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martes, 25 de noviembre de 2025

Los caballeros de la moto (1981)




Título original: Knightriders
Director: George A. Romero
EE.UU., 1981, 146 minutos

Los caballeros de la moto (1981) de George A. Romero


Aparte de historias sobre muertos vivientes, el cineasta norteamericano George A. Romero (1940-2017) también tuvo ocasión de frecuentar otros géneros menos terroríficos. Tal sería el caso, por ejemplo, de Knightriders (1981), curiosa combinación entre justas medievales y motocross a propósito de una troupe de artistas itinerantes cuyo espectáculo recrea, a lomos de una motocicleta, las antiguas gestas de los caballeros del ciclo artúrico o incluso del séquito de Robin Hood.

Pero ni los susodichos están en Camelot ni su cabecilla (Ed Harris) es Ivanhoe. Lo suyo responde más bien a una coyuntura decadente en la que unos abandonan el proyecto y otros se someten a los dictados de algún mánager oportunista. Baño de realidad, por tanto, frente a las ilusiones de unos individuos que pretenden sobrevivir en un mundo materialista rigiéndose según los ideales románticos del medievo.



Por otra parte, los espectadores más atentos se llevarán la grata sorpresa de descubrir al novelista Stephen King entre el público asistente a los torneos motorizados. La razón de tan ilustre cameo se debe a que el escritor se hallaba por aquel entonces enfrascado en la escritura de lo que dos años después acabaría siendo Creepshow (1982), también dirigida por Romero, con lo cual se deduce que la colaboración entre ambos debía de ser bastante estrecha.

Romero utiliza, en cualquier caso, esta fascinante propuesta como vehículo para examinar la dinámica de una comunidad de outsiders que busca su lugar en un contexto abiertamente hostil. De ahí que temas como la lealtad, la utopía comunitaria y la presión por "venderse" (muy en consonancia con la propia trayectoria del director en tanto que cineasta independiente) resuenen en todo momento a lo largo de una película sobre el choque de dos mundos antagónicos.



Ángeles del infierno sobre ruedas (1967)




Título original: Hells Angels on Wheels
Director: Richard Rush
EE.UU., 1967, 95 minutos

Ángeles del Infierno sobre ruedas (1967)


Enésima recreación en torno al mundo de las bandas moteras, Hells Angels on Wheels (1967) carece, no obstante, de la fuerza de sus predecesoras. Posee, eso sí, el aliciente de contar con la presencia de Jack Nicholson en el papel del Poeta, antiguo empleado de gasolinera que, harto de aguantar las increpaciones de los clientes, decide rebelarse un buen día y echarse a la carretera en compañía de los temibles Ángeles del Infierno.

Las andanzas del protagonista junto al grupo que lo acoge se resumen en una continua rivalidad entre éste y Buddy (Adam Roarke), el líder de los moteros, para quien el Poeta no pasa de ser un simple advenedizo. De ahí las continuas trifulcas entre unos y otros con el telón de fondo del desenfreno durante sus juergas a base de cerveza y música rock.



Los días de la contracultura llegaban a su momento álgido y los participantes del verano del amor proclamaban su desinterés hacia las convenciones sociales en el contexto de sexo, drogas y alcohol de unos tipos desencantados, desahuciados y unidos por una visión simplista y violenta del mundo. Lo cual no impide, por paradójico que parezca, que estos mismos individuos convenzan al párroco local para que oficie una boda motera de lo más sui géneris.

Sin embargo, la fascinación inicial del Poeta por la existencia libérrima de los Ángeles del Infierno comenzará a desvanecerse paulatinamente a medida que se canse de la vida desarraigada que llevan sus colegas. Aunque el conflicto central se agudiza cuando él y Buddy se enamoran de la misma mujer, Shill (Sabrina Scharf), llegando a un enfrentamiento inevitable e irreversible de fatales consecuencias.



Los ángeles del infierno (1966)




Título original: The Wild Angels
Director: Roger Corman
EE.UU., 1966, 93 minutos

Los ángeles el infierno (1966) de Roger Corman


No deja de ser sintomático el hecho de que Roger Corman, cineasta especializado en producciones de terror de bajo presupuesto, fuese el encargado de dirigir The Wild Angels (1966). De ello se desprende que la percepción que pudiera tener la audiencia de mediados de los sesenta respecto a las bandas motorizadas no difería gran cosa del miedo (o como mínimo del respeto) infundido por cualquier otro peligro público.

Más de una década después del estreno de la mítica Salvaje (1953), Peter Fonda tomaba el relevo de Marlon Brando como líder de una tribu urbana cuyos rasgos distintivos externos estaban constituidos ahora por una simbología, a base de esvásticas e insignias nazis, con la que sus miembros mostraban su afán provocador respecto a los valores establecidos tras la contienda mundial por la generación de sus padres.

Peter Bogdanovich colaboró como guionista y ayudante de dirección


Aunque lo que verdaderamente define a estos moteros, en términos estéticos, es la música rock que se escucha de fondo (en su mayor parte canciones interpretadas por Davie Allan and The Arrows) mientras circulan a toda velocidad a través de las autopistas californianas. La trama, más bien episódica, sigue a la banda en su intento de recuperar la motocicleta robada de uno de sus miembros (Bruce Dern), apodado muy elocuentemente Loser ('Perdedor'). La búsqueda se convertirá en una serie de enfrentamientos con la policía y otras bandas rivales, si bien el momento más recordado de la cinta llega cuando el ya mencionado Loser fallece a causa de un tiroteo y su funeral se acaba transformando en una orgía de violencia, alcohol, drogas y vandalismo dentro de una iglesia.

Lo curioso del caso es que cuando, tres años después, Peter Fonda y Dennis Hopper rodaron la icónica Easy Rider (1969) se apropiaron no sólo de la temática, sino sobre todo de la estética que ya estaba presente en este filme, de modo que Heavenly Blues, el personaje interpretado por Fonda, tenía allí una réplica prácticamente exacta tanto en actitud como en apariencia.



lunes, 24 de noviembre de 2025

Psychomania (1973)




Título alternativo: The Death Wheelers
Director: Don Sharp
Reino Unido, 1973, 85 minutos

Psychomania (1973) de Don Sharp


El rasgo más llamativo de la producción británica Psychomania (1973) reside en el hecho de que mezcla dos subgéneros a priori tan opuestos como son las películas de moteros y las de zombis. Aunque, a decir verdad, si por algo es recordada no sería tanto por esa extraña mezcolanza de elementos dispares, sino porque fue la película póstuma del actor George Sanders (1906-1972), Óscar al mejor secundario por su papel en Eva al desnudo (1950) y que se quitaría la vida en Castelldefels un año antes del estreno de la cinta que nos ocupa. Precisamente de suicidios, ironías del destino, trata el argumento de esta insólita historia cuyos personajes, miembros de una banda motorizada que se hace llamar muy elocuentemente "Los muertos vivientes", deben inmolarse con el paradójico propósito de renacer a la vida eterna. 

El núcleo de la trama se revela cuando el joven Tom Latham (Nicky Henson), líder carismático de The Living Dead, tiene conocimiento de un pacto con el diablo según el cual si uno se suicida creyendo firmemente que regresará a la vida, lo hará, volviéndose invulnerable. Tom se decanta, pues, por esta posibilidad, protagonizando una escena de muerte y resurrección memorablemente extraña, y pronto inspira a sus acólitos a seguir el mismo camino. A consecuencia de ello, un grupo de motoristas inmortales se dedicará a aterrorizar a los pacíficos habitantes de la campiña inglesa, sembrando el caos a bordo de sus imponentes motocicletas Triumph.



Visualmente, el filme contiene momentos psicodélicos, ambientando la acción en escenarios tan dispares como círculos megalíticos y tranquilos suburbios. El vestuario, la banda sonora funk-rock de John Cameron y la mezcla de lo esotérico con la cultura rocker reflejan perfectamente su momento histórico, a caballo entre lo que sería el flower power (por ejemplo en la escena del entierro, aderezada con la música pastoril de un individuo que canta como Donovan y se parece a Donovan, pero que no es Donovan) y el auge del horror más desinhibido.

En resumidas cuentas, Psychomania no busca el terror genuino o los sustos al estilo clásico, por lo que a menudo la dirección, a cargo de Don Sharp, es sencilla. Sin embargo, su originalidad temática (a base de motociclistas zombis sembrando el pánico entre la gente común) y su actitud irreverente son innegables. Por ello es un producto que debe verse con la mentalidad adecuada, más como artefacto cultural kitsch, casi de culto, y delirio narrativo en el que se combina una estética remotamente parecida a la de La Naranja Mecánica (1972) con la fantasía de inspiración satánica.



domingo, 23 de noviembre de 2025

Salvaje (1953)




Título original: The Wild One
Director: Laslo Benedek
EE.UU., 1953, 79 minutos

Salvaje (1953) de Laslo Benedek


La efigie de Marlon Brando vestido de cuero y a lomos de su imponente motocicleta Triumph ha quedado para la posteridad como uno de los iconos imperecederos del Hollywood más rebelde. Hasta el extremo de que la estampa ha terminado eclipsando al propio filme del que dicha imagen procede, en buena medida porque tampoco puede decirse que The Wild One (1953) sea una obra redonda ni su director, el tosco Laslo Benedek, un portento de la puesta en escena.

Aun así, resulta oportuno poner en valor una cinta modesta, pero que al mismo tiempo supuso una de las primeras muestras de un subgénero, el de las películas de moteros, cuyo auge se produciría una década después con títulos como Los ángeles del infierno (1966), de Roger Corman, o la mítica Easy Rider (1969) de Dennis Hopper y Peter Fonda. Y es que algo se estaba cociendo en las entrañas de la sociedad estadounidense, el germen de lo que posteriormente se denominaría mediante el término un tanto impreciso de contracultura.

Johnny Strabler (Marlon Brando), líder de los Black Rebels


Los jóvenes que integran esas bandas de motoristas bravucones beben cerveza por litros y se muestran ocasionalmente violentos porque carecen del espíritu de sacrificio que llevó a la generación de sus padres a luchar contra el fascismo en Europa o el Pacífico. Su inconformismo, por tanto, nace de la alienación y el hastío de una juventud que se sentía perdida tras el conflicto mundial. En ese sentido, The Wild One funciona como un choque de trenes social, explorando la incomprensión y la hipocresía en el seno de la pequeña comunidad de Wrightsville, que es a menudo tan provocadora y violenta como los propios motoristas. Una tensión que escala con la llegada de una banda rival, Los Beetles, liderada por Chino (un magnífico Lee Marvin), añadiendo así una capa de conflicto territorial y personal.

En definitiva, la película no ofrece respuestas fáciles ni moralejas simplistas, sino que plantea preguntas sobre el vacío existencial que lleva a estos chicos a buscar su identidad fuera de las normas establecidas. De ahí que dejase una huella indeleble, estableciendo la estética de la rebeldía de los años cincuenta que tanto influyó posteriormente en la actitud de, por ejemplo, James Dean, Elvis Presley y toda una generación de grupos de rock, incluyendo a los propios Beatles, cuyo nombre parece calcado del de la ya mencionada pandilla de moteros.