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domingo, 10 de septiembre de 2023

Memorias de París (2022)




Título original: Revoir Paris
Directora: Alice Winocour
Francia, 2022, 105 minutos

Memorias de París (2022) de Alice Winocour


La brutal ola de atentados terroristas que en los últimos años ha ido sucesivamente asolando la capital francesa tiene ya su reflejo en distintas películas, como por ejemplo Un año, una noche (2022) de Isaki Lacuesta, sobre la masacre acaecida en la sala Bataclan y que tuvimos ocasión de comentar en su día, o la cinta que ahora nos ocupa, la francesa Revoir Paris (2022) de Alice Winocour.

Esta última está protagonizada por Mia (Virginie Efira), una traductora que, tras sobrevivir a un tiroteo en un céntrico restaurante parisino, deberá hacer frente a las secuelas que le impiden recordar buena parte de tan terrible vivencia. Lo cual la lleva a embarcarse en una dolorosa reconstrucción de los hechos en la que, gracias a una asociación de víctimas, entra en contacto con Thomas (Benoît Magimel), superviviente, igual que ella, de aquella fatídica velada.



Como consecuencia de todo este proceso, Mia se ve gradualmente abocada a replantearse su propia vida, al tiempo que le obsesiona dar con el paradero del individuo que la tomó de la mano durante los interminables minutos que duró el ataque de los extremistas. Ardua búsqueda, dado que el hombre en cuestión es uno de tantos inmigrantes en situación irregular y forzado, por ende, a ir continuamente de aquí para allá con tal de ganarse el sustento.

Partiendo de la base de que abordar semejante herida, aún abierta y cuyos efectos aquejarán durante decenios a la sociedad francesa en su conjunto, representa una empresa tan valiente como arriesgada, conviene,  sin embargo, puntualizar que el resultado final adolece tal vez de una cierta falta de cohesión, como si los distintos episodios narrados constituyesen apenas un relato más bien previsible. En cualquier caso, Winocour acierta a plasmar en imágenes las emociones a flor de piel de sus personajes, ciudadanos anónimos marcados por la tragedia, aunque sus heridas no siempre sean visibles a simple vista.



miércoles, 5 de julio de 2023

Caprice (2015)




Director: Emmanuel Mouret
Francia, 2015, 96 minutos

Caprice (2015) de Emmanuel Mouret


Clément (Emmanuel Mouret) responde al perfil del típico patoso entrañable: maestro de escuela, separado amistosamente de su ex mujer, padre de un chaval tan adicto a la lectura como su papá... El caso es que al bueno de Clément le apasiona también el teatro, en especial si es la bella Alicia Bardery (Virginie Efira) quien actúa en la obra. Al cabo de un tiempo, por esos azares de la vida, el tímido profesor y la sofisticada actriz acabarán siendo pareja. El problema es que el destino es caprichoso, puesto que otra joven, mucho más sencilla y espontánea, suele sentarse junto a Clément en cada representación: su nombre, como no podía ser de otra manera, es Caprice…

Basta echar un simple vistazo a la filmografía de Emmanuel Mouret para darse cuenta enseguida del interés que el actor y director francés siente por los dilemas morales. Sobre todo cuando éstos giran en torno a alguna relación sentimental que le permita estructurar una comedia romántica de enredo. En lo que se refiere a Caprice (2015), las claves de dicha fórmula se plantean en forma de disyuntiva: la que experimenta el protagonista al oscilar entre dos tipos de mujer radicalmente opuestos.



Huelga decir que la puesta en escena resulta impecable, con su elegante banda sonora jazzística a cargo del italiano Giovanni Mirabassi, porque ése es un rasgo que invariablemente encontramos en todas las películas que hasta la fecha ha dirigido Mouret. Así pues, sus personajes viven, aman y sueñan en un París de postal en el que todo parece posible.

Aunque, volviendo a lo que sería propiamente el trasfondo de esta historia, al final queda un poco la sensación de que la pobre Caprice (interpretada por Anaïs Demoustier) ha sido una especie de ángel incomprendido cuyo paso por la vida de Clément motiva que éste se dé cuenta (tarde, por desgracia) de lo que un día tuvo delante y tal vez no supo apreciar.



martes, 7 de febrero de 2023

Los hijos de otros (2022)




Título original: Les enfants des autres
Directora: Rebecca Zlotowski
Francia, 2022, 103 minutos

Los hijos de otros (2022) de Rebecca Zlotowski


A sus cuarenta años, y pese a llevar una vida plena tanto profesional como sentimentalmente, Rachel (Virginie Efira) no ha visto aún satisfecho un fuerte instinto de maternidad que va camino de convertirse en frustración. Sobre todo a medida que constata que ejercer de madrastra de la hija de su pareja acarrea más inconvenientes que ventajas. Quizá porque Ali (Roschdy Zem) no ha acabado de olvidar por completo a su ex (Chiara Mastroianni); tal vez porque Rachel siente que nunca podrá establecer con la niña el mismo vínculo que una madre biológica.

Sin embargo, en su faceta como docente, la protagonista de Les enfants des autres (2022) jugará un papel decisivo en el destino de uno de sus alumnos, Dylan (Victor Lefebvre), por cuyas cualidades apuesta cuando nadie, entre el claustro de profesores, da un duro por el chaval, lo que la convierte, en cierto modo, en una figura maternal que va a marcar la posterior trayectoria del muchacho. Quién sabe si para la pequeña Leïla, con apenas cuatro años y medio, llegará a ser algún día algo más que un recuerdo borroso...



Todo parece indicar que el guion, escrito por la propia Rebecca Zlotowski, contiene bastantes elementos autobiográficos, reflejo de una obsesión que se cierne sobre tantísimas mujeres de hoy en día, acuciadas por su reloj biológico, si bien la cineasta francesa (París, 1980) lograría finalmente quedarse embarazada durante la fase de postproducción de la película. Por cierto que, como dato curioso, destaca la presencia en el reparto del afamado documentalista Frederick Wiseman, quien interpreta al ginecólogo de Rachel.

Con todo y con eso, el desarrollo de la historia, una equilibrada mezcla entre comedia romántica y mirada sociológica, resulta un tanto irregular, avanzando sin rumbo fijo hasta culminar en un desenlace no por emotivo menos previsible. La banda sonora, heteróclita en extremo, permite escuchar una variada selección de temas musicales que van desde Vivaldi a Thelonious Monk pasando, ya en el tramo final, por Moustaki versionando a Antonio Carlos Jobim en "Les Eaux de Mars".



sábado, 18 de enero de 2020

El reflejo de Sibyl (2019)




Título original: Sibyl
Directora: Justine Triet
Francia/Bélgica, 2019, 100 minutos

El reflejo de Sibyl (2019) de Justine Triet


El hecho de que un cineasta intente ensayar nuevas formas de expresión es siempre admirable, independientemente de que salga airoso o no de sus experimentos. Que es, por cierto, lo que le ocurre a Justine Triet en El reflejo de Sybil (2019), una de esas películas que, a fuerza de querer abarcar demasiadas cosas, termina por no llegar a ninguna parte.

A este respecto, podría parecer que psicóloga en plena crisis de los cuarenta, novelista que se inspira en casos clínicos de su propia consulta, miembro de Alcohólicos Anónimos, madre soltera, script en un rodaje en la isla de Estrómboli y hasta cantante ocasional son demasiados roles para un solo personaje, aunque Virginie Efira los aborde todos con la soltura que es habitual en ella. Ahora bien: cómo se le queda la cara al espectador ante semejante engendro ya es otro tema…



Quizá porque su protagonista es escritora, el filme adolece de una estructura narrativa a base de saltos en el tiempo y mezcla de planos ficcionales que iría muy bien para un libro, pero que en el cine, más dado a lo lineal, corre el riesgo de generar una cierta confusión. Se adivina, en todo ello, una ligera influencia del Alain Resnais de Mon oncle d'Amérique (1980) o de modelos más recientes como Personal Shopper (2016) de Olivier Assayas, pese a que habrá quien diga que el fondo carece de la misma fuerza.

En todo caso, si la dependencia recíprocamente enfermiza que aquí se plantea entre psicoterapeuta y paciente psicoanalizada (Adèle Exarchopoulos) adquiere, por momentos, tintes de thriller, también hay lugar, al mismo tiempo, para la confesión autobiográfica de aires un tanto rossellinianos, toda vez que la directora se desdobla en uno de los personajes de los varios triángulos amorosos expuestos en la película.


lunes, 15 de julio de 2019

Un amor imposible (2018)




Título original: Un amour impossible
Directora: Catherine Corsini
Francia/Bélgica, 2018, 135 minutos

Un amor imposible (2018) de Catherine Corsini


Mon père et ma mère se sont rencontrés à Châteauroux, près de l’avenue de la Gare, dans la cantine qu’elle fréquentait, à 26 ans elle était déjà à la Sécurité sociale depuis plusieurs années, elle a commencé à travailler à 17 ans comme dactylo dans un garage, lui, après de longues études, à 30 ans, c’était son premier poste. Il était traducteur à la base américaine de La Martinerie.

Christine Angot
Un amour impossible
Flammarion

Más que Un amor imposible, el último trabajo de la realizadora francesa Catherine Corsini debería haberse titulado "Una película imposible". Porque adaptar las alrededor de doscientas páginas de la novela de Christine Angot (publicada en 2015 por Anagrama y recientemente llevada a los escenarios por Bulle Ogier y Maria de Medeiros en su versión teatral) no parece tarea sencilla a la vista del resultado final. Y es que Corsini (Dreux, Eure-et-Loir, 1956) sucumbe al recurso fácil de la voz en off para explicar la historia de una madre y una hija traumatizadas por el mismo hombre.

Ciertamente, el tema abordado es lo suficientemente duro como para que suscite de inmediato el interés del público y de ahí que tanto la novela como la obra de teatro y el filme hayan gozado de una cierta repercusión. Sin embargo, el reparto elegido para la adaptación cinematográfica no contribuye, precisamente, a dotar de verosimilitud a la trama. Sobre todo en el caso de Virginie Efira y Niels Schneider. ¿Cómo se explica, por ejemplo, que una mujer de bandera como Rachel caiga perdidamente enamorada de Philippe? Puede que en la novela él sea un encantador de serpientes irresistible, pero lo que es en la pantalla...



Mucho más meritorio, en cambio, es el tratamiento que, a nivel formal, se le da a la imagen para recrear un lapso temporal que va desde 1958 hasta prácticamente la actualidad. En ese sentido, la fotografía de Jeanne Lapoirie y la dirección artística de Toma Baqueni son dos de las bazas principales de un filme cuyo eje temático gira en torno a elementos relacionados con el choque generacional entre padres e hijos, el estigma de las madres solteras o los abusos sexuales en el seno familiar.

Esto último marca de un modo considerable el tramo final de Un amour impossible. Sobre todo porque Chantal —la adolescente (Estelle Lescure) y la adulta (interpretada por la cantante Jehnny Beth)— acabará pidiéndole cuentas a una madre (la ya mencionada Efira, quien, por cierto, realiza un esfuerzo considerable para meterse en la piel de una mujer que envejece conforme avanza la acción), la cual antepuso la ceguera de su pasión amorosa al incesto que se estaba cometiendo en sus propias narices y que no quiso o no supo ver.


lunes, 14 de enero de 2019

El gran baño (2018)




Título original: Le grand bain
Director: Gilles Lellouche
Francia/Bélgica, 2018, 122 minutos

El gran baño (2018) de Gilles Lellouche


Con mejor o peor criterio, los carteles que anuncian esta película en el metro de Barcelona se refieren a ella como "un Full Monty a la francesa". En realidad, y al margen de que tales comparaciones vayan más encaminadas a hacer taquilla que no a hacer justicia, lo cierto es que la cinematografía de nuestro país vecino posee una larga tradición de filmes protagonizados por patanes que se marcan objetivos a priori inalcanzables. 

Sin ir más lejos, Le concert (2009) de Radu Mihaileanu planteaba, hace justo una década, la posibilidad de que una orquesta de aficionados triunfase en el mundo entero. Y así podríamos ir tirando hacia atrás hasta llegar a Les bronzés (1978) de Patrice Leconte, Les visiteurs (1993) de Jean-Marie Poiré o hasta las genialidades de Jacques Tati. Títulos, todos ellos, muy dispares entre sí, pero unidos por un mismo denominador común: la heroicidad del torpe.

Ciertamente, el adjetivo torpe se queda más bien corto para referirse a los protagonistas de Le grand bain (última incursión tras las cámaras del actor Gilles Lellouche), pues atreverse a montar un equipo masculino de natación sincronizada cuyos miembros, en su mayoría, sobrepasan ampliamente los cuarenta es una idea tan quijotesca como entrañable. Sobre todo a medida que vayamos conociendo los entresijos de la historia personal de cada uno de sus integrantes, incluidas las dos entrenadoras.



Aun así, y ello es lo peor, le acaba de faltar algo de gancho a una historia que, en principio, lo tenía todo para conectar con el público, comenzando por actores de la talla de Mathieu Amalric. Y aunque en teoría no tenga por qué ser un defecto, pero la verdad es que se le nota un cierto aire de reunión de amigos, algo que ya sucedía en Pequeñas mentiras sin importancia (Les petits mouchoirs, 2010), donde, contrariamente a lo que aquí sucede, el que dirigía era Guillaume Canet, mientras que Lellouche interpretaba un pequeño papel. Además de que, tanto en la una como en la otra, se percibe un exceso de música incidental (lo cual se nos antoja que debe de ser una tentación muy propia de actores que se pasan a la dirección: la de incluir algunas de tus canciones favoritas en la banda sonora).

Con todo, merece la pena defender, pese a sus carencias, un filme que apuesta por la libertad de elección del individuo frente a la indiferencia de los demás; que nos invita a que seamos nosotros mismos, sin complejos, antes que dejarse arrastrar por los sinsabores de una tediosa vida convencional.


lunes, 4 de septiembre de 2017

Los casos de Victoria (2016)




Título original: Victoria
Directora: Justine Triet
Francia, 2016, 97 minutos

Los casos de Victoria (2016)


Es tanta la sutileza de lo que se propone mostrar la directora Justine Triet con su segundo largometraje (La bataille de Solférino había sido el primero, en 2013) que difícilmente podía llegar a buen puerto: una comedia que es un drama y, al mismo tiempo, una película de juzgados en la que también intervienen animales y niños... Ummm... Demasiadas cosas a la vez. Ya se sabe: quien mucho abarca...

Que la bella Victoria (Virginie Efira) es un caos de mujer salta enseguida a la vista, pero de ahí a llamarla "superheroína de los tiempos modernos", como reza el cartel promocional de la película, media un abismo. ¿Por qué debería ser merecedora de tal apelativo una abogada divorciada que apenas se ocupa de sus dos hijas, que recibe en su habitación a desconocidos con los que contacta a través de internet mientras las niñas juegan en la sala de estar con el canguro de turno?



Bueno, claro: es que para los integrantes de la generación Y eso de ser desorganizado es el summum de la fascinación y, por más que la protagonista pretenda hacernos creer que busca un poco de estabilidad en su vida, lo cierto es que a buen seguro que, para muchos, el atractivo principal de Los casos de Victoria será verla a ella fluctuando en ese apartamento desordenado, ora riendo ora desmayándose.

Una boda que acaba con la novia acusando al novio de apuñalarla; un dálmata y un chimpancé testificando en el ulterior juicio; un litigio paralelo en el que Victoria acusa a su ex de difamarla aireando intimidades en un blog... Ciertamente, Hawks, Wilder o Leo McCarey habrían hecho maravillas con unos ingredientes tan disparatados, no así una directora carente de la agudeza de aquellos grandes maestros.


martes, 11 de octubre de 2016

Elle (2016)




Director: Paul Verhoeven
Francia/Alemania/Bélgica, 2016, 130 minutos


Elle (2016) de Paul Verhoeven


Se cumple, de nuevo, lo que hace apenas unos días dijimos a propósito de Isabelle Huppert al comentar L'avenir. ¿Será posible que veamos otra vez a la actriz francesa interpretando a una mujer perturbadoramente inquietante? Y aunque en esta ocasión lo haga en un thriller a las órdenes del director de Instinto básico, parece que ya es de obligado cumplimiento el que sus personajes padezcan las secuelas de haber tenido unos padres avasalladoramente dominantes. Bueno, no perdamos más tiempo en ello: a fin de cuentas, la historia del cine está llena de casos de actores y actrices encasillados, por muy sobresalientes que fuesen sus dotes interpretativas...

Pero, ¿y esta Elle, basada en la novela « Oh... » de Philippe Djian? ¿De verdad se supone que hay que mantener en vilo al espectador hasta desvelar quién es el intruso enmascarado que irrumpe en el domicilio de Michèle Leblanc, la ejecutiva agresiva de una empresa de videojuegos a la que da vida la Huppert? Porque está clarísimo desde el principio quién es (y no lo vamos a decir aquí, no, ¡Dios nos libre de incurrir en pecado de spoiler!). Vale que la peli estaba destinada en un principio al mercado americano (de ahí que el guionista sea David Birke); pase que Paul Verhoeven no sólo es el director de RoboCop o de Showgirls sino también de las meritorias Delicias turcas (1973) o El libro negro (2006); pero lo que no tiene perdón es pretender que Elle sea una obra maestra, por muy candidata que fuese a la Palma de Oro en Cannes.

Y no lo es básicamente por una cuestión de credibilidad: ni la historia ni las interpretaciones son verosímiles, ni tampoco una mujer reaccionaría tras una violación como lo hace Michèle. Tampoco hay quien se trague la trama del hijo (Jonas Bloquet), su posesiva novia (Alice Isaaz) y el bebé mulato. Y ¿qué decir de los diversos escarceos sexuales de la protagonista? Aunque esto último debe ser herencia del período americano de Verhoeven.

Ya sabemos que estamos hablando de cine y que la verosimilitud no es condición sine qua non para hacer buenas películas. Pero no menos cierto es que, dependiendo del género (como es el caso del thriller), uno necesita entrar en la lógica de la historia para que los resortes del mismo liberen bruscamente toda su energía al llegar al clímax. Y eso aquí no pasa. O no nos ha pasado a nosotros, por lo menos. Respetando al máximo la opinión de quienes aún crean que Elle es el mejor filme del año (léase Borja Cobeaga vía Twitter, por ejemplo), os emplazamos hasta la próxima entrada en Cinefília Sant Miquel.

No se han peleado: son Verhoeven y Huppert ensayando una escena

lunes, 29 de agosto de 2016

Pastel de pera con lavanda (2015)




Título original: Le goût des merveilles
Director: Éric Besnard
Francia, 2015, 100 minutos

Pastel de pera con lavanda (2015) de Éric Besnard


Las merveilles a las que alude el título original de este Pastel de pera con lavanda son una especie de torta frita azucarada que la protagonista Louise Legrand (Virgine Efira) prepara, precisamente, a las mil maravillas (y nunca mejor dicho). En su amor por sacar adelante la granja y, sobre todo, la parcela de perales que su difunto esposo les legara a ella y a sus dos hijos se encuentra la esencia de esta comedia romántica francesa.

En dicho espíritu de supervivencia y en la relación que se establece entre Louise y Pierre (Benjamin Lavernhe), a partir del momento en el que él se cruza en su camino (literalmente, puesto que es atropellado). Sin embargo, enseguida se hará evidente que Pierre padece algún tipo de trastorno del espectro autista, sugiriéndose incluso en algún momento el síndrome de Asperger. De ahí que haya hiperdesarrollado una extrema obsesión por el orden, lo cual, unido a su notable capacidad matemática, arroja una peculiar personalidad capaz de convertirlo en un temible hacker o en un tierno y leal compañero.



Pero lo cierto es que tanto Emma (Lucie Fagedet) como Félix (Léo Lorléac'h), los hijos de Louise, acabarán por adorar a Pierre, el cual terminará asimismo ocupando un lugar importantísimo en la vida de la madre.

De un modo similar a lo que sucedía en películas ya clásicas como Rain Man (Barry Levinson, 1988) o Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), Le goût des merveilles nos permite adentrarnos en el interior de una mente de lo más genuino, haciéndonos ver el lado entrañable de realidades que a menudo topan con la incomprensión ajena. En ese sentido, son destacables los personajes interpretados por la israelí Hiam Abbass y por Laurent Bateau. La primera encarna a la doctora Mélanie Ferenza, la encargada de certificar que Pierre ni supone ni corre ningún peligro. El segundo es Paul, teóricamente amigo de la familia, pero que se granjeará la ojeriza de los chicos al representar los valores opuestos a la sensibilidad de Pierre.

No cabe duda, al respecto, de que estamos ante un filme ("un cuento de hadas real", como se afirma en los títulos de crédito finales) con tendencia a idealizar una serie de realidades a menudo no tan cautivadoras como aquí se pintan. Pero precisamente por ello hay que valorar en su justa medida el esfuerzo que ha hecho Éric Besnard, autor también del guion, por humanizarlas.


miércoles, 22 de junio de 2016

Un hombre de altura (2016)




Título original: Un homme à la hauteur

Director: Laurent Tirard
Francia, 2016, 98 minutos

Un hombre de altura (2016) de Laurent Tirard


Comenta el crítico de El Periódico a propósito de Un hombre de altura que es una película "tramposa", quizá olvidando que toda manifestación cinematográfica lo es en esencia: 24 fotogramas por segundo, unidos a la persistencia retiniana: nuestra imaginación hace el resto. Se permite igualmente decir que el remake francés "repite todos los defectos de su modelo" argentino. Bueno, vamos a ver: al margen de lo subjetivo de la apreciación, lo realmente importante a la hora de valorar una película de semejantes características es no perder de vista con qué finalidad fue concebida.

Un homme à la hauteur se enmarca en lo que podríamos llamar comedia romántica. Es decir, tiene que ser forzosamente "caricaturesca" e incluso algo superficial, ya que su comicidad suele basarse en unos estereotipos que son los que el espectador luego espera encontrar. El problema viene cuando se pretende juzgarla con los mismos parámetros que aplicaríamos al cine de autor. Pero ni Laurent Tirard aspira a ser Bergman (Ingmar) ni su última película es El séptimo sello (ni falta que hace).



Lo que no puede negar nadie es que la pareja protagonista tiene encanto, la cámara los quiere: Virginie Efira ya destacó en 20 años no importan (20 ans d'écart, dirigida en 2013 por David Moreau), filme con un planteamiento similar a este, sólo que allí su pareja era pequeña en años. Y ¿qué decir a estas alturas (no es ironía) de Jean Dujardin y esa sonrisa que lleva encandilando a medio mundo desde el éxito de The Artist? Juntarlos en un mismo proyecto es asegurarse el éxito comercial, el equivalente en el siglo XXI de lo que supusieron Cary Grant y Deborah Kerr décadas atrás.

Si tanto en El pequeño Nicolás (y su secuela: Les vacances du petit Nicolas, 2009 y 2014, respectivamente) como en Astérix & Obélix: Al servicio de Su Majestad (2012) Laurent Tirard adaptaba éxitos editoriales, lo que afrancesa ahora es el Corazón de león (2013) de Marcos Carnevale. En ambos casos, películas que más que "condenar la discriminación social recurriendo al tipo de chistes crueles que incitan a ella" nos hablan de personas con el sano propósito de hacernos pasar un buen rato. Que ella sea abogada y él arquitecto son datos intrascendentes, como lo es su poder adquisitivo. Es más: si son guapos y ricos es porque ello aporta la nota de glamour necesaria en toda comedia romántica que se precie.

Y que tanto Diane como Alexandre deban superar prejuicios y complejos de todo tipo para lograr sacar adelante su relación se debe sobre todo a generar situaciones divertidas que muevan a risa al espectador. A fin de cuentas, Un homme à la hauteur no es ni de lejos cine social: como mucho se queda en reverso de El increíble hombre menguante.

Virginie Efira (Diane) y Jean Dujardin (Alexandre)