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martes, 25 de noviembre de 2025

Ángeles del infierno sobre ruedas (1967)




Título original: Hells Angels on Wheels
Director: Richard Rush
EE.UU., 1967, 95 minutos

Ángeles del Infierno sobre ruedas (1967)


Enésima recreación en torno al mundo de las bandas moteras, Hells Angels on Wheels (1967) carece, no obstante, de la fuerza de sus predecesoras. Posee, eso sí, el aliciente de contar con la presencia de Jack Nicholson en el papel del Poeta, antiguo empleado de gasolinera que, harto de aguantar las increpaciones de los clientes, decide rebelarse un buen día y echarse a la carretera en compañía de los temibles Ángeles del Infierno.

Las andanzas del protagonista junto al grupo que lo acoge se resumen en una continua rivalidad entre éste y Buddy (Adam Roarke), el líder de los moteros, para quien el Poeta no pasa de ser un simple advenedizo. De ahí las continuas trifulcas entre unos y otros con el telón de fondo del desenfreno durante sus juergas a base de cerveza y música rock.



Los días de la contracultura llegaban a su momento álgido y los participantes del verano del amor proclamaban su desinterés hacia las convenciones sociales en el contexto de sexo, drogas y alcohol de unos tipos desencantados, desahuciados y unidos por una visión simplista y violenta del mundo. Lo cual no impide, por paradójico que parezca, que estos mismos individuos convenzan al párroco local para que oficie una boda motera de lo más sui géneris.

Sin embargo, la fascinación inicial del Poeta por la existencia libérrima de los Ángeles del Infierno comenzará a desvanecerse paulatinamente a medida que se canse de la vida desarraigada que llevan sus colegas. Aunque el conflicto central se agudiza cuando él y Buddy se enamoran de la misma mujer, Shill (Sabrina Scharf), llegando a un enfrentamiento inevitable e irreversible de fatales consecuencias.



domingo, 28 de enero de 2024

A propósito de Schmidt (2002)




Título original: About Schmidt
Director: Alexander Payne
EE.UU., 2002, 126 minutos

A propósito de Schmidt (2002) de Alexander Payne


Tengo grabada en la memoria una secuencia de About Schmidt (2002) desde que vi la película por vez primera, hace de esto ya más de veinte años. Que no es otra sino el momento en el que Jack Nicholson, en su papel de viejo ejecutivo recién jubilado, descubre sus archivos, el trabajo de toda una vida, en el cubo de la basura. Imagen elocuente de lo cruel que puede llegar a ser el sistema con quienes ya no le resultan útiles.

A grandes rasgos, la ruina humana en la que se ha convertido el protagonista pone de manifiesto una sociedad hortera y prefabricada en la que los ancianos ya no tienen cabida. Así, por lo menos, se siente el bueno de Warren Schmidt, un personaje que, de la noche a la mañana, se encuentra con que su mundo ha cambiado por completo. De modo que sube a bordo de su imponente autocaravana Adventurer y decide embarcarse en un viaje hacia los paisajes en los que transcurrió su infancia en un intento desesperado por reencontrarse consigo mismo.



Cabe decir que el fallecimiento repentino de su esposa (June Squibb) o la inminente boda de su hija Jeannie (Hope Davis) con un garrulo de Denver alteran lo que hasta entonces era una existencia previsible y totalmente planificada. Circunstancias que le provocan un estado semidepresivo que intentará aliviar apadrinando a un niño tanzano al que envía larguísimas cartas y algún que otro cheque.

Bajo una apariencia tragicómica marca de la casa, la cinta de Alexander Payne aborda, sin embargo, cuestiones tan acuciantes como la soledad de los mayores o la hipocresía de un escenario social en el que tantos discursos y parabienes esconden, en realidad, un individualismo a ultranza.



viernes, 23 de septiembre de 2022

Chinatown (1974)




Director: Roman Polanski
EE.UU., 1974, 130 minutos

Chinatown (1974) de Roman Polanski


Supongo que lo más apropiado al abordar una película de las proporciones de Chinatown (1974) sería comenzar diciendo que se trata de un emotivo homenaje al cine negro americano. Los títulos de crédito, la sugerente banda sonora de Jerry Goldsmith, los tópicos de un argumento en torno a las pesquisas de un detective privado a lo Philip Marlowe... Todo en esta película remite a un universo perfectamente conocido por el espectador, teniendo en cuenta que el Hollywood de la época dorada se encargó de explotar estos lugares comunes hasta elevarlos a la categoría de mito.

El hecho de que un polaco trotamundos se acabase haciendo cargo de la dirección fue debido a una apuesta personal del productor Robert Evans, quien consideraba que la mirada europea de Polanski contribuiría a enriquecer el resultado final con un punto de vista más de autor. Tampoco Jack Nicholson era entonces la estrella en la que llegaría a convertirse en años sucesivos, por lo que su papel de investigador envuelto en una sórdida trama de intereses económicos y familiares le vino como anillo al dedo a un actor cuyo histrionismo le aporta grandes dosis de frescura al personaje.



Sin embargo, y por más que estemos ante una producción que rendía tributo a los grandes clásicos del noir, lo cierto es que la puesta en escena ideada por Polanski a partir del magistral guion de Robert Towne responde a criterios estrictamente contemporáneos. Así pues, el objetivo de la cámara se engancha a menudo a la espalda del protagonista, mientras éste lleva a cabo sus indagaciones por la ciudad de Los Ángeles, para producir la sensación de que vemos los acontecimientos a través de los ojos de J.J. Gittes (Nicholson). Poco importa el trasfondo de corrupción que se intuye o si el personaje de Faye Dunaway responde o no al prototipo de femme fatale: aquí lo importante no radica tanto en los hechos, sino en crear una determinada atmósfera.

Por último, la presencia en el reparto de John Huston, director de la fundacional El halcón maltés (The Maltese Falcon, 1941), así como de algunas de las cintas más memorables del cine negro, no sólo respondía a la ya mencionada voluntad de homenajear al género, sino que también dio pie a una curiosa e incómoda escena con Jack Nicholson (pareja sentimental, en aquel momento, de su hija Anjelica) cuando el viejo Noah Cross (Huston) le espeta al detective de la nariz maltrecha aquello de: "Mr. Gittes...do you sleep with my daughter?" Intencionada o no, esa línea del diálogo forma parte ya del imaginario colectivo. Tanto como el enigmático título de una película que no transcurre en el barrio chino, pero que, aun así, constituye una indiscutible obra maestra.



domingo, 2 de agosto de 2020

El resplandor (1980)




Título original: The Shining
Director. Stanley Kubrick
Reino Unido/EE.UU., 1980, 119 minutos

El resplandor (1980) de Stanley Kubrick

El lugar estaba completamente vacío. Sin embargo, no era así, porque en el Overlook las cosas seguían y seguían. Allí todos los momentos eran un momento. [...] En el Overlook, todas las cosas tenían una especie de vida. Era como si a todo el lugar le hubieran dado cuerda con una llave de plata. El reloj estaba en marcha... Él era esa llave, pensó tristemente Danny. Tony se lo había advertido, y él había dejado que las cosas siguieran su curso.

Stephen King
El resplandor
Traducción de Marta I. Guastavino

La imagen de Jack Nicholson destrozando a hachazos una puerta mientras pone cara de loco quedará para la posteridad como uno de los momentos más espeluznantes de la historia del cine. Recurso de enorme fuerza visual, sin duda, pero que, como otros elementos icónicos de la película (por ejemplo las turbadoras hermanas gemelas o el laberinto arbóreo), no estaba presente en la novela homónima de Stephen King en la que se basaron Kubrick y su equipo de colaboradores.

Y es que el director neoyorquino afincado en Inglaterra tuvo siempre la habilidad de amoldar a su propio universo todo aquello que se propuso llevar a la pantalla. A este respecto, la versión fílmica de El resplandor prescinde de la espectacularidad que habrían aportado los setos con forma de animales del área infantil o la explosión final del hotel para centrarse en la creación de atmósferas inquietantes que fuesen la traducción en imágenes del delirio que aflige a la familia Torrance.

"Come and play with us!"


¿Y qué decir de un rodaje que resultó tan o incluso más terrorífico que la historia narrada en el filme? Fiel a un perfeccionismo rayano en monomanía, el obsesivo Kubrick sometió a sus actores a interminables repeticiones hasta dar con la toma exacta. Algo que, en el caso de Shelley Duvall, rozaría el acoso traumatizante, a juzgar por la insistencia del cineasta en corregir y amonestar, una y otra vez, a la intérprete por el más mínimo detalle.

Con todo y con eso, The Shining sobrepasa de largo la categoría de obra maestra en su género para convertirse en título de culto cuyos ingredientes (la avalancha de sangre inundando el vestíbulo, la Steadicam siguiendo las progresiones del triciclo de Danny por los tortuosos pasillos del Overlook) forman parte ya de la memoria cinéfila de varias generaciones.


viernes, 17 de abril de 2020

La pequeña tienda de los horrores (1960)




Título original: The Little Shop of Horrors
Director: Roger Corman
EE.UU., 1960, 72 minutos

La pequeña tienda de los horrores (1960)
de Roger Corman


¿Qué se puede hacer en dos días y medio con un presupuesto de apenas 27000 dólares? Roger Corman lo tuvo clarísimo: una obra maestra de la cutrez y el humor negro; la historia de una planta carnívora insaciable que crece ilimitadamente. The Little Shop of Horrors posee el toque característico del cine independiente americano, preludio de una nueva era que había de dinamitar, a base de irreverencia, las convenciones del Hollywood clásico.

Hilaridad que, sin embargo, ya estaba presente en algunos cómicos de la edad dorada (¿o es que acaso las gamberradas de los hermanos Marx no anticipaban algunas de las situaciones aquí descritas?), pero que Corman y su guionista Charles B. Griffith sabrán llevar al extremo, dándole un enfoque más transgresor aún si cabe.



Rodada en austero blanco y negro (aunque existen versiones coloreadas de la cinta), esta pequeña tienda horrorosa contiene actuaciones memorables de un elenco de actores que no cobró por su trabajo, si bien ganó, a cambio, el privilegio de formar parte de una de las producciones míticas del cine de serie B. Entre ellos sobresale, de un modo especial, un joven Jack Nicholson en los inicios de su carrera, ya por entonces dotado de ese inconfundible histrionismo que tantas veces explotaría en no pocas de sus interpretaciones.

Se han propuesto múltiples análisis de lo que pueda simbolizar la voracidad de Audrey Junior, a menudo vinculada con el éxito fácil, el precio de la fama o incluso con las fatales consecuencias que puede acarrear el ir alimentando las exigencias de un ego sin fin. No obstante, es más que probable que, lejos de lecturas alegóricas, la única aspiración de Roger Corman y su equipo fuese ganar una apuesta un tanto pueril: la de que eran capaces de rodar en tiempo récord una parodia de película de terror cuya osadía hiciera desternillarse a todo el mundo. Y a fe que lo consiguieron.


sábado, 4 de enero de 2020

Easy Rider (Buscando mi destino) (1969)




Título original: Easy Rider
Director: Dennis Hopper
EE.UU., 1969, 95 minutos

Easy Rider (1969) de Dennis Hopper


El último plano de Easy Rider, una toma aérea que despega desde la motocicleta en llamas de Peter Fonda para ir mostrando, gradualmente, la orilla de un caudaloso río, remite a las imágenes capturadas a bordo de los helicópteros por los reporteros de guerra en Vietnam. Y a fe que, aunque indirectamente, el inútil sacrificio de la pareja protagonista a manos de una panda de palurdos de la América profunda conecta de pleno con lo que estaba sucediendo a miles de kilómetros de distancia en el país asiático. No deja de ser un paralelismo obvio que el espectador asume sin necesidad de mayores comentarios: "Lo que el Gobierno está haciendo allí con nuestra juventud es equiparable a lo que acaba de suceder ante nuestros ojos."

Con todas sus imperfecciones y gratuidades, Easy Rider supuso, sin embargo, el nacimiento de un nuevo cine americano que, a su vez, encarnaba lo que una nueva generación de espectadores, desafecta con la gramática del Hollywood clásico, quería ver en pantalla. De la misma manera que los franceses tuvieron una década antes su À bout de souffle (1960), esta cinta venía a suponer la revolucionaria piedra fundacional de quienes, como cantaban los Steppenwolf en el tema central de la banda sonora, habían nacido para ser salvajemente libres a lomos de una Harley-Davidson.



Filme icónico del espíritu hippie, plasmación en imágenes de lo que ya dijera Kerouac en On the road (1957), las andanzas de Wyatt y Billy recibieron el espaldarazo definitivo en Cannes, cuyo festival los premió con el galardón a la mejor película de un director novel. Honor tal vez excesivo, sí, pero que pone de manifiesto hasta qué punto la industria luchaba por reinventarse en un momento crítico en el que la televisión parecía haberle ganado definitivamente la partida al celuloide.

Ni en su discurso ni aún menos en su puesta en escena Easy Rider va más allá de los valores o mitos de la contracultura. Una filosofía que hoy se nos antoja ingenua y que se reduce a cuestionar lo establecido mientras se hace apología de las drogas y el amor libre. Lo cual, bien mirado, no es poco, si no fuera porque en breve se demostraría que del Sueño a la pesadilla apenas había un paso.


domingo, 21 de octubre de 2018

Stanley Kubrick: Una vida en imágenes (2001)




Título original: Stanley Kubrick: A Life in Pictures
Director: Jan Harlan
EE.UU., 2001, 142 minutos

Una vida en imágenes (2001)

A punto de inaugurarse la exposición que organizará el CCCB sobre Kubrick, la Filmoteca proyectaba esta tarde el documental A Life in Pictures, con la presencia de su cuñado y director de la película (Jan Harlan), así como de Katharina Kubrick, una de las hijas del homenajeado.

Narrado por Tom Cruise, el filme posee el mérito de condensar en apenas dos horas y media la trayectoria de uno de los cineastas más influyentes de todos los tiempos. Ya hacia el final del mismo, Woody Allen tiene la ocurrencia de compararlo con Orson Welles, lo cual está muy bien visto, ya que, en cierta manera, no sólo les unía un carácter temperamental (y hasta un ligero parecido físico), sino que podría decirse que el director de 2001 logró obtener de la industria todo aquello que  Hollywood había previamente negado al genio de Citizen Kane. Era tanto el poder de Kubrick que incluso logró que, en el Reino Unido, los estudios retirasen de la circulación A Clockwork Orange (La naranja mecánica, 1971) dadas las amenazas que él y su familia recibieron tras el estreno.

Katharina Kubrick y Jan Harlan

Scorsese, otro mito del séptimo arte, da la clave al definir cómo el cineasta se avanzaba a su tiempo: "Ni uno solo de sus títulos se libró de la polémica o de la incomprensión, pero diez años después ya eran considerados clásicos". Y así irán vertiendo sus opiniones a propósito del realizador Spielberg, Alan Parker, Sydney Pollack y otras personalidades que tuvieron la ocasión de trabajar con él.

Ya durante el coloquio, Harlan desvela algunas curiosidades menos conocidas sobre el director, que el pasado mes de julio habría cumplido noventa años, como el hecho de que era un apasionado de la obra de directores españoles como Carlos Saura, Jaime de Armiñán o Víctor Erice. De hecho, en cierta ocasión solicitó una copia de Cría cuervos (1976) para verla en compañía de los suyos en su retiro de Hertfordshire. Y aclara Harlan que, pese a que carecía de subtítulos en inglés, se quedaron todos a verla hasta el final, lo cual da buena cuenta de la calidad de la película. En fin, "¿a qué se habría dedicado Kubrick de no haber sido cineasta?" Harlan titubea antes de responder: "No lo sé. Tal vez fotógrafo o jugador profesional de ajedrez" Su hija, en cambio, lo tiene más claro: "¡Preparaba unas hamburguesas excelentes!" Y Riambau, siempre atento y oportuno, apostilla: "¡Has hecho caer un mito!"