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sábado, 21 de marzo de 2020

La carretera (The Road) (2009)




Título original: The Road
Director: John Hillcoat
EE.UU., 2009, 111 minutos

La carretera (2009) de John Hillcoat

Acostumbrados a que la ciencia ficción se haya apropiado del género distópico, son películas como The Road —o como Le temps du loup (2003) de Haneke— las que nos devuelven la verdadera dimensión de lo que pudiera ser una hecatombe a escala planetaria. Fundamentalmente porque, de llegar a tal extremo, los supervivientes, desprovistos de todo acceso a la información, difícilmente sabrían con exactitud los motivos causantes de su infortunio.

Asimismo, otro elemento no menos importante que aporta una gran dosis de verismo al conjunto es la roña (con perdón). En efecto: ¿qué otra apariencia pudieran tener los damnificados de semejante debacle si no es la de un sin techo? A este respecto, las cintas que en el pasado abordaron dicha temática —caso, por ejemplo, de The Omega Man (1971) de Boris Sagal— mostraban al protagonista (Charlton Heston) como un atractivo individuo que se pasea en descapotable por las calles de una ciudad desierta.

Viggo Mortensen redujo considerablemente su peso para la ocasión

Pero aquí lo relevante es la supervivencia. Y sin médicos ni medios materiales resulta por completo inviable el gozar de buena salud o alargar la esperanza de vida más allá de un breve lapso de tiempo. ¿Cómo dar a luz cuando se carece no ya de anestesia epidural, sino de las más básicas medidas profilácticas? ¿Cómo curarse una herida? ¿Cómo procurarse el sustento diario si no es rapiñando, aquí y allá, los restos del naufragio?

Con todo y con eso, tanto la novela de Cormac McCarthy (galardonada con el Premio Pulitzer) como la adaptación cinematográfica del australiano John Hillcoat, además de tocar aspectos más o menos tremendistas, como el canibalismo, inciden también en temas de hondo calado metafísico. ¿Qué puede enseñarle el padre al hijo que no sea moralmente reprobable cuando es él mismo quien alecciona al niño para que desconfíe de los demás? De ahí la trascendencia que tienen las escenas en las que el chaval insiste en compartir alimentos con el anciano (Robert Duvall) o el ladrón que, previamente, les había desvalijado en la playa: por más que el muchacho haya nacido en plena era postapocalíptica y no haya conocido más que miseria y caos a su alrededor, los sentimientos que alberga son esencialmente buenos, por lo que aún cabe tener esperanza en la condición humana, en quienes mantienen vivo el fuego en su interior.

La dirección de fotografía corrió a cargo de Javier Aguirresarobe

sábado, 18 de enero de 2020

No es país para viejos (2007)




Título original: No Country for Old Men
Directores: Ethan y Joel Coen
EE.UU./Méjico, 2007, 122 minutos

No es país para viejos (2007)
de Ethan y Joel Coen

Antes de comentar un filme como No Country for Old Men, conviene tener en cuenta al menos dos premisas: por un lado, la contención de las actuaciones y de su puesta en escena y, en segundo lugar, su peculiar sentido del humor. De lo primero sería buena muestra el hieratismo del rostro de Javier Bardem, pero también el hecho de que varios de los crímenes cometidos tanto por Chigurh como por el cártel mejicano se producen fuera de campo (el detalle del protagonista limpiándose las botas en el felpudo justo al salir de una de las casas donde acaba de matar a alguien es, a este respecto, antológico).

¿Sentido del humor en un thriller cuasi wéstern? Pues sí: la segunda de las premisas a que antes aludíamos es, en realidad, una constante en la filmografía de estos hermanos de origen judío. Recursos como la voz en off del veterano sheriff o las batallitas de abuelo Cebolleta tejano que le suelta a su ayudante e incluso a la esposa del protagonista poseen una función decididamente caricaturesca, fruto de la visión irónica de un par de tipos, intelectualmente formados en las universidades del Este, que poco tienen que ver con el medio cultural y social en el que transcurre la historia que nos van a contar.



Es justamente a tenor de ese sustrato (¿cómo ver el corte de pelo del asesino sin esbozar una sonrisa, si hasta el propio actor quedó horrorizado con el atuendo que los Coen pretendían endosarle?) que la frialdad con la que se suceden los hechos impresiona aún más. Una acción que, de hecho, avanza a partir de lo que construyen los personajes, ya sean armas, escondrijos donde guardar el dinero o estrategias para seguir o cazar a un enemigo. Seres dotados del espíritu de supervivencia de los antiguos cowboys, capaces de curarse ellos mismos las heridas de una guerra sin cuartel.

Pero poca broma con este Chigurh, porque está dispuesto a jugarse a cara o cruz la vida del personal sin apenas pestañear. O a volarle la tapa de los sesos con la misma bombona de aire comprimido con la que hace saltar las cerraduras. Decir que está loco se queda corto: magistralmente interpretado por Bardem (quien recibió por ello un merecidísimo Óscar, el primero para un actor español), Chigurh pasará a la historia como una de las encarnaciones del mal más inquietantes jamás vistas en una pantalla.