Mostrando entradas con la etiqueta Zdeněk Liška. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zdeněk Liška. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de abril de 2020

Una invención diabólica (1958)




Título original: Vynález zkázy
Director: Karel Zeman
Checoslovaquia, 1958, 84 minutos

Una invención diabólica (1958) de Karel Zeman

Se ha dicho que la locura es un exceso de subjetividad, es decir, un estado en el que el alma se entrega demasiado a su trabajo interior y poco a las impresiones que vienen de fuera. En Tomás Roch esta indiferencia era casi absoluta. No vivía más que dentro de sí mismo, presa de una idea fija, cuya obsesión le había llevado donde estaba. Difícil, pero no imposible, era que se produjera una circunstancia, un contragolpe que le «exteriorizase», para emplear una palabra bastante exacta. [...]

Su última invención, respecto a los instrumentos de guerra, llevaba el nombre de Fulgurador Roch. A creerle, este aparato poseía tal superioridad sobre los otros, que el Estado que lo adquiriera sería el dueño absoluto de los continentes y de los mares.

Julio Verne
Ante la bandera
Traducción de E. M. A.

Pese a las resonancias siniestras de su título, Una invención diabólica tiene más de exquisita pieza de orfebrería que de filme de horror. Vagamente basada en una obra menor de Julio Verne (Face au drapeau, 1896), el checo Karel Zeman se esmeró, con minuciosidad de artesano, en reproducir el universo pictórico de los grabados que solían ilustrar las ediciones decimonónicas de aquellas novelas. Así pues, y haciendo acopio de submarinos, pulpos gigantes, islas misteriosas, científicos cautivos y magnates ególatras, dio vida a unos decorados deliciosamente estilizados en cuyo interior actores y maquetas conviven alentados por grandes dosis imaginativas.

Fábula preciosista que, hasta la fecha, sigue siendo una de las cintas checas de mayor éxito internacional. De hecho, llegaría a estrenarse en EE.UU. bajo el nada original título de The fabulous world of Jules Verne y en el Festival du film de Bruselas, celebrado con motivo de la Exposición Universal del 58, recibiría por unanimidad el Gran Premio del Jurado.



La banda sonora, trufada de pinceladas de clavicémbalo, corrió a cargo del excelso Zdeněk Liška (1922-1983), uno de los compositores más prominentes de la cinematografía checa, autor de partituras tan célebres como las de El barón fantástico (1962), también de Zeman, Ikarie XB-1 (1963) de Jindřich Polák o El incinerador de cadáveres (1969) de Juraj Herz.

Verne escribió su relato en un período de firme desasosiego frente al progresivo poder armamentístico del Imperio alemán, por lo que cabría considerarlo un claro ejemplo de literatura anticipatoria. A este respecto, la relación que se establece entre el Profesor Roch (Arnost Navrátil) y el ambicioso Conde de Artigas (Miroslav Holub) prefigura la ambivalencia que presidiría los vínculos entre ciencia y progreso cuando los avances en materia de energía nuclear se pusieron al servicio de los intereses expansionistas de los regímenes totalitarios.


domingo, 24 de septiembre de 2017

Ikarie XB-1 (1963)




Director: Jindrich Polák
Checoslovaquia, 1963, 88 minutos

Ikarie XB-1 (1963) de Jindrich Polák


Visitar el Phenomena, con aquel pantallazo soberbio, siempre es una buena noticia. Y si la película proyectada es un título fundacional de la ciencia ficción moderna, pues razón de más. Porque todo aquel que haya visto Ikarie XB-1 estará de acuerdo en que influyó, y mucho, sobre la posterior 2001 de Kubrick: los pasillos de estructura octogonal, el diseño de los trajes espaciales que viste la tripulación y hasta el bebé que aparece en la escena final remiten, sin dejar lugar a dudas, a la Space Odyssey del 68.

Y lo mismo podría decirse, aunque en menor medida, de Alien, con la que comparte el hecho de que algunos miembros de la expedición se contagien a causa de un dañino elemento externo. "Nada nuevo bajo el sol" y todas esas cosas, por supuesto, pero tiene razón Jordi Sánchez cuando, en su presentación, ha dicho que recuperar una película de este calibre (y desconocida para el gran público) supone llenar un vacío en las historias del cine oficiales, a menudo ajenas a las cinematografías del Este europeo y en las que, con demasiada frecuencia, se suele pasar directamente de la Aelita (1924) de Protazanov y la Metrópolis (1927) de Lang al ya mencionado Kubrick o a Tarkovsky.



De todas formas, y centrándonos ya en el análisis del filme, la Checoslovaquia del 63 no era un escenario, digamos, neutro: en ese aspecto, la obra de Pólak se presta a no pocas lecturas simbólicas que van desde lo meramente político hasta lo estrictamente metafísico. En el primero de esos planos resultaría obvio considerar la maligna estrella negra como el sistema capitalista y el planeta blanco, al que los colonos se dirigen en busca de alguna forma de vida extraterrestre inteligente, la pureza del Socialismo. Algo que estaría avalado ya desde el propio título, referencia inequívoca a la corriente utópica creada por Étienne Cabet en la primera mitad el siglo XIX. Además, en el interior de la nave procedente del siglo XX con la que topan hay suficientes indicios (juego, bebida, mujeres...) que hacen pensar en un más que posible origen occidental, máxime cuando el nombre del gas letal que acabó con sus tripulantes (el Tigger Fun) posee innegables resonancias anglófonas.

"Íbamos en busca de la vida y la vida nos ha encontrado a nosotros"; "¡La Tierra no ha existido nunca!" A nivel filosófico, las posibles interpretaciones sobre el contenido de Ikarie XB-1 son incluso mayores e irían mucho más allá de lo que humildemente pudiéramos apuntar aquí. Baste decir que la película está basada en una novela del polaco Stanislaw Lem (1921–2006), el mismo autor de cuya imaginación surgió Solaris. Así que cabría pensar en la posibilidad de que el periplo al que asistimos en pantalla fuese, en realidad, un paseo mental a través del universo de las ideas. Imaginación que no falte. Con todo, lo verdaderamente atractivo para los cuarentones nostálgicos es pensar que Jindrich Polák no sólo dirigió la precursora Ikarie XB-1, sino que fue también el responsable de Los visitantes, aquella mítica serie de los ochenta sobre viajes a través del tiempo que TVE emitía los viernes por la tarde de nuestra cada vez más lejana infancia.


viernes, 9 de septiembre de 2016

El incinerador de cadáveres (1969)




Título original: Spalovač mrtvol
Director: Juraj Herz
Checoslovaquia, 1968-69, 95 minutos

El incinerador de cadáveres (1968) de Juraj Herz

Una pesadilla necrófila y kafkiana o, en palabras de su director (el eslovaco Juraj Herz), "tragedia de un hombre cuya ideología política destruye todo sentimiento humano en su interior." En todo caso, y al margen de la etiqueta que se le adjudique, Spalovač mrtvol no puede dejar indiferente a cualquiera que ame realmente el cine. Porque la fuerza de sus imágenes aúna a la vez el terror con la sátira política, en lo que supone una inquietante lectura de la irrupción del nazismo en la sociedad checa de finales de los años treinta.

En ese orden de cosas, el Kopfrkingl que compone Rudolf Hrusínský destaca por un sibilino coqueteo con la muerte: su forma de peinar cuidadosamente tanto a cadáveres como a víctimas inminentes, acción que siempre remata llevándose el peine a sus propios cabellos, pone de manifiesto que nos encontramos ante una turbadora encarnación del mal a pesar de su sonrisa beatífica.



En la consecución de dicha atmósfera juega un papel decisivo la música que para la ocasión compuso Zdeněk Liška (1922–1983), autor de una partitura de turbadora belleza, remotamente evocadora del Lakmé de Léo Delibes, y que concede a orquesta, coro y soprano el papel de presentar a la muerte como una "liberación".

Basada en la novela homónima de Ladislav Fuks, a nivel visual (tal vez por la filiación kafkiana de ambas) El incinerador de cadáveres plantea algunas similitudes con la versión de El proceso que Orson Welles filmara seis años antes. La diferencia, sin embargo, estriba en el hecho de que Herz se atreve a ir todavía más allá, en lo que supone un intento de análisis de la génesis del mal que se avanza varias décadas a planteamientos tipo Haneke.

Juraj Herz