arista-Potestad, Conde de Albrit, Marqués de los Baztanes, señor de Jerusa y de Polán, a no ser la excesiva cercanía en el tiempo con el don Lope Garrido que interpretara apenas dos años antes en Tristana. Probablemente, habría que pedirle cuentas a los productores que intentaron, sin conseguirlo, emular el éxito cosechado por el filme de Buñuel. De hecho, hasta copiaron la idea de avanzar la acción a los años treinta.



Es de agradecer, al menos, que le cambiasen el nombre, sustituyendo el anodino título galdosiano por el más apropiado La duda, que es, en definitiva, lo que hace el viejo aristócrata durante toda la trama: intentar cerciorarse sobre si es Nell (la malograda Inma de Santis) o Dolly (Lali Romay) la que lleva su sangre.

En cuanto a la elección de Analía Gadé encarnando a la adúltera Lucrecia Richmond, cabría preguntarse si era realmente necesario inventar un amante para ella. A fin de cuentas, el tal Ricardo (Ángel del Pozo) no tiene mayor función que la de besarse con la Condesa de Laín. Dosis de morbo inevitable tratándose de una película española del 72.

No quisiera acabar sin hacer referencia al resto de actores: el siempre versátil Rafael Alonso compone un convincente Senén; cosa que no ocurre con el inexpresivo don Pío interpretado por el mejicano José Ángel Espinosa 'Ferrusquilla'. Por último, Mabel Karr, a la sazón esposa de Fernando Rey, se pone en la piel de una discreta alcaldesa (en la novela, Vicenta es un personaje mucho más plebeyo) y el otrora galán Armando Calvo pasa casi desapercibido bajo sus hábitos de Prior de los Jerónimos.