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sábado, 9 de junio de 2018

El hombre de una tierra salvaje (1971)




Título original: Man in the Wilderness
Director: Richard C. Sarafian
EE.UU., 1971, 104 minutos

El hombre de una tierra salvaje (1971)


Basada en la misma historia que la oscarizada The Revenant (2015), Man in the Wilderness se enmarcaría en lo que antiguamente se denominaba drama de supervivencia. Su protagonista, un Richard Harris que venía de interpretar, el año antes, al aculturado Lord Morgan de A Man Called Horse (1970), se metió aquí en la piel de un personaje ligeramente parecido: el invencible Zachary Bass, capaz de sobrevivir al funesto ataque de un oso valiéndose únicamente de su ingenio y de su tenacidad. Ya lo decía el eslogan publicitario de la película: "He was left for dead. He would not forget..."

"Y no estaba muerto, no, no..." Bass, acaso movido por su sed de venganza, logrará salir adelante a pesar de las gravísimas lesiones infligidas por el plantígrado, en una lucha constante contra los elementos que hace de él la versión adulta de L'enfant sauvage (1970) de Truffaut. Cierto que la verosimilitud brilla por su ausencia en demasiados momentos (un búfalo que "casualmente" agoniza tras ser atacado por un par de coyotes, un conejito que pasaba por allí justo cuando el hombre más necesitaba saciar su hambre...), aunque tales minucias pueden (y deben) obviarse en aras de la tensión dramática.



De hecho, no hay prácticamente diálogos a lo largo de la película, por lo que el peso de la acción recae enteramente en la destreza de Harris para hacernos creer en el milagro de la salvación de su personaje. Eso y, por otra parte, la caravana que a duras penas avanza paralelamente en fatigosa procesión a través de las áridas praderas del Oeste americano (en realidad, Soria) cargando con un barco tirado por una recua de innúmeras mulas y a las órdenes del Capitán Henry (John Huston), el severo director de la expedición que, por lo adusto de su carácter, ha sido comparado con el Ahab de Moby Dick.

Finalmente, la majestuosa banda sonora del escocés Johnny Harris es la guinda que acaba de darle al conjunto ese aire inconfundible de superproducción americana (made in Europe, eso sí: como delata la abundancia de nombres españoles en los títulos de crédito) o, sirviéndonos de un término un tanto despectivo, de wéstern crepuscular.

Parecidos razonables: Henry y Ahab

miércoles, 29 de julio de 2015

¿Quién puede matar a un niño? (1976)




Director: Narciso Ibáñez Serrador
España, 1976, 107 minutos

¿Quién puede matar a un niño? de Ibáñez Serrador


Para muchos el nombre de Narciso Ibáñez Serrador ("Chicho") quizá se asocie únicamente con el director del celebérrimo concurso televisivo Un, dos, tres... responda otra vez, que durante tantos años se mantuvo en antena. Sin embargo, en su faceta de entusiasta adepto al género del horror dirigió un par de largometrajes para la gran pantalla hoy considerados de culto: La residencia (1969) y ¿Quién puede matar a un niño? (1976). Ambos comparten un inquietante nexo: utilizar a la infancia, supuestamente depositaria de la más tierna inocencia, como ingrediente principal de una historia de terror.

Para la segunda de ellas, Ibáñez Serrador partió de una idea original de Juan José Plans (y que más tarde el propio Plans convertiría en novela): de manera totalmente incomprensible, los niños de la pequeña isla de Almanzora se acaban rebelando contra los adultos, a los que irán exterminando de forma progresiva. Así que cuando una pareja de turistas ingleses llegue a la isla procedente de Benavís, se encontrará con las calles desiertas y un perturbador peligro acechando tras las puertas de las casas.

Cualquiera les dice nada a éstos...


La película arranca con un innecesario prólogo tremendista confeccionado a base de imágenes de archivo que muestran cómo es la infancia la primera en padecer las consecuencias de cualquier conflicto en el mundo. Ibáñez Serrador ha admitido en alguna ocasión que quizá habría sido mejor relegar esa parte al final, como aclaración de por qué se han comportado tan violentamente los menores durante el film.

Contrariamente a lo que cabría esperar de una película de terror convencional, la acción sucede a plena luz del sol y, en lugar de monstruitos deformes, los que siembran el pánico son chicos y chicas sonrientes. Los referentes indiscutibles en los que se inspira ¿Quién puede matar a un niño? son, por una parte, Los pájaros (1963) de Hitchcock y, por otra, la pareja de La semilla del diablo (1968) de Polanski (tanto Rosemary como Evelyn están embarazadas).

Entre los muchos alicientes que posee la película, uno que no se suele tener en cuenta pero que a buen seguro tiene su peso es que en ella podemos ver una España que ya no existe: esos pueblos de tapias enjalbegadas, ventanas con rejas negras y calles sin asfaltar... Quizá por eso mismo sigan teniendo su audiencia las sucesivas reposiciones de Verano azul, serie también terrorífica aunque por otros motivos y en otra acepción del término...

En cuanto a Juego de niños (Come Out and Play, 2012), el intrascendente remake mejicano de ¿Quién puede matar a un niño?, casi mejor no decir nada.

La película se rodó en Sitges, Granada, Toledo y Menorca