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viernes, 7 de agosto de 2026

La respuesta (1969)




Director: Josep Maria Forn
España, 1969, 82 minutos

La respuesta (1969) de Josep Maria Forn


Lo primero que llama la atención de La respuesta (1969) es que está rodada con sonido directo, práctica que no se convertiría en habitual en el cine español hasta principios de los ochenta, lo cual nos da ya una pista de que estamos ante una película inusualmente avanzada para la época. Entre otras cosas porque, dado el atrevimiento de su temática, la censura franquista no permitió que se estrenase comercialmente hasta después de la muerte del dictador, ya en el año 76.

En el momento de su concepción, después del éxito de La piel quemada (1967), Josep Maria Forn era ya un cineasta hasta cierto punto consagrado, con la suficiente independencia como para emanciparse de Iquino, uno de sus primeros mentores, y capaz de tirar adelante sus propios proyectos, más críticos y arriesgados, a través de la productora Teide P.C. Se daba, asimismo, una especial coyuntura política y social, con el Mayo francés aún muy reciente y las primeras manifestaciones estudiantiles en las calles de nuestro país, para que el director catalán se liase la manta a la cabeza aun sabiendo que llevaba las de perder.



Basada en la novela M'enterro en els fonaments, de Manuel de Pedrolo, su reparto estaba encabezado por Francisco Viader en el papel de Aleix, un universitario de izquierdas, surgido de la burguesía barcelonesa, cuyas ideas revolucionarias chocan continuamente con la moral hipócrita de su familia, en especial con el doctor Farràs, su padre (interpretado por Jordi Torras), hombre de ideas tradicionales que no ve con buenos ojos la deriva ideológica del muchacho. A su vez, este último mantiene una relación sentimental con Renata (Marta May, en aquel entonces esposa de Forn), chica de alterne en un club de copas y menos politizada que Aleix, pero dispuesta a colaborar con él para darle un escarmiento al alto cargo que le tira los tejos a la joven...

Aparte de excesivamente panfletaria y un tanto inverosímil en su planteamiento, el hecho de trabajar con sonido ambiente provoca que los actores se expresen con un marcado acento catalán, circunstancia que el director intentaría subsanar años más tarde, ya en plena democracia, doblando los diálogos a esa lengua en un nuevo montaje. Por lo demás, las canciones de Raimon que conforman la banda sonora aportan una nota contestataria muy de aquel entonces, tal vez rozando el cliché, pero que indican el camino que iba a seguir el cine de Josep Maria Forn en años sucesivos.



miércoles, 28 de agosto de 2019

La Nova Cançó (1976)




Título en español: La Nueva Canción
Director: Francesc Bellmunt
España, 1976, 88 minutos

La Nova Cançó (1976) de Francesc Bellmunt


Se ha hablado mucho durante estos últimos días del mítico (y bastante mitificado) Festival de Woodstock con motivo del cincuenta aniversario de su celebración. Magno acontecimiento no sólo desde el punto de vista musical, sino, sobre todo, por lo icónico del significado que acabó adquiriendo en el contexto de la Guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Sin embargo, nuestro propio entorno fue también escenario de certámenes de similar trascendencia política y de los que, pese a no ser tan multitudinarios, quedó igualmente un testimonio fílmico.

A mediados de la década de los setenta, más o menos por las mismas fechas de la muerte de Franco, el cineasta Francesc Bellmunt realizó un par de documentales que dejaban constancia del momento particularmente efervescente que estaba viviendo la sociedad catalana en la antesala de lo que posteriormente daría en denominarse la Transición. En ese sentido, tanto La Nova Cançó (1976), primero, como Canet Rock (1976), inmediatamente después, no sólo preservaron para la posteridad las actuaciones de aquellos legendarios artistas, sino que el paso del tiempo les ha conferido el rango de verdaderos documentos históricos.

Pau Riba y Jaume Sisa

De las declaraciones recogidas por Àngel Casas a pie de calle se desprende que algunos de los anhelos que entonces se reivindicaban, con la esperanza puesta en el advenimiento de un régimen democrático, por desgracia están aún por cumplir. Pero son las entrevistas a personalidades destacadas de las artes o de las fuerzas vivas del país las que tienen más enjundia. Sorprende, por ejemplo, ver a Jordi Pujol en calidad de directivo de una entidad bancaria. Y, más aún, que el señor Casas, tuteándole, le suelte: "¿Tú crees que Banca Catalana nos daría un crédito para nuestra película?" A lo que el futuro Molt Honorable responde, ¡cómo no!, con evasivas, marcando ya una tendencia que caracterizaría su posterior trayectoria política.

Son, no obstante, las canciones de intérpretes como Lluís Llach o Raimon las que ocupan la mayor parte del metraje. Algunas, caso de "La cultura" de Pi de la Serra, dejando ir proclamas incendiarias: "Cultura és una paraula delicada / tan perillosa com la dinamita / generalment en manca més que en sobra / generalment tothom en necessita"; otras, según afirma el estrafalario Jaume Sisa al presentar "Qualsevol nit pot sortir el sol", venidas del Poble Sec, de las profundidades subterráneas de la Font del Gat. Hasta La Trinca se anima sobre el césped del Camp Nou con "Butifarra de pagès". Y aunando ambas vertientes, lo subversivo con lo festivo, "La fera ferotge" de Ovidi Montllor. Invento de la burguesía catalanista para unos, vehículo al servicio de los intereses del pueblo en opinión de otros, lo cierto es que la Nova Cançó quedó indisolublemente ligada a las aspiraciones y protestas de aquel período. Pau Riba, siempre tan iconoclasta, lo define a la perfección cuando Àngel Casas le pregunta: "¿Crees que ayudas a la cultura catalana?" Y el otro va y responde: "¡Sí, destruyéndola!"