Título original: The Phantom Planet
Director: William Marshall
EE.UU., 1961, 80 minutos
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| El planeta fantasma (1961) de William Marshall |
3,6 no parece la mejor nota para una película en cuyo cofre del DVD lleva estampado aquello tan recurrente de "Una joya del mejor cine de serie B..." Y, sin embargo, a día de hoy ésa es la puntuación que obtiene The Phantom Planet en el célebre portal IMDb (más de dos mil quinientos usuarios avalan dicho resultado). Evidentemente, ahora tampoco vamos a decir lo contrario: esto es lo que es, que nadie se llame a engaño. Una producción de bajo presupuesto y poco más.
Sin embargo, el cinéfilo minucioso hallará en ella alguna que otra similitud con títulos posteriores pertenecientes a su mismo género e infinitamente mejor valorados. Tal sería el caso, cómo no, de 2001 (1968), a la que se avanza al convertir la Luna en estación espacial y base de operaciones desde la que planificar la conquista del espacio sideral. Es allí, en nuestro entrañable y yermo satélite, donde al inicio del filme se detecta que algo no va del todo bien. Exactamente igual a lo planteado por Kubrick y Arthur C. Clarke en su mítica odisea.
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| ¿La Gallina Caponata? ¡No! ¡Es el Solarita! |
También cuando se produzca una avería en la nave en la que viajan los tripulantes de la misión, veremos a uno de ellos descolgarse accidentalmente y flotar en la inmensidad del cosmos, rumbo a los confines del universo y a una muerte segura. A fin de cuentas, son varios y sobradamente conocidos los "saqueos" perpetrados por los susodichos, sobre todo procedentes de las cinematografías del Este, y ahí están para corroborarlo cintas como Destino Espacial: Venus (Der schweigende Stern, 1960) o la checa Viaje al fin del universo (Ikarie XB 1, 1963).
Y sí, de acuerdo: el disfraz del funesto Solarita es patético. Y la posibilidad de un planetoide con pinta de almendra garrapiñada, habitado por liliputienses y manejado de aquí para allá como si fuese una aeronave espacial no hay por dónde pillarla. William Marshall (padre de la cineasta francesa Tonie Marshall, fallecida hace poco más de un mes) nunca pasó de ser un actor de reparto y apenas dirigió tres largometrajes. Pero, con todo y con eso, ¿quién puede negar el encanto de semejante engendro?

