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viernes, 9 de febrero de 2024

Crónica de una muerte anunciada (1987)




Título original: Cronaca di una morte annunciata
Director: Francesco Rosi
Italia/Francia/Colombia, 1987, 110 minutos

Crónica de una muerte anunciada (1987)


Nunca hubo una muerte más anunciada. Después de que la hermana les reveló el nombre, los gemelos Vicario pasaron por el depósito de la pocilga, donde guardaban los útiles de sacrificio, y escogieron los dos cuchillos mejores: uno de descuartizar, de diez pulgadas de largo por dos y media de ancho, y otro de limpiar, de siete pulgadas de largo por una y media de ancho. Los envolvieron en un trapo, y se fueron a afilarlos en el mercado de carnes, donde apenas empezaban a abrir algunos expendios. Los primeros clientes eran escasos, pero veintidós personas declararon haber oído cuanto dijeron, y todas coincidían en la impresión de que lo habían dicho con el único propósito de que los oyeran.

Gabriel García Márquez
Crónica de una muerte anunciada (1981)

Desde las Soledades de Góngora hasta el Ulises de Joyce son muchas las obras literarias cuyo mérito principal reside no tanto en lo que cuentan, sino, sobre todo, en cómo lo hacen. Premisa que, en el caso del colombiano García Márquez, resulta igualmente válida toda vez que concebiría un universo imaginario en torno a personajes y situaciones que, más o menos, se repiten en la mayor parte de sus novelas. Estilo reiterativo, bajo el influjo remoto de Faulkner (a este respecto, Macondo no deja de ser un calco del condado de Yoknapatawpha), que difícilmente se puede traducir en imágenes por mucho que el director y su elenco sean de primera línea.

Autor de un buen puñado de filmes de contenido político, entre los que destacan títulos como Salvatore Giuliano (1962), El caso Mattei (1972) o Excelentísimos cadáveres (1976), la maestría de Francesco Rosi (1922-2015) no logró, sin embargo, brillar a la misma altura en Cronaca di una morte annunciata (1987) a pesar de haber contado en el reparto con intérpretes de la talla de Gian Maria Volontè, Irene Papas o Lucia Bosè. Tal vez porque, desprovista de la magia de su estilo narrativo, la trama queda reducida a un mero folletín en torno al violento crimen de un inocente.



Aun así, el hecho de haber llevado a cabo el rodaje en Cartagena de Indias y la ciudad de Mompox, unido a una impecable dirección de arte, otorgan al conjunto la debida apariencia de enclave caribeño en el que situar una adaptación cinematográfica bastante fiel (con la salvedad del narrador, que pasa a ser el personaje de Cristo Bedoya) al texto original.

Pero si hay algo que chirría por encima de cualquier otra consideración es el marcado acento italiano de varios de los actores o, en esa misma línea, el impostado deje seseante de Sergi Mateu, lo cual no sólo podría haberse solucionado muy fácilmente en el estudio de doblaje, sino que produce un innecesario efecto de extrañamiento que rompe con la lógica interna del relato y aleja al espectador de su verdadera esencia localista.



domingo, 18 de julio de 2021

El amante bilingüe (1993)




Director: Vicente Aranda
España/Italia, 1993, 105 minutos

El amante bilingüe (1993) de Vicente Aranda


Una tarde lluviosa del mes de noviembre de 1975, al regresar a casa de forma imprevista, encontré a mi mujer en la cama con otro hombre. Recuerdo que al abrir la puerta del dormitorio, lo primero que vi fue a mí mismo abriendo la puerta del dormitorio; todavía hoy, diez años después de lo ocurrido, cuando ya no soy más que una sombra del que fui, cada vez que entro desprevenido en ese dormitorio, el espejo del armario me devuelve puntualmente aquella trémula imagen de la desolación, aquel viejo fantasma que labró mi ruina: un hombre empapado por la lluvia en el umbral de su inmediata destrucción, anonadado por los celos y por la certeza de haberlo perdido todo, incluso la propia estima.

Juan Marsé
El amante bilingüe

Se cumple un año del fallecimiento de Juan Marsé (1933-2020), el escritor al que no le gustaban las adaptaciones cinematográficas de sus novelas. Cosa hasta cierto punto lógica, teniendo en cuenta lo difícil, por no decir imposible, que resulta trasladar a la pantalla la compleja gama de matices de una obra literaria que gira en torno a temas tan escurridizos como la memoria o el encaje de la inmigración andaluza en Cataluña.

Un claro ejemplo de lo anterior sería El amante bilingüe (1993) de Vicente Aranda, insólita coproducción hispanoitaliana, protagonizada por Imanol Arias y Ornella Muti, a propósito del desdoblamiento de personalidad de un charnego que, tras ser abandonado por su esposa y sufrir un grave accidente que le desfigura la cara (en plan Fantasma de la Ópera), se ganará la vida como músico callejero hasta que su otro yo venga en su auxilio.

Faneca (Imanol Arias): la cicatriz de la frente posee la forma de los territorios de habla catalana


Tan intrincado planteamiento responde a factores de tipo personal que ya estaban presentes en el texto, donde Marés (evidente anagrama de Marsé) representaba la versión apocada de Faneca (apellido real del novelista antes de que éste fuera dado en adopción al poco de nacer). De ahí que en la ficción novelesca el perdedor sea fagocitado por un alter ego más brioso, único capaz de volver a seducir a la altanera Norma (Ornella Muti).

Ni que decir tiene que semejante argumento, repleto de cuestiones identitarias, con diálogos que alternan el castellano con algunas intervenciones en catalán, difícilmente podía ser captado en su plenitud fuera del ámbito estrictamente local. Así pues, realidades ajenas al resto de la Península, caso de la normalización lingüística o las deficiencias estructurales del Edificio Walden 7 (diseñado por el arquitecto Ricardo Bofill), deben ser entendidos como dardos contra los gerifaltes de lo que posteriormente se ha dado en denominar el Pujolismo. Claro que también se pueden obviar todos esos detalles y ver la película como la historia de un tipo dispuesto a hacer lo que haga falta con tal de recuperar a su mujer.



domingo, 23 de julio de 2017

La joven casada (1975)




Director: Mario Camus
España, 1975, 94 minutos

La joven casada (1975) de Mario Camus


I will arise and go now, and go to Innisfree,
And a small cabin build there, of clay and wattles made;
Nine bean rows will I have there, a hive for the honey bee,
And live alone in the bee-loud glade.

And I shall have some peace there, for peace comes dropping slow,
Dropping from the veils of the morning to where the cricket sings;
There midnight's all a glimmer, and noon a purple glow,
And evening full of the linnet's wings.

I will arise and go now, for always night and day
I hear lake water lapping with low sounds by the shore;
While I stand on the roadway, or on the pavements grey,
I hear it in the deep heart's core.

"The Lake Isle of Innisfree"
William Butler Yeats (1865 - 1939)

Me pregunto si estaríamos a punto de comentar esta película de no ser porque la dirigió Mario Camus. Probablemente no, pero eso no quita que tenga su interés como documento histórico (todos los filmes lo acaban siendo de uno u otro modo). Por otra parte, que es una peli de encargo se nota hasta en el título, insípido reclamo con el que se pretendía atraer la atención de un público más pendiente de si Ornella Muti se desnudaba que no de sus abundantes e innecesarias citas literarias. Porque en aquella España del 75 el morbo estaba, bendita ignorancia, en historias de adulterio y en los senos turgentes de la actriz italiana de turno.

Bello plano... calcado de otro igual en Une femme mariée de Godard

No perderemos demasiado tiempo comentando el argumento (que no se aguanta por parte alguna) ni el machacón vals que Antón García Abril compuso para la banda sonora, pero sí que vale la pena detenerse en el hecho de que, contrariamente a lo que pueda parecer, al final triunfa el convencionalismo, puesto que el statu quo se mantiene cuasi inalterable. Cierto que Jorge (Pedro Díez del Corral) logra liberarse por fin de la servidumbre a la que era sometido por un padre excesivamente dominante, pero Camino (Ornella Muti) seguirá unida a su marido en lugar de dejarse seducir por los cantos de sirena del apuesto Raúl (Mark Edwards).

Frente al autoritarismo y el encorsetamiento burgués de su familia política en Madrid, la vida que Camino llevará junto a su madre en Pontevedra representa una liberación, un reencontrarse con ella misma en contacto con la naturaleza (no en vano, una de las lecturas que vemos hacer a Flora [Mayrata O'Wisiedo] es el Walden de Thoreau). Es decir, que la felicidad para la 'joven casada' consiste en alejarse del suegro y de la capital...


domingo, 12 de febrero de 2017

La casa de las palomas (1972)




Título italiano: Un solo grande amore
Director: Claudio Guerín Hill
España/Italia, 1972, 90 minutos

La casa de las palomas (1972)


La trágica muerte con apenas 34 años del director Claudio Guerín truncó la que estaba llamada a ser una de las carreras más prometedoras del cine español. El primero de sus dos únicos largometrajes fue La casa de las palomas (conocida también como La violación o La seducción) y planteaba un particular triángulo amoroso entre un gigoló (Glen Lee), una madre (Lucia Bosé) y su hija adolescente (Ornella Muti).

Rodada en una Córdoba monumental de casas palaciegas con celosías y patios enclaustrados, Guerín supo valerse de un estilizado tratamiento de la imagen basado en el uso del trávelin, la cámara lenta o repeticiones: todo muy enfático, pero encaminado a soslayar el, para la época, alto contenido erótico de la historia. Porque, a pesar de las numerosas trabas que interpuso la censura franquista, el resultado final no puede decirse que sea la típica producción precursora del posterior destape. Hay algo más: un estilo sumamente poético e insólito para el cine español de la época, sin duda el toque personal de un verdadero cineasta/autor subrayado por la sensualidad de la banda sonora del italiano Francesco De Masi (1930–2005).



Como sensuales son algunas de las imágenes que contiene la película: el batín rojo de Marilú (Carmen de Lirio), en claro contraste con la blancura de sus cándidas palomas y que simbolizará, más tarde, la pérdida de la inocencia/virginidad por parte de Sandra. O la oposición entre el colegio de monjas y sus alumnas de uniforme.

Por su afán renovador, pese a tratarse en esencia de un melodrama romántico centrado en la rivalidad madre-hija por el mismo hombre, quizá habría que emparentar lo realizado por Guerín Hill en esta cinta con títulos de la época como La residencia (1969) de Ibáñez Serrador o algunos trabajos de Jesús Franco. No en vano, su siguiente (y último) filme, La campana del infierno, sería, como las anteriormente citadas, una película de terror.


miércoles, 27 de julio de 2016

Experiencia prematrimonial (1972)




Director: Pedro Masó
España, 1972, 86 minutos

Experiencia prematrimonial (1972) de Pedro Masó


Sólo con una sonrisa condescendiente en los labios puede verse hoy en día una película como Experiencia prematrimonial. Porque ya desde el mismo título resulta difícil no sonrojarse un tanto al comprobar lo mojigata que podía llegar a ser aquella España del 600 y de los estertores del nacionalcatolicismo. Un país que, con aquellos pantalones de campana, se pretendía moderno, pero que no lo era en modo alguno. Aunque, de todas formas, no hay que hacerle ascos a ningún filme, ya que con el paso del tiempo todos acaban convirtiéndose, de un modo u otro, en documentos de época.

Y esta época de la que hablamos ahora, con su erotismo latente predestape, venía marcada por una serie de tabúes a la que la pareja protagonista decide plantar cara: tanto Alejandra como Luis, interpretados, respectivamente, por los italianos Ornella Muti y Alessio Orano, también unidos sentimentalmente en la vida real en aquel entonces, se embarcan en la aventura de vivir juntos sin estar casados (¡oh, escándalo!) para acabar dándose cuenta de su error y volver al redil como cualquier hijo (pródigo) de vecino.

A Alberto Closas y Mabel Karr (los padres de Luis) les tocaba interpretar al ejemplo de matrimonio feliz, mientras que Ismael Merlo y Julia Gutiérrez Caba (los padres de ella) encarnaban al matrimonio de conveniencia que únicamente permanece unido para mantener las apariencias.

De todas maneras, el bueno de Pedro Masó se atrevía en la última secuencia a imitar el final de Tristana de Buñuel, con un repaso fugaz en imágenes de los episodios más significativos de la trayectoria de la protagonista femenina. Por si alguien no se lo cree, adjuntamos a continuación el vídeo.