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miércoles, 17 de marzo de 2021

Hable con ella (2002)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2002, 112 minutos

Hable con ella (2002) de Almodóvar


Tras el éxito internacional obtenido por Todo sobre mi madre (1999), Hable con ella (2002) vino a confirmar la buena racha de Almodóvar con un merecidísimo Óscar al Mejor Guion y una candidatura a Mejor Director (amén de dos BAFTA, un Globo de Oro y un César, entre otros muchos galardones) que contrastan frente al pírrico Goya a Mejor Banda Sonora (a cargo, como en tantos títulos de la filmografía almodovariana, de Alberto Iglesias) que la cinta obtuvo en la edición de aquel año. Lo cual hace válido el tópico de que nadie, ni siquiera el manchego, es profeta en su propia tierra.

Palmarés al margen, la película que nos ocupa destaca por lo intrincado de su estructura, con continuas elipsis y saltos temporales, además de contener el cortometraje de inspiración expresionista Amante menguante, mudo y en blanco y negro, que aparece inserto en mitad de la trama. De igual modo, sobresale, por su enorme fuerza visual, la imagen de Rosario Flores vestida de torero, si bien la cinta es especialmente recordada a causa del insólito estado vegetativo que padecen sus dos protagonistas femeninas.



Aparte de la dedicación profesional a la danza de los personajes de Leonor Watling y Geraldine Chaplin, el filme se abre y se cierra con un par de coreografías a cargo de Pina Bausch, evidenciando así el enorme interés de Almodóvar por dicha disciplina. Y como ya sucediera en su anterior trabajo, son muchos los cameos de caras conocidas que desfilan ante el objetivo, sobre todo entre el público asistente a la actuación en vivo del brasileño Caetano Veloso, aunque también hay unos cuantos intérpretes (Ana Fernández, Elena Anaya, Lola Dueñas...) cuya presencia se limita a un breve papel episódico.

Sin embargo, y a pesar de la consabida predilección del cineasta por las actrices, son dos hombres en esta ocasión (Javier Cámara y el argentino Darío Grandinetti) quienes acaparan el protagonismo con sus respectivos roles de enfermero monomaníaco y autor de guías de viaje, ambos unidos por el amor hacia sendas bellas durmientes que acabará derivando hacia una sólida amistad de consecuencias imprevisibles.



sábado, 9 de septiembre de 2017

Y la nave va (1983)















Título original: E la nave va
Director: Federico Fellini
Italia/Francia, 1983, 132 minutos

Y la nave va (1983)

Una película que fluye, surcando las olas de un mar de plástico recreado en los estudios Cinecittà. Su destino: la isla de Érimo, idílico enclave del mar Egeo al que son trasladadas las cenizas de la diva Edmea Tetua. Evidentemente, ni el barco ni el pasaje son lo que cuenta. Porque en esta fábula ambientada en 1914 y que comienza como un reportaje de la época del cine mudo lo primordial es el valor simbólico de las cosas.

Por ejemplo el retrato de la vacua alta sociedad europea que está a punto de irse a pique y que, ajena al inminente declive, se embarca en un fastuoso crucero embriagada por los oropeles de su propio refinamiento. Un sibaritismo del que no tardará en despertar cuando, ya en pleno periplo, explote el conflicto y, a consecuencia del mismo, el capitán de la nave se vea obligado al rescate en altamar de un cuantioso grupo de empobrecidos serbios a la deriva. He ahí una muestra de la modernidad de un filme que sabe extraer el valor universal de lo particular, prefigurando, en este caso, el drama de los refugiados (triste y eternamente de actualidad).

Orlando (Freddie Jones) es el cronista que nos guiará a lo largo del viaje

Aunque antes de la debacle y apoteosis operística, habremos tenido tiempo de asistir a dos de las escenas que ponen de manifiesto la maestría de un Fellini en plena madurez: una es aquella en la que algunos expedicionarios interpretan en la cocina una pieza de Schubert con la única ayuda de los bordes mojados de numerosas copas y demás recipientes de vidrio. La otra, y quizá la más célebre, es la del improvisado tour de force entre los presuntuosos tenores, sopranos y barítonos que rivalizan, en la sala de calderas, por dar el do de pecho más sobrecogedor. Ambas tienen en común el hecho de que un grupo de distinguidos pasajeros, en curiosa representación alegórica del orden social establecido antes de la Gran Guerra, desciendan hasta las interioridades del buque para regalar su arte a las clases subalternas con cuyo esfuerzo el navío tira adelante. La segunda, además, pone de manifiesto las rivalidades subyacentes entre los cantantes de ópera, quienes en teoría viajan juntos para honrar la memoria de la difunta Tetua, pero que, en realidad, no pueden ni verse. 

Claro que si algún elemento de E la nave va tiene un evidente valor metafórico ése es el rinoceronte. Al margen de las muchas interpretaciones más o menos veladas que pueda sugerir un animal tan imponente (al que ya Ionesco dedicara una de las piezas clave del teatro del absurdo), lo cierto es que visualmente pone de manifiesto las dimensiones mastodónticas de un mundo que hará aguas tras la contienda recién comenzada, pese a que, curiosamente, el perisodáctilo sea de los pocos que se salvan del hundimiento.


viernes, 13 de febrero de 2015

Pina (2011)




Director: Wim Wenders
Alemania/Francia/Reino Unido, 2011, 103 minutos

Pina (2011) de Wim Wenders


Un grupo de mujeres danza sobre la arena al compás de La consagración de la primavera. Otro grupo, en este caso solo formado por hombres, las corteja o incluso las acosa. Se diría que son un coro de la tragedia griega. Más aún: se vislumbran los ecos de un arcano recóndito y misterioso que conecta a los bailarines con las fuerzas telúricas de la tierra que pisan.

Es uno de los números iniciales del documental Pina, en el que el reputado cineasta alemán Wim Wenders celebra, tras decenios de sentida admiración, el quehacer de su compatriota Pina Bausch (fallecida en 2009). Algunos fragmentos de sus montajes, así como danzas inspiradas en sus coreografías, son llevadas a la pantalla mediante imágenes en 3D, poniendo en contacto el dinamismo de los cuerpos en movimiento sobre el escenario con la mirada cautivada del espectador.

Es una película coral, protagonizada por quienes bailaron a las órdenes de Pina. También es una pequeña gran Babel en la que se escucha hablar en multitud de idiomas: alemán, francés, inglés, español, croata, italiano, portugués, ruso, coreano... Plantea, además, algunas similitudes con El silencio antes de Bach (Die Stille vor Bach, Pere Portabella, 2007). Si allí se interpretaba música de Johann Sebastian Bach en un vagón de metro o en la cabina de un camión, en Pina se hace lo propio sacando la danza contemporánea a las calles de Essen o llevándola al interior de una piscina pública o del tren aéreo. Pura vida, poesía hecha imágenes: eso es Pina.