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viernes, 1 de septiembre de 2023

Persépolis (2007)




Directores: Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi
Francia/EE.UU., 2007, 96 minutos

Persépolis (2007) de Marjane Satrapi y V. Paronnaud
 

Los avatares de una joven iraní antes, durante y después de la Revolución Islámica sirvieron de base para que la dibujante Marjane Satrapi (Rasht, 1969), autora de la novela gráfica Persépolis, dirigiese la versión fílmica de una historia de aprendizaje que, en definitiva, es la suya propia. De ahí que los hechos descritos adquieran una trascendencia aún mayor considerando el carácter trágico que ya de por sí reviste el advenimiento de un régimen tan sanguinario como el de los ayatolás.

A este respecto, la elección del blanco y negro, enmarcado por el ligero colorido del presente, en la sala de espera de un aeropuerto, desde el que la protagonista rememora su trayectoria vital, subraya la naturaleza agridulce de cuanto aquí se expone. Porque, y eso es lo verdaderamente relevante, ni la implacable represión ejercida contra la población en general (y contra las mujeres en particular) ni el brutal alcance de dicha coyuntura a nivel familiar impiden que aflore a cada paso una nota humorística que aporta frescura y, sobre todo, humanidad.



Aparte del vínculo con su tío Anouche, militante comunista y víctima del fundamentalismo chiita, tal vez sea la relación con la abuela uno de los aspectos más entrañables de una película en la que el trasfondo histórico queda supeditado a cómo esa niña (y luego adolescente) hereda de sus mayores una particular visión del mundo que la lleva a rebelarse contra las injusticias aun a riesgo de posibles represalias.

Dicha complicidad entre mujeres de distintas generaciones pone en valor cómo el germen de la libertad se transmite a pesar de todas las trabas que los guardianes de la decencia despliegan en un país regido por la ley Sharia. Rigidez que finalmente empuja a Marjane a su exilio europeo, pero que, sin embargo, no podrá romper nunca el especial lazo que une a la joven con la cultura milenaria de su tierra.



lunes, 24 de febrero de 2020

Las golondrinas de Kabul (2019)




Título original: Les hirondelles de Kaboul
Directores: Zabou Breitman y Eléa Gobbé-Mévellec
Francia/Luxemburgo/Suiza, 2019, 81 minutos

Las golondrinas de Kabul (2019)


Recreación en acuarelas, a partir de la novela homónima del argelino Yasmina Khadra, de la capital afgana bajo el régimen talibán, un poco en la línea de lo que supuso Persépolis hace más de una década. Dirigida por la actriz (Le premier jour du reste de ta vie) y directora (Je l'aimais) Zabou Breitman en colaboración con Eléa Gobbé-Mévellec, la cinta cuenta con las voces de afamados intérpretes franceses de la talla de Simon Abkarian o Pascal Elbé, así como la israelí Hiam Abbass.

Suele suceder en estos casos que el esfuerzo por contar una historia mediante el único auxilio de las técnicas de animación redunda en un cierto maniqueísmo, circunstancia que, en lo concerniente a Les hirondelles de Kaboul, se atenúa merced a la contención de una puesta en escena que subraya las emociones por encima de los hechos históricos. 



A este respecto, aquí lo relevante no es tanto el ascenso al poder de los muyahidines o la instauración de su Estado teocrático, sino el día a día de una joven pareja que intenta sobrevivir preservando en la intimidad del hogar, más allá del cierre de las universidades o bajo los estrechos límites impuestos por la tela del burka, la poca libertad que les queda.

Un paisaje desolador de lapidaciones públicas y ejecuciones sumarísimas donde los antiguos cines y las librerías no son más que ruinas y cuyos habitantes, marcados aún por el recuerdo de la invasión soviética, obedecen hoy a golpe de kalashnikov a la espera de que lleguen tiempos mejores. Perspectiva teñida de hondo pesimismo para Atiq y su esposa Mussarat: ella enferma de cáncer terminal y él carcelero sin demasiadas convicciones en lo que hace. ¿Podrá la tolerancia abrirse camino alguna vez en semejante contexto?


sábado, 2 de noviembre de 2019

Tan cerca, tan lejos (2019)




Título original: Deux moi
Director: Cédric Klapisch
Francia/Bélgica, 2019, 110 minutos

Tan cerca, tan lejos (2019) de Cédric Klapisch


Dos historias paralelas que algún día acabarán confluyendo... La última propuesta del realizador francés Cédric Klapisch (Neuilly-sur-Seine, 1961) termina con el, no por previsible menos anhelado, encuentro de la pareja protagonista. De lo que se desprende muy fácilmente que, si la cosa funciona, habrá segunda parte de Deux moi. De hecho, Klapisch ya sabe lo que es eso, puesto que de su película L'auberge espagnole (2002) llegó a rodar dos secuelas: Les poupées russes (2005) y Casse-tête chinois (2013).

Rémy (François Civil) y Mélanie (Ana Girardot) viven muy cerca el uno del otro, en el mismo barrio parisino. Incluso frecuentan el mismo colmado, cuyo simpático propietario (Simon Abkarian) les coloca los productos más caros con ese savoir faire que sólo poseen los vendedores más expertos. Sin embargo, no adquirirán conciencia el uno del otro hasta la última escena. Aunque a partir de ese preciso instante puede que dé comienzo otra película totalmente distinta.



A través de esta peculiar "pareja" que vive de espaldas (en ese aspecto, el cartel es muy elocuente) el director y su guionista Santiago Amigorena pretenden hablarnos de la soledad en una gran ciudad; de la incomunicación que, paradójicamente, han traído las redes sociales o, derivado de todo ello, del auge de un determinado tipo de patologías mentales entre los millennials de la Generación Y. A este respecto, tanto ella como él visitan con regularidad la consulta de sendos psicoterapeutas, espacio en el que irán surgiendo muchos de los lastres que atenazan sus respectivas conciencias.

Contrariedades que, sin embargo, no son óbice para sentirse liberado gracias al anonimato que proporciona vivir en el seno de una megalópolis tan aparentemente deshumanizada. De ahí que, en un momento clave, mientras pasea junto a su familia por un paisaje de montaña totalmente nevado, Rémy le confiese a su hermano que en París el aire tal vez sea menos puro, pero que, no obstante, allí se "respira" mejor que en un pueblo donde todo el mundo se conoce (y se critica).


sábado, 31 de agosto de 2019

Ararat (2002)




Título original: Արարատ
Director: Atom Egoyan
Canadá/Francia, 2002, 115 minutos

Ararat (2002) de Atom Egoyan


Para un cineasta de origen armenio parece casi obligado el tener que abordar el tema del genocidio en algún momento u otro de su carrera. El marsellés Robert Guédiguian ya lo ha hecho en diversas ocasiones y eso es lo que se propuso el canadiense Atom Egoyan (El Cairo, 1960) con esta película, cuya acción salta continuamente del pasado al presente y de la ficción a la realidad.

Partiendo de la figura del pintor Arshile Gorky (1904–1948), Ararat plantea las complejas relaciones entre una experta en arte (Arsinée Khanjian), su hijo Raffi (David Alpay) y la hermanastra/amante de éste (Marie-Josée Croze). El muchacho, con el pretexto de filmar unas imágenes en las ruinas de Van, viajará a Turquía para profundizar en el conocimiento de sus propias raíces, mientras que Celia no para de culpar a la madre por la muerte de su padre en extrañas circunstancias.



Aunque quizá lo más interesante de la puesta en escena de Ararat es el recurso de mostrar el rodaje de una película histórica que recrea las atrocidades cometidas por los turcos en 1915, de modo que las escenas de dicho filme, que también se titula Ararat (como el monte sagrado armenio), cumplen la función de ponernos en antecedentes. Su director (al que da vida Charles Aznavour) se llama, por cierto, Edward Saroyan, que es precisamente el mismo nombre que tenía el personaje interpretado por el cantante francés en Tirez sur le pianiste (1960) de Truffaut.

En líneas generales, podría decirse que el guion (escrito por el propio Egoyan) resulta un tanto forzado, rozando, incluso, lo inverosímil. Como, por ejemplo, el largo interrogatorio al que es sometido Raffi por un funcionario de aduanas a punto de jubilarse (Christopher Plummer) y que no es más que un pretexto para que el espectador reciba algunas nociones básicas de historia. En otras ocasiones, son algunas subtramas las que quedan un poco sin desarrollar. Sería el caso del cuadro que pinta Gorky (Simon Abkarian) en Nueva York, la tensa relación entre el funcionario de aduanas y su hijo vigilante del museo o el inexplicable romance entre hermanastros mientras de fondo suena la música de System of a Down (banda de heavy metal que es también de origen armenio).


lunes, 19 de junio de 2017

Testigo (2016)




Título original: La mécanique de l'ombre
Director: Thomas Kruithof
Francia/Bélgica, 2016, 88 minutos

Testigo (2016) de Thomas Kruithof


Bastante tiene que gustarle la música de Philip Glass al debutante Thomas Kruithof a juzgar por la compacta partitura con la que ha arropado su ópera prima: de no ser porque en los créditos figura el nombre de Grégoire Auger, se diría que la banda sonora ha sido creada por el prestigioso compositor americano. Y es que, pese a su ambientación francófona (con Président de la République imaginario incluido), los referentes más reconocibles en La mécanique de l'ombre proceden del cine de Hollywood.

De entrada tenemos a ese ciudadano "anónimo" (un François Cluzet que oscila, a ratos, entre el Cary Grant de Con la muerte en los talones y el Dustin Hoffman de Marathon Man), gris hombre maduro, burócrata eficaz y asistente habitual a las reuniones de alcohólicos rehabilitados que, de la noche a la mañana, se ve envuelto en una trama levemente kafkiana. Y todo ello sin que se llegue a igualar el modelo que pretendía emularse...



Si, además, el poético título original es sustituido en nuestras carteleras por el anodino Testigo, se comprenderá que la intriga se acabe diluyendo como pólvora mojada. "Propone mucho y no concluye nada", que diría Cervantes.

Con todo (y a pesar de los pesares), se logra crear una atmósfera reconcentrada gracias a la fotografía de Alex Lamarque que tiene su mejor expresión en ese sombrío apartamento en el que Duval debe enfrentarse a la soledad de quien transcribe cintas de casete frente a una destartalada máquina de escribir. Y aunque los insertos en detalle del interior del aparato sean un poco gratuitos, lo cierto es que el reparto de La mécanique de l'ombre no está nada mal: Denis Podalydès (Clément), Sami Bouajila (Labharte), Simon Abkarian (Gerfaut), la italiana Alba Rohrwacher (Sara)...


martes, 21 de febrero de 2017

Una historia de locos (2015)




Título original: Une histoire de fou
Director: Robert Guédiguian
Francia, 2015, 134 minutos

Una historia de locos (2015)


La herida abierta que todavía hoy supone el genocidio armenio, cien años después de su perpetración, hace que películas como Une histoire de fou pongan en pie a buena parte de la concurrencia allá donde se exhiban. Es lo que se ha vivido, en la tarde/noche de hoy, en la sala grande de la Filmoteca catalana, con motivo del preestreno de la última cinta del marsellés Robert Guédiguian.

Basada en el caso real del periodista español José Antonio Gurriarán, víctima de un atentado proarmenio del ESALA (Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia) en el Madrid de 1980, el filme arranca con un prólogo en blanco y negro: el crimen de un alto dirigente turco afincado en Alemania, en el año 21, a manos de Soghomon Tehlirian (Robinson Stévenin) y su posterior juicio. Luego la acción saltará hasta los años setenta, ya en Marsella, lugar de residencia de la familia protagonista (unos humildes tenderos interpretados por Ariane Ascaride y Simon Abkarian).



Pero Aram (Syrus Shahidi), el hijo de estos últimos, abrazará la lucha armada, por lo que se traslada al Líbano en compañía de la bella Anahit (Razane Jammal) tras atentar contra el coche del embajador turco: nuevos tiempos, viejos métodos. Y la historia que se repite irremisiblemente...

Ya tras la proyección, hemos tenido oportunidad de agradecerle públicamente al realizador su película Le voyage en Arménie (2006), puesto que gracias a ella un servidor comenzó a sentirse atraído por dicho país, el cual visitaría finalmente en agosto de 2013. Preguntado sobre si le pasa muy a menudo que le den las gracias por su trabajo, contesta un tanto divertido que no demasiado. A lo que añadimos si ya desde su debut como cineasta, hace más de tres décadas, le rondaba por la cabeza la idea de rodar historias sobre temática armenia y quizá ello no le fue posible o si, por contra, ahora que es un director consagrado le resulta más fácil convencer a los productores para afrontar este tipo de filmes. En realidad, nos dice, ni lo uno ni lo otro: la concienciación sobre el problema armenio y el interés por sus propias raíces familiares se acentuaron a partir de los años noventa como consecuencia de los diversos conflictos bélicos que asolaron Europa.

Por último, Esteve Riambau ha puesto el punto y final a la celebración de los cinco años de la Filmoteca en el Raval, recordando que la entidad comparte los mismos valores que se hayan presentes en el cine comprometido de Guédiguian y en el de otros autores que han visitado la sede (caso de Carlos Saura, esta misma tarde, en la sesión de las cinco) o que lo harán en breve, como los hermanos Dardenne, buenos amigos, por cierto, del director de Una historia de locos.


viernes, 6 de enero de 2017

Secretos de Estado (2008)




Título original: Secret défense
Director: Philippe Haïm
Francia, 2008, 97 minutos

Secretos de estado (2008) de Philippe Haïm


Pone los pelos de punta pensar que muchas de las cosas que se dicen en una película de hace nueve años hayan ido sucediendo después punto por punto. Pero así de cruda es la realidad de hoy día y los terribles atentados perpetrados no sólo en Francia sino también en otros puntos de la geografía europea marcan un antes y un después en la política internacional.

Centrándonos en Secret défense, lo más destacable en ella es su reparto. Encabezado por Gérard Lanvin en el papel del frío Alex, formador de los futuros agentes de la DGSE (los Servicios Secretos del país galo), le secundan Vahina Giocante (Diane, una joven que se verá forzada a pasar de la prostitución de lujo a la acción en Oriente medio), Nicolas Duvauchelle (Pierre, captado por los islamistas radicales tras una breve estancia en prisión) y Simon Abkarian (Al Barad, el cerebro de toda una compleja red terrorista).

Pierre (Nicolas Duvauchelle)


Otro de los puntos fuertes de Secretos de Estado es su estructura narrativa: tratándose de una cinta de acción era vital dotarla de un ritmo ágil, cosa que su realizador, Philippe Haïm, consigue mostrando hasta cuatro tramas de forma simultánea y paralela. La idea de fondo es que los dos mundos que aquí se retratan responden realmente a parámetros del todo simétricos. Así pues, Diane y Pierre han llenado el vacío de sus vidas integrándose en bandos opuestos, pero regidos en ambos casos por férreas jerarquías, Y lo mismo podría decirse de los calculadores Alex y Al Barad, enemigos y a la vez unidos por su capacidad de liderazgo y unos métodos impasibles.

Se trata, tal vez, de una forma de contar historias más propia del lenguaje televisivo, lo cual avalaría el hecho de por qué su director sólo ha trabajado en ese medio durante la última década. En todo caso, su habilidad a la hora de construir un ritmo trepidante no encubre las incongruencias del guion (por otra parte, muy bien documentado: eso es innegable), como por ejemplo ¿por qué Diane se deja enredar por Alex, una vez que el chantaje emocional al que pretendía someterla deja de tener sentido? Claro que, pensándolo bien, tampoco conduce a nada buscar fallos de guion en una película de estas características...

Diane (Vahina Giocante) y Al Barad (Simon Abkarian)