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martes, 31 de marzo de 2026

Maigret y la muerte del embajador (2026)




Título original: Maigret et le mort amoureux
Director: Pascal Bonitzer
Francia/Bélgica, 2026, 80 minutos

Maigret y la muerte del embajador (2026)


Maigret et le mort amoureux (2026) revive las andanzas del mítico comisario belga creado por Georges Simenon. Ataviado con su sempiterno gabán, el sombrero de ala ancha y la inconfundible pipa, el personaje adquiere ahora los rasgos de Denis Podalydès, sólido intérprete formado en el seno de la Comédie Française y con una amplia trayectoria a sus espaldas que defiende con soltura el papel de investigador intuitivo, hombre de gustos sencillos que lo mismo descubre al asesino que adereza deliciosas recetas en la cocina familiar.

En última instancia, el responsable de esta nueva reencarnación, la enésima de una larga tradición de adaptaciones cinematográficas y televisivas, no es otro sino el veterano Pascal Bonitzer (París, 1946), guionista de una sesentena larga de títulos y director de muchos menos (apenas doce en sus casi cuarenta años de carrera), que parte del texto de Maigret et les Vieillards (novela originariamente publicada en 1960) para adentrarse en las extrañas circunstancias que rodean la muerte violenta de un viejo diplomático.



Independientemente de que los entresijos de la trama respondan a los de una típica investigación policial, lo primero que sorprende de la puesta en escena es lo impreciso del contexto temporal en el que transcurren los hechos. Así pues, si el atuendo y los ademanes de Maigret remiten a la época clásica en la que el personaje fue concebido, el ordenador portátil de su ayudante Janvier (Manuel Guillot) y otros elementos por el estilo (como la colección de CDs que el comisario tiene en el salón de su casa) nos hacen pensar en un período histórico tal vez más cercano. Dicha indefinición, perceptible de principio a fin del relato, resulta probablemente uno de los puntos débiles (si no el que más) de una película que transpira un excesivo regusto añejo.

Ejercicio de elegancia crepuscular, Bonitzer apuesta por el ritmo del pensamiento, entregándonos una obra que es menos un filme policíaco convencional y más una disección melancólica de la condición humana. En ese sentido, la investigación nos conduce a las entrañas de la burguesía intelectual para proponer que el amor, en su estado más puro o más tóxico, es una fuerza tan destructiva como cualquier veneno (sirva de ejemplo ese armario repleto de centenares de cartas, fruto de una relación apasionada que terminará como el rosario de la aurora).



miércoles, 3 de julio de 2019

El joven Karl Marx (2017)




Título original: Le jeune Karl Marx
Director: Raoul Peck
Francia/Bélgica/Alemania, 2017, 118 minutos

El joven Karl Marx (2017) de Raoul Peck


La lucha entre el capitalista y el asalariado comienza con la relación capitalista misma, y sus convulsiones se prolongan durante todo el período manufacturero. Pero no es sino con la introducción de la maquinaria que el obrero combate contra el medio de trabajo mismo, contra el modo material de existencia del capital. Su revuelta se dirige contra esa forma determinada del medio de producción en cuanto fundamento material del modo de producción capitalista.

Karl Marx
"Lucha entre el obrero y la máquina"
El capital
Traducción de Manuel Pedroso

Es muy probable que la imagen que habitualmente se tiene de Marx, condicionada por el uso que de ella hicieron los antiguos regímenes socialistas, sea la de un viejo barbudo, adusto y rancio. De ahí la audacia de añadirle el adjetivo joven para devolverle al personaje un atractivo que hace mucho tiempo que perdió.

En ese sentido, el último trabajo del haitiano Raoul Peck (Puerto Príncipe, 1953), aunque dista mucho de ser un filme redondo, acierta a presentar desde una óptica moderna (y no exenta de superficialidad) un período histórico y unos personajes de vital importancia para el ulterior desarrollo del mundo tal y como lo conocemos hoy en día.

La Liga de los justos


El afianzamiento de la Revolución industrial y el consiguiente advenimiento del proletariado fueron el caldo de cultivo para que una nueva hornada de teóricos (Engels, Proudhon, Bakunin, el propio Marx...) abogase por otra forma de entender la filosofía, menos encaminada a describir la realidad y vocacionalmente predestinada a transformarla.

Coproducida, entre otros, por el también cineasta Robert Guédiguian, uno de los principales abanderados del cine social europeo, Le jeune Karl Marx alterna diálogos en francés, inglés y alemán para reivindicar la vigencia de una ideología que dejó buena parte de su ímpetu primitivo por el camino.