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miércoles, 22 de julio de 2026

Hoy no pasamos lista (1948)




Director: Raúl Alfonso
España, 1948, 82 minutos

Hoy no pasamos lista (1948) de Raúl Alfonso


Mucho antes de protagonizar La lengua de las mariposas (1999), Fernando Fernán-Gómez ya había interpretado a un maestro rural en la prácticamente olvidada Hoy no pasamos lista (1948), amable recreación de la vida cotidiana en una remota aldea de montaña que, en su tramo final, deriva hacia tintes más dramáticos. La acción, situada en 1910, arranca con un texto sobreimpreso en pantalla que aclara lo siguiente: "A todos los maestros rurales que, devotos de su profesión y sin regatear sacrificios, llevan la luz de la cultura hasta los pueblos más apartados de España".

Sorprende que en un país cuya población estaba padeciendo los rigores de la posguerra se abordase semejante argumento, entre otras cosas porque los métodos empleados en las escuelas franquistas distaban enormemente de las innovaciones pedagógicas del afable don Manuel. En ese sentido, la figura del adusto alcalde de Peñascales, don Rafael (Fernando Fernández de Córdoba), representa la intransigencia caciquil de quien no ve con buenos ojos la llegada al pueblo de un joven profesor que viene cargado de ideas renovadoras. De ahí que lo reciba de malas maneras y haciendo todo lo posible por impedir la construcción de un nuevo centro educativo en el lugar.



En todo caso, y a pesar de las dificultades, don Manuel conecta enseguida con los chicos gracias a su particular forma de entender la enseñanza, a base de incentivos (premiando con unos céntimos a quienes se aprenden el temario) y, sobre todo, dándole un enfoque vivencial. Así pues, una salida al campo a cazar lagartos puede ser la ocasión idónea para impartir sobre el terreno una lección de biología. O la previa de un partido de fútbol, dibujando en la pizarra las rectas que conforman el terreno de juego, el mejor momento para hablarles de geometría. Hasta el esférico se presta para improvisar con él nociones básicas de geografía.

Circunstancias que discurren en paralelo con el gradual enamoramiento entre el maestro y la pastora María (Nani Fernández), criatura agreste en un principio, pero que irá paulatinamente puliéndose gracias al contacto con el recién llegado. Ella y su hermano Panchón el de la cantera (José María Lado) serán sus aliados en la tarea de sacar adelante la nueva escuela pese a las reticencias de unas fuerzas vivas que ven en ello una amenaza que pudiera poner fin a sus privilegios de clase. Sin embargo, el supuesto mensaje subversivo de la trama se ve atenuado por detalles como el ascendente positivo que el cura del pueblo (Rafael Calvo) ejerce sobre los protagonistas. Los mismos que, llegados al desenlace, a punto están de pagar un alto precio por haberse mantenido firmes en la defensa de sus ideales.



sábado, 19 de agosto de 2017

Alhucemas (1948)




Director: José López Rubio
España, 1948, 77 minutos

Alhucemas (1948) de José López Rubio


Hay que rendirse a la evidencia. El problema de Marruecos no es para España. Esas fuerzas militares repartidas por los riscos marroquíes no conquistan nada ni defienden nada ni protegen nada. Ningún beneficio puede deducirse de su estancia en blocaos y campamentos. Ahora dicen que hace falta la operación sobre Alhucemas. Lo preparan quienes se empeñan en estirar la guerra para prolongar el mangoneo de figuración y de millones. Y bien, hecha la teatral operación sobre Alhucemas, habremos enterrado unos centenares de víctimas y unos centenares de millones más, ¿para qué? Para una aventura sin honra ni provecho, porque según avancemos en territorio enemigo, necesitaremos más posiciones, más guarniciones, más convoyes, más columnas de protección. El país es montañoso, árido, pelado, pobrísimo. No tiene caminos, hay que llevarlo todo. Para domarlo se necesita luchar, más que con hombres, con una naturaleza inclemente y hostil. ¿Continuará derramándose la sangre de nuestra juventud e invirtiéndose montones de oro en una campaña que aborrece el pueblo español y que sólo tiene por fin satisfacer las ruines ambiciones de los militares y pugna con el interés de la nación? No, el desembarco a pecho limpio en Alhucemas no puede entrar en los cálculos de ningún estratega por muy Escipión el Africano que se sienta consultando los planos del Estado Mayor.

Por extraño que parezca, el texto anterior es leído en voz alta en una película abiertamente franquista y concebida para hacer apología de las campañas militares llevadas a cabo por el ejército español en el norte de África. Sin embargo, el mismo artículo que un grupo de oficiales escucha con actitud burlona y que los autores del filme consideraron recurso idóneo para ridiculizar el punto de vista de los, en su opinión, poco patriotas, se revela, casi setenta años después, como la única verdad contenida en él.

Porque el ejercicio propagandístico que se lleva a cabo en Alhucemas es tan abyecto como las atrocidades cometidas por todos los regímenes militares en las denominadas guerras coloniales. Y lo curioso del caso es que la produjo y protagonizó Julio Peña, el mismo actor que, una década antes, en plena contienda civil, participó en el rodaje de la republicana Sierra de Teruel (L'espoir) a las órdenes de Malraux. Quizá necesitaba desquitarse o, tal vez, simplemente justificarse ante las autoridades de la dictadura para aplacar cualquier suspicacia sobre su pasado reciente. De hecho, interpreta a un capitán en principio apático respecto a la vida marcial, pero que, poco a poco, se irá contagiando del viril ardor guerrero de sus camaradas. Ya se lo había prevenido un viejo coronel al incorporarse a filas: "Y no olvide que ésta es una guerra que ha de hacerla la oficialidad con su prestigio, con su esfuerzo y con su sangre..."

Julio Peña (Capitán Salas) y José Bódalo (Comandante Almendro)

Pero, en cualquier caso, poco podemos añadir nosotros cuando son las propias proclamas surgidas de la pluma del guionista Enrique Llovet las que hablan por sí solas. En el momento álgido del desembarco, y dando rienda suelta a la repugnante retórica entonces tan en boga, la voz en off del capitán Salas deja ir la siguiente perorata que, por su interés histórico, reproducimos íntegramente:

Los mejores soldados del mundo, aquellos de los que se había dicho que cada uno de ellos merecía el bastón de mariscal, marchaban alegremente a realizar un viejo sueño. Librar en el corazón del Rif la última batalla, conquistar la paz victoriosa y bautizar una vez más con sangre española las tierras extranjeras. En aquellas horas, soñaron los corazones al nombre de una victoria que ya aleteaba en las palabras del general, temblorosas por la emoción de aquel amanecer en el Estrecho. Los bravos y aventureros legionarios, que han visto en la bandera española la tradición gloriosa y el emblema de la civilización en ésta impresa, los indígenas expertos que conocen la justicia de nuestro proceder, la limpieza de nuestro trato y el bienestar que representamos para su país, y los soldados peninsulares, descendientes legítimos de aquellos héroes que acompañaron al Gran Capitán, forman esta falange que lleva a España a bordo de sus navíos y con la que va a reverdecer, no por afán de guerrear, sino por espíritu de propia conservación, las glorias de sus antepasados. Cumplamos, pues, como soldados españoles dignos del pasado y de nosotros mismos, que podemos y debemos tener el orgullo de ser una raza excelsa, un pueblo fuerte y una nación organizada y gobernada. Los legionarios de Franco, las jarcas de Varela y Muñoz Grande, los infantes, los artilleros, los jóvenes pilotos españoles, los servicios, todos, todos en sus puestos, habían tensado sus nervios en aquella mañana inolvidable.

Sobre todo la parte de "los indígenas [...] que conocen [...] el bienestar que representamos para su país" es de una perversidad inadmisible. De modo que si, en estos días de dolor tras el brutal atentado perpetrado en las Ramblas de Barcelona, alguien siente la tentación de despotricar contra los marroquíes, que eche la vista atrás y que considere el daño que se les hizo previamente: la violencia es siempre condenable, venga del bando que venga, pero a lo mejor es de aquellos polvos de donde ahora nos vienen estos lodos...