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miércoles, 17 de junio de 2020

Dos cabalgan juntos (1961)




Título original: Two Rode Together
Director: John Ford
EE.UU., 1961, 109 minutos

Dos cabalgan juntos (1961) de John Ford


Para no haber sido un proyecto personal de John Ford, Two Rode Together contiene, sin embargo, buena parte de las constantes que marcaron su trayectoria como cineasta a lo largo de los años. De entrada, porque muchos de sus actores secundarios, como Henry Brandon, que vuelve a hacer de jefe indio, son los mismos que ya habían intervenido en The Searchers (1956), filme del que éste vendría a ser una especie de remake oficioso. De hecho, el motor de la historia es idéntico en ambos casos: dos tipos (en esta ocasión el tándem formado por Jimmy Stewart y Dick Widmark) al rescate de prisioneros blancos en manos de los comanches.

No obstante, el resultado final dista bastante de igualar a su predecesora y el propio Ford así lo manifestó desde un buen principio, llegando a calificar su propia cinta como "la peor basura que he hecho en veinte años". Probablemente no hubo para tanto (y ahí están para corroborarlo escenas memorables como la que la pareja protagonista comparte a orillas del río mientras los dos amigos conversan de todo y de nada), si bien es cierto que, en términos generales, cuanto acontece en la pantalla deja traslucir una continua e inequívoca falta de credibilidad.



Con todo y con eso, las dificultades auditivas de Widmark, Stewart y Ford habrían dado lugar a no pocas situaciones cómicas durante el rodaje, como confesaría años más tarde el primero de ellos al entonces crítico Peter Bogdanovich. Aceptémoslo: éste sí que fue un wéstern crepuscular en el sentido estricto de la palabra y así fue recibido por la crítica, a juzgar por los comentarios irónicos que suscitó la edad avanzada (y los respectivos implantes capilares) de los dos protagonistas. Inconvenientes que, a pesar de todo, no impiden que los susodichos compongan un dúo entrañable.

A este respecto, el sheriff McCabe (Stewart) encarna al hombre aparentemente materialista y sin escrúpulos, pero en el fondo con buen corazón, capaz de vender armas a los pieles rojas o amancebarse con la madame del pueblo (Annelle Hayes). En cambio, el teniente Gary (Widmark) representa al militar íntegro, dispuesto a sacar a McCabe de su zona de confort para que ayude a un grupo de familias desesperadas que lo recibirán como a un mesías. Que tanto el uno como el otro despierten, respectivamente, el interés de las jóvenes Elena (la argentina Linda Cristal) y Marty (Shirley Jones) parece menos verosímil, aunque ya se sabe que las convenciones un tanto machistas del género casi obligaban a ello.


domingo, 6 de enero de 2019

¿Vencedores o vencidos? (1961)




Título original: Judgment at Nuremberg
Director: Stanley Kramer
EE.UU., 1961, 186 minutos

¿Vencedores o vencidos? (1961)
de Stanley Kramer


Hay películas que, por la especial relevancia del tema abordado, merecen que se las considere aparte. Algo que ya dijimos semanas atrás al comentar Senderos de gloria (1957) y que hoy no tenemos inconveniente en repetir a propósito de otro monumento cinematográfico en favor de la libertad: Judgment at Nuremberg (el programa de la Filmoteca de Catalunya hace notar, con muy buen criterio, que eso de ¿Vencedores o vencidos? no fue más que un título "tendencioso" auspiciado por las autoridades franquistas en el momento de su estreno en España).

¿Qué decir de un reparto tan abrumador, en el que se dan cita nombres de la talla de Spencer Tracy, Burt Lancaster, Marlene Dietrich, Monty Clift, Judy Garland o Richard Widmark? Uno sólo de ellos bastaría para que se aguantase cualquier producción medianamente importante, por lo que conviene tener en cuenta que el productor/director Stanley Kramer no se anduvo por las ramas a la hora de poner toda la carne en el asador, si bien la mayoría de dichas estrellas se avino a rebajar sus honorarios por el orgullo que suponía ser parte de un filme de tales características.



Se dice que hasta Marlon Brando suspiraba por el papel de fiscal, pero que Kramer y su equipo, conmovidos por la soberbia actuación del joven intérprete austriaco Maximilian Schell —que ya había participado en la versión televisiva— no dudaron en mantenerlo, pese a tratarse de un perfecto desconocido para el gran público. Intuición que, al fin y a la postre, se acabaría revelando del todo acertada, habida cuenta del Óscar con el que Schell fue finalmente recompensado.

Como el guionista Abby Mann (1927–2008), el otro agraciado de entre las once nominaciones a las que optó la película y autor de frases tan memorables como aquella que le espeta el veterano e insobornable juez Haywood (Spencer Tracy) a su homólogo Janning (Burt Lancaster) justo antes de abandonar la celda de este último: "Herr Janning, se llegó a eso [a tolerar el exterminio de millones de personas] la primera vez que usted condenó a muerte a un hombre aun a sabiendas de que era inocente..."


martes, 22 de agosto de 2017

El gran combate (1964)




Título original: Cheyenne Autumn
Director: John Ford
EE.UU., 1964, 154 minutos

El gran combate (1964)


La que sería penúltima entrega de su larga carrera, mostraba a un John Ford que, por una vez en la vida, quiso contar la conquista del Oeste desde el punto de vista de sus pobladores originarios. Y para ello el veterano director se rodeó de un reparto estelar en el que sobresalen nombres míticos como James Stewart o Edward G. Robinson, aunque también secundarios de lujo de la altura de George O'Brien, Dolores del Río, John Carradine o Karl Malden. No está John Wayne, pero sí su hijo Patrick, mientras que la pareja protagonista fue interpretada por Carroll Baker y Richard Widmark.

En su larga y épica travesía de miles de kilómetros, la diezmada nación Cheyenne hará acopio de paciencia una vez quede claro que las promesas del hombre blanco carecen totalmente de valor. No todos los rostro pálido, se sobreentiende: una cosa es que Ford quisiese hacer un alegato más o menos bienintencionado y, otra muy distinta, que su película sea realmente un filme de denuncia. De eso nada: de modo que la cuáquera Deborah (Baker) no sólo será la encargada de alfabetizar a los niños navajos, sino que además se unirá al cortejo de indígenas hambrientos, seguida muy de cerca por el Ejército de Caballería.

Jimmie Stewart da vida a un Wyatt Earp otoñal


Tal y como acontece con otros wésterns rodados en plena década de los sesenta, la decadencia del género se aprecia en seguida en la fastuosidad de una superproducción hollywoodense incapaz de disimular, a pesar de su grandilocuencia, los síntomas de un viejo dinosaurio moribundo. Y no sólo por la sensación de cementerio de elefantes que pueda transmitir su elenco de estrellas venidas a menos: que éste es un filme crepuscular lo notamos en detalles como la nieve artificial de algunas escenas rodadas en estudio, la farragosa banda sonora de Alex North (y que tanto recuerda a la que compusiera cuatro años antes para Espartaco) o los estrepitosos fondos de pantalla utilizados para generar la ilusión de que el Secretario de Interior Schurz (Robinson) se halla realmente en el Monument Valley.

Como también ponen de manifiesto un cierto cansancio esos indios que más tienen de mejicano que de verdaderos pieles rojas (Ricardo Montalbán, Gilbert Roland, la propia del Río...) o Sal Mineo, mudo en su papel de aguerrido guerrero cheyene, según cuentan, para que no le delatase su fuerte acento italoamericano del Bronx. Sí: definitivamente, otra época y otro estilo muy distintos se venían encima en 1964. Lo cual no es óbice para que este último y gran combate tenga su dulce encanto de especie al borde de la extinción.


domingo, 18 de octubre de 2015

Un rayo de luz (1950)




Título original: No Way Out
Director: Joseph L. Mankiewicz
EE.UU., 1950, 106 minutos

Un rayo de luz (1950) de Joseph L. Mankiewicz


Nominada al Oscar al mejor guion, Un rayo de luz (1950) supuso el debut oficial de Sidney Poitier. Con apenas 22 años interpreta a Luther Brooks, un joven médico residente que debe enfrentarse a los prejuicios raciales de su entorno, comenzando por la pareja de delincuentes convalecientes tras un tiroteo a los que se ve obligado a atender. Richard Widmark encarna a Ray Biddle, el intolerante hermano superviviente e instigador de los disturbios contra Brooks. Y todo porque Ray cree erróneamente que es el tratamiento aplicado por el doctor el que ha matado a su hermano.



El resto del reparto lo completan Linda Darnell como Edie Johnson (la cuñada de Ray), Stephen McNally (el doctor Wharton, verdadero valedor de Luther) y Harry Bellaver (miembro mudo y bastante rudo del clan Biddle).



Tal y como ya habían hecho previamente cintas del tipo La barrera invisible de Elia Kazan (1947, Gentleman's Agreement) o años después Adivina quién viene esta noche de Stanley Kramer y de nuevo con Poitier como protagonista (1967, Guess Who's Coming to Dinner), Un rayo de luz pretende hacer reflexionar al espectador americano de la época hasta qué punto puede ser racista sin saberlo una sociedad teóricamente basada en el principio democrático de igualdad de todos sus ciudadanos.


Mankiewicz (centro) dirigiendo a Poitier y a McNally

jueves, 16 de julio de 2015

Noche en la ciudad (1950)




Título original: Night and the City
Director: Jules Dassin
Reino Unido, 1950, 101 minutos

Noche en la ciudad (1950) de Jules Dassin


Night and the city. The night is tonight, tomorrow night… or any night. The city is London...

Con estas palabras arranca la acción de Noche en la ciudad, la primera película que Jules Dassin se vería obligado a rodar fuera de Estados Unidos como consecuencia de la persecución a la que él y otros directores se vieron sometidos a raíz de la "caza de brujas" desatada por el Comité de Actividades Antiamericanas durante el Macarthismo.

Rodada en Londres en escenarios reales, se centra en las correrías de Harry Fabian (interpretado magistralmente por Richard Widmark) un timador de poca monta que no cesa de soñar con el golpe definitivo que le haga triunfar de una vez por todas. Pero Harry no es un tipo realista, pues lo suyo es fantasear y poco más. Como dice su vecino Adam (Hugh Marlowe): "Harry es un artista, pero sin arte".

Su pareja (la bella Mary, encarnada por Gene Tierney) toca mucho más con los pies en el suelo y por eso ahorra laboriosamente lo que va ganando en el local en el que trabajan ambos. Ese dinero, que Harry intenta arrebatarle en más de una ocasión, será fuente de continuas disputas. Harta de sus mentiras, Mary llegará a decirle, cuando lo pilla con las manos en la masa: "Harry, ¿sabes lo que estás haciendo? Me estás matando: me estás matando a mí y a ti mismo". Harry Fabian, sin embargo, es un perdedor. Y así se lo hará ver Mary desesperada: "Harry. Harry. Podrías haber sido lo que tú quisieras. Cualquier cosa. Tienes talento... ambición. Has trabajado más duro que diez hombres juntos. Pero en las cosas equivocadas. Siempre en las cosas equivocadas..."

Y creer que puede hacerse con el control del negocio de la lucha libre en Londres es otra de sus quimeras, la última y más dolorosa. Por cierto que, a propósito de lucha, la tremenda brutalidad de los combates que veremos en Noche en la ciudad evoca el violento contacto físico que solían tener las peleas en muchos de los trabajos americanos de Fritz Lang.

Como ya señalara el crítico Michael Atkinson, formalmente esta es una película que recuerda al estilo de Orson Welles por su profusión de ángulos picados y contrapicados o el uso de la técnica del claroscuro. Asimismo, la atípica composición del encuadre de muchos planos es igualmente de inspiración wellesiana, con la acción repartida simultáneamente en diferentes espacios y valiéndose de la profundidad de campo. También tiene algo de El tercer hombre, y no solo porque el malo de la peli se llame Harry sino porque la acción es esencialmente nocturna y porque se utilizan espacios naturales londinenses para rodar (a menudo mediante un gran plano general, como cuando vemos a Richard Widmark huyendo por la ciudad al inicio del film) al igual que ya hiciera Carol Reed con Viena.

En 1992, Irwin Winkler dirigió un remake de esta misma película titulado La noche y la ciudad, protagonizado por Robert De Niro y Jessica Lange, que trasladaba la acción hasta Nueva York.

La influencia de Orson Welles parece innegable
Otro de los planos insólitos del film
Gregorius (Stanislaus Zbyszko) y Nikolas de Atenas (Ken Richmond)
Noche en la ciudad (1950) se rodó en escenarios reales de Londres