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domingo, 19 de julio de 2020

No te puedes fiar ni de la cigüeña (1973)




Título original: L'événement le plus important depuis que l'homme a marché sur la Lune
Director: Jacques Demy
Francia/Italia, 1973, 92 minutos

No te puedes fiar ni de la cigüeña (1973)
de Jacques Demy

A pesar de haberle obligado a cambiar el final por otro menos punzante, la idea básica de esta comedia tan atípica sigue siendo, casi cinco décadas después de su estreno, cuando menos transgresora. Porque eso de que un hombre se quede embarazado resulta, ciertamente, embarazoso. O, como rezaba el título original en francés de la película: "El acontecimiento más importante desde que el hombre pisó la luna".

Demy, cineasta dotado de una sensibilidad extrema, quiso poner en tela de juicio los roles tradicionalmente asignados a uno u otro sexo. Y lo hizo arremetiendo allí donde más dolía, asignándole a Marco Mazetti, un aguerrido profesor de autoescuela italiano al que da vida el otrora galán Marcello Mastroianni, la característica definitoria por excelencia de la feminidad.



Pareja de hecho, por aquel entonces, en la vida real, la Deneuve y Mastroianni encarnan a dos modestos ciudadanos de clase trabajadora que, de la noche a la mañana, se ven envueltos en una vorágine mediática sin precedentes que amenaza con cambiar el rumbo de la humanidad. De hecho, la maternidad (o paternidad, sería más acertado decir) es un arma de doble filo, ya que, por una parte, hace aflorar en el macho su lado más tierno, pero, al mismo tiempo, ¿qué pasaría si cundiera el ejemplo de los Mazetti? ¿Se duplicaría la población mundial en pocos años si los hombres, además de las mujeres, comenzasen a dar a luz?

Las visitas al ginecólogo, los equívocos que provoca la situación en el entorno de la pareja, los antojos del gestante, la incipiente barriguita de un señor con bigote... Situaciones, todas ellas, que Demy sabe resolver con su habitual maestría, mezcla de ingenio y ternura, aunque aderezadas con un sarcasmo hacia los convencionalismos sociales, los medios de comunicación de masas y los malos hábitos (sobre todo alimenticios) de la vida moderna que aún mantiene intacta su vigencia.


lunes, 9 de julio de 2018

La número uno (2017)




Título original: Numéro une
Directora: Tonie Marshall
Francia, 2017, 110 minutos
La número uno (2017) de Tonie Marshall


En su afán por mostrar el arrojo de una ejecutiva que intenta abrirse camino en un mundo de hombres, Numéro une incurre en todos los tópicos habidos y por haber: superficialidad, pedantería, gratuidad... De lo primero y lo segundo da muestras inequívocas al servirse, a estas alturas, del Adagietto de la 5ª de Mahler como música incidental, como gratuito es incluir unos segundos del cuerpo sumergido de Shelley Winters procedentes de La noche del cazador. Y no es que le falte razón a Tonie Marshall en lo que dice a través de sus personajes, no: simplemente es un tema de mesura, de no haber sido capaz de profundizar en la verdadera esencia de lo que representa la lucha por el poder en un ámbito tan sumamente competitivo como el de la dirección de las grandes multinacionales.

No en vano, al final de la película los títulos de crédito nos dan en cierta medida la clave al revelar el patrocinio de Coca-Cola y Axa, lo cual explica, hasta cierto punto, que lo que podía haber sido una ocasión inmejorable de entonar el « J'accuse ! » del feminismo del siglo XXI no haya pasado de simple pretexto para el postureo inofensivo de un más que discutible modelo femenino.

Emmanuelle y el astuto Beaumel (Richard Berry)


Véase, si no, la secuencia en la que Emmanuelle (Emmanuelle Devos) cena con una delegación de directivos chinos y no sólo se comunica con ellos en fluido mandarín, sino que, además, se atreve a entonar una canción tradicional en dicha lengua, lo que hará que el restaurante en pleno la ovacione. Abrumador despliegue de habilidades por parte de la protagonista que, lejos de humanizarla, la aleja de nosotros por lo repelente de su perfección.

Cabe la posibilidad de que sea justamente eso lo que la directora haya pretendido dar a entender: que, para triunfar, a una mujer a menudo se le exige que sea perfecta en todo lo que hace. Aunque, de ser ésa su intención, quizá habría resultado más efectivo incidir en las debilidades del personaje, tímidamente apuntadas a través de su relación con el padre (Sami Frey), un frágil profesor de filosofía que languidece en la sala de un hospital.

Padre (Sami Frey) e hija