Se cumple medio siglo de la Primavera de Praga. Y, con motivo de la efeméride, la Filmoteca de Catalunya proyectaba esta tarde un programa doble: por una parte, Praga 68 (véase la entrada anterior) y, a continuación, el reportaje Sprízneni volbou.
Lo interesante de Vinculado a la elección (1968) es el hecho de que muestra, en tiempo real, los acontecimientos previos a la llegada de los tanques soviéticos en agosto de aquel mismo año. En ese sentido, el equipo de Karel Vachek se limita a filmar en sobrio blanco y negro a los líderes políticos checoslovacos durante las jornadas que llevarían a la proclamación de Ludvík Svoboda como Presidente de la República tras la renuncia de Antonín Novotný.
Sin comentarios en off ni banda sonora, el espectador asiste a las conversaciones del politburó (muchas de ellas aparentemente privadas o, incluso, extemporáneas), de lo que se deduce un ambiente de notable efervescencia, siempre con la sombra de Dubček planeando de fondo, que preludia el fatídico desenlace que acabaría teniendo el Socialismo en libertad o de rostro humano. En cualquier caso, se trata de un documento imprescindible para el conocimiento de primera mano no sólo de la historia del país centroeuropeo, sino, sobre todo, para saber cómo funcionaban a nivel interno las instituciones del aparato comunista.
Josep Maria Garcia-Planas fue un industrial del sector textil que, desde finales de la década de los cincuenta, se dedicó a comerciar con los países de la órbita soviética pese a las nulas relaciones diplomáticas entre la España de Franco y los estados del Este europeo. Como decía su hijo, el periodista Plàcid Garcia-Planas, esta tarde en la sala Laya de la Filmoteca de Catalunya, las fisuras en el Telón de Acero eran más de las que cabría suponer y, así las cosas, desde 1959 el empresario pudo viajar al otro lado para vender los productos de su fábrica de Sabadell. Y siempre acompañado de una cámara tomavistas.
En agosto de 1968, García-Planas se encuentra en Praga. Lo que le va a permitir ser testigo excepcional de la invasión de los tanques del Pacto de Varsovia. Sobre todo porque las imágenes que captará son las únicas que existen en color de unos hechos de tal magnitud. Durante cincuenta años, la grabación amenizó, junto con muchas otras, las veladas familiares de los Garcia-Planas (de hecho, hasta hoy sólo se había mostrado una vez en público). Hasta que, conscientes de la trascendencia histórica del material, los herederos del empresario decidieron poner la filmación en manos de las autoridades checas.
Desmintiendo las palabras de Václav Havel que Octavi Martí recordaba al inicio del acto (aquello de que el Mayo francés había sido una explosión de lirismo revolucionario por parte de los jóvenes universitarios, mientras que la Primavera de Praga no pasó de protesta de la gente mayor contra el régimen comunista surgido tras la II Guerra Mundial), las imágenes de Praga 68 muestran las calles de una vieja capital europea literalmente tomadas por la juventud. Los manifestantes rodean los tanques y hasta logran encaramarse sobre alguno de ellos a pesar del evidente peligro al que se exponen (Plàcid Garcia-Planas ha mostrado a los asistentes los primeros casquillos de bala que se dispararon medio siglo atrás).
Sonorizadas con música orquestal y la voz en off de un locutor que reproduce el testimonio en primera persona del autor de la película, las imágenes dejan constancia de algunas de las proclamas que se profirieron contra los invasores, desde esvásticas hasta alusiones a la guerra de Vietnam o al Pacto de Múnich de 1938, lo cual proporciona una instantánea bastante precisa de unos hechos que la colectividad vinculaba, ya entonces, tanto con su presente como con la repetición cíclica de la Historia.
Coincidiendo con la celebración del día mundial de África, la Filmoteca de Catalunya albergaba esta tarde el arranque de Africa Moment, certamen que viene a complementar las actividades del Festival Internacional de Cinemes Africans (FICAB) del que hablábamos hace unos días. El documental L'eau sacrée (2016) del belga Olivier Jourdain, aproximación de un europeo blanco a la sexualidad femenina en Ruanda, ha servido para dar el pistoletazo de salida.
Durante el coloquio posterior, el realizador aclaraba algunos detalles sobre la génesis de tan singular proyecto. Porque no es muy habitual escuchar a las mujeres africanas, cuya imagen, desde el primer mundo, generalmente tiende a ir asociada con la ablación, hablando de sexo con semejante desenvoltura. Confiesa Jourdain que se ganó su confianza mediante una sutil estrategia: cada vez que había que tratar sobre temas íntimos (caso de las chicas del internado de Uganda o del matrimonio que protagoniza la escena final) el director enviaba al traductor fuera del set, con lo que ellas terminaban por desinhibirse al considerar que nadie iba a entender lo que estaban diciendo.
Dusabe Vestine, locutora de Flash FM
Aunque la verdadera protagonista de L'eau sacrée es Vestine, reputada locutora de radio a la que el afán por recuperar viejas tradiciones locales, unido a la necesidad de ir superando las heridas de la cruenta guerra civil que asoló el país, llevará a visitar las aldeas ruandesas con un discurso muy personal en el que se mezclan superstición, la educación sexual, antiguas leyendas (como la de la reina que, en ausencia del marido, se vio obligada a yacer con su criado) y grandes dosis de humor.
De todas maneras, desde el público alguien hace notar que en ningún momento se llega a hacer ninguna referencia al sida: ni a hutus ni a tutsis, añade Jourdain. A fin de cuentas, él ha rodado una película sobre el kunyaza (o arte eyaculatoria femenina) y cualquier alusión a otros elementos de la historia reciente ruandesa podría desviar la atención del espectador, amén de que ya estaríamos hablando de un filme radicalmente distinto.
Expectación y lleno absoluto en la sala grande de la Filmoteca para asistir al estreno del último filme del japonés afincado en Francia Nobuhiro Suwa. Máxime cuando es el propio realizador quien se ha desplazado hasta la capital catalana para presentar Le lion est mort ce soir (el título proviene de la misma canción que sirvió de base en el musical de Disney). Cinta que cuenta, además, con la presencia estelar de Jean-Pierre Léaud, el mítico actor fetiche de la Nouvelle vague, quien en esta ocasión interpreta un papel de claras resonancias autobiográficas.
Señalaba Octavi Martí antes de la proyección que se trata de una historia de fantasmas, si bien los fantasmas personales de un hombre atormentado por la desaparición prematura de la que fuese el gran amor de su vida. De ahí que, al verse conminado a escenificar ante la cámara su propia muerte, Jean decida refugiarse en la vieja mansión abandonada donde aún habita la presencia de Juliette (Pauline Étienne).
Ejercicio metacinematográfico en el que asistimos al rodaje de varias películas, una dentro de la otra, el lánguido sosiego de Jean se va a ver repentinamente alterado cuando un grupo de niños irrumpa en la casa deshabitada en busca de localizaciones para filmar. ¿Intenta decirnos Suwa, a través de semejante subterfugio, que el cine debería ser ese juego entusiasta en vez de la compleja y profesional parafernalia a la que asistimos en las escenas que abren y cierran el filme? Probablemente, a juzgar por las palabras tan sumamente encomiásticas que dedica Jean a sus jóvenes amigos cuando presencia, proyectado sobre una modesta sábana, el resultado final de la peli que han hecho juntos.
O quizá no haya sido todo más que un sueño, apenas otra cabezada en la tediosa existencia de un actor que presiente el final de sus días y que intenta darse ánimos a sí mismo pensando que los momentos más interesantes en la vida de un hombre se viven entre los setenta y los ochenta años.
"¡Se han agotado las entradas!", comentaba una eufórica Susanna Barranco pocos segundos antes de que Octavi Martí la presentase ante la numerosa concurrencia que se ha dado cita esta tarde en la Sala Laya de la Filmoteca de Catalunya con motivo del estreno de Nues (2017), el más reciente de los documentales de la realizadora catalana.
Si nunca es fácil abordar el ya de por sí complicado tema de la prostitución, Martí ha querido romper el hielo recordando que, al poco de abrir sus puertas la nueva sede de la entidad de la que es director adjunto, un diario de la ciudad publicaba un reportaje a doble página con el siguiente titular: "Pese a todo, la Filmoteca no logra erradicar la prostitución del Raval". De lo que se desprende hasta qué punto se hallan estigmatizados tanto el barrio como dicha actividad.
Precisamente para dignificar la imagen de las trabajadoras sexuales, Barranco las filma de perfil, haciendo que narren en primera persona y sin tapujos el día a día de sus respectivas vidas o los momentos más duros de unas trayectorias que arrancaron en Camerún, Brasil o Méjico para terminar ejerciendo en las calles de la ciudad condal.
Aunque no todos los testimonios son igual de lacerantes: en Nues también tienen cabida las escorts o acompañantes que, al modo de las antiguas hetairas griegas o de las geishas en Japón, desempeñan una tarea que supuestamente ejercen por propia voluntad y a la que a menudo se aplica el calificativo de prostitución de lujo.
Sea como fuere, unas y otras se desnudan metafóricamente ante la cámara para dejar al descubierto alguna que otra herida, pero, en todos los casos, una humanidad desbordante que las ha llevado, en no pocas ocasiones durante los últimos años, a reivindicar sus derechos asociándose en colectivos feministas que, cada cierto tiempo, dejan oír su voz manifestándose por esas mismas calles en las que un día echaron a andar.
Continúa el ciclo de cine judío en la Filmoteca de Catalunya y esta tarde le tocaba el turno a Mir kumen on: literalmente "Estamos en camino" en el yidis de los askenazíes, aunque el filme es conocido a nivel internacional con el título de Los niños deben reír.
En la presentación previa, Octavi Martí ha trazado la trayectoria de su director, el hoy un tanto olvidado Aleksander Ford: ucraniano de nacimiento, polaco fundador de la Escuela de Łódź (donde fue profesor de Polanski) y figura un tanto controvertida por su pasado estalinista, finalmente su legado ha quedado un tanto en tierra de nadie, por lo que el acto de hoy también ha servido para reivindicar su filmografía.
Aleksander Ford (1908-1980)
A continuación, Golda van der Meer ha situado la película en el contexto bundista de La Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia, habitualmente conocida con el término yidis Bund ("federación" o "unión"). De hecho, dicho organismo sería el encargado de financiar este documental, ambientado en la clínica Vladimir Medem, con finalidades tanto propagandísticas como de recaudación de fondos.
La estampa no puede ser más idílica: un poco como sucedía con aquellos alumnos tan utópicos que imaginara Alejandro Casona en su obra teatral Nuestra Natacha (1934), en apenas una hora de duración veremos a los niños y niñas de la citada clínica declamando poemas, interpretando escenas teatrales y entonando canciones de los principales autores de la tradición yidis. Por su entrañable ternura, destacan especialmente números como el de las marionetas que se rebelan contra el titiritero.
Otro de los ciclos que arranca este mes en la Filmo es el dedicado a inéditos chinos en femenino. Ricard Planas lo presentaba esta tarde en la Sala Laya junto a Octavi Martí, para recordar a los presentes que el foco principal de la industria cinematográfica del país asiático en aquel entonces (estamos hablando de los años treinta) no se encontraba en Pekín sino en Shanghái.
En opinión de Planas, la película hoy proyectada (Shi zi jie tou, 1937) presenta algunos paralelismos con el cine de Jean Vigo, ya que su director (Shen Xiling) murió tras dirigirla con apenas treinta y seis años: su filmografía se reduce a apenas ocho largometrajes. Realizador que, como otros cineastas chinos de su generación (y a diferencia del modelo americano), fue más un cinéfilo que no un asalariado de los estudios.
En ese sentido, añade Planas, resulta muy fácil encontrar similitudes entre este filme y el planteamiento habitual de lo que simultáneamente se estaba haciendo en los países occidentales: en esencia, Cruce de caminos plantea una historia de amor, cuyos protagonistas (licenciados universitarios en paro) padecen las consecuencias de la crisis económica. Dos parejas que veremos alejarse alegremente de bracete en el plano final hasta confundirse entre el bullicio de las calles a plena luz del día, mientras suenan las notas de una canción popular.
De hecho, en un período en el que el cine chino y japonés continuaba siendo mayoritariamente mudo, Shi zi jie tou presentaba un espléndido uso del sonido, en especial de una banda sonora que combinaba piezas de Chaikovski ("Fantasía" de Romeo y Julieta) o Grieg ("La muerte de Ase" de Peer Gynt) con sencillas tonadas cantadas en dialecto wu que después reportaban pingües beneficios mediante la correspondiente venta de discos.
Primera de las sesiones dedicadas en la Filmoteca de Catalunya a Martin Scorsese y las obras maestras del cine polaco. Presentan el acto Octavi Martí y Joanna Bardzinska, directora de la AVA Arts Foundation. En un principio, se trataba de una selección de veinticuatro películas, restauradas digitalmente, que tenía por objeto dar a conocer entre el público americano los títulos más destacados que se rodaron en Polonia durante la época comunista. Scorsese, no sólo renombrado director de Hollywood sino también doctor honoris causa por la Escuela de Lodz y acérrimo defensor de la preservación del patrimonio fílmico mundial, apadrina el proyecto.
Ocho de aquellos filmes son los que se presentan a partir de hoy en Barcelona y Walkower el que ha inaugurado las proyecciones. Se trata de una secuela de Rysopis, anterior trabajo que rodara el poeta y cineasta Jerzy Skolimowski y que, como éste, fue protagonizado por él mismo. De hecho, la historia que cuenta contiene no pocos elementos autobiográficos.
Lo más destacable de El fácil triunfo es su trepidante banda sonora jazzística a cargo de Andrzej Trzaskowski, música que condiciona el ritmo sincopado de las propias imágenes. De hecho, el jazz tuvo una presencia bastante notable en el cine polaco de aquel período (no hay más que recordar El cuchillo en el agua de Polanski). Y casi podría decirse lo mismo del gusto por los continuos movimientos de cámara, presente también en otras filmografías del Este europeo, como en el caso del húngaro Miklós Jancsó y sus larguísimos y complejos planos secuencia.
Esa inquietud es la que lleva al boxeador Andrzej Leszczyc, verdadero culo de mal asiento, a ir continuamente de aquí para allá, en compañía de la bella Teresa (Aleksandra Zawieruszanka), en busca de un sentido que llene la vacuidad de su existencia. En ese aspecto, son varias las ocasiones en las que dicho sentimiento se verá subrayado mediante los versos que se escuchan mientras el primer plano del rostro del protagonista ocupa la pantalla. Aunque ello no es óbice para que un peculiar sentido del humor lo impregne todo de principio a fin.
Más cerca del ilusionismo que del arte cinematográfico propiamente dicho, esta pequeña joya de Segundo de Chomón representa, sin embargo, lo bueno y mejor del cine en su estadio más primitivo. Se ha proyectado esta tarde en la Filmoteca de Catalunya formando parte de un tríptico de filmes inéditos restaurados por el Museo Nazionale del Cinema di Torino e ilustrados al piano por Virginia Guastella.
Durante la presentación, se lamenta Octavi Martí de que no haya acudido más gente (y ciertamente somos pocos los congregados en la Sala Laya). ¡Qué ironía!: llamándose Chomón la sala grande, relegan el estreno de sus películas a la sala pequeña. En todo caso, la escasa asistencia de público parecería explicar por qué ello es así. Poco importa: Joan M. Minguet i Batllori tituló su ya clásica monografía sobre el pionero aragonés Segundo de Chomón. El cine de la fascinación. Deslumbramiento que, cien años después, sigue intacto (para quien sepa apreciarlo).
La Filmoteca de Catalunya dedica estos días un ciclo a revisar el cine chileno de los años sesenta, por lo que Verónica Cortínez y Manfred Engelbert se han desplazado hasta Barcelona para comentar, al cabo de cada proyección, los filmes seleccionados. En la tarde de hoy le ha tocado el turno a uno de los títulos más taquilleros de la historia en el país andino: el musical Ayúdeme usted, compadre, dirigido en 1968 por Germán Becker, a la sazón jefe de propaganda y mano derecha del entonces presidente de la nación, el democristiano Eduardo Frei Montalva. De ahí procede, huelga decirlo, la visión idealizada que ofrece de Chile como el mejor de los mundos posibles.
"Bodrio elefancíaco" fue alguno de los calificativos que la prensa local le dedicó en el momento de su estreno, lo cual pone de manifiesto el rechazo frontal suscitado entre buena parte de la crítica así como desde los sectores de la izquierda radical. De hecho, fue el cineasta Raúl Ruiz quien contribuiría definitivamente a estigmatizar el filme aplicándole el adjetivo fascista.
Y ciertamente hay en él una innegable exaltación de las esencias patrias, de una chilenidad de postal en apariencia inocente, pero que, al son de las canciones de moda en aquel entonces, no sirve sino para hacer apología del militarismo más recalcitrante. En opinión de Cortínez, ello no es óbice para rescatar del olvido una película que hasta ahora nadie se tomó la molestia de analizar en profundidad y que, a la vista del giro que tomarían los acontecimientos a raíz del ascenso de Allende al poder y, sobre todo, del golpe militar de Pinochet en el 73, aporta un testimonio esencial de cómo era la sociedad chilena anterior a la dictadura.
Protesta enérgicamente Octavi Martí, subdirector de la Filmoteca, argumentando que lo único que se aprecia en Ayúdeme Ud., compadre es un país enfermo. Tan enfermo como la España que convirtió en éxito comercial las comedias de Manolo Escobar. A su juicio, la mayor parte de escenas, con una presencia notable de las tropas nacionales, prefiguran lo que pocos años después será la promoción del estamento castrense y la consiguiente escalada de la violencia en el seno de un país fuertemente convulso. Aparte de que el repertorio de canciones es tan empalagoso como solía serlo el del Festival de San Remo o el de la Canción del Mediterráneo por estos lares... Y eso sin contar con programas de televisión como Escala en HI-FI, de similar factura y con un gusto parecido por ese sentido del humor tan chabacano en el que abundan los chistes sobre aragoneses (sic).
Puntualiza Engelbert: respecto a la presencia de paradas militares y otros tipos de desfiles hay que tener en cuenta que en Latinoamérica, desde principios del XIX, el ejército era visto como garante de la lucha por las libertades, sobre todo frente a la amenaza del colonialismo español. Algo que con el paso del tiempo cambiaría y que el alemán compara con la evolución que en su propio país sufrieron las asociaciones estudiantiles universitarias, vinculadas en sus inicios con el honor y la democracia y, cien años después, con el nacionalsocialismo. Además, cabe preguntarse por qué desde la izquierda no se rodó un musical equivalente, teniendo en cuenta la profusión de artistas comprometidos que ya se hallaban en activo desde mediados de aquella década (Víctor Jara, Quilapayún, Inti-Illimani, Violeta Parra...) Esta última, pese a su conocida filiación comunista, sí que aparece fugazmente en Ayúdeme usted, compadre, así como letras de Neruda. Más aún: Becker, quizá en un afán de hacerse eco de todas las facciones, incluye un número con mapuches, algo insólito para la época, y también claras referencias a Chacabuco, cuna de la independencia (y, por una ironía del destino, sede asimismo de un campo de concentración ya en época de Pinochet).
Y, para colmo, los técnicos que trabajan en esta superproducción son los mismos profesionales que rodarán con los jóvenes del nuevo cine chileno. Se hace necesario, pues, contextualizar debidamente una película que, a pesar de la burda socarronería de Los Perlas (algo así como el equivalente chileno de Tip y Coll, salvando las distancias) y de su aparente falta de hilo conductor, contiene elementos que pocos años después habrían sido del todo impensables.
Por más que los medios de comunicación se hagan eco de que la esclavitud continúa siendo una lacra aún lejos de su erradicación total en el planeta (Cfr. "Casi 49 millones de esclavos en el mundo", La Vanguardia, 31/05/2016), a menudo nos cuesta ponerle cara y ojos a una realidad que tendemos a considerar remota.
De ahí la enorme importancia de la labor llevada a cabo por Lala Gomà y Rosa Cornet, quienes gracias a su documental Free, una mujer contra el Estado logran personalizar dicha problemática en la figura de Hadijatou Mani, la joven de Níger que no sólo logró huir de El Hadj Souleymane Naroua, el noble que a la edad de doce años la había comprado por el precio de una cabra, sino que además consiguió algo inaudito en África: que los tribunales le dieran la razón cuando denunció al Estado nigerino por no haber sido capaz de preservar su libertad.
A lo largo de los setenta minutos que dura el documental se irá desglosando todo un proceso que arrancó en 2009 y que finalizó en 2015, con Hadijatou todavía luchando, ahora por obtener la custodia de los hijos que tuvo durante su cautiverio.
Gracias al apoyo brindado por la ONG Timidria en el poblado de Dogeraoua (cerca de Konni), y en especial de su delegado Almu, que fue quien destapó el caso, la historia de Hadijatou cobró importancia a nivel internacional, siendo recibida por la Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton y la Primera dama Michelle Obama.
En la entrega del premio Courage Women
Y no sólo eso: la película también nos muestra cómo ahora otras mujeres que, siguiendo su ejemplo, han logrado emanciparse viven en poblados de ex esclavas como Zango Abolo. Aunque no todo es tan fácil, pues determinadas prácticas están tan arraigadas en la cultura local que por más que las leyes persigan la esclavitud ésta se sigue practicando. De hecho, al propio Naroua le cuesta asumir que ya no puede seguir disfrutando de una serie de privilegios que él considera inherentes a su condición social. Por eso afirma que los jueces que han permitido la libertad de Hadijatou deberán rendir cuentas ante Alá.
Más sorprendente aún es la reacción de unos hijos que prefieren vivir con el padre porque acusan a Hadijatou de haberlos abandonado. De hecho, la mujer ni siquiera puede hablarle a su hijo mayor, según prohíben las estrictas tradiciones locales.
La producción de Free, una mujer contra el Estado se ha llevado a cabo mediante una campaña de micromecenazgo a través de internet que ha permitido financiar el proyecto. De modo que en la tarde de hoy se ha podido presentar el resultado final ante muchos de los colaboradores que abarrotaban la Sala Laya de la Filmoteca de Catalunya.
Durante la presentación de hoy miércoles en la Filmoteca de Catalunya
Gomà ha explicado, asismismo, que durante el tramo final de producción no les fue posible desplazarse de nuevo a Níger para cubrir el juicio por la custodia de los hijos de la joven, aunque gracias a Skype tuvieron ocasión de dar instrucciones desde aquí a sus ayudantes (de lo cual queda constancia en los títulos de crédito finales).
Octavi Martí, Lala Gomà (centro) y Rosa Cornet (derecha)