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domingo, 16 de marzo de 2025

La conversación (1974)




Título original: The Conversation
Director: Francis Ford Coppola
EE.UU., 1974, 114 minutos

La conversación (1974) de Coppola


El marcado carácter introspectivo de The Conversation (1974) pone de manifiesto que se trata de un thriller de suspense psicológico en torno a temas a priori tan poco glamurosos como la paranoia, el sentimiento de culpa y el aislamiento en el que sistemáticamente vive inmerso su protagonista, interpretado por Gene Hackman en uno de los papeles más memorables de toda su carrera.

Ni que decir tiene que el escándalo del Watergate se adivina como una de las principales fuentes de inspiración en una película cuyo eje central es, precisamente, el espionaje, si bien Coppola, director a la vez que guionista de la cinta, ya tenía escrito el libreto a mediados de los sesenta. Aun así, la obsesión de la que en todo momento hace gala Harry Caul (Hackman) resulta, cuando menos, reveladora del particular ambiente que estaba viviendo la sociedad estadounidense durante aquellos días.



Por otra parte, el hecho de que el susodicho sea, para más inri, un ferviente católico le añade al personaje un elemento todavía más angustiante por lo que tiene de cargo de conciencia el saber que tu trabajo podría repercutir en la muerte de terceros. De ahí que el hombre, pese a la excelente reputación de la que goza entre sus colegas, viva amargado y en estado de continua alerta. Y es que el impacto de la tecnología sobre la privacidad de los otros conlleva dilemas morales que hoy más que nunca mantienen su plena vigencia.

Lo curioso del caso es que Hackman ni siquiera estuviera nominado al Óscar por uno de los papeles de los que particularmente más orgulloso se sentía. O que el propio Coppola, que ya contaba en su haber con el éxito de El padrino (1972) y que aún brillaría a gran altura gracias a Apocalypse Now (1979), considere que ésta es, sin embargo, su película predilecta. Lo cual da una idea de por qué ha terminado convirtiéndose en un valorado filme de culto, objeto recientemente de una minuciosa restauración.



jueves, 5 de enero de 2017

El jovencito Frankenstein (1974)




Título original: Young Frankenstein
Director: Mel Brooks
EE.UU., 1974, 106 minutos

El jovencito Frankenstein (1974)


Película desternillante donde las haya, Young Frankenstein vino a aportar gags memorables que ya forman parte de la historia del cine: Igor/Aigor, "Walk this way", "Freshly Dead"... son sólo algunos de ellos. Sin embargo, conviene tener presente la naturaleza paródica de una producción que basaba lo esencial de su comicidad en remedar cuantiosos filmes de la época dorada de Hollywood, y no necesariamente de terror.

Así pues, el lóbrego castillo en lontananza con el que se abren los títulos de crédito puede recordar a filmes de Roger Corman como El péndulo de la muerte (Pit and the Pendulum, 1961), pero también al inicio de Ciudadano Kane. O la transmigración entre el doctor Frederick Frankenstein y su criatura remitiría al mismo proceso que se lleva a cabo entre María y el Ser Máquina en Metrópolis de Fritz Lang.

Marty Feldman en el papel de Igor

Aunque para referencia cinéfila inesperada, la de El Mago de Oz: cuando Frau Blücher (Cloris Leachman) abre de repente la puerta del laboratorio llorando a lágrima viva porque le ha conmovido la triste historia del monstruo, se está emulando el llanto del portero de Ciudad Esmeralda tras escuchar el lamento de Dorothy porque se le ha denegado el acceso.

Cloris Leachman como Frau Blücher

Humor inteligente por el que no pasan los años y con el que rendimos homenaje a Gene Wilder (1933–2016) tras su fallecimiento el pasado mes de agosto.


jueves, 3 de noviembre de 2016

Encuentros en la tercera fase (1977)




Título original: Close Encounters of the Third Kind
Director: Steven Spielberg
EE.UU., 1977, 132 minutos

Encuentros en la tercera fase (1977)


Según los protocolos de la ufología establecidos por J. Allen Hynek (1910–1986) en lo concerniente a encuentros con alienígenas, la tercera fase es la que implica contacto. Como el que parece que están predestinados a tener quienes protagonizan uno de los títulos más interesantes de la filmografía de Steven Spielberg.

Son muchas las cosas que se han dicho y que aún se siguen diciendo a propósito de una película de culto que a nadie deja indiferente. De lo que no se ha hablado tanto, en cambio, es del hecho de que con Close Encounters of the Third Kind su director pretendía reivindicarse como algo más que un money maker. Y la maniobra que a tal efecto llevó a cabo no pudo ser más perspicaz: ofrecer a François Truffaut, buque insignia del cine de autor europeo al frente de la Nouvelle vague francesa, uno de los papeles protagonistas. Si se tiene en cuenta, además, que, en su faceta de crítico, Truffaut había sido el máximo responsable de mostrar al mundo la genialidad de Alfred Hitchcock (su larga entrevista con el mago del suspense y el posterior libro que publicaría son ya míticos), el paralelismo resulta tan tentador como inevitable.

Truffaut (izquierda) y Spielberg (centro) durante el rodaje

Pero no queda ahí la cosa: las referencias cinéfilas son constantes en el caso de un director que, como Spielberg, pertenece a una generación (la de los Lukas, Scorsese y demás tótems surgidos de las universidades americanas a finales de los sesenta) que conoce al dedillo la tradición fílmica que les antecede. Por eso no es de extrañar que la pareja Roy (Richard Dreyfuss) / Jillian (Melinda Dillon) ascienda por la escarpada ladera de la Devil's Tower de Wyoming, emulando la tortuosa escalada del Monte Rushmore protagonizada por Cary Grant y Eva-Marie Saint en Con la muerte en los talones. A fin de cuentas, en ambos casos se trata de monumentos nacionales esculpidos sobre la roca viva de una montaña. Pero por si aún quedase alguna duda, una vez arriba se nos aporta la clave definitiva: la voz del locutor que anuncia el inminente aterrizaje de las naves extraterrestres sobre la base allí construida por el profesor Lacombe y sus hombres especifica que éstas harán su entrada "por el noroeste" ("North Northwest" en inglés). ¿Y cuál era el título original de Con la muerte en los talones?: pues precisamente North by Northwest. Muy sutil y agarrado con pinzas, si se quiere, pero tan subliminal como otros cientos de detalles presentes en éste y en otros filmes de Spielberg.



Como tampoco conviene perder de vista la simbología que encierra una película que quizá tiene más de espiritualidad o política que no de ciencia ficción. ¿O acaso los alienígenas con los brazos abiertos en cruz, debidamente subrayado por la escena previa de los astronautas asistiendo a un oficio religioso antes de embarcarse, no hacen pensar en una referencia cristiana? ¿O comparar la Devil's Tower con el monte Sinaí? ¿Y los dedos de los fieles apuntando al cielo en la India?



En todo caso, sería el propio Spielberg quien, en una entrevista concedida en 2007 a Richard Schickel, aportara el sentido definitivo de una obra que se concibió en el contexto de la Guerra Fría: "Si podemos hablar con los extraterrestres, ¿por qué no con los comunistas?" [Spielberg on Spielberg. Turner Classic Movies]. Así pues, habría que ver en ese histórico "encuentro en la tercera fase" un acercamiento a la Unión Soviética. ¿Quizá por ello los cosmonautas que se incorporan a la nave nodriza, Roy entre ellos, van uniformados de rojo?

En fin: dejando al margen interpretaciones cabalísticas, lo realmente bello y cautivador de Close Encounters of the Third Kind son esas cinco notas musicales que, unidas al método ideado por el compositor húngaro Zoltán Kodály (1882–1967) para enseñar música a los niños sordos, dan a entender que el único lenguaje universal es la música.