Mostrando entradas con la etiqueta Mauro Bolognini. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mauro Bolognini. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de abril de 2022

Jóvenes maridos (1958)




Título original: Giovani mariti
Director: Mauro Bolognini
Italia/Francia, 1958, 98 minutos

Jóvenes maridos (1958) de Mauro Bolognini


Comienza Giovani mariti (1958) y uno tiene la sensación de que ya ha visto antes muchas de las situaciones que van desfilando por la pantalla: un grupo de jóvenes ociosos y algo gamberros se dedica a armar jaleo en plena noche por las calles desiertas de una ciudad de provincias. Enseguida nos asalta el recuerdo de I vitelloni (1953), aunque, a diferencia del clásico de Fellini, estos muchachos son menos reflexivos y más bullangueros. Y prefiguran, sin llegar a incurrir en ningún delito (más allá de 'escándalo en la vía pública'), lo que el mismo equipo de guionistas, liderado por el tándem Bolognini-Pasolini, describirá al año siguiente en La notte brava (1959).

La voz en off de uno de ellos los presenta, destacando las cualidades de cada uno: "Giulio, el inocente; Ettore, el ídolo de las mujeres; Marcello, último en las carreras, primero en el amor; Franco el más loco, alegre y feliz de todos..." Quien así habla es Antonio (Franco Interlenghi), otro de esos veinteañeros que se resiste a abandonar la adolescencia, temeroso de que la entrada en la vida adulta suponga el fin de las juergas que solía correrse con su grupo de amigotes.



En líneas generales, Giovani mariti tiene mucho de despedida, de nostalgia frente a la pérdida de libertad que conlleva el matrimonio. Pero también encierra, al mismo tiempo, una crítica feroz contra una determinada manera de concebir las relaciones humanas que es muy propia de la pequeña burguesía. A este respecto, el egoísmo de los chicos contrasta con la esperanza que los personajes femeninos depositan en la posibilidad de casarse con el más simpático, el más inteligente o, sobre todo, el más guapo.

Y así, la camaradería entre quienes pasan las noches de estío en el prostíbulo local o bañándose en un estanque a la luz de la luna no sólo denota la inmadurez propia de unos malcriados, sino, por encima de todo, el final de su inocencia: exactamente la misma que, de ahora en adelante, será apenas un fantasma vagando por esos oscuros callejones en los que hasta ayer mismo invocaban el rugido de un león.



viernes, 29 de abril de 2022

Marisa, la coqueta (1957)




Título original: Marisa la civetta
Director: Mauro Bolognini
Italia/España, 1957, 81 minutos

Marisa, la coqueta (1957) de Mauro Bolognini


Pese a enmarcarse en los cauces de lo que sería la típica comedia ligera italiana de mediados de los cincuenta, Marisa la civetta (1957) posee, sin embargo, el encanto de arrojar una cierta mirada poética sobre los ambientes populares en torno a la estación ferroviaria de Civitavecchia. No en vano, la presencia de Pasolini entre el equipo de guionistas que se encargó de escribir la película aporta una nota ligeramente libertaria al personaje de la huérfana protagonista, versión un tanto sui géneris de la maggiorata (arquetipo femenino de la belleza auspiciado, desde la posguerra, por la industria cinematográfica de aquel país).

A diferencia de las voluptuosas Gina Lollobrigida o Sophia Loren, quienes acabarían convirtiéndose en estrellas de ámbito internacional (aparte de iconos de la sensualidad mediterránea), el recorrido artístico de Marisa Allasio, apodada la Jayne Mansfield italiana, se limitó a apenas dieciocho filmes rodados entre 1952 y 1958, fecha en que se retira definitivamente tras su matrimonio con un destacado aristócrata, nieto del rey Víctor Manuel III.



A lo largo de los escasos ochenta minutos que dura la trama, unos y otros se disputan el amor de la muchacha, auténtico objeto del deseo que, consciente de su encanto, da y quita esperanzas en función de un carácter no menos caprichoso. Porque, en realidad, y aunque lo disimule muy bien bajo su aparente firmeza, lo que le ocurre a Marisa es que siente un enorme vacío afectivo. Así pues, la pizpireta vendedora ambulante creerá, sucesivamente, haber encontrado al amor de su vida en la figura del atlético Luccicotto (Ángel Aranda), el crédulo Luigi (Ettore Manni) o hasta el nuevo y severo jefe de estación (Paco Rabal), el único que finge no sucumbir a la coquetería de la muchacha.

Sin embargo, quien mejor se ajusta a los anhelos de Marisa es el marinero Angelo (Renato Salvatori), quizá porque encarna el espíritu aventurero que podría sacarla de ese microcosmos de andenes y locomotoras en el que siempre ha vivido y donde, tal vez sin ser demasiado consciente de ello, lleva una existencia insufriblemente gris. A pesar de que el niño Fumetto (Giancarlo Zarfati) le ofrezca con su complicidad inocente parte de la ternura ansiada por esta "rosa de fuego".



lunes, 18 de abril de 2022

El bello Antonio (1960)




Título original: Il bell'Antonio
Director: Mauro Bolognini
Italia/Francia, 1960, 98 minutos

LA FRAGILIDAD DEL MACHO

El bello Antonio (1960) de Mauro Bolognini


El drama personal al que debe hacer frente el protagonista de Il bell'Antonio (1960) obedece a complejas motivaciones de índole cultural ligadas al rancio concepto de hombría. Lo cual nos queda muy lejos actualmente (o puede que no tanto), pero que en la Sicilia de los años cincuenta podía llegar a destruir, como así sucede, la estabilidad de toda una familia. En ese orden de cosas, la Catania en la que transcurre la acción aparece retratada como una ciudad en franca decadencia, tanto urbanística como moral, incapaz de asumir los problemas de impotencia de un apolíneo varón recién llegado de Roma.

A primera vista, diríase que lo que le ocurre a Antonio (Marcello Mastroianni) es consecuencia directa de una concepción excesivamente romántica del amor, fruto de su extrema sensibilidad. De ahí que acabe idealizando a las mujeres a las que ama hasta el punto de no ser capaz de consumar el coito con ellas. Evidentemente, transcurrido un año de su matrimonio con Barbara (Claudia Cardinale), la cosa empieza a oler a chamusquina, de modo que la familia de la joven solicita la nulidad eclesiástica, con el consiguiente escándalo y agravio para los padres del interfecto.



Con todo y con eso, conviene tener muy presente el hecho de que Pasolini fue uno de los guionistas encargados de adaptar la célebre novela homónima de Vitaliano Brancati (1907–1954) en la que se basa la película. Detalle que no es baladí, habida cuenta de que la fama de donjuán del personaje central queda atenuada en beneficio de una mayor profundidad psicológica, dotándolo de un aire trágico del que carecía en el texto original.

No sería excesivo, por lo tanto, intuir una posible homosexualidad reprimida en el origen de los males que afligen a Antonio, si bien la cinta no ahonda en el tema por motivos obvios. En todo caso, resulta de una enorme perspicacia el modo en el que se ridiculiza la obsesión de don Alfio (Pierre Brasseur) por la honra, así como la hipocresía reinante en un microcosmos donde las virtudes públicas y los vicios privados se ventilan a los cuatro vientos con la misma facilidad.



domingo, 17 de abril de 2022

Un día de locura (1960)




Título original: La giornata balorda
Director: Mauro Bolognini
Italia/Francia, 1960, 84 minutos

Un día de locura (1960) de Mauro Bolognini


El trávelin en contrapicado con el que se inicia y se cierra La giornata balorda (1960), mientras de fondo suena la partitura jazzística compuesta por el maestro Piero Piccioni, capta una típica atmósfera de patio de vecinos, de poesía de lo cotidiano, que va a ser la tónica general durante toda la película. La ropa tendida en los hilos, los moradores asomados a la baranda de las distintas galerías, el bullicio de las amas de casa canturreando alguna melodía o simplemente llamando a sus criaturas... Todo, absolutamente todo, remite a los Racconti romani de Alberto Moravia, cuentos de regusto popular (publicados entre 1954 y 1959) que servirán de base para el guion de la cinta, obra de Pasolini, Marco Visconti y el propio Moravia.

Su protagonista, Davide Saraceno (interpretado por el francés Jean Sorel), tiene apenas veinte años y un hijo recién nacido al que alimentar. De ahí que, por la mañana temprano, y pese a las pullas que le dirige su futura suegra, salga rumbo a la ciudad para buscarse la vida: es esa "jornada de locura" a la que alude el título y que va a estar repleta de sobresaltos hasta que el muchacho logre regresar a casa con un puñado de liras en el bolsillo.



Los diferentes espacios que integran tan singular odisea ofrecen una radiografía precisa de la sociedad italiana del momento, compuesta por individuos corruptos en todas sus esferas: terrible lección que Davide va a ir comprobando conforme avance el día y tenga que llamar a más de una puerta en pos de la tan deseada ayuda. Así pues, un tío suyo con pinta de estraperlista lo manda a ver a un contable (Paolo Stoppa), quien, a su vez, le da las señas de un abogado que podría escribirle una carta de recomendación. Y entre todos lo marean sin que el empleo llegue a concretarse...

En contraste con La notte brava (1959), también escrita por Pasolini y dirigida por Bolognini, la acción diurna de la cinta que nos ocupa gira en torno a la misma idea de juventud prostituida, ya sea como en el caso de Marina (Jeanne Valérie), condenada a ejercer la "manicura" a domicilio, o, en cambio, dejándose querer por la esposa de un rico fabricante de aceite (Lea Massari) tal y como hace Davide. Poco importa, puesto que la miseria sigue ahí: al día siguiente volverá a amanecer y de nuevo la vieja rutina se repetirá al igual que siempre, una y otra vez, ad nauseam.



viernes, 15 de abril de 2022

La noche brava (1959)




Título original: La notte brava
Director: Mauro Bolognini
Italia/Francia, 1959, 95 minutos

La noche brava (1959) de Mauro Bolognini


Al escribir el guion de La notte brava (1959) Pasolini retomó buena parte de los ambientes romanos que cuatro años antes ya le habían servido como fuente de inspiración para su primera novela, Ragazzi di vita (1955). Que no son otros, huelga decirlo, sino los de una juventud ociosa de clase baja que anda metida continuamente en chanchullos de todo tipo. Son esos Ruggeretto (Laurent Terzieff), Bellabella (Franco Interlenghi) o Scintillone (Jean-Claude Brialy), muchachos apuestos y algo acanallados que aspiran a tener los bolsillos llenos de liras para llevar a cenar a una chica al mejor restaurante de la ciudad.

Los personajes femeninos, en cambio, responden al perfil de prostituta, oficial u oficiosa. Se trata de jóvenes que hacen la calle y que se dejan querer por el mejor postor. O que, como en el caso de Rossana (Rosanna Schiaffino), lo mismo van con uno que con otro en función de quién tiene el dinero. En cualquier caso, la actitud que tanto ellos como ellas ponen de manifiesto denota un vacío existencial y una amoralidad que anuncian, una década antes de su eclosión definitiva, la rebeldía sin causa propia de la contracultura.



La facilidad con la que estos mozos alardean con un fajo de billetes en la mano demuestra que vienen de la miseria y que, por más que se empeñen, difícilmente saldrán alguna vez de ella. Porque lo suyo es obtener dinero fácil, casi siempre robándolo, para, acto seguido, derrocharlo todavía más rápidamente. En ese orden de cosas, lo mismo los veremos en los bajos fondos, intentando colocar unos rifles de contrabando, que en una elegante sala de fiestas hasta altas horas de la madrugada.

Sin embargo, el rasgo que mejor los define es su feroz individualismo. Independientemente de que, en un arrebato altruista, sean capaces de pararse a donar sangre en una unidad móvil con la que casualmente se cruzan. Pero basta que haya dinero de por medio para que se traicionen, llegando incluso a las manos. Y es que no parece que exista un mañana o futuro posible para estos jóvenes: ellos viven aquí y ahora y, por ende, disfrutan al límite de los placeres conforme les van saliendo al paso.



domingo, 20 de marzo de 2022

Capricho a la italiana (1968)




Título original: Capriccio all'italiana
Directores: Mario Monicelli, Steno, Mauro Bolognini, Pier Paolo Pasolini, Pino Zac, Franco Rossi
Italia, 1968, 79 minutos

Capricho a la italiana (1968)


Otra de las muchas películas de episodios que se rodaron en la Italia de los sesenta, auspiciada, en esta ocasión, por el mítico productor Dino De Laurentiis (1919–2010). Pasamos, acto seguido, a comentar cada una de las secciones que integran este Capriccio all'italiana (1968).

El primer segmento lleva por título La bambinaia ("La niñera", de Mario Monicelli) y no deja de ser un gag humorístico a partir de la idea de que los "deliciosos" cuentos de Perrault que una nodriza alemana (Silvana Mangano) explica a los niños que tiene a su cargo contienen escenas muchísimo más violentas que los cómics y novelas de quiosco que les ha prohibido leer.

El segundo, Il Mostro della domenica ("El monstruo del domingo", de Steno) gira en torno a un maduro e intolerante burgués (Totò) que vive obsesionado con rapar las melenas de todo joven beat que se cruce en su camino. Inspirándose en los héroes enmascarados de las tiras cómicas llegará incluso a hacer realidad su sueño, con el consiguiente malestar de la policía, alarmada ante semejante avalancha de jóvenes desaparecidos.

Perchè? ("¿Por qué?", de Mauro Bolognini) vuelve a ser otra boutade, ahora tomando como elemento principal la impaciencia de la esposa de un conductor (Mangano) durante uno de los frecuentes atascos en las vías de acceso a Roma.



Che cosa sono le nuvole? ("¿Qué son las nubes?", de Pasolini) reúne, por tercera y última vez, a Totò y Ninetto Davoli, marionetas encargadas de representar, junto con otros títeres, un peculiar montaje del Othello shakespeariano. Se trata, de hecho, de una aparición póstuma de Totò, ya que el genial cómico italiano había fallecido un año antes del estreno de esta película. La música, por cierto, corre a cargo de Domenico Modugno, quien, además de cantar el tema central, interpreta un pequeño papel.

Viaggio di lavoro ("Viaje de trabajo", con animaciones de Pino Zac y dirección, sin acreditar, de Franco Rossi) ironiza sobre el supuesto viaje oficial de la reina de Inglaterra (Mangano) a un imaginario Estado del África negra.

Por último, La gelosa ("La celosa", de nuevo de Mauro Bolognini) es una sátira matrimonial a propósito de los celos enfermizos de una esposa (Ira von Fürstenberg) empeñada en que su marido (Walter Chiari) la engaña con otra.

Con la salvedad del siempre lírico Pasolini, el resto de contribuciones pecan un tanto de una cierta frivolidad muy de la época, si bien es cierto que el sentido del humor que planea sobre todas las historias garantiza la carcajada en más de una ocasión.



viernes, 18 de marzo de 2022

Las brujas (1967)




Título original: Le streghe
Directores: Luchino Visconti, Mauro Bolognini, Pier Paolo Pasolini, Franco Rossi y Vittorio De Sica
Italia/Francia, 1967, 111 minutos

Las brujas (1967)


Filme de episodios, según un patrón muy en boga por aquellos años, Le streghe (1967) reunía a cinco de los mejores cineastas italianos del momento, cuyas aportaciones (todas protagonizadas por la actriz Silvana Mangano, quien encarna distintos roles de mujer) pasamos a analizar por orden de aparición en la película.

La strega bruciata viva ("La bruja quemada viva", de Visconti) transcurre en un ambiente de sofisticación burguesa, concretamente una mansión en el gélido Tirol austríaco, que se verá repentinamente alterado con la visita de una diva del espectáculo. La reacción de los comensales, interpretados, entre otros, por Paco Rabal (Paolo) y Annie Girardot (Valeria), oscila entre la envidia de las señoras y la lascivia de los hombres. En líneas generales, se trata de un estudio bastante certero de la frivolidad que preside las relaciones humanas en el ámbito de la alta sociedad, así como del vacío existencial de una mujer objeto.

Senso civico ("Espíritu de comunidad", de Mauro Bolognini) es una breve historia a propósito de un camionero accidentado (Alberto Sordi) al que una señorona (Mangano) recoge en su auto para, teóricamente, llevarlo al hospital. El sarcasmo del desenlace pone de manifiesto la falta de escrúpulos de los más acomodados con respecto a la clase obrera.

La terra vista dalla luna ("La Tierra vista desde la Luna", de Pasolini) retoma unos personajes muy similares a los de Uccellacci e uccellini (1966). De nuevo Totò y Ninetto Davoli se meten en la piel de un padre y un hijo un tanto estrambóticos, en esta ocasión en busca de una mujer que ocupe el vacío que sienten tras el repentino fallecimiento de la madre y esposa. La muda Assurdina (Mangano) será la elegida para encarnar dicha figura. El carácter payasesco de los intérpretes, reforzado por el estridente colorido de su indumentaria, confiere al conjunto un aire de farsa no exento de cierto influjo chaplinesco.



La siciliana (de Franco Rossi) es otro episodio breve, caricatura de un típico drama rural en el que el honor "ultrajado" de Nunzia (Mangano) dará pie a una sangrienta vendetta entre los hombres de familias rivales.

Por último, Una sera come le altre ("Una tarde como las otras", de Vittorio De Sica) esboza la tediosa realidad de un ama de casa (Mangano) que ve con desesperación cómo su marido (Clint Eastwood) ha ido paulatinamente dejando de lado las galanterías con las que la obsequiaba durante los primeros años de su vida en común. Aburrimiento que contrasta, por cierto, con las continuas y vibrantes ensoñaciones de la esposa.

El irónico apelativo de "bruja" bajo el que se engloban estas cinco aproximaciones al universo femenino denota un punto de vista eminentemente varonil que hoy sería muy complicado defender. En cualquier caso, el enorme talento de los realizadores e intérpretes implicados en el proyecto, así como la atmósfera ligeramente pop que impregna buena parte de sus imágenes constituyen un interesante análisis de la guerra de sexos en el seno de la sociedad de consumo.