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miércoles, 30 de abril de 2025

El último suspiro (2024)




Título original: Le dernier souffle
Director: Costa-Gavras
Francia, 2024, 97 minutos

El último suspiro (2024) de Costa-Gavras


Un insistente aroma a despedida flota de principio a fin en Le dernier souffle (2024), título de resonancias buñuelianas con el que el veterano Costa-Gavras pudiera estar cerrando su ya extensa filmografía. Circunstancia que, por otra parte, se hace aún más evidente con la obsesión por la muerte que demuestran los personajes de un filme absolutamente crepuscular, aunque en absoluto pomposo.

A este respecto, el fallo positivo que anuncian las pruebas médicas a las que Fabrice Toussaint (Denis Podalydès) es sometido da lugar a una serie de reflexiones entre el filósofo y el equipo de cuidados paliativos que lo atiende, encabezado por el doctor Augustin Masset (Kad Merad), generalmente ilustradas con antiguos casos en forma de flashback procedentes de la experiencia profesional de los galenos, un poco al estilo de las digresiones en los ensayos freudianos.

Charlotte Rampling en un breve papel de enferma terminal


Sin embargo, la certeza ante el final de la vida no se traduce, ni mucho menos, en una actitud pesimista, sino todo lo contrario, como lo demuestra el halo mágico que desprende la secuencia en la que una niña gitana ameniza el séquito de Estrella (Ángela Molina) entonando la canción "Deux escargots s'en vont à l'enterrement d'une feuille morte" de Prévert y Kosma.

Asimismo, y pese a la acritud mostrada por Sidonie (Charlotte Rampling), el tono general de la cinta resulta optimista más que otra cosa (o por lo menos dulcemente resignado), como lo demuestra el hecho de que la última palabra que se pronuncia, en boca de la oncóloga Eléonore (Karin Viard), sea "futuro".



lunes, 23 de abril de 2018

Custodia compartida (2017)




Título original: Jusqu'à la garde
Director: Xavier Legrand
Francia, 2017, 93 minutos

Custodia compartida (2017)


"Entre Hitchcock y Chabrol..." Pues bueno: es sorprendente de lo que son capaces las productoras con tal de promocionar una película para que los incautos espectadores se lancen a verla sin pensárselo dos veces. Lo curioso es que Custodia compartida (Xavier Legrand, 2017) no tiene nada, a nuestro parecer, de ninguno de los dos directores con los que la compara el eslogan publicitario. Si un caso, hay momentos puntuales en los que parece asomar el inquietante influjo de un Haneke, por ejemplo. Pero tampoco demasiado.

Su director, el actor y realizador francés Xavier Legrand, debuta en el largometraje con un filme intenso, casi abrumador, que desarrolla el mismo planteamiento y personajes de Avant que de tout perdre (2013), corto por el que optara al Oscar y que ahora ha dado pie a esta historia doblemente premiada en Venecia y San Sebastián.



En su afán por hacernos partícipes de la angustia que atenaza a los protagonistas, Legrand sitúa la cámara justo delante de los actores (caso de la larga comparecencia judicial con la que se abre la película) o la lanza tras ellos, como cuando Julien (Thomas Gioria) sale huyendo despavorido del coche ante la ira del padre (Denis Ménochet): colocándonos en plano de igualdad con los personajes se genera una tensión dramática que llega a su punto álgido en la escena del allanamiento, "con nocturnidad y alevosía", del domicilio donde habitan madre e hijo. Tirantez que, en los momentos previos a la airada irrupción de Antoine, se ve incrementada por la incertidumbre que generan, tanto en Miriam (Léa Drucker) como en nosotros mismos, el silencio y la oscuridad que se adueñan de la pantalla.

Otra de las secuencias a tener en cuenta de Jusqu'à la garde es la fiesta en la que Joséphine (Mathilde Auneveux), la hija mayor de Antoine y Miriam, interpreta junto a Samuel (Mathieu Saikaly) el tema "Proud Mary", si bien no en la versión original que John Fogerty compusiera para los Credence Clearwater Revival, sino en la que harían célebre Ike y Tina Turner en 1971. Detalle en absoluto baladí, habida cuenta de la tempestuosa relación que protagonizó dicha pareja artística dentro y (sobre todo) fuera de los escenarios y que sería llevada al cine por Brian Gibson en 1993 con el biopic Tina.