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domingo, 14 de marzo de 2021

Todo sobre mi madre (1999)




Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 1999, 101 minutos

Todo sobre mi madre (1999) de Almodóvar


Rebosante de citas cinéfilas y literarias (que van desde Tennessee Williams hasta García Lorca, pasando por Truman Capote), Todo sobre mi madre (1999) supuso la consagración definitiva de Almodóvar como uno de los autores más cotizados del panorama internacional. Sobre todo a raíz del Óscar al mejor filme de habla no inglesa que obtuvo la cinta y cuya entrega, con Antonio Banderas y Penélope Cruz gritando el nombre del manchego, quedará para la historia como uno de los momentos más recordados de nuestra cinematografía.

No obstante, conviene precisar que, pese al éxito popular que conoció la película, no estamos, ni mucho menos, frente a una historia "fácil". A este respecto, el universo almodovariano, aunque haya sido vulgarizado y digerido por la industria, abunda en personajes extremos como Agrado (Antonia San Juan), que trabajó de camionero en París antes de ponerse pechos y prostituirse en Barcelona. O el hecho de que dos mujeres, una de ellas monja, se queden embarazadas de un transexual llamado Lola (Toni Cantó).



Efectivamente, la sombra de Fassbinder planea a lo largo de un relato que, además de la referencia explícita de su título a la obra de Mankiewicz y el melodrama clásico americano, bebe directamente de fuentes tan heterodoxas como el cine independiente de Cassavetes (la escena del atropello remite a Opening Night, 1977) o L'important c'est d'aimer (1975) de Zulawski. De hecho, los nombres de las actrices que protagonizaron esos títulos (Bette Davis, Gena Rowlands, Romy Schneider...) aparecerán sobreimpresionados al final en señal de agradecimiento.

Además del telón de fondo de la Ciudad Condal, (y de un reparto en el que brillan con luz propia Cecilia Roth, Marisa Paredes o Rosa Maria Sardà, amén de la aparición estelar de Fernando Fernán Gómez) destaca especialmente el colorido intenso de unos decorados que, al igual que en otras muchas ocasiones, fueron diseñados por Antxón Gómez: todo un recital de rojos, azules y amarillos, deliberadamente artificiosos, como queda patente en el cartel promocional de la película.



martes, 15 de diciembre de 2020

El patio de mi cárcel (2008)




Directora: Belén Macías
España, 2008, 100 minutos

El patio de mi cárcel (2008) de Belén Macías


Un grupo de reclusas aficionadas al teatro: he ahí, a grandes rasgos, el germen de lo que depara este drama carcelario cuyo origen se remonta, según se lee en los créditos finales, a "una historia libremente inspirada en la compañía Teatro Yeses, grupo de teatro formado por internas de la prisión de mujeres de Madrid". Microcosmos variopinto, pues, en el que caben desde la gitana tradicional (Ana Wagener, nominada al Goya como actriz revelación) hasta la yonqui atracadora de bancos (Verónica Echegui) o la prostituta reincidente (Violeta Pérez).

Diez años de vida en el penal, del 85 al 95, narrados con solvencia por Belén Macías (Tarragona, 1970), prolífica realizadora televisiva que, aparte de ésta su ópera prima, estrenada en 2008, cuenta en su haber con otros dos largos: Marsella (2014) y Juegos de familia (2016).



Tal y como se desprende del título, El patio de mi cárcel sugiere que para las protagonistas de esta historia no hay más hogar que el centro penitenciario en el que se hayan cumpliendo condena. De hecho, algunas presas llegan a entablar relaciones sentimentales entre ellas y, en líneas generales, y a pesar de una conflictividad latente que de vez en cuando se desboca, puede decirse que las integrantes del Módulo 4 forman una especie de familia, paralela e independiente de la que cada una de ellas dejó en sus respectivas existencias allende los muros del correccional.

Frente a la rigidez de otras celadoras (Blanca Apilánez y Susi Sánchez), Candela Peña interpreta a una funcionaria de prisiones con voluntad de introducir nuevos métodos que ayuden a las chicas a abrir sus horizontes más allá de la miseria que han conocido. Ardua empresa que chocará con la incomprensión de muchos, pero también con la complicidad de la directora del centro (Blanca Portillo) y hasta de inesperados compañeros de viaje (caso del guardia civil al que da vida Luis Callejo).