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viernes, 25 de octubre de 2024

¡Suspense! (1961)




Título original: The Innocents
Director: Jack Clayton
Reino Unido/EE.UU., 1961, 100 minutos

¡Suspense! (1961) de Jack Clayton


La tenía justo delante, deshonrada y trágica; pero mientras la miraba fijamente, para poder recordar sus rasgos, la espantosa imagen desapareció. Oscura como la noche, con su vestido negro, su belleza desfigurada y su inmensa pena, me había mirado lo bastante como para parecer decirme que tenía tanto derecho a sentarse a mi mesa como yo a sentarme a la suya. Y la verdad es que en esos instantes sentí un escalofrío al tener la impresión de que la intrusa allí era yo.

Henry James
Otra vuelta de tuerca
Traducción de Soledad Silió

Todo en The Innocents (1961) remite a un ambiente victoriano cuyo puritanismo decimonónico comporta una educación tan severa como represiva. Terreno abonado, por tanto, para lecturas de índole freudiana que a principios de la década de los sesenta estaban muy en boga, como lo prueba el hecho de que, un par de años más tarde, John Huston llevara a cabo su propio biopic a propósito del padre del psicoanálisis. En ese sentido, y pese a que el título castellano de la película (¡Suspense!) posea innegables connotaciones hitchcockianas —que los distribuidores nacionales, por cierto, buscaron intencionadamente tras el éxito comercial de Psicosis (1960)—, lo cierto es que el sustrato patológico de esta libre adaptación del texto de Henry James, a cargo de William Archibald y Truman Capote, parece más que evidente.

A este respecto, la ambigua atmósfera onírica en la que transcurre la acción bebe de referentes tan obvios como Rebecca (1940), del ya mencionado Hitch, donde la presencia etérea de un personaje femenino in absentia también condicionaba toda la historia, o, mucho más reciente en el tiempo, los delirios de raigambre homosexual que atormentan al protagonista de De repente, el último verano (1959) de Mankiewicz. Sea como fuere, el conflicto interno no resuelto que atenaza la psique de Miss Giddens (Deborah Kerr) la somete a continuos desvaríos que tendrán, a la postre, fatales consecuencias para su salud mental.



En todo caso, la equívoca relación de la institutriz con los niños que tiene a su cargo no sólo entronca hasta cierto punto, por sus implicaciones morales, con la osadía del papel que la actriz británica interpretara a las órdenes de Minnelli en Té y simpatía (1956), sino que prefigura además toda una corriente de títulos posteriores, desde El otro (1972) de Robert Mulligan hasta La profecía (1976) de Richard Donner, en los que el carácter angelical de las criaturas contrasta con el influjo potencialmente maligno que éstas ejercen sobre sus mayores.

Y es que la palabra que define esta obra maestra del cine gótico es precisamente contraste, ya sea entre las luces y sombras de la soberbia fotografía en cinemascope y blanco y negro del siempre genial Freddie Francis (1917-2007) o entre la belleza apolínea de los protagonistas y los lúgubres fantasmas, reales o no, que les afligen.



martes, 16 de junio de 2015

Confidential Report (1955)




Título alternativo: Mister Arkadin
Director: Orson Welles
Francia/España/Suiza, 1955, 95 minutos




A certain great and powerful King once asked a poet: “What can I give you of all that I have?” 
He wisely replied: “Anything, Sir… except your secret”.

El caso de Confidential Report (título del montaje o montajes que circularon internacionalmente de Mister Arkadin) es paradigmático de la carrera de Orson Welles. Rodada a salto de mata y con escasos medios entre España (Barcelona, la Costa Brava, Segovia, Valladolid, Madrid...), Munich, París o Cannes, la película es un inmenso y genial rompecabezas de ritmo frenético, voluntariamente desconcertante.

Como inaudito es su personaje protagonista, Gregory Arkadin, un magnate de dudosa reputación que, desconociendo su propio pasado, encarga al detective Guy Van Stratten que investigue cuál fue su trayectoria antes de 1927 para, una vez esclarecida, borrarlo todo... incluido Van Stratten. Para ello,  el investigador se verá obligado a recorrer medio mundo: España, Dinamarca, Alemania, Marruecos, Méjico, Francia...

Los paralelismos con Ciudadano Kane son llamativos: un hombre hecho a sí mismo que, a pesar de haber forjado una fortuna, siente la necesidad de hurgar en vivencias remotas en busca de la inocencia que fue perdiendo a lo largo del camino. No obstante, conforme avance la trama se nos irá haciendo cada vez más evidente que dichas pesquisas no son más que puro Macguffin, dado que a Welles parece traerle sin cuidado la verosimilitud de la historia que cuenta. Para él lo verdaderamente relevante es cómo la explica: el puro desenfreno de pasar, venga o no a cuento, de una escena a otra, de un espacio al siguiente, embrollando cada vez más la intriga y, de paso, confundiendo al espectador. En ese sentido, la película tiene un cierto toque esperpéntico, acentuado por la caricaturesca caracterización de Orson Welles, con su indisimulada prótesis nasal, así como por la vertiginosa música cíngara de los primeros minutos (recurso, dicho sea de paso, que también explota Wes Anderson en la reciente y oscarizada El gran hotel Budapest).



Habría asimismo una conexión con El tercer hombre, toda vez que la historia tuvo su origen en un serial radiofónico titulado Las vidas de Harry Lime, pese a que, al parecer, Welles se inspirara también en un personaje real: el traficante de armas Basil Zaharoff.

Confidential Report es, por consiguiente, una de esas películas que requieren ser vistas más de una vez, no tanto para entenderlas (porque, si bien se mira, no tienen un sentido preciso) sino para disfrutar de todo el despliegue de sus planos contrapicados, angulaciones enfáticas y flash-backs. Igualmente entretenido es analizar las diferencias entre las diversas versiones (Welles no controló el montaje de ninguna de ellas). El caso más llamativo es el de las actrices Suzanne Flon y Katina Paxinou, por ejemplo, que fueron sustituidas en la versión española por Amparo Rivelles e Irene López Heredia, respectivamente. También hay planos cambiados de lugar (o directamente suprimidos, como los que indican que el avión del protagonista se estrella, algo que apenas se intuye en la versión internacional y de lo que no cabe duda en la española).

Finalmente, son dignos de ser destacados momentos estelares (como la anécdota que explica Arkadin sobre la rana y el escorpión o aquella otra del cementerio en cuyas lápidas constaba cuánto habían durado las amistades de los difuntos o incluso el carnaval goyesco o la procesión de semana santa en Segovia frente al alcázar, el acueducto y lo que le echen...) o secundarios de la altura de Akim Tamiroff (Jakob Zouk: alfa y omega del argumento), Mischa Auer y su circo de pulgas, Michael Redgrave o Paola Mori (tercera esposa de Welles e hija de Arkadin en la película).