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viernes, 19 de septiembre de 2025

On Falling (2024)




Título en español: Al caer
Directora: Laura Carreira
Reino Unido/Portugal, 2024, 104 minutos

On Falling (2024) de Laura Carreira


Ahora que Ken Loach se encuentra oficialmente retirado de la dirección, su productora, en la que participa a medias con el guionista Paul Laverty, pretende promocionar la carrera de nuevos cineastas que llenen el vacío que deja el realizador inglés en el campo de las películas de temática social. A este respecto, On Falling (2024) recuerda en muchos niveles, tanto estéticos como éticos, a la obra de su ya mencionado mentor. Su directora, la portuguesa afincada en Escocia Laura Carreira (Oporto, 1994), expone el despiadado proceso de alienación de una compatriota que, como ella, también reside en dicha región del norte británico.

Aurora (Joana Santos) lleva una existencia desprovista de cualquier tipo de aliciente en su trabajo como picker (recogiendo productos específicos de un almacén para preparar pedidos que luego serán enviados a clientes o tiendas) en un enorme centro de distribución. Día tras día, entre pasillos interminables, escáneres, códigos de barras y objetivos de productividad, Aurora realiza una tarea que, aunque física, está dominada por reglas inhumanas.



Asimismo, su vida fuera del almacén transcurre en un apartamento compartido con otros migrantes, polacos y españoles, donde la soledad pese a la compañía, las conversaciones triviales y la rutina se vuelven muros que la aíslan de los demás. Sólo el móvil parece ofrecer alguna posible conexión ante tanta frialdad, aparte de ocasionales salidas con sus compañeros de piso.

Aunque la incomunicación que padece Aurora llega a tal extremo que la sombra del suicidio comienza a flotar a su alrededor como única vía de escape. De ahí que todo le recuerde esa posibilidad, desde las sogas que se hallan entre los pedidos que revisa a diario hasta las cicatrices en la muñeca de la esteticista que la ayuda a maquillarse antes de una decisiva entrevista de trabajo. Pero la presión ambiental puede más que ella, por lo que la caída del título (“Falling”) puede entenderse como la erosión de una misma, pero también como el límite al que hay que asomarse para resistir, para no perder la conciencia de lo que uno es.



martes, 30 de enero de 2018

Yo, Daniel Blake (2016)




Título original: I, Daniel Blake
Director: Ken Loach
Reino Unido/Francia/Bélgica, 2016, 100 minutos

Yo, Daniel Blake (2016) de Ken Loach


Tras haber anunciado que se retiraba, el veterano director británico Ken Loach volvía de nuevo a la dirección para ganar su segunda Palma de oro en Cannes con esta historia sobre un viejo y enfermo carpintero en paro escrita por Paul Laverty, quien ha sido su guionista habitual durante los últimos veinte años. Y como ya sucediera en el certamen francés, donde el estreno del filme fue recibido con una ovación de un cuarto de ora, el público de la Filmoteca de Catalunya ha acabado de pie para despedir, en la tarde / noche de hoy, a un siempre combativo Loach que terminaba el coloquio con los espectadores con estas palabras: "A lo largo del día, hemos hablado varias veces sobre la dificultad de mantener la esperanza en unos tiempos tan aciagos como los que estamos viviendo. Sin embargo, a la máxima oscuridad le sigue el amanecer. Por eso debemos decir bien alto, tal y como me enseñaron cuando rodé aquí Tierra y libertad en 1995: '¡No pasarán!'"

Actitud comprometida que se mantiene intacta en su última película, al igual que el interés por la educación como motor de cambio que haga avanzar al mundo: en I, Daniel Blake, aparte del habitual tono panfletario de denuncia social, Loach plantea la relación entre el protagonista y los hijos de Katie (Hayley Squires) en unos términos que recuerdan enormemente a los de un abuelo con sus nietos. En efecto: tanto Daisy como, sobre todo, el pequeño Dylan verán en Dan (Dave Johns) la figura paterna que nunca tuvieron, aprendiendo de su paciencia y saber hacer historias tan sugestivas para la aún inocente mentalidad infantil de los chicos como el hecho de que, estadísticamente, los cocos matan a más gente que los tiburones.



Ya durante el debate posterior a la proyección, el cineasta inglés ha señalado que personajes como Daniel Blake sólo saldrán adelante en la Europa actual si la izquierda es capaz de unirse y llegar al poder. Si no, nos arriesgamos a que aparezca otro Trump, con todo lo que eso comporta. Preguntado sobre cuáles fueron los directores que más le influyeron a lo largo de su carrera, responde que los italianos del neorrealismo o el Pontecorvo de La batalla de Argel (1966), aunque, de un modo especial, los checos Jirí Menzel y Milos Forman. Lo cual es bastante coherente con el discurso implícito en toda una filmografía dedicada a analizar las penurias de la clase obrera hasta llegar a este I, Daniel Blake, cuyos personajes (en el afán diario de lograr un subsidio de la misérrima administración pública) recuerdan la desesperada situación que encarnaran los actores no profesionales de títulos míticos como Ladrón de bicicletas (1948).

Es precisamente respecto a su peculiar forma de trabajar con los intérpretes donde Loach tiene las ideas más claras, puesto que al no revelarles qué es lo que les va a ocurrir exactamente a sus personajes consigue unas actuaciones mucho más verídicas. Así, por ejemplo, confiesa que en la ya mencionada Land and freedom vivió varias situaciones anecdóticas con la actriz Rosana Pastor. O en I, Daniel Blake, rodada en orden cronológico y en la que Hayley Squires apenas recibía fragmentos del guion antes de filmar cada escena. No hay tiempo para más preguntas: una nube de admiradores se cierne a su alrededor en busca del ansiado autógrafo, mientras Esteve Riambau se atreve a aventurar que lo convencerá para que visite de nuevo la Filmoteca en el futuro, tal vez con una nueva película. ¿Qué tiene este octogenario de aspecto frágil, que todo el mundo se lo rifa? Pues probablemente eso: que transmite sencillez en un sector, el de la farándula, en el que lo que abunda, con demasiada frecuencia, es el divismo y la arrogancia petulante. Algunos de sus colegas de profesión deberían tomar nota...


sábado, 20 de enero de 2018

Agenda oculta (1990)




Título original: Hidden Agenda
Director: Ken Loach
Reino Unido, 1990, 108 minutos

Agenda oculta (1990) de Ken Loach


A pesar de que a priori nadie diría que un cineasta políticamente militante como Ken Loach pudiese tener algo que ver con el trío musical The Police, lo cierto es que sí que hay una curiosa conexión entre ambos: Stewart Copeland, batería del grupo, fue quien compuso la banda sonora para varias de las películas del director inglés. Títulos como Lloviendo piedras (1993), Riff-Raff (1991) y Agenda oculta (1990) llevan el sello inconfundible de su música.

La última de dichas cintas se centraba en el conflicto irlandés, en un momento en el que la lucha armada había alcanzado su momento álgido. Es al respecto interesante cómo, ya desde los créditos iniciales, se plantea visualmente la existencia de dos bandos irreconciliables: uno que considera, en palabras de James Fintan Lalor (1897-1949), que "Toda la propiedad de Irlanda, tanto moral como material, desde el sol y hasta el centro de la tierra, reside por derecho propio en los irlandeses" y otro que desfila, al son de tambores y fanfarrias, teniendo en mente lo que dijera la Primer Ministro Margaret Thatcher en 1981: "Irlanda del Norte es tan parte del Reino Unido como lo sería mi propio distrito electoral..."

Jessner (Frances McDormand) y Sullivan (Brad Dourif)


Posturas enfrentadas que se van a enturbiar aún más, si cabe, cuando desde los sectores más reaccionarios del conservadurismo británico se opte por la guerra sucia para acabar no sólo con los anhelos independentistas del IRA, sino también con el gobierno laborista. Complot, como se suele decir en estos casos, basado en hechos reales y que Loach, alejándose momentáneamente del realismo social y de los problemas de la clase obrera, denuncia adoptando un estilo cercano al de Costa-Gavras.

Es, en ese sentido, curioso constatar cómo la activista americana interpretada por Frances McDormand afirma haber estado en Chile investigando las desapariciones provocadas por el régimen pinochetista. Circunstancia ésta que emparenta a Hidden Agenda con otros thrillers de corte político como Missing (1982), aunque, en mucho menor grado, también habría algo de suspense a lo Hitchcock al recurrir a una codiciada cinta de casete como MacGuffin que hace avanzar la acción.

Kerrigan (Brian Cox) ayudará a Jessner a esclarecer los hechos

viernes, 19 de enero de 2018

Kes (1969)




Director: Ken Loach
Reino Unido, 1969, 111 minutos



Et malgré les menaces du maître
sous les huées des enfants prodiges
avec les craies de toutes les couleurs
sur le tableau noir du malheur
il dessine le visage du bonheur...

Jacques Prévert (1900-1977)
"Le cancre"

Prévert inmortalizó para siempre la figura del mal estudiante en un poema magistral que lo muestra atrapado entre las amenazas del profesor y los abucheos de sus compañeros. También Ken Loach, cuando aún firmaba Kenneth, haría lo propio mediante su segundo largometraje, centrado en la figura de un adolescente de clase obrera a quien el contacto diario con un halcón transformará en un ser cuya vida cobra repentinamente sentido a pesar del vacío que lo atenaza en el seno de una familia desestructurada. Vamos: algo así como una mezcla entre el Antoine Doinel de Los 400 golpes y el Azarías de Los santos inocentes...

Es, asimismo, posible, viendo los métodos empleados por la mayoría de educadores que aparecen en Kes, acordarse del recuerdo traumatizante que el sistema educativo británico infligió entre los miembros de la generación de Roger Waters, bajista y compositor de Pink Floyd que, primero en su álbum conceptual The Wall (1979) y, más tarde, con la ayuda de Alan Parker en la versión cinematográfica, diría aquello tan célebre de "We don't need no education / We don't need no thought control / No dark sarcasm in the classroom / Teachers leave them kids alone..."



Aunque no todos los profesores del joven Billy (David Bradley) contribuyen a la creación de "otro ladrillo en el muro" a base de crueles bastonazos en la palma de la mano: Mr. Farthing (interpretado por Colin Welland, años después ganador de un Oscar por el guion de Carros de fuego y único actor profesional del reparto) representa la nueva pedagogía del docente capaz de motivar al alumno interesándose por sus inquietudes y dándole protagonismo en el aula. En ese sentido, la escena en la que Billy se entusiasma explicando ante sus compañeros cómo se adiestra un halcón es bastante reveladora, así como una de las más emocionantes de Kes.

Será precisamente hablando con su maestro cuando el chaval nos aporte la clave del filme: "¡Es imposible domesticar completamente a un halcón! ¡Es un ave orgullosa e independiente! ¡No es una simple mascota sumisa!" Por eso se identifica con ella: porque Billy, a pesar de la alienación ambiental en la que ha crecido, no dará su brazo a torcer. Como su halcón, él pertenece a una raza de hombres dispuesta a rebelarse contra el determinismo que le empuja a ser un minero más, una bestia insensible como su hermano mayor.