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martes, 9 de junio de 2020

Tortura (1944)




Título original: Hets
Director: Alf Sjöberg
Suecia, 1944, 101 minutos

Tortura (1944) de Alf Sjöberg


La primera vez que Ingmar Bergman se puso detrás de una cámara fue del modo más inopinado que pudiera imaginarse, tal y como él mismo relata en algún lugar de sus memorias: estando a punto de concluir el rodaje de Hets (1944), cuyo guion había escrito el propio Bergman, al director Alf Sjöberg le surgió un compromiso ineludible, por lo que fue el joven guionista, reconvertido momentáneamente en director, quien se encargó de filmar los últimos exteriores de la película.

Por lo demás, es ésta una cinta marcadamente expresionista en lo que a su puesta en escena se refiere, con un uso de las sombras, deslizándose amenazadoras sobre las paredes, que denota la influencia de Nosferatu (1922) y demás clásicos del género. Pero es también, al mismo tiempo, uno de esos títulos en la estela de Der blaue Engel (1930), habida cuenta de la tortuosa relación que se establece entre el profesor protagonista (Stig Järrel), apodado despectivamente "Calígula" por sus alumnos de latín, y el joven Widgren (Alf Kjellin).



Por otra parte, quien observe atentamente los ademanes de este maestro en sus momentos de mayor vehemencia, reconocerá sin excesiva dificultad el modelo en el que se inspira dicho personaje. Que no es otro sino el mismísimo Adolf Hitler, por aquel entonces todavía en el poder (y no hay que perder de vista el enorme influjo que la Alemania nazi ejercía, a todos los niveles, sobre la sociedad sueca).

Dicho lo cual, el filme adquiere unas connotaciones mucho más profundas que el simple triángulo entre un estudiante taciturno, la estanquera casquivana (Mai Zetterling) y el atormentado docente. Leída en clave alegórica, Hets trasciende el ámbito educativo y la crítica a un sistema pedagógico basado en el autoritarismo, para convertirse en una parábola contra la tiranía y en favor de la mesura que representa el jefe de estudios (Olof Winnerstrand) o, mejor aún, de la tolerancia del viejo Pippi (Gösta Cederlund).


viernes, 17 de agosto de 2018

Música en la oscuridad (1948)















Título original: Musik i mörker
Director: Ingmar Bergman
Suecia, 1948, 84 minutos

Música en la oscuridad (1948)

Poco a poco, aunque con menos titubeos de los que cabría esperar, el joven Bergman fue perfilando su propio estilo mediante títulos que contenían ya, en esencia, buena parte de sus futuras inquietudes de cineasta atormentado por la culpa, el silencio de Dios o la incomunicación. Música en la oscuridad (1948), cuarto largometraje del sueco, narra la historia de un pianista invidente que lucha por abrirse paso entre las tinieblas que lo rodean (reales y metafóricas).

Se equivoca quien crea que estos tanteos iniciales de un director que para aquel entonces contaba ya treinta años son meros trabajos de encargo: mírese, por ejemplo, la secuencia onírica que tiene lugar poco después de que Vyldeke (Birger Malmsten) pierda accidentalmente la vista en el transcurso de unos ejercicios de tiro durante el servicio militar. La creatividad desbordante de sus imágenes (un yunque superpuesto a un ojo, el protagonista arrastrándose desde el fondo marino hasta un lodazal untuoso...) prefigura el imaginario de un poeta que alcanzaría la perfección formal veinte años después con Persona (1966).



Por otra parte, Musik i mörker, adaptación de la novela homónima de Dagmar Edqvist (autora también del guion), plantea ligeramente el tema de los prejuicios clasistas, ya que la bella Ingrid (Mai Zetterling) no deja de ser una criada, detalle que dificultará enormemente su relación con Vyldeke. Pero lo cierto es que en el caso de ambos, cuya circunstancia conocía Bergman de primera mano, teniendo en cuenta que era la misma que vivieron sus propios padres (tal y como reflejará décadas más tarde en el guion de Las mejores intenciones, 1992), la lucha de clases acaba finalmente soslayada debido a la irresistible atracción de dos almas sensibles.

Cuando finalmente suban al tren, les quedará por delante un largo camino que no será nada fácil recorrer: él, porque además de no aceptar la compasión de los demás, todavía padece el complejo de inferioridad de quien se quedó ciego intentando salvar a un cachorro; ella, porque su entorno más inmediato no le perdona sus orígenes humildes. Aun así, parafraseando el título de la cinta, que supuso la primera colaboración entre Bergman y el actor Gunnar Björnstrand, el amor (como la música) será el faro que alumbre sus destinos rumbo a la esperanza.