Mostrando entradas con la etiqueta Baleares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Baleares. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de octubre de 2024

Rock Bottom (2024)




Directora: María Trénor
España/Polonia, 2024, 86 minutos

Rock Bottom (2024) de María Trénor


Una explosión de colorido nos da la bienvenida al mundo sonoro de Robert Wyatt, leyenda del rock progresivo de los setenta que, tras su paso como batería por las filas de los no menos míticos Soft Machine, quedaría postrado de por vida en una silla de ruedas a consecuencia de un fatídico accidente (al parecer, en el transcurso de una noche de excesos etílicos, el músico británico se precipitó por la ventana de un cuarto piso). Corría junio de 1973.

Rock Bottom (2024) toma su título del disco homónimo que Wyatt publicaría hace ahora medio siglo, un año después de quedar parapléjico. Y, como no podía ser de otro modo, tratándose de un homenaje a uno de los álbumes emblemáticos de la historia de la música, la cinta de animación, dirigida por María Trénor bajo la producción de Alba Sotorra, se ha presentado estos días en Barcelona con motivo del Festival In-Edit que se celebra anualmente en la Ciudad Condal.



Un ambiente onírico, paralelo al que destilan las canciones de Wyatt, recorre las distintas escenas de principio a fin del relato, un a modo de semblanza biográfica teñida de efluvios psicodélicos y constantes referencias a la escena musical de aquel entonces: Nick Mason, batería de Pink Floyd, aparte de productor de varios proyectos en solitario de Wyatt, aparece brevemente al principio, en una secuencia en la que también se hace alusión de pasada a Syd Barrett.

A partir de aquí la trama discurrirá por senderos más o menos familiares para quienes conozcan la trayectoria del cantante y compositor, como la estancia de Wyatt en Mallorca junto a la que será su eterna compañera: la ilustradora y cineasta Alfreda Binge, Alif, con la que convive en la isla en una vorágine continua de misticismo hippie, auspiciado por el gurú y también músico David Allen, y de consumo masivo de sustancias alucinógenas. Sin embargo, que nadie se espere un biopic al uso porque esto es otra cosa, algo más cercano a las letras surrealistas del disco que a la estructura clásica de un relato. A fin de cuentas, lo que vemos en pantalla no dejan de ser los delirios de Wyatt mientras éste se halla convaleciente en el hospital.



miércoles, 21 de agosto de 2024

El hombre bueno (2024)




Director: David Trueba
España, 2024, 79 minutos

El hombre bueno (2024) de David Trueba


"Si te paras a pensarlo, la vida es una puta mierda: es como un perro al que quieres acariciar y todo el rato se lanza a morderte". ¿Qué más se puede pedir? Aparte de comenzar con una parodia de El séptimo sello (1957) y rendir homenaje a Buster Keaton, la última película de David Trueba, El hombre bueno (2024), debe ser saludada como lo que realmente es: una pequeña joya repleta de reflexiones inteligentísimas. Película modesta en cuanto a recursos técnicos, con apenas cuatro actores y rodada íntegramente en espacios naturales de las Baleares, cuya sobriedad quizá entroncaría más, lo que son las cosas, con el estilo de su sobrino Jonás.

El planteamiento gira en torno a una pareja en crisis, padres de la preadolescente Manuela (Aia Pérez), que, además de alojarse en casa de Alonso (Jorge Sanz), recurre a los consejos de su anfitrión como si de un consejero matrimonial se tratase. Y aunque a este último, desde su retiro alejado del mundanal ruido, no le gusta nada el concepto de "hombre bueno", lo cierto es que ello no impide que se preste a echarles un cable.

"¡No pienses con frases hechas!"


A fin de cuentas, la experiencia vital que atesora Alonso (antiguo mago de las finanzas, superviviente de varias adicciones y un gravísimo accidente, reconvertido ahora en burgués bohemio de vuelta de todo) lo convierte en el asesor ideal para poner remedio a las diferencias que han ido minando la relación entre Vera (Macarena Sanz) y Juan (Vito Sanz) después de tantos años de convivencia. De entrada la conexión con la niña es inmediata, lo cual representa un inicio prometedor, mientras que a los adultos, en cambio, les costará un poco más aceptar las sugerencias de su mentor.

Es posible que el hecho de que la cinta se haya estrenado directamente en plataformas pueda afectar de algún modo a la recepción de la misma por parte de un público poco habituado a este tipo de cine, en el que el tono conversacional de los diálogos o su puesta en escena minimalista contrasta abiertamente con lo que sería lo habitual en producciones más convencionales. Quién sabe. En todo caso, qué mejor propuesta para una tarde de agosto que las disquisiciones a orillas del mar de unos personajes en busca de la felicidad (si es que esa palabra todavía significa algo).



lunes, 2 de julio de 2018

Formentera Lady (2018)




Director: Pau Durà
España, 2018, 85 minutos

Formentera Lady (2018) de Pau Durà


Ante todo, debo confesar que han sido motivos extracinematográficos (musicales, concretamente) los que me han movido a ir a ver Formentera Lady, debut en el largometraje del actor (y ahora director) Pau Durà. Y es que la película que nos ocupa toma su nombre del título de una canción de los británicos King Crimson, incluida en Islands (1971), el que fuera cuarto álbum de estudio de la banda. No es que Pepe Sacristán esté muy creíble en el papel de viejo jipi trasnochado, aunque su personaje asegure serlo "hasta el forro de los huevos", pero el solo hecho de que se mencionen en los diálogos los nombres de Robert Fripp y Peter Sinfield ya es motivo suficiente para reseñar una cinta que se dio a conocer en el último Festival de Málaga.

"Adonde no pueda llevar estas alpargatas todo el año es difícil que me vean el pelo", le dirá Samuel a su nieto en algún momento. Porque el abuelo Sammy detesta el Continente casi tanto como las responsabilidades; y verse, de la noche a la mañana, con un niño a su cargo trastoca sus planes de irse de gira con los colegas: en tiempos, este hombre (hoy anciano decrépito) parece ser que fue una leyenda del banyo. Casi tanto, al menos según los créditos finales, como el propio Pau Durà con el ukelele: el director, por cierto, se reserva una breve aparición en forma de padre primerizo a quien Samuel se abraza efusivamente durante una de sus estancias en el hospital.



El paso del tiempo y los estragos que causa será, pues, otro de los temas abordados. Y no sólo por la dolencia coronaria que aqueja al protagonista, sino que ello se hará evidente a medida que éste vaya visitando a sus antiguos amores por toda la isla. De hecho, una amiga de Sammy y de la que fue su pareja padece los síntomas de lo que tiene toda la pinta de ser alzhéimer o demencia senil: Samuel, incapaz de llevarle la contraria, se presta a seguirle la corriente como si su hija Anna (Nora Navas) aún tuviese siete años.

Pero tiene unos cuantos más y serios problemas con la justicia. Amén de un niño que se llama Marc (Sandro Ballesteros): formalito y obediente en un principio, el crío se hartará de que los adultos se lo vayan pasando como si de una carga engorrosa se tratase. Lo cual acaba dando pie a una situación que el cine ha explotado en infinidad de ocasiones, siendo Kramer contra Kramer (1979) de Robert Benton uno de los ejemplos canónicos al respecto, si bien es obvio que Pau Durà también se ha inspirado en otra fuente más antigua y radicalmente distinta: More (1969), el hoy filme de culto, con banda sonora de Pink Floyd, que Barbet Schroeder rodó en la Ibiza de finales de los sesenta.


sábado, 11 de julio de 2015

More (1969)




Director: Barbet Schroeder
Alemania/Francia/Luxemburgo, 1969, 111 minutos

Cartel original de More (1969) de Barbet Schroeder


Filme de culto donde los haya, More supuso la primera experiencia como director del cineasta francés (pese a ser de familia alemana y haber nacido en Irán) Barbet Schroeder. Explica la historia de un joven alemán llamado Stefan que, procedente de Lübeck, llega a París en autoestop. Tras hacer amistad con Charlie, granuja de medio pelo que sobrevive a base de pequeños hurtos, conoce en una fiesta a Estelle Miller, atractiva muchacha de Nueva York que, en breve, partirá rumbo a Ibiza. Stefan, seducido por esta versión balear de la femme fatale, se dejará arrastrar por una vorágine autodestructiva...

Por aquel entonces Ibiza no era todavía el destino turístico masificado de hoy en día, pese a que los hippies de toda Europa empezaban a llegar allí (de hecho, More contribuyó en buena medida al desarrollo de dicho fenómeno). Si Barbet Schroeder eligió el lugar, fue porque en la isla se encontraba la casa familiar adquirida por su madre en los años cincuenta y en la que se rodaron buena parte de las escenas del film. Y, lo que son las cosas, en su última película (Amnesia, 2015) la acción vuelve a estar situada en la misma casa de Sant Antoni de Portmany.

Aparte de sol y experiencias sensoriales, en Ibiza había ya en aquel momento una colonia de alemanes, algunos de ellos antiguos oficiales nazis que, huyendo de la justicia, se habían refugiado en el anonimato que proporcionaban las tranquilas calas ibicencas. De ahí el personaje de Ernesto Wolf, quien (haciendo honor a su apellido) es el malo de la película.

Aunque si por algo es conocida More es por su banda sonora, compuesta por los Pink Floyd (cuando todavía eran un grupo underground de la psicodelia londinense). Canciones como "Cirrus Minor", "Crying Song", "Cymbaline" o "Green is the colour" contribuyen a crear la atmósfera de éxtasis místico tan necesario para una historia como esta. No obstante, la elección de la banda no fue casual: un año antes, Syd Barrett se vio obligado a abandonar Pink Floyd debido a una enfermedad mental consecuencia directa de su abuso del LSD. Así que nadie mejor que los escarmentados miembros del resto del grupo para crear la música de una película con claro mensaje antidroga.

Juzgada con ojos de hoy, More solo puede ser contemplada con una sonrisa en los labios, al comprobar cómo (en vista de lo que estaba por venir) lo que en su día se consideró escándalo y contracultura el paso de los años lo ha convertido en apenas un inocente alegato psicodélico.


Stefan, Cathy y Estelle durante una fiesta en Ibiza
Klaus Grünberg y Mimsy Farmer en la casa de los Schroeder
Mucho yoga y poco curro
Portada original de la banda sonora compuesta por Pink Floyd